sábado, 28 de marzo de 2015

El poder del Ajoaceite


“Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda.”  Joseph Jouber
El poder se define como “tener la capacidad o facultad de hacer determinada cosa”. En términos democráticos, cuando elegimos a nuestros gobernantes estamos otorgándoles el poder de decidir sobre todas aquellas cuestiones que afectan a nuestra vida diaria y que la condicionan, seamos conscientes o no. Tal y como dice la frase que encabeza estas palabras gran parte de nuestro bienestar dependerá de elegir bien, de ser bien gobernados.
Es pues importantísimo tomarnos muy en serio dónde, cómo, cuando y a quiénes otorgamos el poder a través de nuestro voto.
Cabría aquí preguntarse si debemos atender solamente al buen juicio de los elegidos para representarnos o bien deberíamos participar nosotros en todo aquello que en gran medida afecta a nuestras vidas de una manera en muchos extremos determinante.
Detengámonos unos minutos a pensar en las capas del poder, empezando por el poder más alto que es el Estado y por lo tanto el más difícil de alcanzar y controlar, la Comunidad es un poder intermedio también difícil de alcanzar y controlar y el poder Local, un poder difícil de alcanzar pero fácil de controlar. Todos los poderes tienden a no querer ser controlados por los ciudadanos, salvo si no tienen más remedio, pues hay una relación de dependencia en un estado democrático entre los votos y los resultados, al menos aparentemente. Sería pues ilógico votar a aquellos que no nos tienen en cuenta, excepto cada 4 años, que es cuando necesitan nuestros votos, ni sus resultados, ni el nivel de participación, ni por supuesto el nivel de bienestar de la sociedad en su conjunto.

La dificultad para votar con sentido y conocimiento es directamente proporcional a la voluntad política sobre el control, la participación y los fines que cada uno de los partidos políticos persiguen y también el nivel de compromiso que estén dispuestos a aceptar las organizaciones políticas al recibir el voto de los ciudadanos. O lo que es lo mismo, cuando nos piden confiar en los criterios de unos pocos no es la mejor manera de asegurarnos un buen gobierno.
La mejor manera de asegurarnos nuestro propio bienestar es participar, pero no entendido como un permiso que nuestros propios elegidos nos dan, sino como un derecho de los pueblos y una obligación para nuestros gobernantes. La participación de la ciudadanía en las instituciones no debería ser una cuestión vaga y dependiente de una limosna a los ciudadanos por parte de gobernantes generosos o no, sino de un derecho fundamental y de obligado cumplimiento en las estructuras y la organizaciones de todos los estamentos sociales.
El gran cambio que deberíamos exigir es éste, y a todos los partidos políticos, cada uno al suyo, y todos… a todos.
La diferencia radica esencialmente en los pilares que construyen los edificios, en su buena construcción, dependemos de su fortaleza y de su  correcta posición, para que ningún viento construido desde las miserias humanas lo derribe arrastrándonos a todos con él.
Es el momento de compromisos serios, hondos, pensados y construidos con todos y desde el conocimiento objetivo como verdadero criterio, no es pues la persona sino los equipos, no es pues la competencia sino la cooperación, la mejor manera que tenemos de asegurarnos un buen gobierno.

En un año en el que los todos los ciudadanos españoles en cortos espacios de tiempo estamos llamados a participar en comicios municipales, autonómicos y nacionales, vamos a ser bombardeados desde los medios de comunicación de todo tipo y desde todas las organizaciones políticas, debemos ser muy conscientes, más que nunca dada la situación socio-económica de nuestro país, nos jugamos mucho, nuestro bienestar presente y futuro, no dejemos que decidan por nosotros, es hora de comprometernos y encontrar juntos un camino digno para todos y sobre todo no permitir nunca más que los poderosos jueguen al Monopoly con nuestras vidas. Es nuestra responsabilidad y de nadie más que sigamos dejando en manos de unos pocos el poder de decisión. Nunca más.

Es el poder del ajoaceite, el poder de las manos combinando la destreza, la medida, los ingredientes, la consistencia, el color, el olor y el sabor para después compartirlo. Es el poder que nos damos al encender un fuego donde calentarnos todos, o seguir dejando que muchos pasen frío mientras unos pocos se calientan con abrigos de pieles arrancados a la humanidad y a la naturaleza.

martes, 17 de marzo de 2015

De entierro en Mayo



Falta poco para que pase el invierno, en cada cambio de tiempo ó de estación se debería enterrar aquello que no da frutos, todo aquello que no florece en primavera, sobre todo si han sido muchos los años en los que repetir lo mismo ha dado el mismo resultado. Resulta obvio ya lo sé, incluso redundante, pero parece ser que tiene algo de verdad aquella frase antigua y tópica que decía que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Dos veces que fueran... muchas veces más si fuésemos capaces de mirarnos y ver, si fuésemos capaces de ser lo más objetivos, dentro de lo posible ya que somos sujetos y no objetos, con nosotros mismos. Me apunto el primero no vayan a creer que soy de esos que hablan de otros sin mirarse bien lo suyo.
Reconocer los errores no es muy habitual, se suele creer que en este movimiento se incluye el fracaso y eso está muy mal visto. Me vienen ahora dos frases a la cabeza, la de Edison que hasta inventar la bombilla según el periodista que le preguntaba había fracasado más de 2000 veces y el contestó que no fracasó ninguna, descubrió 1999 maneras de como no hacer una bombilla(en el número de veces no se ponen de acuerdo), y otra del  autor del libro: El placer de no trabajar. Dice en una de sus páginas les voy a dar la fórmula del éxito: Fracaso, fracaso, fracaso, fracaso... Éxito.
De lo que no cabe duda  es de que si hacemos las cosas siempre igual y con malos resultados y no los cambiamos, nunca conseguiremos acertar.

Tengo la impresión de que en la política en Buñol llevamos haciendo lo mismo hace muchos años y como consecuencia los resultados no son evidentemente los mejores. La crispación política no deja margen a la cooperación, a la creación, a la imaginación y a la ilusión, tan necesarias. Nadie parece entender que cada uno tiene que poner de su parte para conseguir un clima que produzca los cambios necesarios para conseguir un fin que seguro todos deseamos: Mejorar Buñol, su progreso y el bienestar de las personas.
Estas palabras tan bonitas pasan por muchos filtros, en primer lugar y repito un clima de cooperación y trabajo en equipo; en segundo lugar vertebrar la participación de las personas en las concejalías, junto a los partidos, a los agentes sociales y a las asociaciones en el Ayuntamiento y en sus distintas áreas; en tercer lugar crear las infraestructuras necesarias para que los cauces de participación ciudadana y comunicación funcionen realmente; en cuarto lugar atraer hacia la institución todo el talento y el conocimiento personal y profesional en las distintas áreas que lo componen, en la economía y el empleo, en la cultura, en la salud, en la educación y en los servicios públicos… y así sucesivamente.
Pero lo más importante de todo es convencer a todas las fuerzas políticas y a todos los agentes sociales de la necesidad absoluta de un cambio de rumbo para no volver a caer en las conveniencias partidistas o personales por encima del bien común, no se trata de culpar a nadie sino de abrir de una vez los ojos a una realidad evidente que tiende más a lo destructivo que  a lo constructivo. Una vez hablen las urnas, se requiere el respeto profundo hacia los votos recibidos por cada formación política sin menospreciar a nadie, si lo hacemos estamos atacando al corazón de la democracia.
Resulta difícil perdonar las ofensas, las zancadillas, los menosprecios y demás sutiles formas de guerrear con el adversario, aún así, todos tendríamos que esforzarnos el próximo mes de Mayo por enterrar esas armas que en su uso no hacen sino minar las cualidades y el potencial que tiene Buñol como pueblo y sean cuales sean los resultados de las elecciones. Todos los partidos políticos tendrán esa responsabilidad, pues lógicamente depende de ellos elegir un camino u otro. Creo firmemente que hasta ahora el camino elegido en las pasadas legislaturas no ha sido especialmente acertado, “el que siembra vientos recoge tempestades” y si lo que ocurre en el Ayuntamiento no es esto, entonces tendré que hacérmelo mirar, debo ser el del chiste del 600 que va en contra dirección creyendo que son todos los demás los que van en sentido contrario. Creo que la mayoría de la ciudadanía de Buñol sabe perfectamente, aunque solo sea en su fuera interno y aún defendiendo cada uno las tesis de los suyos que  no me invento nada.
Si el 24 de Mayo no hacemos un entierro festivo y democrático de las armas de destrucción masiva, que suelen coincidir con las más primarias emociones humanas, estaremos construyendo de nuevo otro entierro mucho menos festivo que el de la fotografía, enterraremos de nuevo el progreso de Buñol y sin duda se alejarán mucho más si cabe los ciudadanos de la política, aún siendo un arte, de tanto falsificar originales, nadie querrá formar parte de un retrato deformado de lo que siempre fue, ha querido ser y quiere seguir siendo Buñol.

martes, 24 de febrero de 2015

Todo es según, sobre, tras...


Nos pasamos la vida interpretando lo que nos dicen los sentidos convertidos en sentimientos, en emociones, en deseos y en experiencia fundamentalmente. El conocimiento y la razón los filtran hasta convertirlos  en acción, hacia el hecho. Parece un proceso sencillo pero no lo es, al menos, a los ojos de la conciencia. 
Preguntarse cuestiones complejas suele aburrir o agobiar por lo que intentamos evitarlo en el día a día. Cansa y mucho, aún cansa más y agobia, hasta límites muy desagradables, cuando intervienen en diatribas varias personas, y aún más si esas personas no se tienen especial aprecio ó son opositores, el diálogo se suele convertir en incomunicación y por consiguiente en no convencer, ni aunque la objetividad o la obviedad recaiga hacia una de las partes con toda claridad. ¿Quién es capaz de escuchar a otro mientras dice lo contrario de lo que piensa con la intención de engañarnos o manipularnos sin que las neuronas dirijan sus estímulos directamente a la vena o a la voz? Pues curiosamente la mayoría de nosotros. Vivimos situaciones como ésta a diario y las vamos aceptando por aquello del qué dirán o por miedo al rechazo, lo aceptamos como algo inevitable, como si se tratara de una ley no escrita, como tantas, que cumplimos sin aparentemente pestañear. Lo que “conviene” va desgastando mucho, cuanto más andas por este mundo más te das cuenta. Los ideales que creímos tener y quizá tenemos van pasando a los rincones más privados o al mundo de los sueños, de aquello que nos gustaría pero no hacemos porque algo dice que no debemos, nos dan miedo las imaginarias consecuencias, el “deber ser” ha hecho estragos en sociedades judeocristianas como la nuestra. Cuando evitamos la confrontación mientras somos atacados o dejamos pasar por alto cuestiones esenciales ahogamos los ideales en pro de un bien mayor y entre tanta condición, los individuos quedamos relegados a la función de masa como diría Ortega, adaptándonos a una sociedad tremendamente injusta. Los años no pasan sin dejar huella y el hábito -que no la experiencia- no siempre es un aliado sano, muchas veces determina una forma de vivir contraria a nuestras convicciones más profundas y es entonces cuando algo se rompe en nuestro interior. Erosionamos así o fracturamos todo aquello que nos hace únicos sin  darnos cuenta. Cada vez que aceptamos la realidad sin cuestionarla ni un ápice estamos dejando algo de nosotros mismos por el camino. El resultado suele ser el desencanto, la desilusión y la pérdida de las motivaciones que cada uno de nosotros necesitamos para dar sentido y dignidad a nuestras vidas. 
Hace relativamente poco me contaba un amigo que para conseguir un trabajo de comercial le “aconsejaron” cortarse la coleta que llevaba muchos años y que para él era una seña de identidad. Este hecho convertido en metáfora es práctica habitual en otros sentidos y sin duda es una manera de retorcer las columnas que nos sostienen, consiguiendo en demasiadas ocasiones balancear nuestro propio edificio.



Vivimos actualmente una época difícil y convulsa en lo social, desde la susodicha crisis económica, pasando por los movimientos sociales hasta llegar al poder y a la política, todo se mueve a una velocidad vertiginosa que consigue que muchos de nosotros veamos la realidad desde una especie de televisión no virtual en la que la sensación de inseguridad nos conduce inevitablemente al miedo, es en este instante en el que caemos en la trampa de aceptar sin más, como si nada tuviésemos que decir o hacer para cambiar la realidad siempre construida desde las otras conveniencias, como si no pudiéramos ser actores principales y hubiésemos perdido la capacidad de agarrar la riendas e intentar dirigirnos hacia donde creamos es mejor para todos, entre otras cosas, porque lo que es bueno para uno tendría que ser bueno para todos. Principio por el cual las cosas podrían mejorar muchísimo.
Pero en la realidad esto no ocurre así, lo que ocurre es que entramos en la relativización pura, todo es según los ojos que lo miran, la verdad no existe, ni los hechos objetivos, ni las causas ni las consecuencias, solo existe una serie mezclada de interpretaciones en lo político y en lo económico que nos envuelve en una niebla como diría Unamuno. 
La niebla no nos deja ver del todo, en muchos casos creo que hasta nos interesa que exista para evadirnos y no sentir la vergüenza ni el dolor en directo al ver a las personas que desahucian, ni a los que duermen en los cajeros, ni a los que dependen de sus padres y abuelos, ni a los que no tienen trabajo, ni a los que no tienen ningún ingreso, ni a los niños que sienten la tensión, la ansiedad y la tristeza de sus padres, ni como nos obligan a vender nuestra dignidad por billetes acuñados en nuestras propias instituciones… o al ver a esas personas que viajan en pateras jugándose la vida y el trato que les damos al llegar a la tierra de las oportunidades… desde una vida aún más inhumana y cruel. 

Claro está que todo es según… sin (dinero), sobre(las personas) y tras(la ambición del poder y el tener), pero esto al parecer es otra historia en el mundo de las estadísticas, la información y los medios. Todo parece tan virtual, tan lejano, tan difuso, cuando no se escuchan los gritos, los llantos, la angustia y el sufrimiento entre tanto ruido, entre tanta palabrería a debate.

domingo, 15 de febrero de 2015

El silencio de Alicia


Hace más de treinta años que escuchaba el silencio de una manera intensa, incluso de niña la recuerdo estar mirando jugar con sus amigas y amigos y sentir ese silencio. Le resultaba difícil expresar qué clase de silencio se escucha dentro, mientras fuera de sí misma todo sonaba con aparente normalidad: Las voces y los gritos de las personas, los ruidos de los coches, las voces familiares, los pájaros, las máquinas, la música, las campanas, las risas, el llanto… incluso las miradas silenciosas que la observaban desde siempre. O al menos eso sentía ella.
El silencio era un refugio donde encontrarse segura, donde guarecerse de su singularidad a salvo de ser repudiada por los demás por el simple hecho de ser diferente. A veces salirse de lo habitual provoca una injusta represalia más o menos consciente de todos nosotros hacia el “raro". Supongo que es el miedo el que nos empuja a ser tan injustos y tan despiadados ya desde niños. Se ve con toda claridad en el día a día de la crianza. Casi todas esas miserias que somos aparecen limpias en la niñez, sin escondrijos ni máscaras. Al pasar los años aprendemos muy bien a camuflarlas, pese a que nunca nos dejarán porque es imposible curarse de una enfermedad educacional y social, sobre todo porque para curarse hay que reconocer el problema, como en el alcoholismo o la drogadicción que como tantas otras adicciones están enraizadas en nuestro mundo más emocional que es el inconsciente, por lo que por propia definición el darse cuenta es difícil, a veces desesperadamente imposible sin la ayuda del otro, sin la objetividad de los espejos ajenos en los que mirarnos y reflejarnos.
Alicia se unía a su silencio como la soledad se une al pensamiento, en un  sentimiento hondo y reparador desde donde escuchaba los latidos de su corazón, con ese inmenso goce y a la vez temido al depender de esos sonidos que bombean la sangre, de su movimiento, de su ruido escondido que se conecta directamente con la vida: Un sonido que está en silencio hasta ser descubierto, hasta conectarse con él.

Quería ser normal pero no podía, hay personas que son incapaces de adaptarse a la monotonía y al hábito de lo que la familia y la sociedad espera de cada uno de nosotros, aún menos aceptar la ética de una sociedad con infinitas varas de medir llevándonos a tener que vivir obligatoriamente la más exasperante hipocresía. Hay personas que no se adaptan y por mucho que lo intentan nunca lo consiguen. Ella era de las que lo sabían por lo que nunca se esforzó en vano.

Me lo dijo muchas veces, tantas que sus palabras se reiteran en mis sueños desde entonces: “Te quiero, pero no quiero vivir la vida que me obligan y me proponen y eso sé que me causará mucho daño, no quiero que seas parte de mi dolor elegido, de mis saltos vertiginosos fuera de esos límites que no soporto.”

Cuando uno se enamora por primera vez es de una verdad tan intensa que se convierte en una realidad aumentada, tan aumentada que muchos la definen como pura proyección y otros como pura fantasía. Nunca he entendido bien por qué es tan ingenuo creer lo que se siente y actuar en consecuencia. Ella parecía tenerlo muy claro, no estaba enamorada solo de una persona, estaba enamorada de la vida, de su vida, incluso en contraste con ese ruido que la llevaba a unirse al silencio convirtiéndose en él. Yo creía que era una gran barrera invisible para protegerse de tanta insensibilidad, de tanta severidad moral, de tanta envidia insana, de esa hostilidad tan cruel hacia personas tan especiales y tan desconocidas. El miedo a lo desconocido a paralizado a sociedades enteras, por qué no al círculo de una sola persona, me preguntaba y me lo sigo preguntando después de tres décadas. Parece que cuesta mucho responder a ciertas preguntas, no sé si solo una vida da para conseguirlo.
Después de tantos años me la encontré ayer, por eso llueven estas palabras sobre el papel en blanco como gotas de lluvia y quizá como alguna lágrima de nostalgia de otros tiempos escondidas entre ellas. Tropezando.
Seguía tan bella, tan vivos sus ojos, tan blanca su piel, tan libre su boca, tan limpias y sinceras sus palabras, solo el tiempo sentí que había cambiado, los tiempos son cruciales en las relaciones humanas o eso dijo ella.
El encuentro fue breve, una charla corta, muchos silencios y una copa llena de sueños… nos la bebimos rápido los dos, bien adaptados a nuestro tiempo. Mientras se marchaba me quedé mirándola, andando como una sílfide acariciada por el viento, todo se quedó por un instante en silencio y entendí como nunca lo solo que se puede sentir una persona aún rodeado de multitudes, pues es la compañía un silencio cómplice entre dos soledades, quizá una emoción que no necesita palabras, solo un sonido que está en silencio hasta ser descubierto  al rendir nuestra cabeza en otro pecho.
Quizá siempre estemos un poco dormidos, un poco soñando.

sábado, 31 de enero de 2015

Los Puentes



 Puente: “Persona o cosa material o inmaterial que sirve para poner en contacto  o acercar dos cosas distintas.”
 Puente: “Lo que sirve de elemento de comunicación entre dos personas o cosas,  sobre todo si están alejadas o enfrentadas.”

Estaba pensando en los errores, en las equivocaciones, en los desaciertos, en los fallos, en los descuidos y he acabado pronunciando en voz alta la palabra puente. No sabría explicarle, estimado lector si está leyendo, exactamente por qué. Resulta complejamente interesante como la mente comienza con una idea y tras muchos vericuetos, algunos incluso absurdos, o al menos aparentemente ilógicos, nos llevan a otra idea. Ahora mismo me acaba de ocurrir, estaba pensando en que se parece el error a un puente y lo primero que me ha salido es una especie de trabalenguas que aprendí cuando era niño que decía así:

Preguntabas a algún amigo: “¿En qué se parece una vaca a una pelota?” y el otro pensaba brevemente y contestaba: No lo sé o alguna barbaridad buñolera. Entonces era la tuya, muy rápido y seguido respondías: “La vaca da leche, la leche no da nada, el que nada no se ahoga, el que se ahoga es un bruto, Bruto mató a César, César es de Roma, Roma es de Italia, Italia es de Europa y Europa es del mundo como una pelota de redondo”. Tal era este ingenuo juego de niños como les he contado.
La ingenuidad nunca se pierde del todo, es como la esperanza, de hecho creo que se nutre de ella. En las situaciones más adversas aparece la ingenuidad y lo siguiente, tan necesarias, que afloran con inmediatez, convertidas en ese ideal que todos tenemos dentro, quizá en muchos casos oculto, y que contiene lo que nos gustaría que fuese la vida y no es o lo es casi siempre en parte. O lo que nos gustaría haber sido nosotros mismos y no  somos, o lo que nos gustaría que fuese nuestro pueblo y no es, o lo que nos gustaría que fuese nuestro país y no es, o lo que nos gustaría que fuese el mundo y no es. Aquí suele ponerse al descubierto el ideal. Los ideales son el mejor argumento para flagelarse cuando no se cumplen, pero lo más incomprensible es que cualquier adulto debería saber que son imposibles de cumplir, de hecho esa es una de sus esencias y la razón de su existencia. Tanto en lo social, en las relaciones o en lo personal nada hay más alejado de la realidad que el ideal, parece tan tonto afirmarlo por obvio, la perfección no existe en nosotros los  seres humanos, aunque sin duda algo hay dentro de nosotros que nos empuja a mejorar, al menos, si al género humano nos referimos. No entraré en la complejidad del por qué existen los ideales, solo me refiero a ellos como puntos de referencia, como metas, aunque inalcanzables en su totalidad, a las que dirigir nuestras acciones para estar y sentirnos bien, y a nivel social para tratar de alcanzar el bienestar de todos.

Creo que me he perdido otra vez jugando con las palabras, todo esto venía a cuento de los errores y los puentes y he pasado por una vaca y una pelota, por un trabalenguas y por una especie de disquisición sobre la ingenuidad, la esperanza, el ideal y de momento he llegado al bienestar. Quizá ando perdido entre tanta metáfora o quizá no.

En el mundo, en Europa, en España, en Valencia, en la Hoya, en Buñol necesitamos puentes nuevos, ya se que ya tenemos uno en Buñol y quizá haya alguno en todas partes, pero hay que construir otros, quizá más inmateriales pero no por eso menos necesarios. Es esencial comprender la dimensión social del ser humano, es un requisito básico para el bienestar de cualquier persona o sociedad la construcción de un nido emocional, un núcleo de unión para la convivencia, y más allá, para la comunicación, la comprensión y las tan buscadas tranquilidad y armonía.
Es verdad que cada individuo u organización social defiende sus intereses y es incluso lícito, pero nada funcionará bien o mejor hasta que aparezcan los puentes, esos “elementos de comunicación” entre las personas que debe conseguir que cualquiera pueda defender sus intereses con  naturalidad y absoluta normalidad pero sin perder de vista algo tan fundamental como los intereses de los demás. Es un gran error no hacerlo. En mi ingenuidad, en mi ideal y en mi esperanza son los puentes un sueño y un ideal, todavía no se ajustan a la realidad, pero quizá empezando por Buñol, lo más cercano, pronto caigan los muros que crean los conflictos y el malestar y aparezca al menos un puente nuevo más, construido entre todos y con un ideal común.
Quizá sea posible si miramos hacia dentro y reconocemos a aquel hermoso niño que todos llevamos dentro y como buenos aprendices deletreemos algo que parece olvidado entre la maleza; be, u, eñe, o, ele.
Que cada pájaro escriba su nido. A veces de no salir a volar se pierde la perspectiva y otras de tanto volar se olvida uno de dónde y para qué se construyen los nidos.

La vaca y la pelota, los pájaros y los nidos, lo errores y los puentes.

Quizá solo se trate de construir dos pilares: Cuidado y Respeto.

sábado, 17 de enero de 2015

La magia de después


Me gustan las velas, más me gustan encendidas que apagadas. También me gustan los reflejos de su llama en objetos y rostros. Y también su aroma entre dulce e intenso como el incienso. Los ritos individuales son importantes, quizá porque comunican sentimientos y emociones que los otros lenguajes no alcanzan a expresar. Por eso también me gustan los ritos, también me gustan los ritos porque te unen a tu propia identidad, te reconoces en ellos, te unes a ellos  desde tus deseos, tus gustos y tu libertad. Por eso también me gusta la libertad, también me gusta la libertad porque es original y única, solo cada uno de nosotros tenemos acceso a la nuestra y la podemos usar o no, lo que más me gusta es que siempre está ahí, la noto y cuando algo se nota así es tuyo y se siente como una caricia. Por eso me gustan las caricias, también me gustan las caricias porque encienden la piel y el cuerpo aparece, nos encontramos con él, y es que a veces parece que no tengamos cuerpo y solo se nota todo lo de la cabeza. Me gustan la cabeza y el cuerpo, también me gusta el cuerpo porque parece que es solo mío y los demás me reconocen al verlo y también me gusta la cabeza porque solo yo sé lo que hay dentro, y lo que siente y lo que piensa, y lo que más me gusta es como siempre todo se lo transmite al cuerpo, dándome cuenta o no. El no también me gusta, también me gusta el no porque es muy difícil de pronunciar y me encantan los idiomas que se sienten cuando se dicen, el no es muy reconfortante a veces y muy difícil y tenso otras muchas, el no es capaz de  crear los peores enemigos y los mayores amores. Por eso me gustan los amores, también me gustan los amores porque te sientes querido y valorado cuando emprenden sus ritos, la cabeza y el cuerpo los usan como caricias. Como ya he dicho que me gustan los ritos, la cabeza, el cuerpo, las caricias, el no y la libertad. Sí lo he dicho, también me gusta decir, también me gusta decir porque siento que todo lo que he dicho que me gusta y más que no he dicho lo puedo compartir, los ritos, las caricias en la palabra, la cabeza en la palabra, el cuerpo en la palabra, el no y la libertad en la palabra. Por eso me gusta la palabra, también me gusta la palabra porque me permite pensar, porque puedo ponerle nombre a todo, porque de sus significados y de sus significantes aprendo lo que pasó y también retratan la belleza. La belleza me gusta, también me gusta la belleza porque me hace sentir bien y consigue en mi rostro una sonrisa. La sonrisa me gusta, también me gusta la sonrisa porque los ojos brillan contentos y se contagia a través de las neuronas espejo. Los espejos me gustan, también me gustan los espejos porque te reflejas en ellos y sabes distinguir quién eres y porque si te miras a lo más hondo de tus ojos con la mayor objetividad y sin miedo puedes comprender los maravillosos porqués, aquellos incluso que te harán más daño pues pueden conseguir que veas desde tus partes más hermosas hasta las más difíciles de aceptar, los errores, los fracasos, la debilidad. Me gusta la debilidad, también me gusta la debilidad porque es como una cuerda  que suena vibrando en las entrañas, haciéndote recorrer caminos muy semejantes a los demás y eso te ayuda a tener perspectiva. La perspectiva es muy importante porque dependiendo desde donde miras lo que ves se convierte en una cosa u otra y además muy distintas, incluso contradictorias.
Me gustan los ritos sociales, también me gustan los ritos sociales porque consiguen sacar lo peor y lo mejor de nosotros mismos, por eso tienen magia, aunque la solemos ver después, en un tiempo posterior, como tantas otras cuestiones importantes que solo alcanzamos a valorar cuando las tenemos y nos damos permiso para disfrutarlas o solo cuando las perdemos. También me gustan los ritos sociales porque juegan con el tiempo como si fuesen dos niños y porque para mal y para bien nos recuerdan cuánto nos necesitamos los unos a los otros. Me gustan las necesidades, también me gustan las necesidades porque nos hacen seres muy vivos en constante búsqueda y porque nos obligan a vivir tratando de encontrar lo que cada uno cree necesitar en cada tiempo o circunstancia. 

Me pregunto si son ritos sociales en nuestra cultura, las Fallas en Marzo, las Pascuas en primavera, el agua dulce y salada y el sol y las Fiestas en verano, la reflexión y el nuevo curso en Otoño, la Navidad y el Año Nuevo en invierno y los Reyes Magos antes de la rebajas. Me gustan las rebajas, también me gustan las rebajas porque todas las cosas cuestan menos.


Me gusta la magia, también me gusta la magia aunque casi siempre llega después, me gusta incluso cuando aparece demasiado tarde y se escapa como el agua entre los dedos al lavarnos las manos, todo parece y se siente tan limpio…

domingo, 4 de enero de 2015

La mano negra


En las últimas tres décadas Buñol ha sufrido las consecuencias de diferentes crisis de distinto ritmo y calado, desde la Industria del Papel pasando por las  del pequeño comercio, las Construcciones Mecánicas y últimamente con la crisis de la Construcción que ha desmantelado casi todo el tejido industrial de nuestro pueblo, dado que el cemento y los prefabricados fueron en la última década los mayores creadores de puestos de trabajo: Cemex, la cementera convertida hoy en una incineradora de residuos, Prevalesa cayó, Pacadar parecido, Mármoles Buñol lo mismo… sin olvidar todo ese tejido de pequeños talleres, comercios y empresas familiares que han sido engullidas por este último tsunami económico que con los únicos que ha tenido piedad es con los mismos que lo produjeron, tal es el poder de los Bancos y entidades Financieras, tal es el poder atávico del dinero. Mientras se construía un mercado artificial propiciado por la avaricia de todos ellos, las familias, los autónomos y las pymes se endeudaban hasta ahogarse en sus propias inversiones… Países completos endeudados y al borde de la quiebra para salvar al sistema financiero a costa, por supuesto, del bienestar social. La presión fiscal sobre los de siempre y despojados sin ningún amparo a todos aquellos que se dejaron la piel trabajando e invirtieron sus ahorros y sus bienes conseguidos con el trabajo de toda una vida. Se rescató al sistema financiero y hemos visto como su poder está por encima de los Estados. 
Los gobiernos nos han fallado, han dejado que nos estafaran, han permitido que nos desahuciaran, han permitido que el sufrimiento y la necesidad circulara sin control hacia los de abajo, pero sobre todo han deshecho nuestra dignidad haciéndonos sentir culpables… no se puede ser más vil, más necio y más injusto.

Es cierto que estos argumentos tienden a la simplificación, el análisis  es más complejo si tenemos en cuenta las coyunturas que se entremezclan: La globalización, los lobbys gremiales, las presiones en la comunicación y la información, los intereses económicos personales y corporativos, la educación derivada exclusivamente al éxito, la manipulación a la sociedad en general a través de las modas y modelos que deforman los valores y juegan los papeles más determinantes. Nos condicionan a través de las emociones, de los sueños, los deseos y las aspiraciones. Se condiciona a través de los miedos a la exclusión y a la inseguridad. Se suele aceptar como norma el camino más fácil, que suele ser el que te construyen otros para que los sigamos los demás a favor de sus propios intereses, no hay una mano negra, hay una sombra que nos persigue a todos, el silencio, la omisión y la aceptación, organizadas todas desde la ética del éxito frente al fracaso, de los mirlos blancos que encabezarán las listas políticas y los puestos importantes y de poder en la economía. La mayoría de personas se llenan con un mínimo poder cedido a cambio de un salario más alto y un puesto de más nivel social y ambas cosas parecen inseparables. Eso sí, frente a aquellos que tropiezan obligados por su circunstancia insalvable, repetida y repetida, de tanto intentar sacar el cuello sin las redes ni las prebendas de los que ostentan y por ello otorgan los privilegios, los que proporcionan los atajos. Nos han hecho creer en eso llamado suerte, de su existencia y de tantas otras memeces se desprende las falsa esperanza, la  falsa ilusión, los sueños que  luego nos son arrebatados a diario con límites perfectamente diseñados para que solo unos pocos puedan sobrepasarlos. No llega antes el que más trabaja y el que más se esfuerza, ni siquiera el más inteligente ni el más sabio, son otras las razones por las que muchas personas funcionamos aún con esa refrán que decía “dónde vayas de los tuyos tengas” y demás reglas que llevamos grabadas y experimentadas en nuestras espaldas.

Hace mucho que se olvidaron valores esenciales convertidos casi exclusivamente en bonitas palabras, que de tantas veces dichas y usadas en boca de cualquiera y en contradicción con los hechos pierden absolutamente su significado, se vacían de contenido, se convierten en humo. La palabra libertad se ha usado en la boca de los mayores asesinos de la historia, la palabra justicia en boca de los mayores traficantes de dinero y poder, la palabra igualdad en la boca de los impostores y auténticos creadores de la pobreza y la marginalidad, la palabra solidaridad en boca de personas que dejaban morirse de hambre a otros para tener más y más… podríamos seguir así con casi toda la terminología político-social.

Relativamente pronto todos los poderes se adaptarán a los nuevos métodos que en la actualidad están provocando los cambios de conciencia, incipientes pero potentes en su sentido, sus nuevas formas de hacer política han prendido una mecha de fuego convertido en esperanza para muchos de nosotros, aún así no estamos cerca todavía de ese punto de generosidad que permite aceptar, admitir y apoyar a los más preparados, las personas seguimos un juego peligroso e integrado en lo más hondo de nuestra educación: Decir una cosa y contradecirla con los hechos, ser incapaces de aceptar nuestras propias limitaciones, valorar los mirlos blancos(la imagen) antes que el esfuerzo, el trabajo, la verdadera experiencia y el auténtico conocimiento. Seguimos sintiendo básicamente a los demás y a la sociedad como nuestros padres, abuelos o bisabuelos aún pensando de forma muy distinta. Nos quedamos atrapados en la superficie, carentes de perspectiva y filosofía política.

La única manera de que el cambio penetre en la sangre es darnos cuenta, y  desde esa claridad esforzarnos para no seguir repitiendo lo mismo, sintiendo lo mismo, haciendo lo mismo, creyendo que otros harán lo que es responsabilidad nuestra. En Buñol nos hace falta muchísimo de esto. No podemos dejar de avanzar, la realidad nos obliga a dar un paso importantísimo, pasar de una democracia representativa, absolutamente obsoleta y corrompida, a una democracia participativa, solo todos unidos con imaginación, creatividad, trabajo y consenso conseguiremos recuperar lo perdido, que no es poco.

sábado, 6 de diciembre de 2014

La Crisis de la Sonrisa



La sonrisa “es la expresión del ser que se alegra de ser”
Milán Kundera del Libro de la Risa y el Olvido

Dicen que la sonrisa es una manera de expresar con un movimiento facial un sentimiento de satisfacción, alegría, agrado o placer… aunque no siempre, parece ser que la pueden producir otras emociones como la ansiedad, la ira, la ironía… También dicen que hay sonrisas voluntarias e involuntarias. También dicen que se flexionan 17 músculos cercanos a la boca y a los ojos para producirla. Dicen que los bebés ya sonríen en el útero materno, vamos que la sonrisa viene de fábrica. 
Curiosamente en los animales no humanos casi siempre enseñar los dientes significa amenaza. Se diría que los animales humanos hemos cambiado el lenguaje no verbal casi contradiciendo a la naturaleza para diferenciarnos. La complejidad de un movimiento tan sencillo parece clara si nos planteamos las diferentes motivaciones y pretensiones de cada individuo cuando usamos la sonrisa.

En nuestras vidas todos hemos visto, incluso están catalogadas, muchas clases de sonrisa, como en casi todo lo humano aparece la interpretación, en la interacción, en el conocimiento y en las relaciones que son los que van marcando los matices a la hora de interpretar algo, a priori, tan hermoso como una sonrisa. Dependiendo claro del quién, del cómo y del cuándo.
Desde que nacieron mis hijos los observo mucho con la intención como todo padre de apreciar, entender, conocer y comprobar su auténtico bienestar. Cuando alguien me pregunta por ellos suelo contestar: “Están muy bien, los niños son felices, a nosotros los adultos nos han engañado”. Quizá generalizo demasiado porque así me gusta pensarlo, todo es tan auténtico en un niño, si te fijas bien hasta lo malo es limpio y sincero en ellos. Todavía la sociedad no ha echado sus zarpas moldeadoras para convertirlos en adultos neuróticos o algo peor.

Cada día que puedo cuando llega  a casa mi pregunta suele ser la misma a cada uno de mis hijos: ¿Cómo estás, que tal el colegio, has pasado un buen día? A veces me pregunto porque les pregunto lo mismo casi siempre y me respondo que sin duda lo único que me ocupa es que disfruten del día a día, que vayan creciendo sin perder esa sonrisa que para mi es la auténtica y necesaria, la expresa deliciosamente la frase que encabeza este artículo del gran Kundera: la sonrisa, esa sonrisa, la de los niños que se iluminan y nos iluminan con ellas, es “la expresión del ser que se alegra de ser”. Estár contentos consigo mismos, aunque ya comiencen a sentir aquel encargo que comienza en todos en algún momento: La competición y el malestar que les supone no cumplir la igualdad comparativa, las diferencias con los demás les atemoriza y eso que todavía no han recibido el regalo social de las obligaciones. Ahora bien, ya nos encargamos nosotros, la mayoría de veces sin darnos cuenta, de hacérselo ver y sentir, en nuestras casas, en los colegios, en las calles, entre sus amigos y familiares. Cometemos muchos fallos sin querer y les transmitimos tanto lo sano como lo insano de nuestra sociedad, de nuestra familia y de nuestra persona. Parece que es ley de vida y no puede evitarse. Habría que des-educarnos a nosotros para educarnos otra vez y creo que ni aún así conseguiríamos no errar.

En la actualidad hay una situación social muy complicada que condiciona a  la mayoría de las personas, resulta pues muy difícil o del todo imposible no lo tengo claro, no transmitir de alguna manera nuestros estados de ánimo a todo aquel que nos rodea, especialmente a quiénes están muy cerca de nosotros y todavía más a nuestros hijos que son los que nos miran, nos escuchan, se fijan como búhos en cada uno de nuestros movimientos, acciones y diálogos, mucho más de lo que normalmente imaginamos, hasta grados que en algunos momentos a mi personalmente me asustan, pues la responsabilidad nos podría desbordar de no ser por la aplicación de una regla maravillosa que sirve para entender casi todas las cosas: La perspectiva humana. Esa visión que te hace conocerte y como consecuencia conocer a los demás desde nuestras semejanzas y nos da cuenta clara y concisa de nuestros límites, de nuestro alcance, de nuestras capacidades, de lo que no alcanzamos ni aunque lo deseemos con todas nuestras fuerzas. Eso que nos hace saber quiénes somos de verdad sin la fantasía omnipotente que transportamos en nuestro interior desde niños.

No sé si es por contraste o por observación o por casualidad o por proyección, pero me da la sensación de que hay una crisis más allá de la económica, una crisis de la sonrisa, como si cada año que cumplimos nos arrebataran o arrebatamos un ápice de esa capacidad de “alegrarse de ser”. Lo he visto y vivido muchas veces y no solo en épocas de crisis económicas sino en también épocas de bonanza, porque esa pérdida se hace sin darnos cuenta, día a día, y en ella influyen muchas cosas, todo aquello que sentimos nos falta o que nos duele, lo llamativo de esto es que una parte es evidentemente real, objetiva, la falta de trabajo o de dinero por ejemplo, pero hay otra parte que es inventada por nuestros propios miedos, por nuestra imaginación y nuestra actitud ante la vida y sus problemas. Esa no es tan fácil de objetivar, por lo tanto más difícil de resolver.


Espero que seamos capaces de saber rectificar y así recuperar esa sonrisa auténtica que sale desde adentro, de esa emoción compleja de “alegrarse de ser” sin más, que tiene que ver mucho con el amor propio, el amor a la vida y la convicción de que la sonrisa es un lenguaje que todo el mundo entiende y siente cuando es genuina. No dejemos que se pierda, no cerremos la boca y menos aún que no las cierren.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Prejuicios y Perjuicios


Nadie viene a la vida con un libro de instrucciones. Todos nacemos en un tiempo, en un país u otro, en una comunidad o en otra, en un pueblo o en otro, en una familia u otra, pero nadie tiene el poder de elegir, por lo tanto se podría decir que todos los ejes que nos convertirán en una persona u otra son producto de las leyes de la naturaleza o del azar.
Somos educados desde un tiempo y desde un país… hasta la familia te toca. Nadie elige.
Desde bebés estaremos a merced de la circunstancia de nuestro país, comunidad, ciudad o pueblo y de nuestra familia. De ello dependerán nuestro idioma o idiomas, nuestros valores, nuestras actitudes, nuestros compromisos, nuestros miedos, nuestras capacidades… Una multitud de aspectos y personas más configurarán en la interacción nuestra manera de ser y de actuar. De ahí, la importancia del dónde, del quién y del cómo. De todos estos factores dependemos, de ahí la importancia de todos ellos en el complejo proceso educativo de cualquier ser humano y de ahí la importancia de que en todos esos nidos emocionales se respire aire sano. Aún así, nacemos sin libro de instrucciones, no los hay ni para ser, ni para creer, ni para pensar, ni para valorar, ni para ser madre ni padre, ni hermano, ni amigo, ni niño, ni joven, ni adulto, ni viejo… y así podríamos seguir hasta llenar el periódico. No sabemos de antemano nada, absolutamente nada, aprendemos sobre la marcha, viviendo.
No creo equivocarme si afirmo que todos aprendemos equivocándonos. Y de esta realidad me viene una pregunta fundamental: ¿Por qué pues está tan mal visto equivocarse? ¿Por qué en nuestra sociedad castigamos tanto a los que yerran? 
Se diría que somos muy severos con algo que nos ocurre a todos sin excepción y sin embargo parece que al juzgar a los demás no somos capaces de ponernos en su lugar, seguramente porque nos creemos más listos o mejores o tan limpios y tan puros que a nosotros no nos pasa. Tremenda mentira, nadie vive, si vive, sin equivocarse. Y nos atrevemos a valorar o juzgar a los demás sin conocer, sin entender su circunstancia, sin saber sus sentimientos ni sus motivaciones… sin comprender que todos somos potencialmente acierto, error, fracaso, éxito, dolor, alegría, placer, sufrimiento, odio, amor o cualquier otra realidad que pueda darse dentro de los límites humanos.
Alimentamos nuestro ego no con nuestras propias valías sino con lo que llamo la teoría de la igualdad comparativa, nos igualamos cuando nos conviene y nos distanciamos de los demás cuando entendemos que no son tan “buenos” como nosotros. Y en realidad ni somos todos iguales ni somos diferentes, somos todos semejantes. Todas las personas hemos sido, somos o seremos buenos, malos y regulares, todo cabe a lo largo de una vida en la que todo va cambiando, distintas circunstancias, distintos tiempos, distintos nosotros, aunque la sociedad se empeñe en que siempre somos los mismos y se nos pueda catalogar en un tiempo y definitivamente como si en vez de personas fuésemos cosas.
Es verdad que somos sujetos por lo que la objetividad no es nuestro fuerte, aún menos la conciencia, quizá desarrollarlas fuera la solución, nos daría una perspectiva de juicio más humana, más cercana al intento de comprensión y comunicación, lejos de eso tan habitual de la competencia y la manipulación en vez de la cooperación.
En Buñol también nos pasa, como en todo el mundo, más o menos, ahí podemos cada uno opinar. Hay una frase que se utiliza a menudo: “En Buñol nos conocemos tos”. Yo la cambiaría sin temor a equivocarme: En Buñol nos etiquetamos tos. 
Creo que nos convendría como sociedad, aprender y enseñar de una vez otras manera de mirar y ver a las personas porque no imaginamos el daño que hacemos cuando juzgamos a los demás, incluso en los casos más extremos llevando a personas a la marginalidad.
Los prejuicios generan mucho perjuicio, tanto que a veces muchas personas viven asumiéndolos, creyéndoselos de tantas veces que le fueron repetidos, y no por repetir nada más veces se llena de verdad. 
Van unas cuantas palabras para la reflexión: "No juzgues a nadie sin conocer su infierno”
"Jamás es un error buscar lo que necesitas”
Es una excelente frase solo que al autor se le olvidó lo más difícil: ¿En cada momento y en cada tiempo y en cada circunstancia... sabemos lo que necesitamos?
Y la famosa frase de Ortega pero la auténtica: Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo.


No nos hagamos daño: ”Ninguna época ha sabido tantas y tan diversas cosas del hombre como la nuestra. Pero en verdad, nunca se ha sabido menos qué es el hombre.” 

sábado, 13 de septiembre de 2014

La Sangre



Cuando los ojos ven tanto, la venas se hinchan nerviosas, gimoteando lágrimas rojas que pasan por el corazón y recorren todo el cuerpo. Se mueven al ritmo de la vida, cada uno tiene el suyo, pero siempre acaban de igual forma: Quietas y en silencio.
La sangre se mueve bailando ó riendo ó jugando o charlando ó saludando ó queriendo ó disfrutando ó paseando ó comiendo ó bebiendo ó tocando ó follando ó soñando ó ilusionando ó juntando ó celebrando…
llevamos toda la vida echando grandes cantidades de sangre en la plaza del pueblo cada año el último miércoles de Agosto, en una expresión que en realidad dura diez días, quizá para algunos todo el año.
Buñol, como cada pueblo intenta cada día mover su sangre. Unos se esfuerzan más otros menos, unos son más conscientes otros menos, incluso algunos nada. Lo importante es no parar de mover la sangre, por eso es tan importante una gran batalla sin muertos ni heridos, por eso es tan importante aquello que une sin peros, ni comas, ni comillas, ni nada verbal ni físico que lo empobrezca hasta paralizar todos los cuerpos.

El pasado viernes, primer día de fiestas vi la plaza rebosante de alegría, de personas que gustan de convivir, de compartir… La sangre que nos arrojamos unos a otros es eso, pura alegría, vida instantánea, muchas ganas porque representa l0 que nos une, aunque siempre hay excepciones, faltaría menos.
Lo vi el sábado y el domingo con las calles llenas y hoy lunes bailando unas generaciones con otras, unos recordando, otros empezando, unos cuantos observando. Todos mirando como la sangre se mueve al ritmo de la música, nostálgica música que vuelve del pasado recordándonos a nosotros mismos. O no, quizá a otros que también quisimos, quisieron e intentaron moverla en su tiempo, ahora recorrido en la memoria de la sangre.
El último miércoles de agosto, desde hace muchos años, invitamos desde nuestro pueblo a que prueben nuestra sangre, parece que a muchos les gusta, vienen de otros pueblos, ciudades y países. Como si mover la sangre no tuviera fronteras… y creo poder afirmar que no las tiene. Es un idioma, como la música, que todo el mundo entiende, niños, adolescentes, adultos, ancianos y muertos. Nada se entiende tan bien como la sangre cuando se mueve, incluso cuando no lo hace, esto también ocurre y entonces nada funciona bien, nada parece igual, como la noche y el día, dos caras de la misma realidad que la sangre siente en cada momento.
los momentos se construyen para mover la sangre, unas veces se mueve más, otras se mueve cotidianamente y otras parece que se retrasa como aquel amigo que ya no está y tanto se echa de menos. Está en tu sangre pero ya no puede ayudarte ni tú a él a moverla.
Pocos entienden que arrojamos toneladas de sangre en la plaza del pueblo, cargadas en camiones que se convierten en manos y que en cada movimiento golpean los cuerpos, cambian de manos y mueven más sangre hasta el contagio total si te dejas. Importantísimo darse permiso y entender qué está ocurriendo… por eso llevamos a nuestros hijos desde muy pequeños para poderles transmitir la hondura de la sangre rota y desbordada recorriendo calles y aceras. Es el permiso por excelencia, ese que nos une a las sensaciones, a las carreras de sangre recorriendo cada órgano, cada víscera, cada músculo y cada sentido.

Buñol no es el ombligo del mundo, la sangre se mueve en todas partes, más o menos, peor o mejor, igual o desigual, en un idioma o en  otro, en el mar o en la montaña, en la tierra o en el agua, en las palabras o en los silencios, en lo que se muestra y en lo que se esconde. Todo es la misma cosa: Sangre.

Recorremos las calles con toda la sangre que Buñol nos ha dado y hemos devuelto en todos los tiempos, cada uno los suyos. No son uno, son muchos, cada año distinto aunque parezcan iguales, como cada beso que dimos o nos han dado, hoy quizá convertido en uno más rico, más lleno, más… y quizá también menos. Se gana y se pierde sangre con el paso del tiempo.

No he pronunciado las palabras, de tanto usarla se gastan, erosionadas como una roca inmensa en la montaña que antes fue mar. Todo cambia y todo queda entre sonrisas y lágrimas rojas que vuelan por el aire, cruzándose entre veintidós mil personas llenas de sangre que juegan a estar vivas, muchas más recorrerán nuestras calles en otros encuentros, tan intensos durante estos días, pero no hay que olvidar, especialmente ahora, cuando todo parece fácil, que la vida se llena de sangre cuando encontramos lo que nos une. Eso es La Tomatina. Y más...

martes, 26 de agosto de 2014

Aquí hay tomate


Últimamente cuando leo la prensa y veo a nuestra fiesta convertida en una contienda política me entristezco. Mi memoria que no es gran cosa no pretende dar lecciones a nadie pero sí quizá refrescar algunos de los sentimientos y emociones que afloraban cuando éramos niños, y no tanto, las ganas y la alegría a poco de llegar el día de la única batalla en la que la sonrisa, la ilusión y el disfrute eran los únicos motivos que a los buñoleros nos movían a acudir a tirarnos tomates unos a otros. Volver la mirada hacia atrás de mes en cuando es muy sano, probablemente nos aportará distintas perspectivas reales para ayudarnos a entender la evolución de nuestra fiesta más internacional, de esa que nos enorgullecemos casi todos cuando sale en multitud de televisiones y de publicaciones. De esa que atrae a miles de personas a nuestro pueblo el último miércoles de Agosto de cada año.
Dá que pensar la verdad, y surgen algunas preguntas: ¿Ha sido bueno que haya crecido y crecido sin parar hasta tener que acotarla y poner entrada, qué beneficios nos ha traído que esto haya ocurrido?
No creo que haya sido una mala idea acotar y poner entradas, de hecho me parece com matices una idea valiente, al menos se supone que ahora no nos cuesta, incluso si estoy bien informado ganamos dinero. Aún así siempre hay que estar intentando mejorar. Unos dicen que es muy importante que nos conozcan en todo el mundo y que vengan muchas personas y de tantos países ese día a Buñol y puede que tengan razón, pero también a Paris Hilton la conocen en todo el mundo y a mi me parece un atobón del cuatro, eso sí tonta no es, le saca mucho dinero a su popularidad y extravagancia, de la cosas más tontas y de la superficialidad vive mucha gente.
Lo que no tengo tan claro es si nosotros estamos dando a conocer el Buñol de verdad con un reclamo tan mediático como la Tomatina, tengo yo la intuición de que Buñol tiene muchas cosas que enseñar al mundo y que las mejores se conocen poco ó nada y no se invierte en ellas. No sé si estamos promoviendo en vez de un turismo de calidad el turismo del aborregamiento, a este año le sumamos con un nombre muy comercial y anglosajón la Tomatina Sound Festival el 26 y 27 de Agosto, tampoco tengo muy claro cuál es el propósito de este evento(los patrocinadores en el cartel son 9, entre ellos Buinsa, Buñol Comercial y el Ayuntamiento de Buñol… los otros 4 son bebidas, tres de ellas alcohólicas), supongo pues que con las actuaciones se pretenden alargar el gasto en cubatas y la estancia un día más y sumar el dinero que eso proporcionará, tampoco sé a quién, supongo que a todos los comercios de ocio de Buñol o al menos así lo espero. No es que se haya explicado por el Ayuntamiento muy bien o nada o igual no me he enterado yo, que a veces nos quejamos y lo que pasa es que somos un poco cortos o no nos preocupamos por saber.
En todo caso defrauda, al menos un poco, que en Buñol solo seamos capaces de ofrecer y atraer turismo de botella y fiesta a lo Benicasim o Benidorm pero sin playa. Que conste que soy el primero al que le gusta divertirse, pero hay maneras y maneras. Y ésta…vamos que no me gusta que nos represente unívocamente. Preferiría eventos con mayor calado cultural y social: Exposiciones, Conciertos Blues o Jazz…, Rutas por el agua, Eventos en el Castillo creativos, en la Cueva Turche…seguir con la Tomatina gastronómica mejorándola, etc, todos ellos dirigidos a  otro tipo de turismo y a todos nosotros.
Soy consiente de lo difícil que es y más en un época en la que le dinero no sobra promover este otro tipo de eventos pero también sé que si no innovamos y creamos nada cambiará. Habría que hacer un cierto esfuerzo para que todos pongamos nuestro granito de arena, al menos abrir un debate ciudadano para recoger el sentir de las personas y quizá posibles buenas ideas que pudiéramos entre todos aportar. Quizá se echa de menos que nos pidan opinión.
Esta última legislatura, y ya van varias, se podría definir como la del conflicto continuo. La capacidad de diálogo, de pacto y acuerdo son nulas, absolutamente inexistentes, las riñas político-emocionales son el pan de cada día y ha llegado últimamente a extremos judiciales afectando incluso a nuestra archiconocida Tomatina. Así construir se hace muy difícil, casi imposible me atrevería a afirmar. Y en estos últimos años Buñol ha necesitado de acuerdos no de constantes e infructuosas confrontaciones en el Ayuntamiento. No me cansaré de repetir que en el ámbito local (y en los demás también) tratar de buscar acuerdos en lo fundamental debería ser una responsabilidad ineludible tanto para el gobierno como para la oposición porque de otra manera no se puede construir nada sano.
Es triste para un buñolero de a pié ver un espectáculo continuo y  tan desagradable en los plenos y en los medios de comunicación.

Habría que reflexionar y cambiar el rumbo sin duda, el actual no nos lleva a ninguna parte.                

miércoles, 23 de julio de 2014

No lo entiendo


Tengo la impresión de que pocos políticos locales se dan cuenta de que el sistema de funcionamiento de los ayuntamientos es el que marca la filosofía política y sus consecuencias. El sistema es sumamente malo, de hecho casi todos lo poderes, condicionados por los técnicos, están en manos de los alcaldes que delegan o no lo que creen oportuno. La democracia representativa está incluso a merced de mayorías que normalmente no respetan a las minorías. Se olvidan de que también deben gobernar para ellos y por qué no con ellos. La torpe ley de régimen local puede ser corregida, mejorada y puesta en marcha con voluntad política. No se entiende que en un ente local no haya un sistema que inequívocamente se nutra de la participación de los ciudadanos, no se entiende que las concejalías están en manos de las ideas de una sola persona o tendencia política cuando la riqueza  provendría de formar equipos plurales en los que la creatividad, el aporte de ideas y el conocimiento fueran el motor de crecimiento  y progreso. No se entiende... porque todos serían ventajas, dinamizar lo social genera ilusión, el concejal de turno se sentiría más y mejor apoyado como coordinador y responsable, el conocimiento de cada persona sería aportado al grupo por lo que se multiplicaría en progresión geométrica… y así podría seguir hasta llenar este periódico. Parece increíble que en el año 2014 hayamos retrocedido, pues en las dos primeras legislaturas democráticas y parte de la tercera sí se hacía, pero de verdad. Pero lo más curioso es que era el mismo alcalde que tenemos actualmente con el que se hicieron todas estas cosas. No me las invento, las viví en primera persona, junto con muchos compañeros de diferentes partidos, asociaciones o individuos y de allí surgieron grandes amistades no lo contrario. El ayuntamiento era el mayor centro de iniciativas y los cauces de participación estaban, sin ser perfectos, bastante claros. No entiendo qué ha pasado, bueno sí lo entiendo, pero sería largo de explicar y probablemente controvertido por lo que lo dejaré para otro momento.

Lo más alucinante es que ninguna de las fuerzas políticas que nos representan en el consistorio reclaman la participación ciudadana como algo fundamental, necesario, y ahora más que nunca dadas las duras circunstancias y la falta de una economía sana. En los plenos te quedas perplejo escuchando riñas,  dimes y diretes y otras perlas, sin que haya debate alguno de fondo. Y desde luego temas hay y muy importantes. No entiendo como no existen medios de comunicación públicos, plurales y claros construidos desde el ayuntamiento para que todos estemos bien informados de lo que se está haciendo en cualquiera de las concejalías, ni siquiera hay una buena información y publicidad de los actos que se celebran en el municipio. Te encuentras con estupendos espectáculos con 20 personas y luego preguntas a la gente y muchos ni se habían enterado. Es casi incomprensible que no exista algo parecido a lo que fue Voces de Buñol aunque en la actualidad fuese en formato electrónico y solo se haga alguna publicación o BIM que no responden ni contienen ningún nivel crítico, solo auto-alavanzas y obras. Todavía es más alucinante que las redes sociales no se usen bien, ni que no haya una sola web que responda, informe y exprese todo nuestro potencial social, cultural, musical, patrimonial, natural…. ¿A nadie se le ha ocurrido que es hoy en día, por el auge de internet, nuestro escaparate al mundo? Nos encontramos con varias webs inconexas y de una calidad penosa y sin coordinación alguna. Y nadie dice nada, no lo entiendo.
No soy contrario a casi nada, excepto a la violencia, al pisoteo de los derechos humanos, a los radicalismos y a los excesos, me congratulo de ser amigo de algunos de nuestros representantes en el ayuntamiento. Pero parece que desde hace mucho o estás conmigo o estás contra mi(y es una malísima y destructiva actitud). Existe con toda claridad una falta de participación, pluralidad y auto-crítica . Decirlo hace hasta que te sientas culpable e incluso in extremis te puede hacer perder alguna amistad o sentir una cierta exclusión de grupos, esto es de una inmadurez enorme cuando no de una visión de la política dogmática y poco democrática. Hay que aprender a diferenciar bien entre lo público y lo privado. Podemos ser grandes amigos, incluso familiares en lo privado y discrepar con respeto en lo público sin que remueva ni un ápice el valor individual o de cualquier tipo de relación. Estar equivocados o caer en hábitos y costumbres que no representan la mejor manera de funcionar en lo público(incluso en lo privado) no es un pecado, es un error, a todos nos puede pasar. Y está pasando y desde hace muchos años sin que se corrija nada, a nadie ineteresa, no lo entiendo. Creo que deberíamos ir pensando en como hacer cambios de fondo, promover e implantar cauces de participación moviendo la sangre de lo social, el tejido asociativo(bandas de música, deportes, etc…) nos ha demostrado que la unión y la participación de las personas con un fin común sano da muy buenos resultados. No lo entiendo, es tan obvio. Llevamos demasiados años pintando y arreglando el tejado sin darnos cuenta de que los cimientos son de barro.


miércoles, 9 de julio de 2014

Podemos superar el silencio


En esta tarde de verano entre nubes me viene a la cabeza aquello  que nos enseñaban en el antiguo catecismo: El pecado por acción o por omisión, actualizados y deshilados en el tiempo. En la leyes estos conceptos también existen curiosamente. En cualquier aspecto de la vida creo que tendemos a creer que es mucho peor la acción que la omisión. Yo no lo creo.
La cabeza no actúa aleatoriamente, todo ello surge desde la reflexión, las preguntas están y la mente de una forma u otra va buscando respuestas que pueden aparecer de maneras muy espontáneas, éste no es el caso, ya me gustaría tener buenas respuestas para las grandes preguntas. Aún así hay que intentarlo por aquello de intentar crecer, que con sinceridad sigo sin saber si en realidad y de verdad nos ocurre a los seres humanos más allá de lo físico y gaseoso.
En todos lo tratados filosóficos y psicológicos a los que he tenido acceso se está de acuerdo  en que los seres humanos tenemos necesidad real unos de otros, más aún no podríamos existir sin la dimensión social. Desde la familia, pasando por los pueblos y hasta las formas de organizarnos en instituciones nacionales e internacionales son esenciales para el desarrollo de la vida. Lo que me gustaría remarcar es que no se trata de una elección o una cuestión contingente sino de una absoluta necesidad. De aquí la importancia de las estructuras y sistemas de organización social, gobernarnos tanto individual como colectivamente es imprescindible, intrínseco al concepto humano. El ser humano es un animal político desde un punto de vista vital. No sé si somos muy conscientes de esta realidad y de sus consecuencias.
Y volvemos aquí a retomar la primera idea sobre la acción y la omisión. Podemos omitir la acción de participar en lo social y podemos hasta intentar salirnos de una sociedad que a  muchos seguramente no nos gusta. Podemos incluso ensimismarnos, auto-marginarnos, evadirnos o simplemente pasar del tema e intentar hacer nuestras vidas individualmente. Da igual lo que hagamos, si no estamos nosotros ocupados otros se ocuparan de gobernarnos a todos. Y esto, por un motivo u por otro, es lo que ha ocurrido en toda nuestra historia: Nos han gobernado otros  y siempre oligarquías, incluso en la democracia representativa, considerada hasta hoy para la mayoría el sistema de estado más justo.
La crisis económica y la corrupción política-en gran parte fruto del bipartidismo- han hecho temblar a la democracia representativa, tenemos la sensación de que nos han engañado y que nuestros políticos no han cumplido con el mandato de nuestro voto. A los hechos me remito. Se sabe que en una situación límite como la que estamos pasando no hay nadie que haya dado una respuesta firme a lo problemas básicos de las personas, cuestiones indignas como los desahucios, el paro, la pobreza, los recortes en sanidad y educación, el trato a los  inmigrantes…. y algo de lo que se habla poco, la destrucción de gran parte de un tejido tan importante como el de los comerciantes, autónomos y pequeñas empresas que se han visto abocadas a la quiebra empresarial y como no le pasa a los grandes, a la quiebra personal.
El 15 M, la PAH surgieron como movimiento ciudadano como respuesta a la falta de gobiernos(autonómicos, nacionales e internacionales-Europa-) que fueran sensibles a una realidad que ha llevado a personas incluso hasta la muerte. Y han sido ellos- también otros en menor impacto- los que han removido conciencias, los que nos han abierto los ojos ante tales despropósitos, rescatar a los bancos antes que a las personas. Pensar en la macroeconomía perdiendo de vista la microeconomía, en ella se destroza la dignidad de las personas.
Tengo la impresión de que vivimos el principio de un gran cambio: El paso de la democracia representativa a la democracia participativa, esta última representa una gran apuesta por el futuro y sobre todo y más importante para que los gobiernos estén obligados a cumplir el mandato de los ciudadanos que no puede ser otro que el cumplimiento de los derechos humanos y de la constitución, en el que el bienestar de las personas sea la prioridad y no el mercado. Los gobiernos tiene que legislar para que el capital no destroce el bienestar de los ciudadanos.
La pregunta que me persigue es si estamos preparados-son tantas nuestras miserias- para participar activamente en política, comprometidos con la sociedad en la que vivimos siendo protagonistas del día a día de la política, tan prostituida pero tan necesaria. Espero que podamos superar el silencio-la cantidad de gente que no vota si quiera es mucha-, ese silencio que sin darnos cuenta se cobra un precio enorme y horrible.
Es hora de saber si podemos superar el silencio. Hace poco ha surgido  una respuesta política y dicen: Claro que podemos. Así lo espero.


jueves, 3 de abril de 2014

El Ambulatorio

Ya han llegado los días soleados y han pasado las Fallas, preludio del buen tiempo en nuestros pueblos. La luz y el color protagonizan aquello que se ve, se huele, se oye y se mira. Y también comenzarán las alergias, como cada año. Parece que nada escapa a esas dos caras, lo malo y lo bueno. Carecer de cerebro tiene sus ventajas, aunque la memoria tenga sus atajos y también sus inconvenientes. Supongo que no haber vivido nada mejor es una buena manera de no tener punto de referencia para la comparación. Desgraciadamente no es el caso de muchos… es ley de vida. ¡Anda…! menuda frase, retuerce en buena medida la ilusión de una libertad comestible. Ando pensando en ello hace tiempo y no llego a entender bien entre los condicionamientos y los determinismos. No digamos entre el pasado, el presente y el futuro.
Llevo bastante tiempo reflexionando con un fantasma del pasado que quizá no es más que el cambio. Sí, el cambio, el paso del tiempo y qué transformaciones se han producido en nuestra sociedad y como consecuencia en nosotros los blanditos.
La atención comenzó un día en el que me encontraba realmente mal y después de muchos años sin ir decidí ir al médico, por aquello de que los años hacen que el sentido común aparezca o al menos eso dice todo el mundo, y claro, lógicamente aparecí en el ambulatorio. Como la mayoría sabrá la hora de las citas no suele cumplirse-nunca he entendido el por qué- por lo que en general yo diría que las personas que acudimos esperamos entre cuarenta y cinco minutos y ciento veinte, si la cosa se complica. Aquel día esperé alrededor de una hora y media, pero lo más curioso es que no me enfadé, ni mucho menos, al contrario, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien en Buñol: Me encontré con vecinos, amigos, familiares, y a algunos hacía mucho tiempo que no los veía , charlé con todos ellos distribuyendo el tiempo entre sus esperas y la mía. Hasta me dio tiempo a ir a almorzar y todo. Vamos que pasé una mañana estupenda relacionándome con más gente que un sábado por la noche de fiesta en nuestro pueblo. Ese justamente fue mi pensamiento al irme del ambulatorio, estaba sorprendido, incluso lo compartí con algún amigo, el mejor lugar para relacionarse en nuestro pueblo es el ambulatorio. Si hubiese música y una bar la cosa sería de marcianos.
Mientras iba a la farmacia a comprar todas las recetas, mi jaula de grillos no paraba de recordar: Patrón, el Nido del Cuco, el Pedal, la Cima, la átomo, la Hamburguesería, Chapí, Tahiti, la Tasca… las divertidísimas Verbenas. La plaza del Pueblo llena de paseantes, los locales todos llenos, hasta grupos muy numerosos en la calle(y en invierno) y eso que entonces sí se podía fumar dentro de los locales. Me pregunté que había pasado durante todos estos años para que antes la mayoría de los establecimientos de ocio tuviesen bastante, incluso mucho ambiente y hoy sean muy pocos los que lo tienen y en fechas contadas. ¿Qué ha pasado en Buñol, incluso en nuestra Comarca, si la población es la misma? ¿Por qué hay tan poco ambiente-y esto viene de mucho antes de esta crisis no vayamos a echarle la culpa también-? Cuando te lanzas preguntas a veces son complejas y compuestas las respuestas o son más preguntas las que surgen: ¿La población ha envejecido?, ¿Hemos envejecido mal nosotros?, ¿Somos menos alegres?, ¿Hoy casi todo el mundo tiene coche y nos vamos a Valencia y a otros pueblos?, ¿Nos hemos hecho más individualistas y necesitamos menos a los demás?, ¿La televisión, internet y el sofá nos ha acomodado?, ¿O quizá desde hace años se ha ido destruyendo tanto empleo de calidad que las rentas han caído y los bolsillos se han vaciado?, ¿Se ha producido un cambio generacional y cultural hasta conseguir cambiar o aniquilar los hábitos y las ilusiones en el ocio y en las relaciones sociales?, ¿Qué ha ocurrido en realidad?, ¿Es culpa de la Redes Sociales?
La verdad, no lo sé, como tantas cosas que se me quedan en el tintero de las limitaciones, pero mientras pensaba en las respuestas cayó en mi teclado una frase de Friedrich Dürrenmatt: “El ocio representará el problema más acuciante, pues es muy dudoso que el hombre se aguante a sí mismo”. Un silencio impactante se quejó en mis adentros y dije: ¡Joder que oscuro! Y seguí buscando entre lo que no sé y lo que sé y me ganó la ignorancia, hasta llegar a lo que creía Henry David Thoreau: “Disfruta de verdaderos ratos de ocio el que tiene tiempo para dedicarse al cultivo de su espíritu.”
Ya está, encontré la respuesta: Nos hemos olvidado que necesariamente hay que sembrar para poder cultivar y probablemente   no reconocemos o no encontramos o no nos gusta el espíritu. Quizá ya no creamos en la resurrección.


viernes, 7 de marzo de 2014

El Bolsillo


A diario nos relacionamos con cosas insignificantes pero que nos ayudan a guardar aquello que usamos a menudo o nos hace falta. El bolsillo: “Saco más o menos pequeño cosido en una u otra parte de los vestidos(u otros), y que sirve para meter en él algunas cosas usuales”. Metemos en ellos las manos cuando tenemos frío o no sabemos que hacer con ellas, allí colocamos nuestros documentos, carteras, dinero, llaves, caramelos, chicles… incluso algún amuleto o recuerdo que nos sirve de acompañante en el devenir de los días. Desde luego tiene su importancia aunque no vaya a entrar en valorarla pues para cada uno representa una cosa. Por ejemplo mi padre se hacía los pantalones con bolsillos horizontales porque en los verticales y laterales se pierden con mayor facilidad las cosas, mi abuelo Fite llevaba siempre camisas de dos bolsillos donde guardada todo aquello que para él tenía valor-además de ambos llevar sus respectivos bolígrafos-. De hecho en el izquierdo además del botón se cruzaba un imperdible pues ahí guardaba la cartera, las cuentas corrientes no estaban hechas para él. El tiempo le ha dado la razón. Yo mismo tengo una fascinación y gusto por las prendas de muchos bolsillos, probablemente por cierta influencia educacional de los varones de mi familia. Conozco también a personas que los bolsillos los llevan casi vacíos pues gustan de   llevar encima nada o lo más mínimo, aún en estos casos, las llaves del coche, las de casa u otros no pueden ser evitados. ¿Es pues posible que el bolsillo sea un invento realmente importante para las personas? Es más, ¿es posible que nuestras costumbres y hábitos no nos permitan darnos cuenta de lo que se nos ha dado hecho? Yendo más allá: ¿Hemos recibido de nuestros antepasados, con todas sus creaciones e inventos, tantas cosas que ya no somos capaces de valorarlas al considerarlas parte de nuestra realidad antes al nacer y algo recibido sin saber su por qué?
Parece que se piensa en todo lo que nos rodea, como algo que está ahí por generación espontánea o por un acto de magia, o aunque obvio, no sé si somos muy conscientes de ello, de lo hecho por los que antes vivieron y crearon. Me parece importante remarcarlo porque justo en este movimiento es donde debería surgir nuestro compromiso social: ¿Qué podemos aportar nosotros para que las siguientes generaciones se encuentren con una realidad mejor?
En los bolsillos llevamos cosas pero también en ellos guardamos palabras, recuerdos, notas… muchísimas cosas materiales e inmateriales. Quizá también en esa mochila imaginaria que todos llevamos a cuestas llena de las huellas de todas nuestras experiencias. Las catalogadas como malas que pesan como el plomo y las consideradas como buenas que aparecen etéreas entre tanto error. ¿Por qué lo malo pesa más que lo bueno, por qué lo negativo pesa más que lo positivo? Qué jodía es nuestra mente o nuestra educación o ambas cosas, sumando siempre más todo aquello que duele.

He encontrado hoy en una chaqueta un papelito que alguien me escribió hace muchos años y me ha emocionado, a la vez una rara sensación se suma a lo sentido al darme cuenta de como ha cambiado todo desde entonces, de como he cambiado, de como han cambiado, resulta vertiginoso entender la complejidad del instante y su resultado en la memoria.
Llevo los bolsillos llenos de momentos, llenos de personas, compañeras de viaje que con el paso del tiempo pudieran convertirse en personajes descritos en un guión de cine, llenos de sueños que no se cumplieron y de algunos que sí lo hicieron y ya no lo son, lo realmente llamativo es que un sueño cuando se cumple  suele perder tarde o temprano toda su pasión. Al igual que cuando una realidad-no creída- se descubre y se sitúa en primerísima línea, es como un latigazo en el corazón del alma, nada más duro que descubrir, como en la película “Una mente maravillosa”, que mucho(a veces todo) de los que has creído y amado durante toda la vida es una fantasía o simplemente falso, cuando no absolutamente mentira. Crecer y madurar tiene estas cosas me decía un señor muy mayor cuando yo era muy muy joven… y aquel que ya no soy yo y a la vez también soy… se mira perplejo ante el espejo que todo lo refleja, incrédulo, jodido, pisoteado, amado, buscando esos ojos que saben mirar  y sentir, mientras la boca se mueve hacia la sonrisa y alrededor de los ojos se concentran los surcos que ahondan en la piel convertida en tierra, esperando que una nueva semilla y una gota de agua se encuentren en el bolsillo con todos nuestros recuerdos, con todo lo vivido y alcanzar un espacio donde todo tenga o cobre sentido. Sería como anidar en todos los bolsillos.