viernes, 17 de febrero de 2017

El Primer Paso



Antes de dar el primer paso, entre otras que no vienen al caso, está el deseo, las ganas y el pensamiento. El deseo y las ganas parece-yo no lo creo- que vienen de fábrica, el pensamiento se construye, depende de cada una de las experiencias que hemos vivido. Cuando dimos un primer paso y no lo conseguimos se ancló en nuestros adentros esa experiencia frustrante, a algunas personas los frena desde el miedo, a otras las motiva desde el deseo a traspasar fronteras, límites. Cada experiencia vivida nos construye, ordena y selecciona la biblioteca a la que consultarán nuestras emociones. Éstas últimas condicionarán nuestros pensamientos antes de tomar decisiones, mucho antes de dar el primer paso. Lo daremos o no, elegiremos movernos o quedarnos quietos, en base, a esos sutiles y peligrosos sentimientos que percibimos como resultado de cada uno de los pasos que construyen nuestra biografía. A veces los pasos se convierten en caminos y los caminos en viajes. La vida quizá es un primer paso que se convierte en emociones y pensamientos construyendo distintos caminos que recorremos hacia adelante o hacia atrás, cruzando puentes o barrancos, saltando muros y descendiendo a algunos infiernos, quemándonos, gritando, berreando, sonriendo… sintiendo desde todo lo percibido por los sentidos y más allá, en los túneles que se forman en lo más profundo de nuestras entrañas, unidos a las arterias y a la sangre. Da miedo muchas veces, navegar entre lo físico y lo etéreo, tan juntos y tan distantes, como la realidad y la fantasía, como dos personas que se aman y no saben cómo hacerlo. Convivir es entender la necesidad que tenemos todos del nido emocional al que volvemos cada día después de cada vuelo ó vuelos.
Necesitamos volar en pareja, en familia o en grupo y otras muchas veces solos, y no por ello dejamos de necesitar a los demás, más bien todo lo contrario. Es tan sano volar, ver, escuchar, oír, oler, tocar… vivir para después volver y compartirlo.

Algunas cosas son muy previsibles, cuando sentimos que hemos vivido una experiencia interesante lo siguiente es contarla, compartirla con alguien al que generalmente se ha elegido previamente. Sabemos con quién tenemos ganas de compartirla, probablemente porque será capaz de valorarla desde puntos de referencia similares a los nuestros.  Algunas historias no se comparten, esas suelen ser las que no suman, las que nos restarían credibilidad o valor frente a los demás, también las que hieren a la intimidad y se quedan grabadas solo para nuestros ojos: Los secretos.

Cuánto gustan los secretos, que bien recibidos son por esa morbosa y curiosa mente que nos vino dada, regalada para su uso y disfrute dirían los más optimistas, regalada para su uso y soporte dirían los más pesimistas. Esa cosita que comienza detrás de las cejas y acaba casi en la nuca. Ahí anda, escondida, dispuesta a ponerse en marcha en cuanto se abren los párpados, incluso mucho antes si queremos ser precisos. Siempre está en marcha incluso cuando parece que no lo está, incluso cuando dormimos. Qué pesada, tanto como una madre, pero que miedo sin ellas y con ellas. No deja de sorprender como algo puede ser tanto malo como bueno. Al primer paso le pasa lo mismo, puede ser el comienzo de lo bueno o el principio de lo malo quién sabe.

Una vez un tipo que había estudiado mucho y muy curtido en las contiendas humanas me dijo que el bien y el mal no existían salvo en términos radicales, después de algunos años más de vida vivida-lo remarco- creo que tenía razón.
Para todo hay un primer paso, incluso para aprender a andar. Los primeros pasos son decisiones tomadas sin que haya otro remedio, son de obligado cumplimiento para cada uno de nosotros, se rigen por acuerdos completamente ajenos a nosotros y que nuestra naturaleza conduce por sí sola. El primer paso es el telón que se abre o que se cierra, la manera de seguir cada vez que algo concluye, la puerta que se abre desde las pérdidas y la ventana que se cierra antes de lanzarnos al vacío.
Cuando algo se acaba algo nuevo puede comenzar, cuando algo comienza todas las posibilidades se abren ante nuestros ojos, lo más difícil suele ser no repetir y repetir lo mismo en cada inicio convirtiendo nuestras vidas en un eterno retorno.

Ítaca siempre a lo lejos, siempre presente. Cuidado con las esdrújulas, a menudo son cantos del fondo de los océanos, ecos de todo aquello que pudo haber sido y no fue, aquello que vivió en nosotros siempre como un comienzo y se desvaneció entre los dedos. Los primeros pasos tienen el gusto del mar en verano, la fragancia de la tierra después de la lluvia, el sonido de la brisa en los campos sembrados en primavera, el tacto de las yemas de las manos amadas, la mirada de asombro al ver como todo se aleja de nuevo, confrontadas a esas ganas enormes de correr tras ellos para no quedarnos atrás.

Agua de fin de año



Si aprender tiene algún significado sin duda es saber medir. Saber implica muchas cosas, entre ellas, ser conscientes de lo que sabemos y de lo que no sabemos. Si supiéramos medir lo que sabemos y lo que no sabemos el diálogo sería comunicación de verdad y cada frase una bendición. También si aprendiéramos a escuchar y a hablar cuando toca. Para saber hay dos medios, o a través del estudio o través de la experiencia. Como hablamos de medidas probablemente se necesite más de lo segundo que de lo primero, si de saber de verdad se trata. No son pocas las veces en la que te encuentras a personas muy versadas a través del estudio que poco saben en realidad de lo que están hablando, también se encuentra uno muchas veces a personas que creen que treinta años de experiencia es lo mismo que un año repetido treinta veces. Frase que he repetido muchas veces, si les soy sincero la primera vez que la leí y luego la escuché me la apliqué a mi mismo y me sentó como un chaparrón. De agua y chaparrón también van a tratar estas palabras.
En este fin de año sin duda el agua es la protagonista, como decimos en Buñol, está cayendo a “capasos”. Escribo a lado de la ventana y escucho su intensidad vibrante y su rebote vertical como billones de lágrimas. Mucha agua, mucha más que en todo el año. Parece que la naturaleza no deja de darnos lecciones, nos muestra como el exceso, la medida, es fundamental si queremos entender la vida.
Los finales de año saben mucho de medidas y de excesos, de hecho la mayoría comeremos y beberemos en exceso con esa emoción que la tradición impone de celebrar el nacimiento y el año nuevo y querernos y acordarnos, la mayoría, mucho más que durante el resto del año. Las medidas sin duda no son nuestro fuerte.

Los que fumamos lo solemos hacer en exceso, un cigarrillo al día, tres.. imposible, más bien una cajetilla o dos, para eso nos mentimos diciéndonos que es un placer, cuando en realidad es una adicción que se alimenta en lo más destructivo de nuestro interior. Podemos aplicarlo también a mal comer, a beber, a amar, a odiar, a trabajar, a no trabajar, a pensar, a sentir o a no sentir, a defender a nuestros amigos o familiares, a nuestro equipo de fútbol, a nuestro partido político, a nuestra banda de música o a nuestras razones, todas ellas y más las solemos pasear habitualmente en el exceso. Alguien estará pensando y en el defecto también lo hacemos la mayoría, que sí… pero sigue siendo un exceso, aunque bajo mínimos. ¿No es un exceso para un animal omnívoro solo comer verduras, o solo comer carne, o no comer lo suficiente por estar muy flacos y dar más o menos con el modelo?
Coño el modelo ya ha salido de nuevo, el molde.
Volvamos al principio, si queremos aprender algo, aprendamos las medidas no el modelo. Cada uno tendrá las suyas pero hay una manera de saber si en realidad son verdaderas o falsas. Sigue lloviendo sin parar, la naturaleza se empeña en que le hagamos caso. Ella sabe mucho de armonía y de nuestros excesos. Nosotros también, de mes en cuando, pero cuando nos damos cuenta en vez de cambiar o nos flagelamos o seguimos más allá del exceso. Freud lo llamó pulsión muerte. A esa manera que tenemos los seres humanos de hacernos daño consciente o inconscientemente. Eso sí en su mayoría con unos argumentos capaces de convencer a los demás y a nosotros mismos de cualquier barbaridad.
Olvidé decirles como averiguar si las medidas son verdaderas o falsas. Para ello me tengo que valer del concepto sano y si a cualquier cosa que pensamos, sentimos, o hacemos le ponemos la palabra sano delante es probable que consigamos obtener la medida y con suerte también la respuesta acertada.
Para uno mismo: ¿Es sano el profundo dolor ante lo que creo que siento como amor? ¿Es sano mi trabajo? ¿Es sano trabajar 14 horas 7 días a las semana para tener más allá de lo que necesito? ¿Es sano dar o relacionarme con los demás cuando estoy lleno de mierda sin limpiar? ¿Es sano callar cuando estoy sintiendo ganas de hablar o de gritar? ¿Es sano no defender mis intereses por quedar bien con los demás? ¿Es sano aguantar y aguantar y aguantar en pro de un bien mayor? ¿Es sano ser hipócrita? ¿Es sano consentir, consentir y consentir para poder vivir sin conflicto?

Mucha agua este finde año, lluvias intensas de lágrimas en Siria y en todas la guerras y excesos viles en el mundo, en las fronteras, en el mar y en la tierra, mucha agua para lavar sus consciencias, quizá también las nuestras, eso sí, sin saber, hemos leído mucho pero nos falta la experiencia. Por eso el bien es tan lento y aprender cuesta mucho, a veces, demasiado. De medidas se trata.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Podrías ser Trump


Llevo un tiempo pensando que nada se sabe de verdad hasta que se está al otro lado, en ese lugar que imaginas pero que en realidad no conoces con la precisión necesaria.  Mirar y ver no son sinónimos. Como consecuencia… solemos meter la pata cuando transitamos por zonas en las que no hemos estado nunca. No es que pase nada por meter la pata, de hecho es algo que nos pasa habitualmente y hay que tomárselo con deportividad o al menos con relatividad. Aún así me parece un tema serio para reflexionar un poco en él o al menos intentarlo, sobre todo porque en no pocas ocasiones causa ciertas y dolorosas injusticias. La injusticia y el dolor suelen ser sinónimos aunque formalmente no lo sean. Al igual que juzgar sin conocer suele acabar con el dolor de alguien o algunos. Así en abstracto parece poco grave, pero cuando condiciona, cuando no determina, la vida de una persona la cosa cambia. Podemos ser muy retorcidos y crueles los humanos, sobre todo con el otro, el que está al otro lado, ese al que muchos sienten como en el que jamás podrían estar, a poco que hayas vivido sabes que no es cierto. Muchas veces, demasiadas quizás, con muy buena intención puedes verte colocado a merced de la circunstancia en posiciones que nunca hubieras ni deseado ni imaginado. Son esos enigmas de la vida que hacen que no sirvan las matemáticas, ni siquiera los silogismos. Acabaré contando alguno, pero no tengamos prisa, le ruego me conceda el permiso de disfrutar de las palabras más allá de los hechos que las provocan, más allá de lo concreto, de lo tangible inclusive. Soy de esos que se regodean en el verbo y lo disfrutan como un gorrino. Hay quienes con buen criterio me lo recriminan constantemente, aún así no puedo evitarlo, siempre me ha gustado conducir y no hay mayor goce que conducir las palabras, el papel en blanco se llena y algo que estaba en tu cabeza pasa a tener rasgos y figuras que otros pueden leer, escuchar e incluso interpretar. Es fabuloso. Hoy más que escribiendo me estoy leyendo, ya sé que resulta inverosímil, pero lo siento de verdad, me leo mientras escribo y me lo paso en grande. De hecho ahora estoy sonriendo. No porque me haga gracia la falta de empatía y de compasión de los que no aciertan a poner en duda sus juicios sumarísimos o de aquellos que no saben o no quieren ponerse en el otro lado, el del otro, para al menos intentar conectar con las emociones ajenas, no para intentar vivirlas, sino para reconocerlas. La verdad es que no me hace gracia, por eso relativizo, me pongo en el lugar del otro con facilidad y eso es una gran mentira como tantas otras que nos construimos a diario. De hecho creo que no es posible ponerse en el lugar de nadie, ni siquiera entender bien al otro, por eso no comprendo la manía en nuestra sociedad de querer transitar caminos que no son los nuestros. Que fantasía omnipotente más absurda o al menos que potencia tiene la fantasía, puede pasar a realidad hasta sin vivirla. Tenemos muchos poderes, nuestra mente es un privilegio, pero como toda herramienta hay que conocerla y saber usarla, lo malo es que ésta viene sin manual, bueno… si descartamos los medios de comunicación, la educación, la sociedad y la familia como libro de instrucciones. Si no las descartamos sí tenemos puntos de referencia para esclarecer cómo se construyen las bases de los juicios de valor y las sentencias para el otro y cómo no, para nosotros mismos. Solo tenemos que comparar. Las comparaciones están cargadas de enormes dosis de simplificación. ¿Cómo parar de comparar? No se puede. Vuelvo a sonreír, pero esta vez por lo atrevido que soy, de tanto que me lo han dicho me lo estoy empezando a creer. Perdón por el chascarrillo.

Volvamos a la comparación, cada vez que un ser humano juzga a otro usa la proyección, o la introyección o ambas y otros mecanismos de asimilación de las conductas propias y ajenas, las dos necesitan de la comparación para que se produzcan, por lo tanto tendríamos que concluir que, al menos, estamos condicionados en todas nuestras valoraciones, de ahí que si pretendemos ser justos con los demás y con nosotros mismos deberíamos aplicar unos coeficientes correctores importantísimos: El respeto y la consideración, todo aplicable a las opiniones que tenemos de los demás, y lo que es menos llamativo por escondido, de nosotros.


No hay nada que te haga sentir y pensar con mayor igualdad a otro ser humano que saber que tú podrías ser él.

Podrías ser Trump y él podría ser un niño desnutrido y vapuleado de África o su madre o su padre o su abuelo o su abuela o un niño de Chiapas o un médico de Cuba en misión humanitaria o un cacique antiguo en la Andalucía de los latifundios. O un Apache.

Seguramente él no lo sabe. Ni muchos de nosotros tampoco sabemos cómo se puede llegar a ser Donald(ni el pato ni la persona). Hasta que la mayoría de seres humanos no lo entendamos, no creo que haya grandes cambios en el mundo.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El Quinto Acuerdo: Quiérete sin condiciones


“Supo que pronto olvidaría todo lo que había aprendido. Quería acordarse de todas las visiones que había tenido, así que decidió llamarse a sí mismo Espejo Humeante para recordar siempre que la materia es un espejo y que el humo que hay en medio es lo que nos impide saber qué somos. Y dijo: «Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros, pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros. Ese humo es el Sueño, y el espejo eres tú, el soñador».”
                               
Del libro Los Cuatro Acuerdos del Dr. Miguel Ruiz



Cuantas más cosas hace uno más se equivoca. Cuantas menos cosas hace uno menos  se equivoca. Quien hace muy poco yerra muy poco, quien hace mucho yerra mucho. La experiencia pues, solo se puede explicar con objetividad desde la acción y muy probablemente desde una suerte de aciertos y errores. Los aciertos corroboran, los errores enseñan. ¿Enseñan siempre? No, solamente cuando somos conscientes y los percibimos claramente. Cuando somos capaces de ser lo más objetivos, dentro de lo posible, sin velos, sin humo, la experiencia se convierte en conocimiento. Los griegos lo expresaban muy bien con dos términos “Doxa” y “Episteme”, el primero como saber relativo y el segundo como saber absoluto. Los dos conceptos caminan desde la creencia u opinión(Doxa) hasta el conocimiento objetivo(Episteme). En este sentido se podría explicar el movimiento entre lo que creemos que sabemos y lo que sabemos en realidad, entre lo que creemos saber y lo que sabemos entre el humo y los sentidos.
¿Por qué plantearse hoy estos conceptos?

Todo vive en nuestros adentros y ellos en su dolor me preguntan, qué podemos hacer cuando no somos impecables con la palabra y nos duele o cuando nos tomamos las cosas personalmente y nos duele o cuando adivinamos y suponemos y nos duele ó cuando no hacemos lo máximo, lo mejor que podemos y nos duele.
Quizá estos conceptos puedan ayudarnos a responder a estas preguntas. Creer no es lo mismo que saber: ¿Y si cuando creemos que no cumplimos con estos impecables acuerdos u otros estuviéramos cayendo en una gran trampa que nosotros mismos construimos?¿Y si lo que la experiencia nos dice de forma taxativa que no siempre sabemos, podemos o queremos? ¿Y si siempre no pudiera existir en los límites humanos, sería pues una irrealidad poder ser impecable siempre con las palabras? ¿Y si no tomarse nada personalmente fuese imposible si aceptamos como verdad que todos proyectamos nuestras partes neuróticas en los demás? ¿Y si adivinar y suponer fuesen maneras humanas esenciales, herramientas con las que como el miedo nos ayudan a protegernos? ¿Y si hacer lo máximo muchas veces fuese hacer lo mínimo, lo mejor que puedes? Repito, como otras veces, no hay mejor respuesta que una pregunta retórica. Bueno, igual sí, porque mejor si que puede ser siempre y peor también.

A menudo me despierto dos o tres o más veces al día, no es que esté dormido es que me descubro soñando, y a veces veo el humo, el humo que hay en nosotros y entre nosotros, y a veces, muchas veces, me sorprendo buscando entre la niebla aquello que realmente somos, soy, y me vienen preguntas rápidas y afirmaciones que escucho con contundencia, estrictas, severas como el ideal y me siento débil, incapaz de cumplir con tanta exigencia y me vuelvo a preguntar cómo un ser en potencia, como en realidad somos todos nosotros, siempre aprendiendo, siempre creciendo, siempre buscando y deseando, cómo puedo alcanzar algún hito de perfección. Y sé que me miento, me mienten y nos mentimos, nadie cumple los acuerdos, ni éstos, ni siquiera aquellos que en silencio nos prometemos al oido. Ningún ser puede ser lo que no es, por mucho que queramos que existan palabras impecables, relaciones impecables, juicios impecables, trabajos impecables. No existimos así.
Nuestra realidad es otra, menos radical, menos amarga, más abierta, más elástica, más dúctil, llena de grados, maneras, escalas y medidas. Somos de carne física y relativa, de ideas que se convierten en hechos, de hechos que son realidades y nos desmenuzan en trozos y nos montamos de nuevo. Somos siendo en un devenir finito individualmente.


Experimentemos pues sin dañarnos y quizá deberíamos hacer entre nosotros y con nosotros un único acuerdo: Querer y querernos sin condiciones.
Como idealidad tiene mejores cualidades.

lunes, 31 de octubre de 2016

Robots y Política



Lo bueno de la noche es que hay silencio, lo bueno del poder es que puedes. Por la noche puedes, a través del silencio, viajar tranquilamente por toda tu mente y dejarte sentir y pensar sin distracciones todo aquello que recogieron tus sentidos.
Los últimos meses, quizá años, sin duda lo requieren, estamos asistiendo en directo y día a día a fenómenos políticos de un enorme calado social. La maquinaria de la información junto con tantas campañas electorales nos han atiborrado del Prozac que abarrota los sentidos, los pensamientos, ralentiza la reflexión y paraliza la decisión.

Los momentos complejos son así, pasan y uno no tiene una idea clara de lo que está sucediendo, son demasiados los contrapuntos, las contradicciones, los galimatías, parece todo tan virtual que se distancia de la percepción directa para pasar a otra más distante, de esas que no mueven molinos. Es normal, mientras unos trabajan informándonos o creando la información y otros intentan formar gobierno, nosotros seguimos con nuestra vida diaria, con sus problemas, sus dificultades y sus conflictos, con su hastío o seguridad desde la repetición o simplemente desde el hábito. La mayoría somos dependientes de nuestra salud en primer lugar, del dinero en segundo lugar y de las relaciones en tercer lugar, o algo así, poco más o  menos, no importa demasiado ser aquí muy preciso se entiende cuál es nuestra realidad.

En noches como ésta, más nocturna que nunca, me pregunto sí somos conscientes de cuántos hechos asumimos sin pararnos a pensar por qué tiene que ser así y no de otra manera. Asumir que hay que trabajar para vivir es algo que casi nadie pone en duda, creer que si no hay gobierno las cosas nos van a ir muy mal también parece estar muy claro, escuchar a nuestro partido o nuestros líderes y repetir las palabras en las charlas de trabajo, de café o de bar también parece que se arme con toda normalidad.
¿De qué vamos a hablar si no es de la actualidad, de esa realidad que nos construyen desde los medios de comunicación y que aparentemente marcan la agenda de nuestros pensamientos?
Muchos diremos que nosotros no nos ocurre que nos ocupamos de nuestras cosas y que esta cuestiones  nos preocupan relativamente, a cierta edad-dicen algunos- se suele ser bastante escéptico y el pragmatismo y los propios intereses parecen estar antepuestos. En realidad es mentira, anteponemos constantemente nuestros verdaderos intereses. ¿O quizá es al revés y mezclamos nuestros intereses con ese batiburrillo de bondades que nos despliegan desde eslóganes y argumentarios mediáticos?

¿Por qué cada mañana nos levantamos para ir a trabajar? Qué pregunta tan tonta, porque de lo contrario no obtendríamos dinero a cambio de nuestro trabajo, sería probablemente la respuesta generalizada. ¿Pero es verdad? ¿Qué ocurrirá cuando los robots hagan la mayoría de los trabajos y no haya trabajo para tantas personas?¿De verdad creemos que esto está tan lejos de que ocurra? Ya existen planes para que un robot pueda hacerse cargo de todos los trabajos de la casa, o de que hagan los trabajos que más fuerza y resistencia requieren o esos en los que se precisa una habilidad matemática en cada movimiento. Y lo que es más real los robots trabajan 24 horas y no se cansan. Parece que nosotros tampoco nos cansamos de lo que no nos conviene en pro de esa seguridad manifiestamente falaz que sentimos desde las costumbres y desde las convenciones sociales.

Existe ya un pinganillo de oreja que se lo ponen dos personas y pueden entenderse en cualquier idioma sin necesidad de aprenderlo, cada frase o palabra que se dice se traduce al idioma del que lleva el otro pinganillo y al revés. Todavía comete errores pero en un tiempo prudencial lo hará de una forma impecable.

Estos y otros éxitos de la técnica cambiarán nuestras vidas, cambiarán el sistema productivo, cambiarán las sociedades y por consiguiente cambiarán a las personas en todos sus ámbitos. ¿Qué leyes nos protegerán para poder vivir con las mínimas necesidades cubiertas cuando el mundo del trabajo nos eche porque tienen máquinas más eficientes que nosotros y solo unos pocos sean necesarios para mantener el sistema?

Caben miles de hipótesis y elucubraciones ante tales preguntas. 
¿Tendremos un robot que cotizará a la Seguridad Social y nos garantizará una renta básica que nos pagará el Estado a cada persona?
Seguramente. Cosas más raras estamos viendo y casi sin inmutarnos.

Habrá que aprender a desaprender para volver a aprender. Igual con un cortocircuito.

domingo, 25 de septiembre de 2016

No quiero a nadie



El amor (y el querer) están siempre presentes en nuestra sociedad, se han escrito ríos de tinta sobre un concepto tan importante para las personas, infinitas palabras, análisis y estudios cuyo objeto es este sentimiento-para mí es una emoción-tan aparentemente sencillo pero en realidad, según mi opinión obviamente, muy compleja, tanto al dejarse sentirla como al practicarla. No son pocos los conflictos que provoca nuestro desconocimiento de su naturaleza. Aún más cuando sumamos las interpretaciones a través de las experiencias que cada individuo ha vivido en su familia y en su entorno. La singularidad es seguramente un punto de complejidad enorme a la hora de entender este sentimiento que todos necesitamos e incluso del que dependemos. Lo vivimos según la cantidad y calidad de los rechazos o quizá de lo positivo o negativo de las experiencias de cada uno de nosotros.  Ante el amor nos sentimos vulnerables, como consecuencia, nos  protegemos del dolor y el sufrimiento que muchas veces provoca o todo lo que en su nombre se enuncia y que poco tiene que ver con él, salvo como modelo.
En nombre del amor se asesina, se destruye a los que supuestamente se ama, en nombre del amor a las naciones y a las religiones se han hecho los mayores genocidios, en nombre del amor se han escrito los mayores dramas de la historia, en nombre del amor se han roto miles, qué digo miles, millones y millones de corazones desde la traición o la indiferencia. Son tantas las historias en la literatura o en el cine… que contienen el amor como tema de una forma explícita o implícita.
La bandera del amor, al igual que otros ideales como la de la libertad, la justicia, la solidaridad, la igualdad, etc… se han usado en favor de los intereses y las conveniencias de grupos de poder y en general y en otra escala también de las convenciones sociales.
Con tales antecedentes debería dar miedo simplemente hablar de amor, como todo ideal solo parece hecho para personas perfectas, para eruditos capaces de subordinar todo su ser a las reglas que se supone se deben cumplir para alcanzarlo. Aún así cada uno de nosotros busca el amor a diario, en forma de amistad, de aceptación, de pareja y  creo que en todas sus diferentes acepciones que no son pocas. Cada día, de una forma consciente o inconsciente, lo buscamos, intentamos alcanzarlo y merecerlo, lo más curioso es que la mayoría creemos que necesitamos a otra persona, ideal para cada uno, si queremos conseguir vivirlo. El eje del amor parece estar en el número dos al menos. Al tener la seguridad de que antes del dos existe el uno no deja de preocuparme si de verdad se puede llegar al dos sin pasar por el uno. Sinceramente, creo que no, y es un verdadero problema, lo veo cada día. 
Hace bastantes años una de las personas que más he querido en mi vida, si es que se puede querer también desde los errores y no solo desde los aciertos y las virtudes, me dijo esta frase que titula estas palabras: “No quiero a nadie”. Ha sido lo más contundente y franco que he oído en mi vida, no era la primera vez que mi amigo me lo había dicho, pero contándolo delante de una tercera persona, mi pareja en este caso, mientras tomábamos unas cervezas y picábamos ante unas exquisitas cazuelas de gambas al ajillo y chipirones en el bar los Caberotes, resultó una imagen y una aseveración muy impactante para mi y mi memoria fotográfica. Hay que ser muy honesto para decir una frase así y en serio. Escuché atento durante un buen rato su relato, sus experiencias y sus reflexiones, aún conociéndolas de antemano me sonaron distintas y conectaron todas las piezas de mi rompecabezas de súbito… y vi la imagen, me pareció completa, aún creyendo saber hoy que nunca está llena, ni siquiera en orden aunque lo parezca.
Fue la primera vez que me di cuenta con toda claridad de cómo el amor puede ser el más peligroso de los sentimientos, no en sí mismo, sino por sus consecuencias en los hilos emocionales más profundos de las experiencias de cada persona. Vi cada caparazón, de las muchos que se pueden crear, capa a capa, en el intento de esconder, de no sentir el profundo dolor y sufrimiento ante el que te puede poner el amor en circunstancias  atípicas y/o complejas. Entre el amor y el odio hay una línea muy fina que se mira al espejo.
Creo que por fin entendí la frase, no en su franqueza y literalidad, sino en lo que esconden las palabras sin darnos cuenta, creo que quiso decir: Quiero a la vida.
Esa noche u otra, no importa, escribí un poema cuyo verso final decía así: El amor es el aire de la vida. 

Primero el uno. Dejémonos respirar.

lunes, 15 de agosto de 2016

Por qué pensar



La foto que elijo hoy es de Ximo Ferrer, me gusta mucho su blanco y negro y sus enfoques y perspectivas, aunque reconozco que no hay nada como el color cuando se trata de captar la vida que más me reconforta.
Algunas personas no cantan en la ducha, desde que se despiertan hasta que se acuestan su actividad preferida o necesaria, no estoy seguro, es pensar. A los disléxicos nos cuesta leer sobre todo si lo escribimos nosotros, pensar es más fácil, se mueve como agua en un río, por gravedad, en este caso, humana. Pensar es muy gratificante si se hace ordenadamente, los problemas con el pensamiento es cuando choca con la emociones o cuando se amontonan y de tantos y tantos juntos no puedes pensar de tanto pensar, los profesionales de la mente lo llaman entropía psíquica.
Parece pues claro que pensar mucho es malo y pensar poco probablemente también, o quizá no pensar sea mejor forma de que estemos tranquilos, no estoy seguro, aunque tengo cierta tendencia a pensar que la virtud está en usar cada herramienta humana en su medida. Cosa nada fácil por cierto, se necesita mucho experiencia, auto-conocimiento  y entrenamiento.
Ayer pensé 34 veces en cómo llegar a final de mes, 26 veces qué es el amor y la amistad, 25 veces cómo ser mejor y que los demás me quieran, 22 veces cómo se llega a los 50 sin libro de instrucciones y cómo juzgamos por ello, 19 veces me pregunté si sabemos los buñoleros hacia donde vamos, 17 veces si soy buen padre y quizá buena persona, 16 veces qué y cómo lo haría si volviera a nacer con lo que creo saber a estas alturas de mi vida, 15 veces qué hago en cada lugar que estoy, 13 veces qué fue de tanto ideal y de tanto sentimiento rozando cada una de nuestras entrañas, 10 veces cómo puedo cuidar mejor de mi cuerpo, de mi mente, de mi familia, de mis amigos y de mis plantas, 18 veces si cuido a mi madre lo suficiente, 8 veces si soy raro, 6 veces cómo es posible sentirse a mi edad con la mayoría de necesidades que tenía a los 20 años, 5 veces en todas aquellas personas que sin querer he podido hacer daño, 3 veces en si aquellas personas que me han hecho mucho daño se dieron cuenta y 1 vez en qué peligroso es ir conduciendo mientras piensas en muchas cosas a la vez, aunque relaje esa soledad, el control y el movimiento.
Lo gurús de la sabiduría de estas cosas tienen varias teorías, aunque yo les llamaría hipótesis: Hay quien piensa que dejarse sentir y pensar poco es la manera de ser más feliz, los hay que afirman que no desear nada es la manera de estar en paz (a mi me suena a muerto), algunos están seguros de que no es posible ser feliz, ni siquiera estar bien durante todo el tiempo, los más escépticos opinan que todo depende de nuestra incapacidad para gestionar nuestros miedos, los que yo llamo armónicos creen que somos parte de una energía única que si sabes encauzarla todo irá muy bien, los sociólogos y antropólogos más radicales afirman que la dimensión social y las circunstancias humanas son tan complejas que somos incapaces  de poder entender y digerir tanta información y tantas acciones, hay algunos muy llamativos en sus conjeturas porque están convencidos de que la felicidad no es para esta vida, la vida plena está después de la muerte, uso el verbo estar porque el ser me parecería muy necrológico, y por último, de entre los que he considerado más destacados, están los románticos intelectuales, estos pregonan un vida plena si encontramos la armonía-siempre me recuerda a mi tía Armonía, mi madrina y tiene sentido y todo- son aquellos que creen al ser humano capaz de ordenar, medir, calibrar hasta sentir y pensar que cada cosa está en el lugar adecuado. Podría seguir, pero creo que tenemos suficientes referencias para hacernos una idea de las distintas creencias que circulan por el inconsciente colectivo.
Tengo mi propia hipótesis, quizá un poco enredada, circulando entre la gran tela de araña que es la mente humana, aún así el hilo está, en noches como ésta lo veo con toda claridad, en color, en su color y en su recorrido, lo que no consigo ver nunca es su final, es tan largo…


No sé si es bueno pensar, lo que sí sé es que pensar es necesario, de hecho en general solemos pensar poco y mal, probablemente porque nos enseñan muchísimas cosas que ocupan su espacio, ese momento que necesita tranquilidad, tiempo y reposo. Conceptos que ni aún cantando en la ducha salen claros ante nuestros ojos.

jueves, 30 de junio de 2016

Desde el balcón entre tiempos



Una vez alguien me dijo que lo seres humanos damos dos pasos para adelante y uno para atrás, dos para adelante y uno para atrás para aprender, el resultado  de inicio es un movimiento doble que parece rápido, intrépido, vertiginoso, da miedo, pánico incluso, para los más temerosos.
Una vez alguien me contó que no se puede vivir sin equivocarse y que la única certeza es que esa niebla somos nosotros. Caminamos entre la confusión y las ganas, entre el deseo y la razón, entre la indecisión y la acción. Decía… que como seres siempre en potencia disponemos de muchas herramientas y que según las encuentras y aprendes a utilizarlas creces, te desarrollas, si quieres claro, porque no todos queremos conocerlas todas, ni queremos aprenderlas todas, ni siquiera creo que todas las personas quieran que existan o se atrevan a usar las herramientas, esas capacidades que ocultas van aflorando a medida que la vida transcurre y las vamos necesitando.

Quedarse con unas cuantas herramientas, suficientes para conseguir la zona de seguridad y confort, aparentemente parece la forma más habitual, la más elegida. Pocas personas quieren complicarse la vida buscando, buceando en aguas desconocidas o pasando límites y fronteras.

¿Quién aconsejaría a sus hijos una vida sin un trabajo fijo y seguro, quién educaría para no trabajar, entendiendo el trabajo como una obligación propuesta por la sociedad y el sistema económico como única vía para sobrevivir comprando lo que se necesita-y lo que no-?
Tengo la impresión de que hay muchas premisas que nos vienen dadas y que todos asumimos como convenciones de sentido común, ejes de los que uno no debe salirse si no quiere complicarse la vida y sufrir. Tiene muy mala prensa el sufrimiento y con razón, pero también la tienen las dificultades y los errores y los fracasos y son cosas bien distintas, de naturaleza y de  cometidos absolutamente divergentes. La sobreprotección suele ser el resultado, tanto en la educación como en los proyectos de pareja o de vida.
Las consecuencias de estos últimos años de desolación social y de sufrimiento de las mayorías, han sacado a muchas personas de las zonas  de seguridad y de confort, nos hemos confrontado de bruces con una realidad que parecía que estaba reservada a sectores sociales marginales. Curiosamente solo así muchas personas hemos sido capaces de tomar conciencia de la realidad, y reaccionar ante ella intentando dar dos pasos para adelante, rápidos dadas las circunstancias, y desde obligadas conclusiones, muy reveladoras: Todos estamos expuestos a los vaivenes de los poderes y comprobamos claramente como los poderes políticos están a merced o al servicio de los grandes poderes económicos. Conclusiones altamente corroboradas, aún siendo una obviedad disimulada en la historia humana hoy están ante nuestros ojos por la más implacable realidad. Antes y aún hoy son nuestros ojos los que demasiadas veces miran y no ven o no saben o no pueden o no quieren ver, probablemente sea uno de los mecanismos más habituales del instinto de conservación y quizá abundando, un movimiento psicológico que intenta conseguir desesperadamente evitar la aterradora sensación de inseguridad que tanto condiciona nuestras vidas: El miedo.




El miedo es una herramienta humana curiosa, es nuestra mayor protección y un gran aliado y a la vez nuestro mayor enemigo en el exceso o cuando es mal interpretado. Nos avisa desde niños de los peligros, nos ayuda a no meter la mano en el fuego o a no caernos por un precipicio, por ejemplo. A la vez, como enemigo, si nos inunda hasta sus extremos, nos paraliza o nos hace regodearnos en una constante indecisión, el pánico es una de sus mayores acepciones y un gran destructor.

¿Cómo discernir entre el miedo que nos ayuda y el miedo que nos destruye?

Quizá solo puede reconocerse uno u otro por cada individuo en sus adentros y usando sus propias herramientas, siendo conscientes de las consecuencias, y posiblemente solo ellas, son las que hacen que percibamos lo que nos hace daño o lo que nos ayuda , ahí se puede encontrar la respuesta.
El miedo se ha usado por el poder de las élites, desde tiempos ancestrales, para dominar o condicionar a las masas humanas, en principio de una forma brutal y violenta, seguido del miedo a pecar y al castigo divino en las religiones, y en el último siglo hasta hoy desde las formas más sutiles imaginables, desde la metáfora de la zanahoria y el burro dándole vueltas y vueltas a la noria persiguiéndola sin llegar nunca a disfrutarla al sueño americano, siempre sujetos a los convencionalismos sociales del tener. La mimetización política, llena de palabras enormes usadas por todos como patria, libertad, igualdad, justicia… y vaciadas desde los hechos más corruptos convirtiéndolas en palabras huecas.
El próximo domingo tenemos una cita en las urnas histórica, cabe la posibilidad de que las personas nos emancipemos del miedo que conviene a unos pocos, y sin él, apostemos por un cambio de valores generacional, es uno de esos especiales momentos en el que con nuestro voto podemos, de verdad, hacer que nuestra sociedad de dos pasos hacia adelante, este domingo necesitamos encontrar y sacar todas nuestras herramientas en favor de las personas, de nosotros mismos. Unidos, sin duda, podemos.

Creo no ser un idealista bobo y probablemente daremos dos pasos hacia delante y el sistema nos hará dar un paso para atrás, quizá la única manera real de dar un paso contundente de progreso y caminar con sentido hacia adelante. Cada conquista humana en la historia se ha conseguido así, desde un grupo de personas capaces de leer en el corazón de la gente y transmitirlo.

domingo, 17 de enero de 2016

Fechas Señalás



Recuerdo cuando en fechas señalás nos mudábamos. Esta noche cenando  he visto a la parte de mi familia más joven haciendo lo mismo, arreglándose para salir en una día que sienten como señalado, importante, en él parece que solo cabe el disfrute y la ilusión. 
Me impresiona como el paso del tiempo merma esa cierta ilusión. Quizá sea bueno madurar, pero no tengo tan claro que sea bueno perder las ganas de… La verdad es que me ha dado que pensar. Me preguntaba si son las responsabilidades las que nos van haciendo crecer o si por el contrario nos embuten como una longanisa o una morsilla o una güeña, nos encapsulan(mos) en lo que toca en cada edad o quizá, al contrario, sea sano que en cada edad toque una cosa, como marcan los convencionalismos. Reconozco que no me gusta esta última versión, ni siquiera puedo creérmela. Lo cierto es que cuando los adultos o mayores consiguen desinhibirse y jugar se lo pasan genial, lo he visto hoy con personas de más de 80 de más de 50, de menos de 50… y de 6 años. Da que pensar. 
Llevo muchos años reflexionando sobre el concepto de vida prefabricada y cada vez tengo menos dudas de que con el ejemplo nos transmitimos en vena lo que está bien o mal y lo que toca de generación en generación, menos mal que siempre hay un paso nuevo, siempre aparece una persona que tiene una ocurrencia y algo cambia, asumiendo con criterio la confrontación con lo arcaico y sabiendo que al promover el cambio se paga un alto precio. Dos pasos para adelante y uno para atrás, el camino humano, con suerte y mucho esfuerzo, hago hincapié con dudas en el azar como principio de influencia sobre las circunstancias.


Otra pregunta que me hago en estos momentos, hoy es Nochebuena, pasa por tratar de entender la necesidad humana de seguir año a año con las tradiciones como ritos atávicos, solo he llegado a entender su conexión a través de la manera de crear y no hacer tambalear nuestra identidad, la educación desde las raíces comunes y sus interacciones: La Intrahistoria, concepto profundamente interesante de Unamuno, olvidado en las aulas y escrito en la realidad diaria, y hoy, curiosamente, muy presente en la política española.
El día a día parece aburrido frente a las fechas señalás y tengo la impresión que son el escalón que aúpa y el alimento que nutre esos momentos que solemos vivir de una forma especial, tanto para disfrutarlos como para quejarnos de ellos. Navegamos entre paradojas y son los contrarios los que se dan sentido mutuamente. No se entenderían conceptos como fiesta sin la normalidad. Y es que la norma tiene su sentido, al igual que el hábito, incluso la tradición, aparentemente parecen concepto antiguos, incluso de los que se habla poco, no están demasiado presentes. Quizá se aceptan sin más, cada año vivimos el cambio de estaciones, con ellos coinciden casi siempre unas fiestas u otras, parece, a bote pronto, como si la sociedad lo tuviese todo pensado para liberarnos de vez en cuando de la rutina diaria para dar un salto a la tradición. Me llama la atención como al verbalizarlo se reconoce la tendencia a movernos desde momentos conocidos y seguros.
Me pregunto por qué la Navidad coincide con el invierno y por tanto cuando más apetece estar en casa y el recogimiento. O por qué las fiestas suelen coincidir con el verano en el que la calle parece el lugar más apropiado y la noche apetece. Y de aquí me surgen otras preguntas: ¿En los lugares del mundo que no tienen nuestro maravilloso clima mediterráneo, ni sus estaciones, se viven del mismo modo las fechas señalás?
Según de qué hemisferios se trate, norte o sur, la estaciones empiezan en fechas distintas, incluso en algunos lugares de la tierra solo hay dos estaciones y en otros hasta seis. Es curioso saber que las estaciones no son consecuencia de la distancia de la tierra al sol sino del eje de la tierra respecto al sol. Depende de la inclinación no de la distancia.


Todo en la naturaleza parece que se mueve por interacciones, y nosotros, los seres humanos, probablemente también: Conocimiento, sentimientos, tendencias y acciones se rozan y se mezclan entre unas personas y otras. Aquí la distancia o la cercanía se marcan, y no desde una realidad medible sino desde las subjetividad humana. Los ejes y sus grados son imprecisas medidas mentales construidas desde lo sentidos y las emociones… y la capacidad de comunicación en todos sus ámbitos. Nos acercamos o nos alejamos, nos calentamos o nos enfriamos  de complejas y variadas maneras, pero todas ellas tiene denominadores comunes aunque no lo parezcan, perspectivas anteriores a la conciencia, anteriores a los ojos, anteriores al aprecio o al desprecio, anteriores a la empatía o su contrario. Las personas nos relacionamos desde otras medidas, y es necesario reconocerlas y después entenderlas porque de su verdad depende nuestro bienestar y el de los demás. Construimos y habitamos nuestras propias medidas, saberlo es fundamental para comprenderse a uno mismo y a los demás. 
Todas las palabras desde el principio contienen medidas pero solo algunas tienen tildes, la mayoría tienen acentos. Educar es comprender el mundo en  el que vivimos, y la tilde no es suficiente, se necesita descubrir el acento, desvelarlo, y creo que pasa por buscar las esencias humanas desde el autoconocimiento, desde un espejo. Se necesita una gran perspectiva humana para convivir y crecer. Habría que ver qué hacemos para desaprender para después aprender y luego enseñarlo. El ser humano está muy necesitado de saber qué es.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Por qué podemos



“Disculpen que me lo tome personalmente.”

Soy de esos que se levantaba cada mañana pensando que este mundo no tiene arreglo, que los seres humanos somos así, que nos pierde el tener y la ignorancia, que siempre habrá ricos y pobres, que el poder está siempre al lado de quien conviene, y lo que es todavía peor, que hay personas que se creen mejores y peores dependiendo exclusivamente del “éxito” y la imagen. Incluso fui uno de esos idiotas que creyó aquello de que el trabajo y el esfuerzo se ven siempre recompensados.
Me viene ahora a la cabeza algunas frases que solía decirme mi querido padre que chocaban en mi cabeza, y como un adolescente perpetuo, me hacían enfadar solo al decir la primera palabra: “Tanto tienes, tanto vales”, “Tu mejor amigo es un duro en el bolsillo”. Si bien es cierto que como todos los refranes contiene algo de verdad, suele contradecirse en la realidad humana. Lo que más me enojaba es que en su vida diaria practicaba todo lo contrario y aún así, en la preocupación de un hombre de la postguerra -con todas sus miserias y penalidades- para que la vida no me pateara, me retaba con estas  y otras frases a una reflexión continua, unida en mis adentros a un cierto cabreo con la persona que más admiraba, mi padre. En el fondo, ambos sabíamos que la realidad se conjuga con afirmaciones más compuestas y complejas. Con un solo aforismo es difícil, por no decir imposible, explicar la realidad. Resulta ingenuo hoy, después de tantos años, entender el principio y el final del franquismo, la transición, el cambio y los recambios, desde entonces, hasta esta estafa de los poderes económicos y políticos, perversamente, llamada crisis. Curiosamente no suele haber responsables cuando algo va mal pero siempre hay quien se apunta las medallas cuando algo va bien.
La ambición por el tener como símbolo y modelo, no solo por el bienestar, sino por el sentimiento de pertenencia a una clase mejor, y que con un cierto desprecio, y diría, con un toque compasivo hacia los de abajo intentando desesperadamente aumentar su propia autoestima, su propio valor, a veces sin darse cuenta y otras siendo muy conscientes. Miran desde arriba hacia abajo- con mayor o menor inclinación-a aquellos que no llegaron o se quedaron por el camino presos del azar y/o de las circunstancias. No tenemos y nunca hemos tenido todos las mismas oportunidades, no hay mayor falacia. No es lo mismo nacer en un lugar u otro, en una familia u otra, tener unos amigos u otros… y así hasta los más mínimos pero potentes condicionantes sociales y educacionales.
Me he pasado la vida intentando, probablemente sin conseguirlo, como tantas otras cosas, aprender a ser buena persona, rodeándome de mi familia hasta donde he sabido y de buenos amigos. He tratado de ganarme bien la vida arriesgando y apostando por crear y crear, como muchos emprendedores y autónomos que conozco. Más de treinta años de saltos y saltos sin red, de equilibrios en la cuerda floja, de éxitos y fracasos, de conquistas y pérdidas, de lealtades y traiciones, de sueños realizados y sueños rotos, de errores y aciertos, de dolor y placer, como la mayoría de los emprendedores y autónomos que conozco, y no son pocos.
La mayoría de ellos hoy están desahuciados personal y económicamente, y en el mejor de los casos nos hemos mantenido a base de verdaderas filigranas y trampas para mantener nuestros negocios, son los grandes olvidados por gobernantes y políticos, al igual que muchísimas personas y familias en situaciones absolutamente dramáticas, al borde de la exclusión social y en el tiempo instalados en el sufrimiento continuo, una tortura segundo a segundo, minuto a minuto, día a día… y todavía hay quien se extraña y me preguntan por qué soy de Podemos, tendría que estar muerto para no ver, para no sentir, para no entender cómo ha llegado  esta sociedad y otras a esta situación.
¿Por qué Podemos?
No imaginan lo fácil que me resulta explicarlo y lo bien que me siento desde que he visto como la gente y de una vez por todas, desde los movimientos sociales y luego desde una organización política, llamar a las cosas por su nombre: Casta, oligarquía, élites, privilegios, prebendas, tráfico de influencias, corrupción… Los de abajo defendiéndose del abuso de los de arriba: Cuánta realidad, cuánta verdad, cuánto acierto. Y sobre todo poner el acento en lo importante, el bienestar de las personas, frente a la ambición económica sin límites.
He sentido en mis carnes y me han dolido mucho los prejuicios y los juicios en mi vida, en los años 80 tener una pequeña empresa era casi correspondiente a ser facha y un explotador, ahora nos llaman emprendedores y dicen que somos los que más empleo creamos, lo llevan diciendo hace ya bastantes años, pero ningún partido, y digo ninguno, profundamente indignado, han hecho absolutamente nada, de hecho, en otras crisis-llevo en mi vida 3 ó 4- y en ésta especialmente, han sido a los autónomos y las pequeñas empresas a los primeros que nos dejaron caer, por diversos motivos: No tenemos prácticamente ningún derecho, ni paro, ni capacidad para reestructurarnos, ni siquiera estamos bien organizados en asociaciones que funcionen, ni tenemos poder para que nos rescaten como a las grandes empresas o los bancos. Y encima estos últimos, rescatados con nuestro dinero, juegan desde un programa informático con nuestras vidas y nuestros bienes bajo su poder y a su merced. Y se lo han permitido. Increíble pero cierto. Y todavía me preguntan por qué votaré y soy de Podemos, y todavía tengo que aguantar, como le dijo Pedro Sanchez a Pablo Iglesias, que no doy las pintas, pero al revés. Cuanta ignorancia, cuántos velos, cuánto residuo de la educación turbia y franquista hasta hoy. Cuánto plástico, cuánto marketing, cuánta mentira, cuánta inmadurez política.


Soy y votaré a Podemos porque en más de treinta años es la primera vez que siento un verdadero cambio: El paso de ser un número a ser una persona.
Espero y deseo que la mayoría sientan lo mismo el 20D, nos jugamos mucho, entre otras muchas cosas, el bienestar de la mayoría y la justicia social.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Miradas que escuchan

                                                       Foto Ximo Ferrer

Mirar creo que es una de las actividades con las que más se aprende, si cuando miras ves y además cuando miras escuchas, no solo las palabras, ni los sonidos, sino los gestos, los movimientos, los colores, los ojos, la luz…
Tengo la sensación que cada vez se hacen las cosas más deprisa y también creo que las personas no estamos hechos para percibir, ni para aprender, ni para actuar deprisa. Esa velocidad es quizá más para las máquinas y ordenadores pero no para seres como nosotros de carne y hueso. Y cada vez tengo la impresión de que nuestras vidas se asemejan más  a una máquina que a los ritmos cardiacos de un corazón tranquilamente vivo.
Los ejemplos son muchos, desde los 140 caracteres de Twitter, conversaciones largas por WatsApp, mensajes prefabricados en Facebook y otras redes sociales,  información ultra-rápida y de poco contenido, comunicación a través de correos electrónicos, webs y chats. También  en las reuniones, charlas, debates, se nos mete prisa, unas veces porque se pretende no aburrir a los receptores del mensaje, otras porque no sabemos escuchar, ni tenemos paciencia para ello, otras porque en los temas  o en las conversaciones no se profundiza o se utilizan los argumentarios televisivos o tópicos, otras porque nuestros egos no permiten un dialogo con más de dos personas sosegado, otras porque creemos que ya sabemos lo que otros van a decir de antemano(y no deja de ser cierto en muchas ocasiones), y así podría alargarme todo lo que queda de espacio. No lo voy a hacer porque les aburriría y también tengo miedo a intentar comunicar y no decir todo lo que se espera y no lo que me gustaría decir, hay un tanto de miedo e hipocresía en esto de la comunicación. Da como miedo ser transparente, normalmente el precio es doloroso.
Sin embargo estoy convencido de que la comunicación se debe enseñar y más aún se debe aprender, nos deberíamos comprometer todos a mejorar nuestra manera de comunicarnos, porque es seguro que conseguiríamos algo mayor que es mejorar la manera de relacionarnos. Hablo de asuntos, a mi entender, sumamente importantes para mejorar nuestras vidas y las de los demás.
Desde que dedico gran parte de mi tiempo a la política, hace poco menos de seis meses, se han multiplicado por diez las reuniones, plenos y demás actos políticos y sociales, en todos y cada uno de ellos se dan la mayoría de los elementos que he mencionado anteriormente. Si sumamos que en estas circunstancias concretas se tratan asuntos de interés social y político las deficiencias aumentan considerablemente en la comunicación. Ya no solo es mirar y ver, oír y escuchar, hay que añadir los intereses ocultos en cada conversación, tanto conscientes como inconscientes, los prejuicios si perteneces a un partido político u otro, los prejuicios de los que creen conocerte y no saben absolutamente nada de ti, pero aún así son capaces de hacerse una clara y precisa imagen de uno u otro con los dimes y diretes contados por unos y por otros.
Resulta inverosímil como somos incapaces de tomarnos muy en serio el diálogo, y lo que es más importante, el diálogo con criterio, que no es más que pensar antes de hablar y hablar de lo que no se sabe y preguntar cuando no se sabe. Tengo delante tres sobres de azucarillos con aforismos que un buen amigo me recoge y me regala, de mes en cuando, porque sabe que los colecciono dentro de una cajita que me regaló otra buena amiga para guardar ideas, palabras, frases que se sienten o interesan. Me viene bien para ir acabando estas palabras cargadas de necesidad de cambiar desde los más hondo las relaciones interpersonales, comenzando desde la comunicación. Quizá para empezar la frase más adecuada sería las de Bernard M.Baruch(1870-1965), asesor presidencial estadounidense: “Millones de personas vieron una manzana caer, pero solo Newton se preguntó por qué.” La siguiente es de esas que son inaplicables estrictamente pero quizá pueda ayudarnos a pensar antes de hacer: “Si haces lo que no debes, deberás sufrir lo que no mereces” de Benjamin Franklin. Y la última, que utilizo mucho últimamente en esto de la política, aún reconociendo muy poco resultado: “Saber lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe, he ahí el verdadero saber.” Confucio(551.AC-478 AC), filósofo chino.
Por concluir, me parece que si nos diéramos tiempo a preguntarnos por qué ante cualquier persona o situación, si antes de hacer fuésemos capaces de pensar las consecuencias de nuestras acciones en la vida propia y ajena, si antes de hablar, opinar  y juzgar supiéramos diferenciar entre lo que sabemos y lo que no sabemos-pasando de la creencia y el prejuicio a valorar los hechos, y de las ideas mentales pasáramos a la verdadera experiencia personal e intransferible- es posible seguramente que aportaríamos a nuestra vida personal y social una comunicación más pausada, más clara, más interesante y lo mejor más eficiente para vivir creciendo.


Hoy tenemos las mejores herramientas de comunicación, lo difícil es saber usarlas.

domingo, 11 de octubre de 2015

La Belleza de Buñol



“Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil.” Ernesto Sábato

“No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda.” Anne Frank

“El conocimiento de la belleza es el verdadero camino y el primer peldaño para la comprensión de las cosas que son buenas.” John Ruskin

“La belleza se define como la manifestación sensible de la idea.” Friedrich Hegel
         
“La belleza es una carta de recomendación que nos gana de antemano los corazones.”    Arthur Schopenhauer 

La belleza de Buñol tiene distintos y distantes escultores, la naturaleza es la gran maestra, un valle entre montañas, barrancos serpenteantes, charcas y charcos, fuentes en el curso del agua, tierras en las que los árboles, arbustos y plantas nacen y crecen tranquilamente. Y los animales nacemos, crecemos, vivimos y morimos, no así las rocas y estratos que cambian sus formas a lo largo de los siglos, ruedan, se descuelgan y se transforman. La naturaleza está en constante movimiento, casi imperceptible para el ojo humano. Al nacer nos encontramos con ella y los más afortunados antes de morir la conocen y la disfrutan. No todos conocen bien la naturaleza de Buñol y su entorno. Hay a quienes les gusta triscar por el monte y hay a quienes no. Aún así sus beneficios, su cuidado, lo disfrutamos todos, incluso aquellos que no son conscientes de su esencial valor para nuestras vidas.
De la naturaleza pasamos a la cultura(un buen profesor me enseñó que natura es lo contrario de cultura en latín, del origen de las palabras se pueden intuir muchas cosas…). En la cultura siempre está presente la mano del hombre, tanto para bien como para mal, como todos sabemos. La cultura no es solo el arte, el cine, la música, las religiones… es mucho más, es todo aquello que no es naturaleza.
Fueron nuestros antepasados los que fueron construyendo con sus manos y su ingenio, cada piedra, cada calle, cada casa, cada edificio público, cada plaza, cada fuente, incluso cada alcantarilla. Todo lo que es Buñol, desde el Castillo, pasando por los canales de riego, las hormas de piedra, las aceras, los muros, los sintos, los lavaderos… todo aquello que vemos a diario y nos parece que siempre estuvo ahí, y es verdad estuvo ahí durante toda nuestra vida, solo que no fuimos nosotros los que lo construimos.
Nos encontramos un Buñol al nacer cada uno de nosotros, y a través de nuestras percepciones, construimos cada emoción y cada sentimiento que se pega a la belleza. Estoy seguro que hay muchas semejanzas en lo que nos gusta de Buñol, pero cada uno de nosotros, en nuestras circunstancias históricas, nos quedamos prendados de un cúmulo de experiencias que son las que conforman el amor hacia nuestro pueblo, incluso el odio, en algunas partes o casos.
No somos el ombligo del mundo, aunque cuando oyes a algunas personas hablar, la mayoría de veces desde el bienestar, lo parece, como si no hubiese una tierra como ésta, y probablemente es verdad, pero no porque sea la mejor, sino porque es la nuestra. La mamamos en cada uno de sus días, en cada uno de sus momentos felices o tristes, de ganancias o de pérdidas. Con nuestra gente.

La belleza de Buñol se ha construido a lo largo de su historia, es una herencia en su mayoría, y como todo el que recibe sin esfuerzo es posible o probable que no seamos, a veces, capaces de valorarlo. Sobre todo cuando ve uno algunas calles y parques llenos de mierdas de animales que tienen necesidades naturales, y sus compañeros humanos parece que no asumen sus responsabilidades, cuando revientan una papelera o una farola, cuando se roba todas las hermosas luces del parque fluvial a los tres días de inaugurarlo, cuando no se limpia la calle, aunque sea nuestro trozo como siempre se hacía en otros tiempos, o cuando vemos flotar latas, papeles, envoltorios, deshechos, en nuestros hermosos parajes. Vivimos  la mayoría de cara hacia dentro, como si lo de fuera, lo de todos, nada tuviera que ver con nosotros. 

Se gana y se pierde con tanto progreso, me recuerda una frase que alguien me dijo mientras lloraba de rabia, de amor, de frustración y de impotencia: Lo seres humanos damos dos pasos para adelante y uno para atrás, dos pasos hacia delante y uno hacia atrás. Hace mucho de eso, relativamente, y cada experiencia que ven mis ojos parece corroborarlo. Estamos educados, la vida está construida para ser vivida así. Ni siquiera sé si es malo o bueno, si es positivo o negativo, pero sin duda sé que si no participamos todos en construir nuestro pueblo nada cambiará o muy poco, dos pasos para adelante y uno hacia atrás, a veces creo que son más para atrás, quizá solo sea una sensación subjetiva, pero cuando era niño recuerdo como los balcones estaban llenos de macetas y flores, era raro no ver el color o la pintura en las fachadas, ahora lo extraño es ver un balcón con flores, por ejemplo.
La belleza de un pueblo se construye entre todos, es importante no olvidarlo. Mañana cuando me levante iré a comprar unas macetas y en vez de ponerlas en el corral, las colocaré en el balcón. Quizá solo sea un símbolo, un pequeño gesto, aún así, si todos lo hiciéramos, en un día, Buñol acumularía mucha más belleza. La belleza de Buñol, como tantas otras cosas, las más importantes, dependen de todos. No lo olvidemos, de amor también se muere.





domingo, 16 de agosto de 2015

El Hombre Araña



Qué cosas ocurren: Una mañana te levantas y ya no eres quien eras ayer. Te buscas la cara, te buscas los sueños, te buscas entre los que buscas y no encuentras, te buscas delante del espejo y nada que ya eres otra. Ni mejor ni peor, otra u otro, depende.

La sociedad  es una tela de araña que te cambia, para bien y para mal, si es que existen tales conceptos. Cuesta creerlo pero es así: De pronto te pica y te convierte en mujer araña o en hombre, depende. 

Transformaciones, cambios, mutaciones, alteraciones, variaciones, evoluciones, metamorfosis, no sabe bien la ciencia humana qué ocurre, pero ocurre. En soledad también ocurre, no en tantas ocasiones, a esa tela de araña propia y única le cuesta más, mucho más mutar, sin los consejos, sin las oraciones, sin los juicios y los prejuicios, sin las maldades y bondades de los otros. Deberíamos estar muy agradecidos  a los demás, gracias a ellos nos convertimos, a poco que nos descuidemos, en otros siendo los mismos, crecemos. Solo hay que tener mucho cuidado en no calcinarse en el proceso, qué sería la vida sin ese punto de vértigo, de exposición, de inseguridad e incluso de peligro. Y qué sería el peligro sin la muerte.

Cuando te convierten o te conviertes en ser humano araña-y todos somos conversos- pasan muchas cosas extrañas, es una transformación muy paradójica, por una parte vives una ilusión enorme por conocer en qué te vas a convertir y cómo te vas a sentir, y por otra, un enorme miedo a que tanto hilo, tanta interacción, te lleve a ser todo aquello que tanto aborreciste.

Cuando dejas que la tela de araña se introduzca en tus venas, ves lusesicas de colores y te pegas un viaje tan rápido que cuesta mucho digerirlo. A poco que tengas conciencia, la responsabilidad te conmueve, como a una madre o o un padre con sus hijos, nunca esperas que tus vástagos se conviertan en asesinos o en proxenetas… o en nada destructivo ó auto-destructivo. Pero la verdad es que existen y todos tienen familias. Se suele perder de vista ésta realidad, especialmente ante la justicia humana.
Voy a que me de el aire, este texto me está costando más de lo que imaginaba, espero que a usted al leerlo no le cause estas sensaciones. Vuelvo en un rato.
Ya estoy de nuevo aquí, entre las palabras, sigo:
La tela de araña, como tantas estructuras en la sociedad humana, se originó inicialmente para la supervivencia, con el paso de los siglos la tela ha ido cambiando y de su función inicial queda muy poco, su sentido tiene que ver más hoy con el tener, la superficialidad y la economía que con la necesidades  humanas. Hoy no se trata de sobrevivir sino de colocarse en un punto seguro y cómodo de la tela y a la caza de algún semejante. Son los que llamo los Quietos, tienen aparentes vidas impecables, es muy fácil estar quieto y esperar que otros hagan, eso sí, no pasan hambre, ni cazan para comer, solo pican y pican a todo el que tropieza con la tela de araña y no se sabe proteger, para superar su hastío, unas veces acusan, otras inventan, otras transmiten chismes de vidas ajenas, otras muchas juzgan sin conocimiento objetivo alguno a los que se mueven, seguramente para superar su propia impotencia. No hay nada peor para un ser humano que verse reflejado en un espejo ajeno y verse horrible, pequeño, ignorante… se contiene la rabia, aunque se sabe a poco que buceemos hacia el interior, que más pronto que tarde aflorará y buscará a los que tienen la osadía de querer cambiar el contenido, la organización, la forma, la fortaleza o cualquier otra cosa que  aún mejorando la tela ponga en peligro la posición de los Quietos, entonces intentan mal imitarlos o paralizarlos, los Movidos se convierten en un peligro para la conservación de las posiciones de confort, siempre aparente, en los que se encuentran los Quietos y otros de los que no cabe(de espacio) hablar hoy, los llamo los Cómplices. Existen Quietos Cómplices y Movidos Cómplices, estos últimos son extremadamente dañinos, de ellos podrán leer otro día si les apetece.


Cada uno de nosotros cumplimos una función en la sociedad y en su estructura de tela de araña, las instituciones tratan de tener una función centrada dentro de la tela, ahora que las conozco por dentro es quizá dónde más a flor de piel se puedan catalogar todas las especies. En los partidos políticos también, solo que no se vomita desde el poder sino desde las ganas de poseerlo.

Parece que todo pasa por colocarse estratégicamente en las telas de araña y desde cada posición vomitar nuestras miserias y limitaciones hacia los demás, en un acto de insatisfacción continua que pasa porque los niveles de consciencia y de conocimiento están cada vez más lejanos de los valores esenciales de la vida. Me viene a la cabeza y termino, una frase de un filósofo que no recuerdo ahora y no me apetece buscar, que decía algo así: En ninguna época se ha sabido tantas y tan diversas cosas del ser humano y tan poco qué es el ser humano.
Veo cada día como las telas de araña pasan de ser un valor a una trampa en la que puedes caer atrapado de por vida. Cuidado con los picazos y sobre todo con no quedarse pegados sin elegir, creo que si la tela te consigue, soltarse suele ser improbable.

Cuidar y conocer nuestras telas de araña acaso sea los más importante que podamos hacer en nuestras vidas. Permítanme recordárselo o al menos sentir que lo he intentado.

sábado, 25 de julio de 2015

La mano en la arena


Una vez, hace muchos años, me encontré una mano amputada mientras paseaba por una playa. Vi primero un pulgar y el viento hizo el resto. Me costó mas de un año de declaraciones policiales y juzgados. Me lo recordó esta foto que hice en la misma playa el pasado fin de semana, ya no recordaba aquel suceso tan escabroso, el tiempo lo borra o coloca casi todo en su sitio. Eso sí, con una motivación adecuada, todo vuelve de nuevo, como si fuese ayer cuando ocurrió, y de eso hace ya más de veinte años. Los símbolos recogen de nuestra memoria aquello que une la forma y el contenido: Una mano aplastando una cabeza.
Me sentí como aquel día, de tan perplejo no sabía como reaccionar, confuso e incrédulo primero, luego muy asustado y desorientado, la realidad supera a la ficción repiqueteaba en mi cabeza, las frases hechas aparecen en los momentos más estresantes.


Una obra de arte hecha de arena, un auténtico artista, construyendo un símbolo, creando una realidad, somos los únicos seres conocidos capaces de eso y de otras muchas cosas más, no tan buenas… Lo realmente impresionante de la obra es que los significados pueden ser muchos, las interpretaciones se conjugan directamente con nuestra biografía, en mi caso excepcionalmente al haber vivido un caso tan atípico, incluso cuando estaba pensando que un montón de manos sobre una cabeza se ajustaría más a la realidad humana y por lo tanto, a la obra. Pero quién dice que una mano enorme no puede representar muchas.

La mano negra que oprime a los demás, de arriba abajo, ha sido siempre  un mito político que en los últimos años ha despertado a la realidad concreta. Consecuentemente sí que hay manos con mucho poder que hacen sufrir a otras personas, la escultura en arena fotografiada lo recoge muy bien, lo representa a las mil maravillas, hasta duele si estás un rato mirándola: Hay tantos casos en la vida real que provocan situaciones parecidas, aunque intentando relativizarlas y convivir con ellas las escondamos en lo más hondo de nosotros mismos, bien colocadas para que nos hagan el menor daño posible o al menos, eso parecemos creer. Me temo que cuanto más peso se carga en esa mochila invisible que todos llevamos a cuestas, más difícil resulta conectarse con el amor propio y el bienestar, más difícil es recorrer cada camino con plena libertad, condiciona mucho la carga a la hora de decidir hacia y hasta dónde queremos llegar.
En días de sol y arena como éste parece que algunos hechos afloran desde el pasado, recordándonos que todo lo que nos ocurre queda grabado en nuestros sentidos, y de ahí a nuestro entendimiento como diría Kant: “Nada es en el entendimiento que antes no haya sido en los sentidos”.
Ahora que ha pasado el día y me siento aquí delante del papel en blanco, mientras el presente y el pasado se combinan construyendo emociones complejas, todo parece un sueño, como si la vuelta a casa, a la seguridad, al nido emocional, estuviese prevista para recomponer los trozos en los que nos partimos a veces ante determinadas circunstancias. Ese puzzle en el que nos convertimos más o menos veces, a lo largo de nuestra vida y que una veces conseguimos reconstruirlo y otras, por mucho que lo intentemos no somos capaces de encontrar todas las piezas que consiguen ordenar, crear una imagen nítida de aquello que nos importa.
Las nieblas, las nebulosas, las dudas, los deseos enfrentados, los sentimientos encontrados, son parte de un todo muy humano y la vez muy complejo que se concentra en la mente y puede llevarnos al conocimiento y a la experiencia o al abismo continuo.

Quizá es por eso tan importante tener los ojos muy abiertos, y dedicarse a entender, ordenar y diferenciar lo necesario de lo contingente, lo esencial de lo banal, hasta encontrar cada uno su camino, sin exceso de equipaje, sin exceso de peso. Hace falta mucha generosidad, mucha compresión, mucha perspectiva, para sentir tantas manos oprimiendo nuestras cabezas y entenderlo desligando nuestra responsabilidad de la de los demás. Quizá lo que más cuesta no es reconocer el error ajeno, sino el propio, quizá lo que más necesitamos es descubrir con claridad aquello que nos viene dado y poder reaccionar frente a su posible obligatoriedad social y aquello que es absolutamente propio y que representa nuestra identidad, eso que nos hace decidir cada día y que construye nuestras vidas, de un modo consciente e inconsciente. Esta segunda parte es probablemente la que contiene mayor complejidad, en ella se encuentran las emociones, esos complejos sentimientos que mueven, muchas veces, nuestras manos como marionetas, quizá y solo quizá, solo haya una mano en todo esto, la nuestra, y quizá solo quizá nadie tenga una sola mano en cada brazo, sino todas las manos que golpearon o acariciaron a cada uno nuestra mente y nuestro cuerpo a lo largo de nuestra historia personal.


Quién sabe, con tanta calor, quizá las neuronas se rebelan y consiguen adueñarse de mis palabras.