La siguiente curva iba a depararnos una sorpresa, una coloreada e impresionante sonrisa casi vertical. Estas maravillas solo se dan los días de tormenta, pero no cualquier tormenta, se necesita una tormenta tormenta como diría Luci. Las tormentas tormentas solo se producen en primavera y bajo condiciones meteorológicas muy especiales, son ocho los componentes necesarios y aún así, una de cada 1978 veces no ocurre. Les explicaré cada uno de ellos eliminando todos los aspectos técnicos hasta llegar a un lenguaje agradable. El primer componente, obviamente, es un cielo semicubierto de nubes oscuras y otras completamente blancas, el segundo componente es el sol jugando al escondite, el tercero es el vapor de agua condensado cayendo por gravedad e intermitentemente convertido en gotas de agua, el cuarto componente es la necesaria concentración de montañas, el quinto, una vegetación frondosa, de monte bajo muy verde y grandes arboles, el sexto, reconocer las formas, el séptimo, la existencia mental de los colores y el último y esencial la mirada de una persona.
Cuando conduces por carreteras de montaña el paisaje te extenúa, cada imagen es un culto a la vida y a la belleza, el aire limpio y fresco entra por la ventanilla con ese olor a tierra mojada que llena la pituitaria de todo lo que es sano, las mejillas se ruborizan con la caricia del viento mientras el cabello se mueve hacia todos los puntos cardinales. Se vive cercano a un ritual mágico muy disfrutado.
Mi hijo, con poco más de un año, está sentado en su trono en la parte trasera del coche, miro todas sus expresiones por el espejo retrovisor interior, le hablo e incluso le grito cada sensación, porque en el fondo, aunque no me entienda del todo, sé que lo intuye. Es mi único testigo y cómplice en este día de primavera y de tormenta, me emociono al pensarlo, aún sabiendo que es a partir de los tres años cuando realmente se comienza a tener verdaderos recuerdo en el desarrollo mental humano, aunque es lo de menos, porque también sé, que todo lo percibido en este momento quedará como una huella emocional intransferible, solo suya y algo mía. Supongo que es lo mejor que se le puede dar a un hijo, mostrarle despacio cada especial rincón de la vida para que no se pierda nada de lo importante entre tanta información vacía.
Estoy en una recta larga, a cada lado de la carretera, el verde de la avena y el trigo me traen recuerdos de otros viajes, en la misma época del año, con el mismo destino y tan valiosamente diferentes. Tiene uno la sensación de que ha pasado poco tiempo y son más de treinta años cuando hice por primera vez éste viaje. Después, muchos otros, no sé cuántos y con muchas personas, todas amigas y diferentes. Lo que queda de estos viajes son estupendos recuerdos que nos ayudarán en horas bajas y no tan bajas.
Hay días muy especiales, momentos que nunca se olvidan, tanto agradables como desagradables, todos ellos creo que tienen su valor, o mejor, tienen valor porque existen ambos. Se necesitan para existir, al menos, dentro de nuestra cabeza.
Comienzan a caer grandes gotas de agua que rompen contra el parabrisas despacio pero con un sonido contundente, me encanta el sonido del trotar del agua al contacto con cualquier objeto, en el coche y debajo del paraguas es espacialmente disfrutable. También ver caer el agua de noche a la luz de una farola. Y tantas pequeñas cosas que son las importantes en el intento de disfrutar el día a día. Lo curioso es que cada vez están más lejos de la percepción humana, transformada hoy la realidad en efectos virtuales, demasiado virtuales.
Los nervios de la semana se van calmando poco a poco, de hecho creo que durante el periodo de transición ni siquiera se consigue una tranquilidad real, entran en conflicto la tensión de los problemas con el placer de esos momentos, hasta que gana el sosiego. Lo verdaderamente peligroso es que a veces ocurre lo contrario. Últimamente lo percibo más que nunca escuchando o mirando. La violencia siempre nace de un conflicto propio e interno. Las actitudes autodestructivas están muy presentes en nuestra realidad diaria, por eso es tan importante enseñar lo verdaderamente valioso de estar vivo.
La sorpresa es uno de esos baluartes, sorprendernos es por una parte percibir de otra manera, y por la otra interactuar con lo nuevo. Y de lo nuevo siempre se aprende.
Al entrar en la curva, desaparecieron las montañas y apareció un arco iris inmenso, hermoso como una fresa, la fotografía que acompaña estas palabras, o al revés, lo inmortaliza. Ustedes la verán impresa en blanco y negro pero estoy tranquilo, cuento con su memoria y su imaginación.
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sábado, 8 de mayo de 2010
domingo, 25 de abril de 2010
Historia no es siempre memoria
El paso del franquismo a la monarquía parlamentaria fue unos de los momentos más importantes y posiblemente más inteligentes de la historia de España. La llamada transición, en la que todos los partidos políticos y personas renunciaron a alguno de sus valores por un bien mayor, fue un verdadero éxito gracias a la mayoría. Todos trataron de olvidar las atrocidades de cada bando en la guerra civil y después los excesos y destrozos de los vencedores durante poco más o menos cuarenta años. El modelo fue tan exquisito que han intentado usarlo en diversos países con la intención de conseguir el mismo propósito: Pasar de una dictadura a un sistema democrático sin los ríos de miedo, sufrimiento y sangre intrínsecos a cualquier guerra. No tienen que esforzarse en recordar, desgraciadamente, mientras está usted leyendo y yo escribiendo estas palabras, miles de balas atraviesan cuerpos humanos. Los poderosos de algunos países por avaricia y desamor dan la orden, porque las guerras casi siempre son un negocio. La hipocresía más cruel es cuando, encima, se justifican en nombre del orden y la paz mundial.
En los últimos tiempos la crisis económica a pasado a un segundo plano(a mí me parece curioso tal y como está el “monario”) y el asunto estrella es el juez Baltasar Garzón, sobre todo, con el tema de la memoria histórica y los crímenes del franquismo.
Se monta un circo mediático y político alrededor de éste asunto de dimensiones internacionales. No es para menos porque muchas leyes, todas ellas hechas por los hombres, no contienen precisamente ese ideal llamado Justicia. Y no lo digo por defender, sino por manifestar hechos, a mí entender, obvios y objetivos y que todos, de algún modo, hemos visto ó vivido en nuestro día a día y que nos han dejado estupefactos: el caso de MariLuz, a los poderosos banqueros que en esta última crisis han salido de rositas, o simplemente el vecino de enfrente al que han quitado el piso y será deudor el resto de sus días, pagando una pena superior a un asesinato…
Yo no tengo ni idea si Garzón era competente o no para hacer lo que hizo, pero sí sé que se hacen miles de actos infinitamente repugnantes cada día y nadie paga por ellos. La guerra de Irak es un buen ejemplo, todas las demás también. Mueren miles y miles de personas diariamente de hambre y nadie parece sentirse responsable. Pues yo pondría una querella a todos los responsables de estas calamidades, a todos los estados del bienestar que viven en la abundancia a costa de las riquezas naturales de otros países, a los que se aprovechan de los niños y a los que tapan aún conociendo los hechos, a los que tratan con órganos humanos, a los que comercian con la vida de los demás… A todos les pondría una querella por vía penal y con una indemnización superior al P.I.B de toda la Unión Europea.
Pero no, resulta que el tema más preocupante en el mundo después de la crisis es el juez que va a ser juzgado. Sencillamente porque a algunos les interesa que esto ocurra y lo aprovechan políticamente. No saben, los torpes que denunciaron a Garzón, el favor que le han hecho a nuestros dos partidos hegemónicos. Los dos, en su constante e insultante demagogia han hecho de este asunto un aprovechamiento político. El PSOE preocupadísimo por enterrar a los muertos de las fosas comunes (después de casi treinta años de democracia y habiendo gobernado buena parte de ellos) y los del Partido Popular que aprovechan cualquier cosa para volver al poder y de paso desviar la atención sobre todos los casos de corrupción en los que está envuelto. Aunque en esto, creo, en la historia reciente, no se salva ningún partido.
Este pasado fin de semana he vivido indirectamente de cerca un caso que me conmovió por dos razones, la primera, porque una buena amiga mía, con verdadera vocación y bondad, consiguió hacerse con el último hijo de las fosas que abrieron en su pueblo y, la segunda, porque ese hijo de setenta años consiguió por fin saber donde yacía su padre, y supongo que luego, cuando la ciencia dé el visto bueno, lo podrá enterrar dignamente.
Memoria: Acordarse de ello, tenerlo presente. Histórica: Perteneciente o relativo al pasado.
¿Qué ser humano no tiene presente siempre y hasta su muerte a su familia, quién no se acuerda de los que ya no están y nos dieron la vida a diario?
Una querella para los que están usando los sentimientos y la dignidad de las personas para beneficiarse de un modo u otro políticamente. Considero un delito ver cada día a nuestros dirigentes políticos moviendo la boca con palabras vacías o llenas de lo que conviene, mientras millones de personas los miran pensando: ¿En qué parte del mundo entre la tierra y el cielo viven éstos?
En los últimos tiempos la crisis económica a pasado a un segundo plano(a mí me parece curioso tal y como está el “monario”) y el asunto estrella es el juez Baltasar Garzón, sobre todo, con el tema de la memoria histórica y los crímenes del franquismo.
Se monta un circo mediático y político alrededor de éste asunto de dimensiones internacionales. No es para menos porque muchas leyes, todas ellas hechas por los hombres, no contienen precisamente ese ideal llamado Justicia. Y no lo digo por defender, sino por manifestar hechos, a mí entender, obvios y objetivos y que todos, de algún modo, hemos visto ó vivido en nuestro día a día y que nos han dejado estupefactos: el caso de MariLuz, a los poderosos banqueros que en esta última crisis han salido de rositas, o simplemente el vecino de enfrente al que han quitado el piso y será deudor el resto de sus días, pagando una pena superior a un asesinato…
Yo no tengo ni idea si Garzón era competente o no para hacer lo que hizo, pero sí sé que se hacen miles de actos infinitamente repugnantes cada día y nadie paga por ellos. La guerra de Irak es un buen ejemplo, todas las demás también. Mueren miles y miles de personas diariamente de hambre y nadie parece sentirse responsable. Pues yo pondría una querella a todos los responsables de estas calamidades, a todos los estados del bienestar que viven en la abundancia a costa de las riquezas naturales de otros países, a los que se aprovechan de los niños y a los que tapan aún conociendo los hechos, a los que tratan con órganos humanos, a los que comercian con la vida de los demás… A todos les pondría una querella por vía penal y con una indemnización superior al P.I.B de toda la Unión Europea.
Pero no, resulta que el tema más preocupante en el mundo después de la crisis es el juez que va a ser juzgado. Sencillamente porque a algunos les interesa que esto ocurra y lo aprovechan políticamente. No saben, los torpes que denunciaron a Garzón, el favor que le han hecho a nuestros dos partidos hegemónicos. Los dos, en su constante e insultante demagogia han hecho de este asunto un aprovechamiento político. El PSOE preocupadísimo por enterrar a los muertos de las fosas comunes (después de casi treinta años de democracia y habiendo gobernado buena parte de ellos) y los del Partido Popular que aprovechan cualquier cosa para volver al poder y de paso desviar la atención sobre todos los casos de corrupción en los que está envuelto. Aunque en esto, creo, en la historia reciente, no se salva ningún partido.
Este pasado fin de semana he vivido indirectamente de cerca un caso que me conmovió por dos razones, la primera, porque una buena amiga mía, con verdadera vocación y bondad, consiguió hacerse con el último hijo de las fosas que abrieron en su pueblo y, la segunda, porque ese hijo de setenta años consiguió por fin saber donde yacía su padre, y supongo que luego, cuando la ciencia dé el visto bueno, lo podrá enterrar dignamente.
Memoria: Acordarse de ello, tenerlo presente. Histórica: Perteneciente o relativo al pasado.
¿Qué ser humano no tiene presente siempre y hasta su muerte a su familia, quién no se acuerda de los que ya no están y nos dieron la vida a diario?
Una querella para los que están usando los sentimientos y la dignidad de las personas para beneficiarse de un modo u otro políticamente. Considero un delito ver cada día a nuestros dirigentes políticos moviendo la boca con palabras vacías o llenas de lo que conviene, mientras millones de personas los miran pensando: ¿En qué parte del mundo entre la tierra y el cielo viven éstos?
lunes, 5 de abril de 2010
Palabras en una maleta
La Cueva del Espantalobos es un lugar en los montes de Buñol que muy pocas personas conocen. De hecho los que la conocen nunca revelan su lugar exacto. Ni van acompañados a ese hermoso y enigmático lugar. Está casi en la cima de un escarpado montículo de roca lisa dividida en estratos desiguales pero armónicos. Se llega atravesando un riachuelo que termina en una pequeña cascada. En la cima aparecen a menudo las pocas cabras montesas que habitan en la Hoya. Se suele ver, en los días claros, a un macho de cuernos enrollados que observa desde las alturas el ir y venir de los bichos que habitan o se acercan a este lugar, incluidos algunos de nosotros. Lejos de allí, en el Barranco del Quisal, encontré la cabeza de una de ellas que no consiguió convertirse en trofeo. Me pregunté que fue del cuerpo.
La cueva hasta hace unos treinta años estaba habitada. Un ermitaño-según afirmaba él mismo- discípulo de un discípulo de un pintor que no recuerdo aún sabiéndole famoso, vivió allí casi doce años. Durante ese tiempo, además de buscar la paz que no encontró en las ciudades de diversos países, se dedicó a pintar con pigmentos primitivos y con las manos, escenas que miraba absorto en su día a día en la naturaleza. La cueva, de más de cinco metros de alta y quince de profundidad, es todo un homenaje a nuestros ancestros y a la sensibilidad. Ni un solo centímetro quedó sin pintar, como un gran mural que se encendía con la salida del sol y se apagaba al anochecer. Cada grieta, cada estalactita y estalagmita, cada socavón o saliente estaba aprovechado para conectar la forma y el color como un todo artístico, casi mágico.
Desde el barranco de Carcalín cuesta unas dos horas llegar allí. Provisto del material necesario volví a visitarla el pasado viernes santo, justo hacía treinta años que junto a dos amigos la descubrimos ese mismo día de las pascuas de 1970, después de estar perdidos siete horas ente dos barrancos de los que no había forma de salir.
El recuerdo de aquel día es imborrable, porque además del miedo que pasa uno cansado y perdido en el monte, todavía me asustó más, si cabe, cuando vi salir aquel tipo de la cueva, con barba de años y cabellos largos gritando: ¡Marchaos! ¡Dejadme en paz!
Estuvimos más de una hora, escondidos y observándolo con los prismáticos, hasta que fuimos capaces de acercarnos y explicarle que no queríamos molestarle, que simplemente nos habíamos perdido y necesitábamos que nos indicara el camino de vuelta. Al darse cuenta que éramos tres niños y escuchar nuestras palabras su semblante cambió. Incluso diría que sonrió levemente, mientras una mirada de soslayo recorría nuestras seis pupilas dilatadas del susto.
Nos invitó a pasar con un gesto brusco, nos sentamos y descansamos durante media hora, en ese tiempo no paró de hacernos preguntas y nosotros no paramos de contestarlas sin dejar de mirar aquellas hermosas escenas pintadas. Luego, sin mediar palabra, nos acompañó durante más de dos horas hasta que se cercioró de que conocíamos el resto del camino de vuelta. Le dimos las gracias y nos despedimos. Cuando llegamos al pueblo estábamos cansadísimos, nos pasamos el día andando, trotando, escalando, de emoción en emoción. Ni uno, de los tres, dijo nada. Al llegar a casa, sin cenar, me acosté y me dormí de inmediato, también mis amigos según me contaron.
Durante semanas, meses estuvimos los tres haciendo conjeturas sobre aquel lugar, sobre aquella persona y sobre sus pinturas. Preguntamos con disimulo a algunas personas mayores por si conocían aquella cueva o alguien había visto a aquel tipo alguna vez. ¿Quién era, de dónde, por qué vivía en una cueva y solo? ¿Cómo podía ser que nadie lo conociera? Hubo momentos, durante todos estos años en los que creí que nos dormimos y alguno de nosotros o los tres soñamos todo aquello. No hay nada más potente que la imaginación de un niño.
Me alegro de haber subido hasta aquí. Estoy deshecho, los años no perdonan. Pero, mientras escribo estas palabras, contemplo en el interior de la cueva todas esas escenas pintadas, cada color y cada forma la escucho rasgando la piedra con los dedos, recuerdo a mis amigos, sus caras de niño, también aquel hombre desconocido que nos dejó este maravilloso legado. Me interrumpe un sonido hacia el interior de la cueva, me acerco un poco asustado y de pronto sale un murciélago, casi grito, debajo de un sol pintado, una vieja y sucia maleta cerrada, escrito en tiza: Para usted. Abro las dos cerraduras con una pequeña navaja, despacio para no romperlas, en su interior, treinta libretas ordenadas por años, una navaja oxidada, un viejo libro de supervivencia y dos fotografías en blanco y negro.
Abro la primera libreta, el encabezado: Cueva del Espantalobos, trece de enero de mil novecientos sesenta y uno. Sigue: “Por fin he llegado caminando a mi propio destino”. Ojeo otras muchas hasta llegar a la última página de la última libreta: “He terminado lo que vine a hacer. ¡Qué bien me siento! Vuelvo a casa.
La cueva hasta hace unos treinta años estaba habitada. Un ermitaño-según afirmaba él mismo- discípulo de un discípulo de un pintor que no recuerdo aún sabiéndole famoso, vivió allí casi doce años. Durante ese tiempo, además de buscar la paz que no encontró en las ciudades de diversos países, se dedicó a pintar con pigmentos primitivos y con las manos, escenas que miraba absorto en su día a día en la naturaleza. La cueva, de más de cinco metros de alta y quince de profundidad, es todo un homenaje a nuestros ancestros y a la sensibilidad. Ni un solo centímetro quedó sin pintar, como un gran mural que se encendía con la salida del sol y se apagaba al anochecer. Cada grieta, cada estalactita y estalagmita, cada socavón o saliente estaba aprovechado para conectar la forma y el color como un todo artístico, casi mágico.
Desde el barranco de Carcalín cuesta unas dos horas llegar allí. Provisto del material necesario volví a visitarla el pasado viernes santo, justo hacía treinta años que junto a dos amigos la descubrimos ese mismo día de las pascuas de 1970, después de estar perdidos siete horas ente dos barrancos de los que no había forma de salir.
El recuerdo de aquel día es imborrable, porque además del miedo que pasa uno cansado y perdido en el monte, todavía me asustó más, si cabe, cuando vi salir aquel tipo de la cueva, con barba de años y cabellos largos gritando: ¡Marchaos! ¡Dejadme en paz!
Estuvimos más de una hora, escondidos y observándolo con los prismáticos, hasta que fuimos capaces de acercarnos y explicarle que no queríamos molestarle, que simplemente nos habíamos perdido y necesitábamos que nos indicara el camino de vuelta. Al darse cuenta que éramos tres niños y escuchar nuestras palabras su semblante cambió. Incluso diría que sonrió levemente, mientras una mirada de soslayo recorría nuestras seis pupilas dilatadas del susto.
Nos invitó a pasar con un gesto brusco, nos sentamos y descansamos durante media hora, en ese tiempo no paró de hacernos preguntas y nosotros no paramos de contestarlas sin dejar de mirar aquellas hermosas escenas pintadas. Luego, sin mediar palabra, nos acompañó durante más de dos horas hasta que se cercioró de que conocíamos el resto del camino de vuelta. Le dimos las gracias y nos despedimos. Cuando llegamos al pueblo estábamos cansadísimos, nos pasamos el día andando, trotando, escalando, de emoción en emoción. Ni uno, de los tres, dijo nada. Al llegar a casa, sin cenar, me acosté y me dormí de inmediato, también mis amigos según me contaron.
Durante semanas, meses estuvimos los tres haciendo conjeturas sobre aquel lugar, sobre aquella persona y sobre sus pinturas. Preguntamos con disimulo a algunas personas mayores por si conocían aquella cueva o alguien había visto a aquel tipo alguna vez. ¿Quién era, de dónde, por qué vivía en una cueva y solo? ¿Cómo podía ser que nadie lo conociera? Hubo momentos, durante todos estos años en los que creí que nos dormimos y alguno de nosotros o los tres soñamos todo aquello. No hay nada más potente que la imaginación de un niño.
Me alegro de haber subido hasta aquí. Estoy deshecho, los años no perdonan. Pero, mientras escribo estas palabras, contemplo en el interior de la cueva todas esas escenas pintadas, cada color y cada forma la escucho rasgando la piedra con los dedos, recuerdo a mis amigos, sus caras de niño, también aquel hombre desconocido que nos dejó este maravilloso legado. Me interrumpe un sonido hacia el interior de la cueva, me acerco un poco asustado y de pronto sale un murciélago, casi grito, debajo de un sol pintado, una vieja y sucia maleta cerrada, escrito en tiza: Para usted. Abro las dos cerraduras con una pequeña navaja, despacio para no romperlas, en su interior, treinta libretas ordenadas por años, una navaja oxidada, un viejo libro de supervivencia y dos fotografías en blanco y negro.
Abro la primera libreta, el encabezado: Cueva del Espantalobos, trece de enero de mil novecientos sesenta y uno. Sigue: “Por fin he llegado caminando a mi propio destino”. Ojeo otras muchas hasta llegar a la última página de la última libreta: “He terminado lo que vine a hacer. ¡Qué bien me siento! Vuelvo a casa.
domingo, 21 de marzo de 2010
Soledad acompañada
Una vez en Nerja visualizó una imagen que luego le serviría para el futuro, todo lo vivido parece ser que sirve, de una o de otra manera, para llegar a ese tiempo que no ha llegado y que desconocemos, para crecer, evolucionar… La frase que me evoca es: “Nunca se pierde el tiempo”. Siempre fue su favorita.
Cuando estaba llegando a Nerja, después de recorrer más de seiscientos kilómetros, se le quedaron grabados en las pupilas los acantilados y el mar inmenso, mientras giraba y giraba en los últimos kilómetros de curva en curva y de montaña en montaña. No hay nada más satisfactorio que llegar a destino después de un viaje largo y deseado. Los nervios no se alejan hasta pasada la primera noche, incluso en algunos casos la segunda o tercera. A ella le ocurrió pasada la segunda noche. En la primera, necesitaba acoplarse, acomodarse y adaptarse a los nuevos sonidos de la casa.
Alquiló una casa solitaria encima de un acantilado con vistas, desde una excepcional altura al mediterráneo del sur, donde las corrientes atlánticas hacen de un sosegado levante un brioso mar de millones de colores, olas y sabores. La mirada, desde la cristalina y azulada piscina, se despistaba al contacto con un ángulo de ciento ochenta grados si prescindimos de los ojos en el cogote.
Nada más llegar le asustó el lugar, cuestas empinadísimas y más cuestas; pero cómo si no se puede alcanzar el cielo. La casa lo tenía todo, cumplía con todas sus expectativas, teniendo en cuenta que buscaba una soledad acompañada, sin preguntas. Acababa de vivir esa experiencia tan dolorosa que es saber que nadie te quiere incondicionalmente y que como diría el gran poeta Jaramillo “que siempre bailarás con tu sombra”. Si encima tienes malasombra imaginen. Cuando se fueron los caseros deshizo tranquilamente las maletas y bajó al pueblo a llenar la despensa. La quería a rebosar, que no faltara de nada, posiblemente no bajaría de nuevo hasta que se marchara.
La primera, segunda y tercera noche-incluidos los días- fueron de adaptación al medio, nunca había viajado sola, aunque siempre le apeteció. Esta nueva experiencia junto a la mochila que todos llevamos pegados a la piel y llena hasta rebosar, suponían un gran reto para ella, si tenemos en cuenta que el miedo es uno de nuestros peores enemigos. De hecho hasta la última noche no se decidió a hacer la reserva. Solo su portátil, unos cuantos libros, internet y el móvil eran sus acompañantes. Les parecerá una tontería, pero a ella le daban seguridad y compañía que necesitaba en ese momento.
¿Qué busca en la huida hacia otro lugar una persona que cree haberlo perdido todo y no sabe que en realidad lo tiene todo?
Durante los primeros tres día estuvo regodeándose en el fango, cada pensamiento se convertía en un latigazo hacia si misma, cada emoción en una daga que atravesaba el corazón y el estómago, cada recuerdo un monumental odio hacia el mundo y especialmente para sí misma. Las lágrimas no salían, aún con muchísimas ganas, solo la noche del tercer día afloraron como una lluvia de tormenta, se pasó varias horas llorando hasta que rendida se hundió en un profundo y reconstituyente sueño que duró diecinueve horas, jamás había dormido tanto.
Al despertar algo había cambiado, se sentía mejor, la angustia había cesado y los pensamientos obsesivos también. Se asomó a la ventana y allí estaba el sol, solo como ella, pero radiante. Se quitó el camisón deprisa y se zambulló de cabeza en la piscina. El agua era azul y estaba fresca y limpia, no hay mejor forma de desayunar, después de nadar un rato las endorfinas ya se han hecho cargo del ánimo y las tostadas recién horneadas con aceite de oliva, el jamón y el zumo de melocotón se encargaron del cuerpo. Respiró hondo, encendió un cigarrillo y hasta que decidió que sería el último pasaron miles de imágenes por su pensamiento, las sentía en orden, colocadas en su lugar-siempre hay un lugar para cada experiencia-, la sensación era nueva, novísima, como la primera vez que le lamieron el clítoris con el deseo adecuado. Gritó sin que nadie la escuchara: ¡Me siento bien, muy bien, qué bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!
Se vistió deprisa, cogió el coche y se fue agitada hacia el pueblo, recorrió las calles, entró en muchas tiendas buscando no se sabe qué, habló con todo el que quiso oír su risa (entre ellos yo), escuchó a quien le quiso decir, se sentó en un banco contemplando a la gente, comió lo que le apetecía, bebió hasta que desapareció la sed, escuchó música, bailó dejándose llevar por los ritmos y el cuerpo. Besó y abrazó a desconocidos y caminó hasta la playa esperando el amanecer. Sonreía como una niña mientras el sol aparecía, con la “expresión del ser que se alegra de ser”, ya había entendido, quererse no es fácil cuando las cosas no van bien, pero es el único camino.
De ella solo me queda esta fotografía, de espaldas, frente al mar, mirando la olas imparables, quizá infinitas, sintiendo el aire marino en todo su cuerpo, tras ella, solo sus huellas en la fina y húmeda arena y otras… que no eran las mías.
Cuando estaba llegando a Nerja, después de recorrer más de seiscientos kilómetros, se le quedaron grabados en las pupilas los acantilados y el mar inmenso, mientras giraba y giraba en los últimos kilómetros de curva en curva y de montaña en montaña. No hay nada más satisfactorio que llegar a destino después de un viaje largo y deseado. Los nervios no se alejan hasta pasada la primera noche, incluso en algunos casos la segunda o tercera. A ella le ocurrió pasada la segunda noche. En la primera, necesitaba acoplarse, acomodarse y adaptarse a los nuevos sonidos de la casa.
Alquiló una casa solitaria encima de un acantilado con vistas, desde una excepcional altura al mediterráneo del sur, donde las corrientes atlánticas hacen de un sosegado levante un brioso mar de millones de colores, olas y sabores. La mirada, desde la cristalina y azulada piscina, se despistaba al contacto con un ángulo de ciento ochenta grados si prescindimos de los ojos en el cogote.
Nada más llegar le asustó el lugar, cuestas empinadísimas y más cuestas; pero cómo si no se puede alcanzar el cielo. La casa lo tenía todo, cumplía con todas sus expectativas, teniendo en cuenta que buscaba una soledad acompañada, sin preguntas. Acababa de vivir esa experiencia tan dolorosa que es saber que nadie te quiere incondicionalmente y que como diría el gran poeta Jaramillo “que siempre bailarás con tu sombra”. Si encima tienes malasombra imaginen. Cuando se fueron los caseros deshizo tranquilamente las maletas y bajó al pueblo a llenar la despensa. La quería a rebosar, que no faltara de nada, posiblemente no bajaría de nuevo hasta que se marchara.
La primera, segunda y tercera noche-incluidos los días- fueron de adaptación al medio, nunca había viajado sola, aunque siempre le apeteció. Esta nueva experiencia junto a la mochila que todos llevamos pegados a la piel y llena hasta rebosar, suponían un gran reto para ella, si tenemos en cuenta que el miedo es uno de nuestros peores enemigos. De hecho hasta la última noche no se decidió a hacer la reserva. Solo su portátil, unos cuantos libros, internet y el móvil eran sus acompañantes. Les parecerá una tontería, pero a ella le daban seguridad y compañía que necesitaba en ese momento.
¿Qué busca en la huida hacia otro lugar una persona que cree haberlo perdido todo y no sabe que en realidad lo tiene todo?
Durante los primeros tres día estuvo regodeándose en el fango, cada pensamiento se convertía en un latigazo hacia si misma, cada emoción en una daga que atravesaba el corazón y el estómago, cada recuerdo un monumental odio hacia el mundo y especialmente para sí misma. Las lágrimas no salían, aún con muchísimas ganas, solo la noche del tercer día afloraron como una lluvia de tormenta, se pasó varias horas llorando hasta que rendida se hundió en un profundo y reconstituyente sueño que duró diecinueve horas, jamás había dormido tanto.
Al despertar algo había cambiado, se sentía mejor, la angustia había cesado y los pensamientos obsesivos también. Se asomó a la ventana y allí estaba el sol, solo como ella, pero radiante. Se quitó el camisón deprisa y se zambulló de cabeza en la piscina. El agua era azul y estaba fresca y limpia, no hay mejor forma de desayunar, después de nadar un rato las endorfinas ya se han hecho cargo del ánimo y las tostadas recién horneadas con aceite de oliva, el jamón y el zumo de melocotón se encargaron del cuerpo. Respiró hondo, encendió un cigarrillo y hasta que decidió que sería el último pasaron miles de imágenes por su pensamiento, las sentía en orden, colocadas en su lugar-siempre hay un lugar para cada experiencia-, la sensación era nueva, novísima, como la primera vez que le lamieron el clítoris con el deseo adecuado. Gritó sin que nadie la escuchara: ¡Me siento bien, muy bien, qué bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!
Se vistió deprisa, cogió el coche y se fue agitada hacia el pueblo, recorrió las calles, entró en muchas tiendas buscando no se sabe qué, habló con todo el que quiso oír su risa (entre ellos yo), escuchó a quien le quiso decir, se sentó en un banco contemplando a la gente, comió lo que le apetecía, bebió hasta que desapareció la sed, escuchó música, bailó dejándose llevar por los ritmos y el cuerpo. Besó y abrazó a desconocidos y caminó hasta la playa esperando el amanecer. Sonreía como una niña mientras el sol aparecía, con la “expresión del ser que se alegra de ser”, ya había entendido, quererse no es fácil cuando las cosas no van bien, pero es el único camino.
De ella solo me queda esta fotografía, de espaldas, frente al mar, mirando la olas imparables, quizá infinitas, sintiendo el aire marino en todo su cuerpo, tras ella, solo sus huellas en la fina y húmeda arena y otras… que no eran las mías.
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domingo, 7 de marzo de 2010
La tercera pierna
Me siento ante el folio en blanco y me quedo quieto. Froto mis sienes con las manos, tras un momento de pensamientos amontonados. El calor de las yemas de los dedos reconforta como un amigo ante de desmayarte. Estos días constantemente grises aumentan los pensamientos negativos, las recriminaciones propias y ajenas, las debilidades en general. Será porque no estamos acostumbrados a perder ni a ganar.
Decido apagar este incendio: Me voy a dormir y mañana será otro día. Me niego a sentir el hastío hasta el grado de no tener ganas de decir o nada qué decir. Seguro que alguna vez he pensado que tenía sentido esto de comunicar algo de lo que otro siente y piensa. Probablemente haya cientos de razones positivas para hacerlo, pero les pido perdón, hoy no las encuentro. Hasta dentro de un rato, el sueño reparará tan poca espenta...
Han pasado tres horas y cuarto, no he podido dormir más que setenta minutos y gracias a medio canuto de maría que se dejó olvidado alguien en el cenicero de mi despacho.
Los movimientos son lentos y las ideas y pensamientos se mueven despacio, siento una calma activa dentro de mí y parece como si los problemas y las malas sensaciones hubiesen desaparecido. Si no fuese porque en los adolescentes se han dado demasiado habitualmente brotes psicóticos y los procesos mentales se ralentizan con el consumo continuado, recomendaría un porrito cada ocho horas como un buen medicamento.
Mejor voy a dejarlo hasta que se me pase, seguro que afirmo alguna barbaridad y encima luego no entiendo mi letra. Disculpe, querido lector, las molestias. Abur.
Ya he vuelto. Es muy sano dormir. Me quedé sorprendido cuando escuché de un científico eminente que el cuerpo solo necesita fisiológicamente unas tres horas para descansar, las demás hasta ocho- que es lo recomendado- lo necesita la mente para soñar y reorganizar todo lo percibido y sentido en el día. Luego demostró como si despiertas a una persona cada vez que se pone a soñar se vuelve loca. Es impactante la importancia del sueño en nuestras vidas en todos los sentidos.
Los momentos en los que vivimos con más problemas se recomienda acostarse pronto, el cuerpo humano está naturalmente organizado para introducirse al sueño cuando se va la luz y a despertarse cuando la luz vuelve. Este es nuestro reloj biológico, por lo tanto es lo más saludable.
Lo que olvidan la mayoría de los científicos, políticos, gurús de lo cosmogónico, etcétera, es que cuando los seres humanos vivimos en conflicto, nos atormentan las preocupaciones, nos sentimos culpables, sobrecargados de responsabilidades, llenos de incertidumbre, desorientados por el miedo, la inseguridad y la impotencia, producimos múltiples reacciones, entre las más frecuentes están las somatizaciones, y en este caso concreto, una avalancha de torpedos mentales al sistema inmunológico que preparan el terreno de una manera excelente para que las enfermedades entren en nuestras vidas con la intención de rematarnos. Cualquier profesional de ambulatorio les explicaría múltiples ejemplos en las consultas diarias. Todo ello sin darnos cuenta, pues estamos en el terreno del inconsciente.
Sería pues fácil de explicar por qué todos nos valemos de “bastones” para vivir. Las manías, el tabaco, el alcohol, los porros y demás drogas son la tercera pierna que usamos para aplacar esa necesidad interna de recuperar el ánimo, de sentir otra cosa que no sea angustia, decepción, miedo, dolor, aburrimiento, desamor, inferioridad… sigan si les apetece la lista, es enorme.
He asistido a algunas charlas sobre drogas siempre escucho las consecuencias insalubres del consumo pero nunca escuché a nadie hablar del por qué se usan desde tiempos ancestrales. Pues bien, la respuesta es relativamente sencilla: Creemos que nos ayudan a vivirnos mejor, cuando en realidad dependemos de ellas para sentirnos bien.
Pero no nos quedemos solo con éstos, hay muchas más clases de bastones, no solo las drogas lo son, la complejidad de la mente y de la personalidad a veces los esconden muy bien, pero si rascas un poco, saltan a la vista. Ejemplos también hay muchos: la actividad frenética, la verborrea imparable, la constante búsqueda de nuevas sensaciones, la necesidad de destacar siempre o la de no hacerlo nunca, la inactividad total, la falta de creatividad, los radicalismos ideológicos como sostén de la no aceptación de la propia debilidad… sigan la lista si les apetece, es enorme.
Está muy claro que estamos fomentando una sociedad en la que la salud mental no es una prioridad, ni siquiera cuando se sabe perfectamente demostrado que un porcentaje altísimo de las enfermedades mal llamadas físicas están unidas a los problemas emocionales del día a día. Algunos de ellos: La ausencia de un nido emocional saludable, las relaciones con los demás fuera de la familia, los conflictos padres-hijos, los problemas económicos, el código de valores comparativo con ideales inalcanzables, la deformada y excesiva información, la falta de trabajo ó la cárcel diaria de estar en uno que no te gusta o incluso odias… sigan la lista si les apetece, es enorme.
Freud hablaba de la pulsión muerte, la tendencia a la autodestrucción que tenemos los humanos. También hablaba de la pulsión vida, su contrario. Supongo que todos vivimos entre estas dos pulsiones y también he de suponer que no hay más remedio que vivir ambas, puesto que es parte de nuestra naturaleza, pero también supongo que saber proporcionar la tendencia a la vida muy por encima de la tendencia a la muerte es una compleja tarea que se debería llamar educación, algunos también querrían llamarle paz.
Decido apagar este incendio: Me voy a dormir y mañana será otro día. Me niego a sentir el hastío hasta el grado de no tener ganas de decir o nada qué decir. Seguro que alguna vez he pensado que tenía sentido esto de comunicar algo de lo que otro siente y piensa. Probablemente haya cientos de razones positivas para hacerlo, pero les pido perdón, hoy no las encuentro. Hasta dentro de un rato, el sueño reparará tan poca espenta...
Han pasado tres horas y cuarto, no he podido dormir más que setenta minutos y gracias a medio canuto de maría que se dejó olvidado alguien en el cenicero de mi despacho.
Los movimientos son lentos y las ideas y pensamientos se mueven despacio, siento una calma activa dentro de mí y parece como si los problemas y las malas sensaciones hubiesen desaparecido. Si no fuese porque en los adolescentes se han dado demasiado habitualmente brotes psicóticos y los procesos mentales se ralentizan con el consumo continuado, recomendaría un porrito cada ocho horas como un buen medicamento.
Mejor voy a dejarlo hasta que se me pase, seguro que afirmo alguna barbaridad y encima luego no entiendo mi letra. Disculpe, querido lector, las molestias. Abur.
Ya he vuelto. Es muy sano dormir. Me quedé sorprendido cuando escuché de un científico eminente que el cuerpo solo necesita fisiológicamente unas tres horas para descansar, las demás hasta ocho- que es lo recomendado- lo necesita la mente para soñar y reorganizar todo lo percibido y sentido en el día. Luego demostró como si despiertas a una persona cada vez que se pone a soñar se vuelve loca. Es impactante la importancia del sueño en nuestras vidas en todos los sentidos.
Los momentos en los que vivimos con más problemas se recomienda acostarse pronto, el cuerpo humano está naturalmente organizado para introducirse al sueño cuando se va la luz y a despertarse cuando la luz vuelve. Este es nuestro reloj biológico, por lo tanto es lo más saludable.
Lo que olvidan la mayoría de los científicos, políticos, gurús de lo cosmogónico, etcétera, es que cuando los seres humanos vivimos en conflicto, nos atormentan las preocupaciones, nos sentimos culpables, sobrecargados de responsabilidades, llenos de incertidumbre, desorientados por el miedo, la inseguridad y la impotencia, producimos múltiples reacciones, entre las más frecuentes están las somatizaciones, y en este caso concreto, una avalancha de torpedos mentales al sistema inmunológico que preparan el terreno de una manera excelente para que las enfermedades entren en nuestras vidas con la intención de rematarnos. Cualquier profesional de ambulatorio les explicaría múltiples ejemplos en las consultas diarias. Todo ello sin darnos cuenta, pues estamos en el terreno del inconsciente.
Sería pues fácil de explicar por qué todos nos valemos de “bastones” para vivir. Las manías, el tabaco, el alcohol, los porros y demás drogas son la tercera pierna que usamos para aplacar esa necesidad interna de recuperar el ánimo, de sentir otra cosa que no sea angustia, decepción, miedo, dolor, aburrimiento, desamor, inferioridad… sigan si les apetece la lista, es enorme.
He asistido a algunas charlas sobre drogas siempre escucho las consecuencias insalubres del consumo pero nunca escuché a nadie hablar del por qué se usan desde tiempos ancestrales. Pues bien, la respuesta es relativamente sencilla: Creemos que nos ayudan a vivirnos mejor, cuando en realidad dependemos de ellas para sentirnos bien.
Pero no nos quedemos solo con éstos, hay muchas más clases de bastones, no solo las drogas lo son, la complejidad de la mente y de la personalidad a veces los esconden muy bien, pero si rascas un poco, saltan a la vista. Ejemplos también hay muchos: la actividad frenética, la verborrea imparable, la constante búsqueda de nuevas sensaciones, la necesidad de destacar siempre o la de no hacerlo nunca, la inactividad total, la falta de creatividad, los radicalismos ideológicos como sostén de la no aceptación de la propia debilidad… sigan la lista si les apetece, es enorme.
Está muy claro que estamos fomentando una sociedad en la que la salud mental no es una prioridad, ni siquiera cuando se sabe perfectamente demostrado que un porcentaje altísimo de las enfermedades mal llamadas físicas están unidas a los problemas emocionales del día a día. Algunos de ellos: La ausencia de un nido emocional saludable, las relaciones con los demás fuera de la familia, los conflictos padres-hijos, los problemas económicos, el código de valores comparativo con ideales inalcanzables, la deformada y excesiva información, la falta de trabajo ó la cárcel diaria de estar en uno que no te gusta o incluso odias… sigan la lista si les apetece, es enorme.
Freud hablaba de la pulsión muerte, la tendencia a la autodestrucción que tenemos los humanos. También hablaba de la pulsión vida, su contrario. Supongo que todos vivimos entre estas dos pulsiones y también he de suponer que no hay más remedio que vivir ambas, puesto que es parte de nuestra naturaleza, pero también supongo que saber proporcionar la tendencia a la vida muy por encima de la tendencia a la muerte es una compleja tarea que se debería llamar educación, algunos también querrían llamarle paz.
domingo, 21 de febrero de 2010
Los Grandes Olvidados
La economía es el núcleo de la actualidad y también el centro de la noticia. En la política como en la realidad, todo parece aunque probablemente no es. Los discursos dicen unas cosas y el día a día dice otra. Las intenciones dichas, suenan coherentes y los problemas más crudos siguen siendo un drama mientras unos y otros se enzarzan en mantenerse o en ganar las elecciones.
Las familias pierden sus pisos, las personas sus trabajos, los comerciantes y las pequeñas empresas todo por lo que han luchado durante décadas. Mientras a todos ellos los bancos y grandes entidades los convierten en deudores para toda la vida, porque el deber es una cadena perpetua, ni siquiera los asesinos tienen tanta condena. Si la condena al sistema financiero hubiese sido la misma, no quedaría ningún señor con tarjeta de visita de “fenómeno poderoso” sin juzgar.
Pero desgraciadamente siempre pasa lo mismo, las personas más mediocres, miedosas y ambiciosas están en puestos de perros de presa. Los contratan para eso aunque no sé si son conscientes. Es fácil con una repetidora de cinco tiros matar a un conejo. Habría que analizar que sienten en realidad estos ejecutivos cuando sentencian a alguien. Evidentemente son las entidades las que dan las órdenes, pero es innegable que detrás siempre hay una persona o un grupo de seres humanos que crean las directrices del sistema. El fin no es otro que ganar más dinero, y los motivos de los ejecutivos, la seguridad, el prestigio del puesto y la alta remuneración si se cumplen los objetivos. Todos juntos harán el resto. Y algún que otro interés más que no diré por no enturbiar más los nervios.
Lo absolutamente desagradable del asunto es que se destrozan muchas vidas para que otros mantengan y lleguen a sus puestos de señores y señoras. Y lo peor es que nadie se opone a tanta injusticia en una situación tan difícil como la que se está viviendo en los últimos tiempos.
Un persona que se cree alguien para valorar y que jamás tomo un riesgo decide si tu vida va a ser a partir de ahora un drama económico o en el mejor de los casos te va dar la oportunidad, a precios abusivos-que se acepta por no tener más remedio-, de trabajar como un borrego para que sigas pagando para que sigan ganando cantidades astronómicas. Lo increíble es que encima tienes que dar las gracias por haberte ayudado.
Pero lo peor de todo es que con el dinero de nuestros impuestos nuestros políticos han ayudado a la mayoría de estas entidades para que saneen sus cuentas. Su respuesta ha sido sangrar a sus clientes (más volubles) que sin ninguna ayuda, ni apoyo, ni poder y de la nada o menos que nada tomaron grandes riesgos creando empleo y riqueza durante muchos años.
Esos comerciantes y pequeñas empresas que han sido durante años los que han sostenido a base de impuestos y de puestos de trabajo nuestra boyante economía son hoy los grandes olvidados. Se ayuda a los grandes, a los poderosos y se olvida de los que están a su merced. No se puede ser más ciego o más vil, o bien porque no se sabe o bien por que no se quiere.
Todos somos pecadores más o menos, nadie está libre de responsabilidad en lo que actualmente está ocurriendo, pero sin duda, el sentido común permite obviamente distinguir entre mayores y menores responsabilidades. Los mayores responsables siguen viviendo muy bien y los menores responsables pagan y pagarán durante muchos años las consecuencias.
Por cada crédito hipotecario concedido se obliga a contratar(a pagar) diversos productos, entre ellos, un seguro de vida, menuda desgracia saber que valemos más muertos que vivos, menudo sistema estamos manteniendo para que nuestros hijos hipotequen sus vidas para seguir haciendo más ricos a los ricos y seguramente para pagar nuestras pensiones con un poco de suerte.
Cuando miren a su sobrino, hijo o nieto observen su sonrisa ingenua, nosotros le devolveremos otra sonrisa, la primera cargada de placer, de pura empatía, la segunda cargada de un saco de responsabilidades que poco a poco les iremos trasladando. Desde que comiencen el colegio les iremos enseñando sin darse cuenta a llevar el peso del equipaje hasta el exceso, les explicaremos que sin esfuerzo ni disciplina no llegarán a nada en sus vidas. No seremos capaces de transmitirles el placer como eje del crecimiento porque nosotros no somos capaces de vivir con ese objetivo. Cada día vendemos nuestro bienestar a cambio de dinero y desgraciadamente les enseñaremos a hacer lo mismo.
Tendrían que ir planteándose nuestros políticos un cambio de estrategia, entre ellas la de controlar los intereses de préstamos personales entre el 10 y el 15 por ciento, los hipotecarios con 2,5 y 3 puntos de diferencial en cuanto al Euribor, las comisiones de apertura y estudio, las famosas clausulas suelo, los productos que veladamente obligan las entidades a pagar a quien firma un crédito o de lo contrario, no se lo conceden.
Sería bueno que lo hicieran, muy bueno, y además que ayudaran de una vez a quien deben ayudar. Apúntenselo para ese Pacto Económico que tampoco llegará a existir.
En honor a la verdad, desde el rencor lo digo.
Las familias pierden sus pisos, las personas sus trabajos, los comerciantes y las pequeñas empresas todo por lo que han luchado durante décadas. Mientras a todos ellos los bancos y grandes entidades los convierten en deudores para toda la vida, porque el deber es una cadena perpetua, ni siquiera los asesinos tienen tanta condena. Si la condena al sistema financiero hubiese sido la misma, no quedaría ningún señor con tarjeta de visita de “fenómeno poderoso” sin juzgar.
Pero desgraciadamente siempre pasa lo mismo, las personas más mediocres, miedosas y ambiciosas están en puestos de perros de presa. Los contratan para eso aunque no sé si son conscientes. Es fácil con una repetidora de cinco tiros matar a un conejo. Habría que analizar que sienten en realidad estos ejecutivos cuando sentencian a alguien. Evidentemente son las entidades las que dan las órdenes, pero es innegable que detrás siempre hay una persona o un grupo de seres humanos que crean las directrices del sistema. El fin no es otro que ganar más dinero, y los motivos de los ejecutivos, la seguridad, el prestigio del puesto y la alta remuneración si se cumplen los objetivos. Todos juntos harán el resto. Y algún que otro interés más que no diré por no enturbiar más los nervios.
Lo absolutamente desagradable del asunto es que se destrozan muchas vidas para que otros mantengan y lleguen a sus puestos de señores y señoras. Y lo peor es que nadie se opone a tanta injusticia en una situación tan difícil como la que se está viviendo en los últimos tiempos.
Un persona que se cree alguien para valorar y que jamás tomo un riesgo decide si tu vida va a ser a partir de ahora un drama económico o en el mejor de los casos te va dar la oportunidad, a precios abusivos-que se acepta por no tener más remedio-, de trabajar como un borrego para que sigas pagando para que sigan ganando cantidades astronómicas. Lo increíble es que encima tienes que dar las gracias por haberte ayudado.
Pero lo peor de todo es que con el dinero de nuestros impuestos nuestros políticos han ayudado a la mayoría de estas entidades para que saneen sus cuentas. Su respuesta ha sido sangrar a sus clientes (más volubles) que sin ninguna ayuda, ni apoyo, ni poder y de la nada o menos que nada tomaron grandes riesgos creando empleo y riqueza durante muchos años.
Esos comerciantes y pequeñas empresas que han sido durante años los que han sostenido a base de impuestos y de puestos de trabajo nuestra boyante economía son hoy los grandes olvidados. Se ayuda a los grandes, a los poderosos y se olvida de los que están a su merced. No se puede ser más ciego o más vil, o bien porque no se sabe o bien por que no se quiere.
Todos somos pecadores más o menos, nadie está libre de responsabilidad en lo que actualmente está ocurriendo, pero sin duda, el sentido común permite obviamente distinguir entre mayores y menores responsabilidades. Los mayores responsables siguen viviendo muy bien y los menores responsables pagan y pagarán durante muchos años las consecuencias.
Por cada crédito hipotecario concedido se obliga a contratar(a pagar) diversos productos, entre ellos, un seguro de vida, menuda desgracia saber que valemos más muertos que vivos, menudo sistema estamos manteniendo para que nuestros hijos hipotequen sus vidas para seguir haciendo más ricos a los ricos y seguramente para pagar nuestras pensiones con un poco de suerte.
Cuando miren a su sobrino, hijo o nieto observen su sonrisa ingenua, nosotros le devolveremos otra sonrisa, la primera cargada de placer, de pura empatía, la segunda cargada de un saco de responsabilidades que poco a poco les iremos trasladando. Desde que comiencen el colegio les iremos enseñando sin darse cuenta a llevar el peso del equipaje hasta el exceso, les explicaremos que sin esfuerzo ni disciplina no llegarán a nada en sus vidas. No seremos capaces de transmitirles el placer como eje del crecimiento porque nosotros no somos capaces de vivir con ese objetivo. Cada día vendemos nuestro bienestar a cambio de dinero y desgraciadamente les enseñaremos a hacer lo mismo.
Tendrían que ir planteándose nuestros políticos un cambio de estrategia, entre ellas la de controlar los intereses de préstamos personales entre el 10 y el 15 por ciento, los hipotecarios con 2,5 y 3 puntos de diferencial en cuanto al Euribor, las comisiones de apertura y estudio, las famosas clausulas suelo, los productos que veladamente obligan las entidades a pagar a quien firma un crédito o de lo contrario, no se lo conceden.
Sería bueno que lo hicieran, muy bueno, y además que ayudaran de una vez a quien deben ayudar. Apúntenselo para ese Pacto Económico que tampoco llegará a existir.
En honor a la verdad, desde el rencor lo digo.
domingo, 31 de enero de 2010
Relato Erótico: Los ojos del corazón
Estaba amaneciendo y aún estaban despiertos. Habían pasado toda la noche hablándose en susurros al oído y retozando sobre las sábanas blancas que ahora cubrían sus cuerpos sosegados y deliciosamente extenuados, después de varias horas de caricias, dedos y lenguas recorriendo cada centímetro del cuerpo, especialmente la boca: labio sobre labio, lengua sobre lengua, pupila sobre pupila, en ambas reflejados.
Pocas personas se miran tan profundamente como para contemplarse en la pupila del otro. No hay nada más mágico que reflejarte en ella como en un espejo, viendo el propio rostro dentro del otro, en sus ojos, en los dos.
Miraban por la ventana adormilados viendo un amanecer rojizo, limpio y silencioso. Ese fondo con unas pequeñas nubes blancas sobre el cielo azul hacían de la ventana un lienzo perfecto. Todavía acariciándose, esta vez despacio, trataban de recordar cada instante de la noche anterior: Dónde se encontraron, cómo se acercaron, las primeras palabras, la música que sonaba, los pálpitos antes del primer beso, el segundo y el tercero y el… hasta que decidieron compartir la casa, después las palabras, después la cama y la noche hasta la salida del sol.
Estaban mirando y mirándose satisfechos y complacidos. Algunas preguntas sin respuesta acudían como palomas mensajeras a sus cabezas: ¿Por qué dejamos que ocurran tan pocas veces estos momentos, cuántas veces en una vida vemos amanecer, qué extraña energía se entremezcla entre nosotros hasta llegar a dejarnos disfrutar los unos de los otros?
Apareció para los dos la misma frase en el pensamiento: Intentar dar lo mejor de nosotros, eso hemos hecho.
Se acabaron de inmediato las preguntas para exclusivamente rememorar los momentos. Los sonidos de las cremalleras bajando mientras la piel se erizaba, los dedos y las manos buscando y rebuscando, la ropa cayendo silenciosa, mientras los deseos convertidos en suspiros, en jadeos, en palabras inéditas, se encontraban con los cuerpos completamente desnudos. Cada mano y cada boca encontrando el secreto del otro convertido en sonrisa. Los abrazos en movimiento sobre las sábanas calientes, el olor a sándalo, a chimenea y a vela; el paladar húmedo lleno de jugosos colores, sombras y luces, cabellos cabalgando por dunas curvas y suaves, gritos de placer deliberadamente enmudecidos, sueños realizándose con la intensidad honda de un animal antiguo, quizá salvaje. Distinto a nosotros.
Ayer parece lejano ante un momento como éste. La identidad se pierde entre las piernas de ambos, caminando por sendas líquidas e imaginadas, dejándose llevar en un baile sincero, como un rito ancestral, donde la razón está pero no enturbia las emociones ni siquiera consigue entumecerlas. Tampoco al contrario porque los sentidos ya no están al servicio de nadie, solamente del momento, del instante concreto en el que solo existen dos vidas, la una se abre a la otra y viceversa. Solo hay ternura, deseo y algunas emociones que aún no han encontrado las razones, que con el tiempo, se convertirán en antiguos inquisidores para cualquiera de ellos. Quizá para los dos, o mejor, quizá para todos, porque llegará el deber ser, quizá la llave oculta que nos encierra entre barrotes invisibles. Ser es lo que importa, ahora, al amanecer, ellos lo saben, no tienen dudas, ni preguntas rimbombantes, ni condiciones a cumplir, ni otros ojos que te miran como pidiendo explicaciones al bienestar, ni psicología clínica, ni energías que mueven el universo para que muramos más felices, ni yoga, ni yerbas, ni terapias, ni pastillas, ni nada más.
He estado observándolos toda la noche, ni un solo segundo me he despegado de ellos, quería ver de nuevo el valor del recuerdo, las enseñanzas del tiempo, las virtudes de la intuición, el sentido de la imaginación, la importancia del otro, el secreto de la entrega, la salud de las caricias, la ternura, la pasión y la lujuria.
Quería ver amanecer en un mundo distinto dentro del mismo, oculto bajo toneladas de folios malgastados, escritos con decepciones, fracasos, desamores, debilidades, miedos y mentiras, pérdidas y muertes, dolor y sufrimiento. Con los ojos cerrados y el cuerpo paralizado, con los sueños durmiendo en la noche y engañando cada mañana a cada día.
Éste es el mundo que interesa, el que recorre montañas despacio, penetra en cuevas húmedas pero calientes, construye puentes entre precipicios, promueve el deseo, elimina los fantasmas del pasado, busca la complicidad en la mirada del otro, salta sobre la tierra verde, llena lo vacío y vacía lo lleno, lame los pezones que alimentan la vida. El mundo que interesa es el que consigue que veamos a través de los ojos del corazón, lo mueve la sangre de la memoria cuando todas las heridas están curadas.
Pocas personas se miran tan profundamente como para contemplarse en la pupila del otro. No hay nada más mágico que reflejarte en ella como en un espejo, viendo el propio rostro dentro del otro, en sus ojos, en los dos.
Miraban por la ventana adormilados viendo un amanecer rojizo, limpio y silencioso. Ese fondo con unas pequeñas nubes blancas sobre el cielo azul hacían de la ventana un lienzo perfecto. Todavía acariciándose, esta vez despacio, trataban de recordar cada instante de la noche anterior: Dónde se encontraron, cómo se acercaron, las primeras palabras, la música que sonaba, los pálpitos antes del primer beso, el segundo y el tercero y el… hasta que decidieron compartir la casa, después las palabras, después la cama y la noche hasta la salida del sol.
Estaban mirando y mirándose satisfechos y complacidos. Algunas preguntas sin respuesta acudían como palomas mensajeras a sus cabezas: ¿Por qué dejamos que ocurran tan pocas veces estos momentos, cuántas veces en una vida vemos amanecer, qué extraña energía se entremezcla entre nosotros hasta llegar a dejarnos disfrutar los unos de los otros?
Apareció para los dos la misma frase en el pensamiento: Intentar dar lo mejor de nosotros, eso hemos hecho.
Se acabaron de inmediato las preguntas para exclusivamente rememorar los momentos. Los sonidos de las cremalleras bajando mientras la piel se erizaba, los dedos y las manos buscando y rebuscando, la ropa cayendo silenciosa, mientras los deseos convertidos en suspiros, en jadeos, en palabras inéditas, se encontraban con los cuerpos completamente desnudos. Cada mano y cada boca encontrando el secreto del otro convertido en sonrisa. Los abrazos en movimiento sobre las sábanas calientes, el olor a sándalo, a chimenea y a vela; el paladar húmedo lleno de jugosos colores, sombras y luces, cabellos cabalgando por dunas curvas y suaves, gritos de placer deliberadamente enmudecidos, sueños realizándose con la intensidad honda de un animal antiguo, quizá salvaje. Distinto a nosotros.
Ayer parece lejano ante un momento como éste. La identidad se pierde entre las piernas de ambos, caminando por sendas líquidas e imaginadas, dejándose llevar en un baile sincero, como un rito ancestral, donde la razón está pero no enturbia las emociones ni siquiera consigue entumecerlas. Tampoco al contrario porque los sentidos ya no están al servicio de nadie, solamente del momento, del instante concreto en el que solo existen dos vidas, la una se abre a la otra y viceversa. Solo hay ternura, deseo y algunas emociones que aún no han encontrado las razones, que con el tiempo, se convertirán en antiguos inquisidores para cualquiera de ellos. Quizá para los dos, o mejor, quizá para todos, porque llegará el deber ser, quizá la llave oculta que nos encierra entre barrotes invisibles. Ser es lo que importa, ahora, al amanecer, ellos lo saben, no tienen dudas, ni preguntas rimbombantes, ni condiciones a cumplir, ni otros ojos que te miran como pidiendo explicaciones al bienestar, ni psicología clínica, ni energías que mueven el universo para que muramos más felices, ni yoga, ni yerbas, ni terapias, ni pastillas, ni nada más.
He estado observándolos toda la noche, ni un solo segundo me he despegado de ellos, quería ver de nuevo el valor del recuerdo, las enseñanzas del tiempo, las virtudes de la intuición, el sentido de la imaginación, la importancia del otro, el secreto de la entrega, la salud de las caricias, la ternura, la pasión y la lujuria.
Quería ver amanecer en un mundo distinto dentro del mismo, oculto bajo toneladas de folios malgastados, escritos con decepciones, fracasos, desamores, debilidades, miedos y mentiras, pérdidas y muertes, dolor y sufrimiento. Con los ojos cerrados y el cuerpo paralizado, con los sueños durmiendo en la noche y engañando cada mañana a cada día.
Éste es el mundo que interesa, el que recorre montañas despacio, penetra en cuevas húmedas pero calientes, construye puentes entre precipicios, promueve el deseo, elimina los fantasmas del pasado, busca la complicidad en la mirada del otro, salta sobre la tierra verde, llena lo vacío y vacía lo lleno, lame los pezones que alimentan la vida. El mundo que interesa es el que consigue que veamos a través de los ojos del corazón, lo mueve la sangre de la memoria cuando todas las heridas están curadas.
domingo, 17 de enero de 2010
La cárcel del que dirán
Alguien pudo decir, en tono cariñoso, que soy un buen embustero. Lo sé, soy un buen embustero. Pues eso mismo y en el mismo tono afirmo yo de todos los demás: Sois unos buenos embusteros.
Es tan difícil decir exactamente lo que se piensa como difícil es vivir sin equivocarse. Para ser sincero y radical en lo que pienso: es imposible vivir sin equivocarse e imposible es vivir con los demás siendo totalmente sincero.
Existe, sin duda, por una parte, una sutil hipocresía transmitida generación tras generación, y por otra, una útil hipocresía aprendida en la propia experiencia. Valorar igual o muy parecido a lo que hemos aprehendido en nuestra familia y en nuestro entorno no es nada extraño. Y reconocer que con ésta u otra actitud, según convenga con quién estemos tratando, las cosas salen mejor o peor, no es decir ninguna mentira. Esto se aprende pronto, ya de bebés, con una sonrisa consigues lo que quieres. Los seres humanos tenemos una increíble capacidad de adaptación cuando algo nos interesa. Somos especialistas en disfrazar la verdad y a la vez crear dignidad en el proceso. Lo hago porque es de entre todo lo que puedo hacer lo mejor, o mejor, lo que más me interesa. Lo que sin duda no interesa, salvo en el mundo de las ideas, es la verdad.
¿Por qué es tan difícil vivir con la verdad?
Para contestar a esta pregunta, es preciso definir, con diccionario en mano, qué es la hipocresía y qué es la verdad.
La hipocresía es “el fingimiento de cualidades ó sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen”.
La verdad es “la conformidad de lo que se dice con lo que se siente ó se piensa”.
Todas las personas al darnos a conocer tratamos de dar la mejor imagen que podemos, queremos o sabemos de nosotros mismos, entre otras cosas, porque entendemos perfectamente que los demás nos juzgarán inmediatamente y con muy pocos datos. Somos, en este aspecto, vendedores de una imagen todos, incluso cuando tratamos de hacer sonreír ó tratamos de ser simpáticos. Es tan fácil mentir como fácil es actuar en el papel que a cada uno le toca ó cree que ha elegido en la obra de la vida.
Vivimos cara a los demás, la mayoría de acciones que producimos en el hecho diario encuentran su motivación en lo que pensarán los demás y en la necesidad de conseguir la imagen-meta que más nos conviene ante los demás, es una necesidad dentro de nuestra dimensión social.
Hace poco di una opinión para la reflexión: Haz lo que te dé la gana, solamente ten en cuenta que de lo que hagas algún día te tendrás que sentir orgulloso.”La cárcel del qué dirán”. No me quiero olvidar de la importancia de sentirse bien con uno mismo, de acuerdo a los propios valores y a la persona que queremos llegar a ser. En el fondo, aunque no en la forma, la razón que más influirá en nuestro bienestar a lo largo de la vida.
Vivimos de espaldas a la verdad porque vivimos de cara a los demás y auto-engañándonos para conseguir no confrontarnos con lo que más duele: Que nosotros y nuestra vida no es lo que idealmente nos hubiese gustado. Probablemente son muy pocos lo que sienten la armonía en sus vidas, aquellos que, desde la perspectiva humana, son capaces de vivir sin sufrir habitualmente.
Es horrorosa la incapacidad del hombre de hoy para ser sincero consigo mismo. Y todavía más penosa la poca importancia que se da al auto-conocimiento dentro de la salud. La higiene personal, no pasa solamente por el cuidado del cuerpo, la verdadera salud pasa por ocuparse de la mente y el cuerpo, y añadiría, no perder de vista los intereses de los demás cuando no está fuera de nuestros límites.
De ahí nace la mayor insatisfacción: No vivir con arreglo al ideal, no encontrar en lo más profundo de uno mismo más que prejuicios, condicionamientos y exigencias de la estructura social, éste es el mejor camino para estar bien jodido.
Pero esto no es nada nuevo, ya en el siglo primero Juvenal, el poeta romano escribió la frase que aparece entre los últimos versos de la décima sátira “Decimus Iunius Iuvenalis”: “Mens sana in corpore sano”. “Si bien la idea original simbolizaba la necesidad de un espíritu equilibrado en un cuerpo con salud, el significado que le damos hoy en día parece estar más relacionado con tener una mente sana a través del ejercicio”.
Creo que convendría no estar tanto tiempo ocupados en estar guapos, buscando cuerpos únicamente estéticos, siguiendo modelos y roles sociales, casi siempre imposibles de conseguir para todos, y ocuparse de lo que hay debajo del pelo, encima de los ojos, también entre la boca y el corazón.
Desde luego no soy de los que piensa que para valorar algo es necesario devaluar nada: No hay nada más hermoso que lo bello, por eso lo digo.
Es tan difícil decir exactamente lo que se piensa como difícil es vivir sin equivocarse. Para ser sincero y radical en lo que pienso: es imposible vivir sin equivocarse e imposible es vivir con los demás siendo totalmente sincero.
Existe, sin duda, por una parte, una sutil hipocresía transmitida generación tras generación, y por otra, una útil hipocresía aprendida en la propia experiencia. Valorar igual o muy parecido a lo que hemos aprehendido en nuestra familia y en nuestro entorno no es nada extraño. Y reconocer que con ésta u otra actitud, según convenga con quién estemos tratando, las cosas salen mejor o peor, no es decir ninguna mentira. Esto se aprende pronto, ya de bebés, con una sonrisa consigues lo que quieres. Los seres humanos tenemos una increíble capacidad de adaptación cuando algo nos interesa. Somos especialistas en disfrazar la verdad y a la vez crear dignidad en el proceso. Lo hago porque es de entre todo lo que puedo hacer lo mejor, o mejor, lo que más me interesa. Lo que sin duda no interesa, salvo en el mundo de las ideas, es la verdad.
¿Por qué es tan difícil vivir con la verdad?
Para contestar a esta pregunta, es preciso definir, con diccionario en mano, qué es la hipocresía y qué es la verdad.
La hipocresía es “el fingimiento de cualidades ó sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen”.
La verdad es “la conformidad de lo que se dice con lo que se siente ó se piensa”.
Todas las personas al darnos a conocer tratamos de dar la mejor imagen que podemos, queremos o sabemos de nosotros mismos, entre otras cosas, porque entendemos perfectamente que los demás nos juzgarán inmediatamente y con muy pocos datos. Somos, en este aspecto, vendedores de una imagen todos, incluso cuando tratamos de hacer sonreír ó tratamos de ser simpáticos. Es tan fácil mentir como fácil es actuar en el papel que a cada uno le toca ó cree que ha elegido en la obra de la vida.
Vivimos cara a los demás, la mayoría de acciones que producimos en el hecho diario encuentran su motivación en lo que pensarán los demás y en la necesidad de conseguir la imagen-meta que más nos conviene ante los demás, es una necesidad dentro de nuestra dimensión social.
Hace poco di una opinión para la reflexión: Haz lo que te dé la gana, solamente ten en cuenta que de lo que hagas algún día te tendrás que sentir orgulloso.”La cárcel del qué dirán”. No me quiero olvidar de la importancia de sentirse bien con uno mismo, de acuerdo a los propios valores y a la persona que queremos llegar a ser. En el fondo, aunque no en la forma, la razón que más influirá en nuestro bienestar a lo largo de la vida.
Vivimos de espaldas a la verdad porque vivimos de cara a los demás y auto-engañándonos para conseguir no confrontarnos con lo que más duele: Que nosotros y nuestra vida no es lo que idealmente nos hubiese gustado. Probablemente son muy pocos lo que sienten la armonía en sus vidas, aquellos que, desde la perspectiva humana, son capaces de vivir sin sufrir habitualmente.
Es horrorosa la incapacidad del hombre de hoy para ser sincero consigo mismo. Y todavía más penosa la poca importancia que se da al auto-conocimiento dentro de la salud. La higiene personal, no pasa solamente por el cuidado del cuerpo, la verdadera salud pasa por ocuparse de la mente y el cuerpo, y añadiría, no perder de vista los intereses de los demás cuando no está fuera de nuestros límites.
De ahí nace la mayor insatisfacción: No vivir con arreglo al ideal, no encontrar en lo más profundo de uno mismo más que prejuicios, condicionamientos y exigencias de la estructura social, éste es el mejor camino para estar bien jodido.
Pero esto no es nada nuevo, ya en el siglo primero Juvenal, el poeta romano escribió la frase que aparece entre los últimos versos de la décima sátira “Decimus Iunius Iuvenalis”: “Mens sana in corpore sano”. “Si bien la idea original simbolizaba la necesidad de un espíritu equilibrado en un cuerpo con salud, el significado que le damos hoy en día parece estar más relacionado con tener una mente sana a través del ejercicio”.
Creo que convendría no estar tanto tiempo ocupados en estar guapos, buscando cuerpos únicamente estéticos, siguiendo modelos y roles sociales, casi siempre imposibles de conseguir para todos, y ocuparse de lo que hay debajo del pelo, encima de los ojos, también entre la boca y el corazón.
Desde luego no soy de los que piensa que para valorar algo es necesario devaluar nada: No hay nada más hermoso que lo bello, por eso lo digo.
domingo, 3 de enero de 2010
El Gran Masai
Mientras el Año Nuevo y los Reyes Magos se apropian de nuestras mentes y todo se supone alegre y festivo, un viento antiguo y frío recorre las calles vacías de personas con dinero. Los pocos árboles que quedan sobre el asfalto se mueven débiles como la luz de una vela antes de apagarse.
En el mundo millones de personas, y en la ciudad unos miles de soñadores de todas las razas y colores buscan su suerte entre hambre y calles asfaltadas con sueños básicos que los otros vivimos con la naturalidad que nos ofrece el estado del bienestar. Nuestros hijos nacen con derechos que muchos otros niños no tienen y probablemente morirán sin tenerlos y sin llegar a viejos. Las estadísticas te revuelven las tripas hasta lo increíble.
Imagino que en estas fechas se acuerdan de sus abuelos, padres, madres, hermanos y amigos, probablemente se deberían también acordar de la madre que nos parió a los occidentales, aunque me temo que ni siquiera nos responsabilizan de tanta injusticia.
Salgo de casa la mañana del último día del año, como cada día me encuentro a una veintena de africanos -más o menos- intentando aparcar coches que no necesitan sitio. Durante todo el día, en turnos eficientes y no carentes de alguna disputa a gritos en un lenguaje que no entiendo aunque creo comprender, los compañeros del gran Masai, agitan los brazos de abajo hacia arriba, en busca de una mirada afirmativa que les proporcione las propinas en metálico con las que intentarán cubrir sus mínimas necesidades. Cada día, haga frío, llueva o un viento fuerte sacuda sus valientes y precarias vidas ahí están, puntuales como el sol.
Los he visto jugando con una pelota como niños, durmiendo en un banco del parque muertos de frío, comiendo de pié, meando en la calle, charlando en parejas o en pequeños grupos, borrachos como una cuba tambaleándose seguramente con el propósito de caerse para volver a levantarse, los he visto mirando al sol del mediodía después de una semana de lluvias y heladas, también los he visto riéndose en grupo, discutiendo e incluso dándose de hostias por su derecho a un trabajo al parecer nada digno.
He visto a vecinas asustadas por su sola presencia, vecinos indignados, policías día sí y día también pidiéndoles papeles, conductores histéricos que buscan donde aparcar su automóvil, su penosa vida y su mala leche. Personas quejándose al sentirse obligados a pagar con unas monedas un servicio tan innecesario, unos por miedo, otros por si acaso, otros por compasión y alguno que otro se enfrenta a ellos como enemigos.
He visto todo esto y mucho más, escenas muy humanas y otras sumamente denigrantes. Son oscuros como la noche y su sonrisa limpia y clara como el día. La mayoría sonríen poco y miran como fantasmas ajenos a nuestras vidas, excepto para alzar sus brazos durante muchas horas e indicar el lugar donde hay un aparcamiento libre.
El gran Masai es distinto. Se sienta sobre un bolardo mirando al cielo, erguido como un rey, nunca agita las manos, ni está ajeno a nada de lo que pasa a su alrededor (he pensado muchas veces que es el líder del grupo), el primer día que me di cuenta salía a pasear con mis hijos, al llegar a su lado, con una nostálgica sonrisa, me dijo que él también tenía dos en su país. Le devolví la sonrisa y me fui imaginando todo lo que ese hombre habría tenido que pasar hasta llegar a nuestro país en busca de los derechos y oportunidades negados en el suyo. Imaginé el contraste entre lo imaginado y la realidad en la que vive a diario. Imaginé a sus hijos sin el cuidado de su padre mientras miraba a los míos faltos de nada. Me avergoncé.
El gran Masai no es grande, ni siquiera creo que sea masai, aunque para mi lo es. Es un rey, una persona llena, plena de dignidad, orgullo y amor propio. El ser humano por excelencia, aquel que está dispuesto a pagar el precio más alto por intentar conseguir una vida digna para él y los suyos.
En estos días tan familiares, llenos de excesos, fraternidad e hipocresía no he visto a nadie que haya venido a ayudarles, nadie que solucione esta barbaridad, como tantas otras, solo he escuchado a algún que otro político decir que iban a endurecer las medidas contra los gorrillas. Hasta el nombre tiene un toque despectivo.
Estuve un rato pensando, un buen rato, en estos días de asueto y excesos he tenido tiempo, entre bocado y bocado, trago y trago, sonrisa y tristeza, pensé en cómo se les podría ocurrir a nuestros inteligentes políticos castigar a una persona que ha sufrido y pasa tanto a diario. Y entonces, no pude sino recurrir al humor, a un chiste que me contó hace muchos años un gran amigo mío que sabe mucho sobre el sufrimiento, terminaba así:
¡Cómo no me den por el culo!
En el mundo millones de personas, y en la ciudad unos miles de soñadores de todas las razas y colores buscan su suerte entre hambre y calles asfaltadas con sueños básicos que los otros vivimos con la naturalidad que nos ofrece el estado del bienestar. Nuestros hijos nacen con derechos que muchos otros niños no tienen y probablemente morirán sin tenerlos y sin llegar a viejos. Las estadísticas te revuelven las tripas hasta lo increíble.
Imagino que en estas fechas se acuerdan de sus abuelos, padres, madres, hermanos y amigos, probablemente se deberían también acordar de la madre que nos parió a los occidentales, aunque me temo que ni siquiera nos responsabilizan de tanta injusticia.
Salgo de casa la mañana del último día del año, como cada día me encuentro a una veintena de africanos -más o menos- intentando aparcar coches que no necesitan sitio. Durante todo el día, en turnos eficientes y no carentes de alguna disputa a gritos en un lenguaje que no entiendo aunque creo comprender, los compañeros del gran Masai, agitan los brazos de abajo hacia arriba, en busca de una mirada afirmativa que les proporcione las propinas en metálico con las que intentarán cubrir sus mínimas necesidades. Cada día, haga frío, llueva o un viento fuerte sacuda sus valientes y precarias vidas ahí están, puntuales como el sol.
Los he visto jugando con una pelota como niños, durmiendo en un banco del parque muertos de frío, comiendo de pié, meando en la calle, charlando en parejas o en pequeños grupos, borrachos como una cuba tambaleándose seguramente con el propósito de caerse para volver a levantarse, los he visto mirando al sol del mediodía después de una semana de lluvias y heladas, también los he visto riéndose en grupo, discutiendo e incluso dándose de hostias por su derecho a un trabajo al parecer nada digno.
He visto a vecinas asustadas por su sola presencia, vecinos indignados, policías día sí y día también pidiéndoles papeles, conductores histéricos que buscan donde aparcar su automóvil, su penosa vida y su mala leche. Personas quejándose al sentirse obligados a pagar con unas monedas un servicio tan innecesario, unos por miedo, otros por si acaso, otros por compasión y alguno que otro se enfrenta a ellos como enemigos.
He visto todo esto y mucho más, escenas muy humanas y otras sumamente denigrantes. Son oscuros como la noche y su sonrisa limpia y clara como el día. La mayoría sonríen poco y miran como fantasmas ajenos a nuestras vidas, excepto para alzar sus brazos durante muchas horas e indicar el lugar donde hay un aparcamiento libre.
El gran Masai es distinto. Se sienta sobre un bolardo mirando al cielo, erguido como un rey, nunca agita las manos, ni está ajeno a nada de lo que pasa a su alrededor (he pensado muchas veces que es el líder del grupo), el primer día que me di cuenta salía a pasear con mis hijos, al llegar a su lado, con una nostálgica sonrisa, me dijo que él también tenía dos en su país. Le devolví la sonrisa y me fui imaginando todo lo que ese hombre habría tenido que pasar hasta llegar a nuestro país en busca de los derechos y oportunidades negados en el suyo. Imaginé el contraste entre lo imaginado y la realidad en la que vive a diario. Imaginé a sus hijos sin el cuidado de su padre mientras miraba a los míos faltos de nada. Me avergoncé.
El gran Masai no es grande, ni siquiera creo que sea masai, aunque para mi lo es. Es un rey, una persona llena, plena de dignidad, orgullo y amor propio. El ser humano por excelencia, aquel que está dispuesto a pagar el precio más alto por intentar conseguir una vida digna para él y los suyos.
En estos días tan familiares, llenos de excesos, fraternidad e hipocresía no he visto a nadie que haya venido a ayudarles, nadie que solucione esta barbaridad, como tantas otras, solo he escuchado a algún que otro político decir que iban a endurecer las medidas contra los gorrillas. Hasta el nombre tiene un toque despectivo.
Estuve un rato pensando, un buen rato, en estos días de asueto y excesos he tenido tiempo, entre bocado y bocado, trago y trago, sonrisa y tristeza, pensé en cómo se les podría ocurrir a nuestros inteligentes políticos castigar a una persona que ha sufrido y pasa tanto a diario. Y entonces, no pude sino recurrir al humor, a un chiste que me contó hace muchos años un gran amigo mío que sabe mucho sobre el sufrimiento, terminaba así:
¡Cómo no me den por el culo!
domingo, 20 de diciembre de 2009
La Vida: Una Lotería
Hoy les contaré un sueño. Todo comenzó uno de esos días en los que la razón está de tu parte y te ayuda junto a las emociones a conseguir soñar despierto. De esto un gran amigo mío sabe mucho, disfruta haciéndolo y los demás disfrutamos escuchando sus fantásticas historias que, casi siempre, acaban en una gran carcajada.
Son muchos los seres humanos que en esta época de abundancia superflua, como pudo decir Erich Fromm, son capaces de dejar de pensar en tener para dedicarse al disfrute de la imaginación: A soñar despiertos.
Como les decía les contaré un sueño:
Todo comienza con algo tan típico como la suerte, como algo tan típico como que te toca en la lotería X, diez millones de euros- antes soñábamos en pesetas-. Ahora en navidades es muy común este sueño, también las conversaciones cuando nos acercamos al día 22: El día en el que todos somos afortunados si tenemos salud.
¿Qué hacer con tanto dinero?
Imaginen, imaginen que es lo que harían si les tocara esta cantidad de dinero, tómense el tiempo que necesiten, dejen correr a la imaginación y a los deseos sin prisa y luego, si quieren, sigan leyendo.
Ya pueden parar de imaginar, con toda probabilidad se podría reducir todo a estas dos palabras: Comprar o Pagar.
¿Qué es lo que se puede comprar con diez millones de euros?
Casas, coches, motos, viajes, muebles, decoración, arte, viajes, servicios...
También se puede ayudar a los demás para que puedan...COMPRAR o Pagar Las COMPRAS.
A tus abuelos, padres, hermanos, primos, tíos, amigos, puedes regalarles dinero a todos ellos, una parte de tu suerte, para aliviarles cargas y te quieran más.
Bien, ya tenemos todo lo que necesitamos, incluso el agradecimiento de todos los que más nos importan.
¿Y salud qué, tenemos más salud?
Pues sí, al menos más probabilidades de prevenir y de curar las enfermedades. No trabajar con la obligación de una franja horaria, permite tener tiempo para dedicarle al cuerpo. Y el dinero permite comprar a los mejores especialistas y las mejores técnicas de salud.
¿Y el amor?, ¿Se puede comprar el amor?
No. El amor no se puede comprar. Pero no me negarán que sin los problemas que crea una economía precaria es infinitamente más fácil llevarse bien, es decir, conservar más el amor. Le llamaremos amor en conserva, a aquel amor que siendo igual a otro se puede conservar más tiempo, gracias al dinero con el que podemos eliminar todos los condicionamientos que nos llevan a discutir si debemos comprar esto primero u esto otro, si viajamos aquí o a allá, si tú te compraste esto a mi me toca aquello, si no podemos salir porque no podemos dejar a los niños con nadie, etc, etc, etc...
Y no hablemos del hastío y el aburrimiento...parece obvio que resulta más fácil divertirse cuando hay abundancia de dinero, en nuestra sociedad el ocio se compra siempre. ¿A quién no le gusta viajar, descubrir nuevas culturas, disfrutar de todo lo que ofrece el mundo con la bolsa llena, muy llena?
Creo poder decirles que ya pueden dejar de soñar despiertos, la verdad es que no nos han tocado diez millones. Se fastidió todo, lo siento.
Alguien pudo decir que todo es negocio, no estoy de acuerdo, yo matizaría diciendo que todo es relativamente negociable, con dinero por supuesto. ¿O no?
Pues no, me niego a que el rey midas determine mi felicidad y la de los demás, me niego a estar “metalisau”, como escuchó decir una buena amiga mía de una abuela a su nieto en la puerta de un kiosco, me niego a disfrutar de viajes, de cómodos transportes en primera clase, de la mejor gastronomía de cada país, me niego a que me quieran modelos bellísimas como a los futbolistas ricos y feos, me niego a tener tanto tiempo de ocio y que me llamen gandul o cosas peores, me niego al maravilloso disfrute de construir a base de esfuerzo y dedicación mis bienes y mi futuro, me niego a distribuir mi tiempo descansando cuando esté cansado, comer lo que me apetezca cuando tenga hambre, moverme en el coche más seguro y cómodo de la tierra, dedicarle tiempo a hacer feliz a mi pareja y a mis hijos, me niego a disfrutar de la soledad reflexiva cuando me de la gana, me niego a comprar o construir la casa ideal con tanta comodidad, espacio y zonas verdes, me niego a ser comodón, un gentelman individualista y esteta , aún sabiendo que somos las personas, los únicos seres vivos que hacemos de lo contingente algo necesario. Y a eso le llamamos progreso.
Me niego a tanto bienestar material, dónde está el espíritu y los valores inmateriales. Quiero respirar, comer, beber, tener un techo, mear, cagar, hacer el amor, reunirme para compartir con mi familia y amigos y ayudar a los demás. Así quiero sentirme feliz.
Yo llevo el número ochenta y cuatro mil doscientos noventa y tres, también cinco apuestas al Euro-Millón de ésta semana. ¿Y ustedes?
Son muchos los seres humanos que en esta época de abundancia superflua, como pudo decir Erich Fromm, son capaces de dejar de pensar en tener para dedicarse al disfrute de la imaginación: A soñar despiertos.
Como les decía les contaré un sueño:
Todo comienza con algo tan típico como la suerte, como algo tan típico como que te toca en la lotería X, diez millones de euros- antes soñábamos en pesetas-. Ahora en navidades es muy común este sueño, también las conversaciones cuando nos acercamos al día 22: El día en el que todos somos afortunados si tenemos salud.
¿Qué hacer con tanto dinero?
Imaginen, imaginen que es lo que harían si les tocara esta cantidad de dinero, tómense el tiempo que necesiten, dejen correr a la imaginación y a los deseos sin prisa y luego, si quieren, sigan leyendo.
Ya pueden parar de imaginar, con toda probabilidad se podría reducir todo a estas dos palabras: Comprar o Pagar.
¿Qué es lo que se puede comprar con diez millones de euros?
Casas, coches, motos, viajes, muebles, decoración, arte, viajes, servicios...
También se puede ayudar a los demás para que puedan...COMPRAR o Pagar Las COMPRAS.
A tus abuelos, padres, hermanos, primos, tíos, amigos, puedes regalarles dinero a todos ellos, una parte de tu suerte, para aliviarles cargas y te quieran más.
Bien, ya tenemos todo lo que necesitamos, incluso el agradecimiento de todos los que más nos importan.
¿Y salud qué, tenemos más salud?
Pues sí, al menos más probabilidades de prevenir y de curar las enfermedades. No trabajar con la obligación de una franja horaria, permite tener tiempo para dedicarle al cuerpo. Y el dinero permite comprar a los mejores especialistas y las mejores técnicas de salud.
¿Y el amor?, ¿Se puede comprar el amor?
No. El amor no se puede comprar. Pero no me negarán que sin los problemas que crea una economía precaria es infinitamente más fácil llevarse bien, es decir, conservar más el amor. Le llamaremos amor en conserva, a aquel amor que siendo igual a otro se puede conservar más tiempo, gracias al dinero con el que podemos eliminar todos los condicionamientos que nos llevan a discutir si debemos comprar esto primero u esto otro, si viajamos aquí o a allá, si tú te compraste esto a mi me toca aquello, si no podemos salir porque no podemos dejar a los niños con nadie, etc, etc, etc...
Y no hablemos del hastío y el aburrimiento...parece obvio que resulta más fácil divertirse cuando hay abundancia de dinero, en nuestra sociedad el ocio se compra siempre. ¿A quién no le gusta viajar, descubrir nuevas culturas, disfrutar de todo lo que ofrece el mundo con la bolsa llena, muy llena?
Creo poder decirles que ya pueden dejar de soñar despiertos, la verdad es que no nos han tocado diez millones. Se fastidió todo, lo siento.
Alguien pudo decir que todo es negocio, no estoy de acuerdo, yo matizaría diciendo que todo es relativamente negociable, con dinero por supuesto. ¿O no?
Pues no, me niego a que el rey midas determine mi felicidad y la de los demás, me niego a estar “metalisau”, como escuchó decir una buena amiga mía de una abuela a su nieto en la puerta de un kiosco, me niego a disfrutar de viajes, de cómodos transportes en primera clase, de la mejor gastronomía de cada país, me niego a que me quieran modelos bellísimas como a los futbolistas ricos y feos, me niego a tener tanto tiempo de ocio y que me llamen gandul o cosas peores, me niego al maravilloso disfrute de construir a base de esfuerzo y dedicación mis bienes y mi futuro, me niego a distribuir mi tiempo descansando cuando esté cansado, comer lo que me apetezca cuando tenga hambre, moverme en el coche más seguro y cómodo de la tierra, dedicarle tiempo a hacer feliz a mi pareja y a mis hijos, me niego a disfrutar de la soledad reflexiva cuando me de la gana, me niego a comprar o construir la casa ideal con tanta comodidad, espacio y zonas verdes, me niego a ser comodón, un gentelman individualista y esteta , aún sabiendo que somos las personas, los únicos seres vivos que hacemos de lo contingente algo necesario. Y a eso le llamamos progreso.
Me niego a tanto bienestar material, dónde está el espíritu y los valores inmateriales. Quiero respirar, comer, beber, tener un techo, mear, cagar, hacer el amor, reunirme para compartir con mi familia y amigos y ayudar a los demás. Así quiero sentirme feliz.
Yo llevo el número ochenta y cuatro mil doscientos noventa y tres, también cinco apuestas al Euro-Millón de ésta semana. ¿Y ustedes?
martes, 8 de diciembre de 2009
Héroes de Invierno
Llegó el frío, este año, un poco antes del puente de diciembre. Después de un mes de noviembre extrañamente cálido. Los resfriados y gripes cunden y en las calles solitarias, algún que otro caminante podría percibir el reflejo de un cierto miedo a los virus y a la temperatura invernal.
Por una parte está la depresión económica y por otra, la ambiental, el frío asociado generalmente al no placer. Cuántas veces la pereza en el calor del hogar nos sumerge sin darnos cuenta en la apatía de la constante inacción. Cada vez salir y relacionarnos se convierte en algo más frío. No se si tiene que ver con las decepciones que las experiencias nos traen al paso de los años o con la dificultad de distinguir, identificar y comunicar las emociones (Alexitimia). Lo bien seguro es que cuando uno no se encuentra bien es muy difícil transmitir en positivo. La alegría, para mi especialmente unida a la ilusión, la imaginación, la novedad y la sorpresa, parece ir decreciendo según vamos madurando. Los envites de la realidad más cutre, la incomprensión de algunas actitudes y los propios errores y fracasos van minado esta emoción tan increíblemente positiva. De hecho el ejemplo más claro y recurrente sería como postergamos las risas para el fin de semana compartimentadas y clasificadas dependiendo de los distintos grupos con los que decidimos reunirnos. Otro buen ejemplo se aprecia en las relaciones nuevas o en personas de especial interés para cualquiera de nosotros. La actitud cambia, y lo mejor o lo peor de nosotros mismos aflora como petróleo en la película Gigante.
Una de las cosas que más me llaman la atención en las personas es la capacidad que tenemos de cambiar de ánimo en un milisegundo. También, por el contario, la capacidad de algunas personas de (aparentemente) no inmutarse por casi nada. Hablo de esas personas-supongo todos conocemos-que nunca nos han mostrado una cara distinta a la de siempre. Después de 30 años siguen expresando lo mismo. Ni un solo día han bajado la guardia, haga frío o calor. Aunque no estoy seguro de haberlas visto cuando hace frío ó cuando no son fiestas de guardar.
De lo que no hay duda es que las personas tendemos al rebaño. Tengo la teoría que en los últimos cien años las manadas han ido por un a parte aumentando en paralelo con los deseos del sistema de consumo y por otra parte, han ido disminuyendo y reordenándose, incluso, de una forma gregaria, en una infructuosa búsqueda de comunión basada en la repetición y en la rutina tratando de encontrar seguridad y compañía. Recuerdos con los que alimentar el presente tratando de maquillarlo hasta verlo tan bonito como en cada momento convenga.
Creo que hace demasiados años que nos dicen como tenemos que disfrutar, dónde, cómo, cuando, incluso con quién, siempre se olvidan del por qué. Hace demasiados años que me oigo y oigo decir, deberían hacer, podríamos haber hecho, no salimos porque no hay nada interesante que hacer. Y la verdad, creo que hay una parte real, pero la mayoría es una auténtica y sencilla mentira, como tantas otras que nos contamos unos a otros para justificar nuestra falta de ilusión, imaginación y ganas de vivir. Es la alegría ese motor, las ganas de darnos lo mejor que podamos, las ganas de dar lo mejor que podamos, la maravillosa sensación de sentirse vivir siendo protagonistas de nuestra fiesta o de nuestro aburrimiento.
Llevo muchos años viendo a personas que no han querido comulgar con las tendencias, o aún comulgando, han tratado de poner su gotita de risa o de fresa en la ésta gran verbena, y durante todos estos años, unos han caído en la autodestrucción, otros han deshecho su propio camino, destrozando cualquier atisbo de ilusión, otros siguen, marginados o auto-marginados, en las barras de los bares contando historias de todo tipo que a la postre solo hablan de amor o de dolor, mientras gritan la rabia contenida al final de la noche, cuando las copas han rebasado sus límites de autocontrol.
Son mis héroes, son los raros, los que no tienen buena imagen para presentarse a concejal de pueblo, los que hablan con extraños y hacen amigos en una hora, los que escuchan para no escuchar sus propias voces, los que ríen y tienen pata porque se han arriesgado a vivir, han soñado y han conseguido construir alguna vez sus sueños, por eso siempre tienen algo que contar, son los que repiten hermosas historias que ya no se creen del todo, los que sonríen cuando se abre la puerta y se va llenando el local. Son mis héroes, los buscadores sinceros de la alegría, los juglares de la risa y el talento, las personas que escriben la realidad persiguiendo sus propias palabras que saben compartir, esos locos de ojos vidriosos en los que se refleja cualquier luz.
Paseando por la nieve te lo cuento.
Por una parte está la depresión económica y por otra, la ambiental, el frío asociado generalmente al no placer. Cuántas veces la pereza en el calor del hogar nos sumerge sin darnos cuenta en la apatía de la constante inacción. Cada vez salir y relacionarnos se convierte en algo más frío. No se si tiene que ver con las decepciones que las experiencias nos traen al paso de los años o con la dificultad de distinguir, identificar y comunicar las emociones (Alexitimia). Lo bien seguro es que cuando uno no se encuentra bien es muy difícil transmitir en positivo. La alegría, para mi especialmente unida a la ilusión, la imaginación, la novedad y la sorpresa, parece ir decreciendo según vamos madurando. Los envites de la realidad más cutre, la incomprensión de algunas actitudes y los propios errores y fracasos van minado esta emoción tan increíblemente positiva. De hecho el ejemplo más claro y recurrente sería como postergamos las risas para el fin de semana compartimentadas y clasificadas dependiendo de los distintos grupos con los que decidimos reunirnos. Otro buen ejemplo se aprecia en las relaciones nuevas o en personas de especial interés para cualquiera de nosotros. La actitud cambia, y lo mejor o lo peor de nosotros mismos aflora como petróleo en la película Gigante.
Una de las cosas que más me llaman la atención en las personas es la capacidad que tenemos de cambiar de ánimo en un milisegundo. También, por el contario, la capacidad de algunas personas de (aparentemente) no inmutarse por casi nada. Hablo de esas personas-supongo todos conocemos-que nunca nos han mostrado una cara distinta a la de siempre. Después de 30 años siguen expresando lo mismo. Ni un solo día han bajado la guardia, haga frío o calor. Aunque no estoy seguro de haberlas visto cuando hace frío ó cuando no son fiestas de guardar.
De lo que no hay duda es que las personas tendemos al rebaño. Tengo la teoría que en los últimos cien años las manadas han ido por un a parte aumentando en paralelo con los deseos del sistema de consumo y por otra parte, han ido disminuyendo y reordenándose, incluso, de una forma gregaria, en una infructuosa búsqueda de comunión basada en la repetición y en la rutina tratando de encontrar seguridad y compañía. Recuerdos con los que alimentar el presente tratando de maquillarlo hasta verlo tan bonito como en cada momento convenga.
Creo que hace demasiados años que nos dicen como tenemos que disfrutar, dónde, cómo, cuando, incluso con quién, siempre se olvidan del por qué. Hace demasiados años que me oigo y oigo decir, deberían hacer, podríamos haber hecho, no salimos porque no hay nada interesante que hacer. Y la verdad, creo que hay una parte real, pero la mayoría es una auténtica y sencilla mentira, como tantas otras que nos contamos unos a otros para justificar nuestra falta de ilusión, imaginación y ganas de vivir. Es la alegría ese motor, las ganas de darnos lo mejor que podamos, las ganas de dar lo mejor que podamos, la maravillosa sensación de sentirse vivir siendo protagonistas de nuestra fiesta o de nuestro aburrimiento.
Llevo muchos años viendo a personas que no han querido comulgar con las tendencias, o aún comulgando, han tratado de poner su gotita de risa o de fresa en la ésta gran verbena, y durante todos estos años, unos han caído en la autodestrucción, otros han deshecho su propio camino, destrozando cualquier atisbo de ilusión, otros siguen, marginados o auto-marginados, en las barras de los bares contando historias de todo tipo que a la postre solo hablan de amor o de dolor, mientras gritan la rabia contenida al final de la noche, cuando las copas han rebasado sus límites de autocontrol.
Son mis héroes, son los raros, los que no tienen buena imagen para presentarse a concejal de pueblo, los que hablan con extraños y hacen amigos en una hora, los que escuchan para no escuchar sus propias voces, los que ríen y tienen pata porque se han arriesgado a vivir, han soñado y han conseguido construir alguna vez sus sueños, por eso siempre tienen algo que contar, son los que repiten hermosas historias que ya no se creen del todo, los que sonríen cuando se abre la puerta y se va llenando el local. Son mis héroes, los buscadores sinceros de la alegría, los juglares de la risa y el talento, las personas que escriben la realidad persiguiendo sus propias palabras que saben compartir, esos locos de ojos vidriosos en los que se refleja cualquier luz.
Paseando por la nieve te lo cuento.
martes, 24 de noviembre de 2009
La palabra es del otro
“¡Oh rosa, oh pura contradicción
voluptuosidad de no ser el sueño de nadie bajo tantos párpados!”
Estas palabras de Rainer María Rilke, las escribió para su epitafio muchos años antes de su fallecimiento, ocurrencias del azar, las pequeñas heridas que le causaron las espinas de una rosa, multiplicadas al ser hemofílico, le produjo la muerte. Premonitorias sus palabras y desconcertante la coincidencia con la realidad.
Algo de premonitorio y de coincidente está muchas veces presente en nuestras vidas, de hecho a veces el azar se despacha especialmente a gusto con algunas personas, en sentido positivo o negativo, incluso sin sentido, al menos, ante la razón.
“La poesía es lo otro”
Estas palabras del querido Darío Cervera que fueron escritas hace muchos años, coincidentemente me persiguen desde entonces, incluso me atreví a parafrasearlas hace algunos años con ésta: La realidad es lo otro. Premonitorio. Lo hice cuando me di cuenta de que las personas proyectamos nuestras emociones en los demás creyendo que los otros sienten o deberían sentir lo mismo. Y, claramente, no es así. De hecho, esta aparente pequeña fantasía, resulta letal en las relaciones humanas de todo tipo, especialmente en las de pareja y las de padres e hijos.
Cuando murió Darío, demasiado joven y demasiado rápido, sentí de nuevo la vara del azar como un azote, aún no siendo un amigo de roce diario, sí lo fue en mis adentros. Fueron sus palabras y su actitud vital un lazo intenso, al menos, para un conocido grupo de personas entre las que me incluyo. Su mirada honda hacia la vida y su sensibilidad, a través de sus palabras y actos, concluyeron en esa comunicación emocional que en direcciones infinitas transporta experiencias de un mayor calado, profundas como el fondo de un océano, siempre del todo inescrutable. Es la magia de la vida y la palabra que Darío manejó como un singular maestro.
“La vida, precioso, preciado fruto, tiene un duro hueso dentro: la muerte, ¿semilla de qué?”
Estas palabras de Lorenzo Oliván y muchas más, dentro de una cajita del tiempo, me las regaló una querida amiga hace algunos años, desde entonces guardo en su interior-así me lo sugirió ella y me pareció exquisito-palabras que en el transcurso de los años han tenido para mi un significado especial por variopintos motivos, pequeños regalos que caen en tus manos por puro azar pero que se convierten en coincidencias al roce con la realidad, con el día a día y lo que te va ocurriendo, algunas de ellas premonitorias hasta el susto. Cuando uno abre un libro, a veces comienza el siguiente capítulo y todo lo que va a leer le está sucediendo o tiene mucho que ver con lo que estamos sintiendo, reflexionando ó sufriendo… en ese justo momento, como diría Paulo Coelhlo : “El Universo entero conspira para que pueda(s) realizar(…). Basta con escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras, el que muestra aquello que los ojos no pueden ver.” Me pregunto si más allá de nuestros límites otras realidades conspiran… y si así lo fuera, ¿de qué depende, de nuestra voluntad y actitud conscientes o de todo aquello que no vemos aunque sí sentimos?
“Yo y lo demás, cuando no me derrumbo, somos como dos, y cuando me derrumbo, somos como uno.”
Estas palabras se las robé a Antonio Porchia de su libro Voces Reunidas, coincidentes y premonitorias ante las circunstancias actuales y junto a la actitud de cada uno de nosotros ante los derrumbes propios y ajenos. En su discriminación está la respuesta, quizá en atender a esos “dictados del corazón” que nos sumergen en la desesperación y el sufrimiento. No siempre el Universo parece conspirar en nuestro favor, tampoco nuestra actitud. Seguramente es necesario en una época de tanto vació y tanta superficialidad, escuchar otras voces para reencontrar los propios dictados del corazón, aquello que nos llena y nos hace crecer pese a las circunstancias y precisamente por ellas. La fortaleza no está en la fuerza física sino en comprender la energía que nos mueve y sobre todo en no usarla en contra de nosotros mismos.
Acaba el mes en el que se conmemora el día de la(os) muerte(os), el final de la vida llegará cuando tenga que llegar, pero mientras tanto, tendremos que estar muy atentos a toda esas partes autodestructivas que todos nos aplicamos, muchas veces sin darnos cuenta, la mayoría. Cuidarnos y cuidar posiblemente sea la mejor manera de darle buenas pistas al Universo.
No se si la suerte es o no es, existe o no existe, tampoco si hay energías cosmogónicas que condicionan la vida, ni siquiera estoy seguro de que los (s)eres humanos como género seamos capaces de promover la vida por encima de todo. Pero de lo que sí estoy seguro es que en días como estos las mejores recetas pasan por pensar bien nuestro propio menú, sin olvidar, los que otras personas han ido creando desde su imaginación y sentir a lo largo de lo años.
voluptuosidad de no ser el sueño de nadie bajo tantos párpados!”
Estas palabras de Rainer María Rilke, las escribió para su epitafio muchos años antes de su fallecimiento, ocurrencias del azar, las pequeñas heridas que le causaron las espinas de una rosa, multiplicadas al ser hemofílico, le produjo la muerte. Premonitorias sus palabras y desconcertante la coincidencia con la realidad.
Algo de premonitorio y de coincidente está muchas veces presente en nuestras vidas, de hecho a veces el azar se despacha especialmente a gusto con algunas personas, en sentido positivo o negativo, incluso sin sentido, al menos, ante la razón.
“La poesía es lo otro”
Estas palabras del querido Darío Cervera que fueron escritas hace muchos años, coincidentemente me persiguen desde entonces, incluso me atreví a parafrasearlas hace algunos años con ésta: La realidad es lo otro. Premonitorio. Lo hice cuando me di cuenta de que las personas proyectamos nuestras emociones en los demás creyendo que los otros sienten o deberían sentir lo mismo. Y, claramente, no es así. De hecho, esta aparente pequeña fantasía, resulta letal en las relaciones humanas de todo tipo, especialmente en las de pareja y las de padres e hijos.
Cuando murió Darío, demasiado joven y demasiado rápido, sentí de nuevo la vara del azar como un azote, aún no siendo un amigo de roce diario, sí lo fue en mis adentros. Fueron sus palabras y su actitud vital un lazo intenso, al menos, para un conocido grupo de personas entre las que me incluyo. Su mirada honda hacia la vida y su sensibilidad, a través de sus palabras y actos, concluyeron en esa comunicación emocional que en direcciones infinitas transporta experiencias de un mayor calado, profundas como el fondo de un océano, siempre del todo inescrutable. Es la magia de la vida y la palabra que Darío manejó como un singular maestro.
“La vida, precioso, preciado fruto, tiene un duro hueso dentro: la muerte, ¿semilla de qué?”
Estas palabras de Lorenzo Oliván y muchas más, dentro de una cajita del tiempo, me las regaló una querida amiga hace algunos años, desde entonces guardo en su interior-así me lo sugirió ella y me pareció exquisito-palabras que en el transcurso de los años han tenido para mi un significado especial por variopintos motivos, pequeños regalos que caen en tus manos por puro azar pero que se convierten en coincidencias al roce con la realidad, con el día a día y lo que te va ocurriendo, algunas de ellas premonitorias hasta el susto. Cuando uno abre un libro, a veces comienza el siguiente capítulo y todo lo que va a leer le está sucediendo o tiene mucho que ver con lo que estamos sintiendo, reflexionando ó sufriendo… en ese justo momento, como diría Paulo Coelhlo : “El Universo entero conspira para que pueda(s) realizar(…). Basta con escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras, el que muestra aquello que los ojos no pueden ver.” Me pregunto si más allá de nuestros límites otras realidades conspiran… y si así lo fuera, ¿de qué depende, de nuestra voluntad y actitud conscientes o de todo aquello que no vemos aunque sí sentimos?
“Yo y lo demás, cuando no me derrumbo, somos como dos, y cuando me derrumbo, somos como uno.”
Estas palabras se las robé a Antonio Porchia de su libro Voces Reunidas, coincidentes y premonitorias ante las circunstancias actuales y junto a la actitud de cada uno de nosotros ante los derrumbes propios y ajenos. En su discriminación está la respuesta, quizá en atender a esos “dictados del corazón” que nos sumergen en la desesperación y el sufrimiento. No siempre el Universo parece conspirar en nuestro favor, tampoco nuestra actitud. Seguramente es necesario en una época de tanto vació y tanta superficialidad, escuchar otras voces para reencontrar los propios dictados del corazón, aquello que nos llena y nos hace crecer pese a las circunstancias y precisamente por ellas. La fortaleza no está en la fuerza física sino en comprender la energía que nos mueve y sobre todo en no usarla en contra de nosotros mismos.
Acaba el mes en el que se conmemora el día de la(os) muerte(os), el final de la vida llegará cuando tenga que llegar, pero mientras tanto, tendremos que estar muy atentos a toda esas partes autodestructivas que todos nos aplicamos, muchas veces sin darnos cuenta, la mayoría. Cuidarnos y cuidar posiblemente sea la mejor manera de darle buenas pistas al Universo.
No se si la suerte es o no es, existe o no existe, tampoco si hay energías cosmogónicas que condicionan la vida, ni siquiera estoy seguro de que los (s)eres humanos como género seamos capaces de promover la vida por encima de todo. Pero de lo que sí estoy seguro es que en días como estos las mejores recetas pasan por pensar bien nuestro propio menú, sin olvidar, los que otras personas han ido creando desde su imaginación y sentir a lo largo de lo años.
domingo, 8 de noviembre de 2009
¿Por qué el corazón no puede olvidar?
Escuchó el sonido de un viento fuerte, un silbido potente, casi un rugido. Asustado comprobó y cerró todas las ventanas, algunas golpeaban los marcos con la fuerza agresiva de un portazo después de una pelea definitiva entre enamorados. Recorrió los pasillos de la casa grande descalzo, con la intención de no hacer ruido alguno que pudiese despertar a los propios fantasmas. La madera del suelo crujía suave con un sonido antiguo y mudo. Apagó algunas luces y encendió otras intentando sofocar un incendio que variaba su origen por momentos. Decidió de entre diecinueve estancias la biblioteca, le pareció el lugar más seguro, supongo que por ese calor que desprenden los libros en los estantes, llenos de colores y formas distintas creando un todo armónico. La chimenea encendida fue otra buena razón, pero sin duda, la más decisiva de ellas fue el enorme globo terráqueo convertido en madera y en un arca que contenía el alcohol de toda la casa. Dicen que no hay mejor ansiolítico, la pena es que reviente el hígado- se dijo.
Se sirvió un gran trago de vodka ruso, tratando de recomponer su cuerpo tembloroso. Su frente ahora ardía de calor y el estómago se contrajo como los abdominales de Bruce Lee en una de sus mejores interpretaciones para el cine.
Le gustaba el cine desde muy niño, su mayor entretenimiento y quizá uno de sus educadores más peligrosos. Las imágenes de una ilusión removían poco a poco y año a año todos sus deseos, hasta inundarlo, hasta convencerlo de que aquellas fantasiosas imágenes podía convertirlas en realidad. Pensó mil veces en mil planes que en el fondo se resumían en una frase: Convertir sus sueños en realidad. Murió de tanto sufrimiento.
Las preguntas que me surgieron aquí fueron: ¿Cómo se construyen los deseos y de dónde vienen? ¿Es uno mismo el creador y autor de sus anhelos?
Las respuestas no eran fáciles, al menos, las que parecían cobrar sentido desde la razón y el sosiego. Cómo saber si lo que sientes es una pulsión, una tendencia, un instinto, un deseo, un sentimiento, una emoción propia o simplemente una repetición de todo lo mamado y percibido en burbujas ajenas a una realidad cambiante. La respuesta quizá está escondida en cada experiencia, en cada sensación necesaria, en cada sueño convertido en la energía que nos mueve a actuar, quizá a levantarnos cada mañana en busca de la experiencia creativa. Cada uno la suya, cada uno la que le conduce directamente al bienestar y la satisfacción.
Un diálogo entre lo imaginario y lo real se mostraba ante mis ojos como el único camino posible si quería alcanzar con éxito el sentido que esencialmente contiene el bienestar. Quizá por ello, algunas veces, navegamos río arriba, a contracorriente, y otras, nos dejamos llevar por ella. Propio del pensamiento es recrear en la imaginación el futuro y pretender conseguir cogerlo con las manos. Buscar las fórmulas para llegar a realizar y conseguir nuestros objetivos.
Una vez conseguido aparece el sabor de la satisfacción. Al contrario, el fracaso. Cómo retener esas emociones y actitudes cuando se ha llegado supuestamente a la meta. Independientemente del resultado todo quedará grabado en la memoria como una experiencia intensa. Habrán intervenido la fantasía y la realidad, cada uno en su medida, también la influencia que produce la interacción con todo aquello que está fuera de nuestros límites: los demás y las circunstancias, quizá… incluso partes de nosotros mismos.
Al darnos cuenta, aparece una sensación que camina hacia el pensamiento, aportándonos el necesario conocimiento, la mirada honda e interior del autoconocimiento se traslada al fondo de nuestros semejantes, generando el arma más importante y potente a la que el ser humano tiene acceso: La perspectiva humana. Su resultado se expresa muy bien en este párrafo de José Antonio Marina de su libro la Inteligencia Fracasada: “El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia. Ambas están unidas por parentescos casi olvidados”.
Ningún ser humano puede encontrar la felicidad solo, por eso busca y busca, de dentro a afuera tratando de encontrar. Cada uno, a través de sus deseos y sentimientos, compone la pócima que cree necesitar y con cada experiencia va cambiando la fórmula, precisamente por eso los corazones no pueden olvidar, pese a que algunos de esos jugos envenenen. Es el dolor un gran escultor –como alguien dijo del tiempo-si no te lleva a la muerte o si no te mantiene en un constante sufrimiento.
Por ello volvemos al libro de Marina para recuperar estas palabras: “Son inteligentes las sociedades justas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad-privada o pública-, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha. La desdicha privada es dolor. La desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia”.
Es tan lúcida la pasión después del paso del tiempo.
Se sirvió un gran trago de vodka ruso, tratando de recomponer su cuerpo tembloroso. Su frente ahora ardía de calor y el estómago se contrajo como los abdominales de Bruce Lee en una de sus mejores interpretaciones para el cine.
Le gustaba el cine desde muy niño, su mayor entretenimiento y quizá uno de sus educadores más peligrosos. Las imágenes de una ilusión removían poco a poco y año a año todos sus deseos, hasta inundarlo, hasta convencerlo de que aquellas fantasiosas imágenes podía convertirlas en realidad. Pensó mil veces en mil planes que en el fondo se resumían en una frase: Convertir sus sueños en realidad. Murió de tanto sufrimiento.
Las preguntas que me surgieron aquí fueron: ¿Cómo se construyen los deseos y de dónde vienen? ¿Es uno mismo el creador y autor de sus anhelos?
Las respuestas no eran fáciles, al menos, las que parecían cobrar sentido desde la razón y el sosiego. Cómo saber si lo que sientes es una pulsión, una tendencia, un instinto, un deseo, un sentimiento, una emoción propia o simplemente una repetición de todo lo mamado y percibido en burbujas ajenas a una realidad cambiante. La respuesta quizá está escondida en cada experiencia, en cada sensación necesaria, en cada sueño convertido en la energía que nos mueve a actuar, quizá a levantarnos cada mañana en busca de la experiencia creativa. Cada uno la suya, cada uno la que le conduce directamente al bienestar y la satisfacción.
Un diálogo entre lo imaginario y lo real se mostraba ante mis ojos como el único camino posible si quería alcanzar con éxito el sentido que esencialmente contiene el bienestar. Quizá por ello, algunas veces, navegamos río arriba, a contracorriente, y otras, nos dejamos llevar por ella. Propio del pensamiento es recrear en la imaginación el futuro y pretender conseguir cogerlo con las manos. Buscar las fórmulas para llegar a realizar y conseguir nuestros objetivos.
Una vez conseguido aparece el sabor de la satisfacción. Al contrario, el fracaso. Cómo retener esas emociones y actitudes cuando se ha llegado supuestamente a la meta. Independientemente del resultado todo quedará grabado en la memoria como una experiencia intensa. Habrán intervenido la fantasía y la realidad, cada uno en su medida, también la influencia que produce la interacción con todo aquello que está fuera de nuestros límites: los demás y las circunstancias, quizá… incluso partes de nosotros mismos.
Al darnos cuenta, aparece una sensación que camina hacia el pensamiento, aportándonos el necesario conocimiento, la mirada honda e interior del autoconocimiento se traslada al fondo de nuestros semejantes, generando el arma más importante y potente a la que el ser humano tiene acceso: La perspectiva humana. Su resultado se expresa muy bien en este párrafo de José Antonio Marina de su libro la Inteligencia Fracasada: “El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia. Ambas están unidas por parentescos casi olvidados”.
Ningún ser humano puede encontrar la felicidad solo, por eso busca y busca, de dentro a afuera tratando de encontrar. Cada uno, a través de sus deseos y sentimientos, compone la pócima que cree necesitar y con cada experiencia va cambiando la fórmula, precisamente por eso los corazones no pueden olvidar, pese a que algunos de esos jugos envenenen. Es el dolor un gran escultor –como alguien dijo del tiempo-si no te lleva a la muerte o si no te mantiene en un constante sufrimiento.
Por ello volvemos al libro de Marina para recuperar estas palabras: “Son inteligentes las sociedades justas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad-privada o pública-, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha. La desdicha privada es dolor. La desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia”.
Es tan lúcida la pasión después del paso del tiempo.
jueves, 29 de octubre de 2009
Todavíअ नो से एल título
Para Emily
Abrió la boca y tragó el corazón sin masticar, de un solo bocado. Pensó en la píldora que todo lo cura. Tenía la certeza de que con dos corazones iba a conseguir parar la dolorosa intranquilidad que produce la soledad constante. No se le ocurrió nada mejor que tener uno de repuesto. Lo había visto muchas veces en el cine, corazones juntos de noventa a ciento veinte minutos rodeados de belleza y pulcritud. Estaba claro, si falla el mío-se decía- no desapareceré oculto tras la niebla de quien no importa a nadie. El otro se pondrá en marcha bombeando la sangre que riega mi cuerpo hasta que el propio vuelva a funcionar. Lo había visto tantas veces, lo había escuchado tantas veces, había oído confesiones afirmándolo y buscándolo tantas veces. Finalmente llegó a creer firmemente poder vivir con el corazón de otro, incluso con dos corazones a la vez- ésta era su versión preferida- y no creía poder vivir bien solo con su propio corazón, bombeando único, tan frágil y liviano, le asustaba hasta el pánico saber que todo dependía de él.
Por eso había salido miles de noches y algún día buscando aquel corazón de repuesto sin conseguirlo. Muchas veces se acercó a escuchar otros, sus pálpitos, los abrazaba, los tocaba, lamía los pechos hasta caer rendido, dejaba apoyada la cabeza entre los dos pezones y seguía escuchando su ritmo hasta quedar dormido. El calor de una piel junto a otra creaba un ambiente necesario. Al pasar las horas despertaba, después de un orgasmo imitado, casi mecánico, y se marchaba al alba caminado sobre calles vacías de luz. Quizá escuchaba el sonido de un automóvil circulando, el camión de la basura recogiendo contenedores llenos de corazones rotos y desperdicios, los gritos de una mujer borracha agudos como los de una hiena, el abrir de las braguetas calientes llenas de penes y huevos a punto de reventar. Pero sobre todo escuchaba una voz propia que no paraba, el grito de un cuervo construido en el oído para estos momentos. Y un mensaje: Necesitas otro corazón no es suficiente con el tuyo, es peligroso, muy peligroso en el futuro, hay que sobrevivir, construir los deseos que ocupan a todos, sobre todo uno, seguridad.
Una suave lluvia comenzó a humedecer sus mejillas calientes, durante unos minutos escuchó únicamente sus pasos. Despertó de inmediato al olor del pan recién hecho. En la puerta del horno de los borrachos un grupo de adolescentes reían, corrían y se empujaban, a la vez que comían trozos de comida indigerible.
Compró un completo y una botella de agua, salió a la calle, se sentó en un banco y se lo comió ávidamente, mientras observaba a una pareja follando dentro del coche, un borracho durmiendo encima de sus vómitos mientras sus amigos reían como si tuviese gracia, y una bella prostituta que se subía a un coche que solo pueden pagar algunos.
Terminó el último bocado y siguió caminado con todas las imágenes en la cabeza, volteándose como una campana cuando avisa de un peligro o quizá de una alegría, todas ellas y a la vez pasando deprisa ante los ojos invisibles de la memoria. Pensó que todas las percepciones de una vida caben en ella. Se aturulló y con amabilidad le pidió árnica a su cabeza. Durante unos instantes la petición había surtido efecto, caminó tranquilo hacia su casa, respirando el aire húmedo y fresco de una extraña mañana de lluvia. Recordó cuando a la luz de una vela alguien le dijo: “Me gusta la lluvia, tantas lágrimas a la vez esconden las mías, cuando llueve lloro en público hasta cansarme sin que nadie me mire extrañado”.
Llegó al portal, durante todo el tiempo había escuchado latir los dos corazones en sus adentros sin conseguir la calma que buscaba. Seguía sintiéndose solo, arrinconado, discriminado, incomprendido, su única salida era seguir dando vueltas a la noria buscando la zanahoria (de Ana L). Nunca conseguiría hacerse con ella y lo sabía. Subió a su casa y encendió la chimenea. Mirando las llamas recordó cada círculo recorrido y repetido. Un pinchazo intenso y doloroso recorrió su vientre de punta a punta llevándose consigo todo lo pensado y sentido. Nada ahora tenía sentido, quizá tampoco antes.
Entre el segundo y tercer pinchazo se dio cuenta: El corazón que se tragó no se quedó en el pecho como él esperaba, se quedó dando vueltas y vueltas en el estómago. Ninguna seguridad consiguió en corazón ajeno, acaso una emoción potente y roja que recorrió todo el cuerpo como la sangre. Y un atisbo de esperanza despistada. Y ratos de compañía solo. Y ganas de ser en otro, proyectando todos los deseos propios.
Sus ojos se abrieron como puños convertidos en manos y recordó las palabras de Darío Jaramillo: “… aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina/ dentro de ti/ y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso; /pero no olvides, especialmente entonces, /cuando llegue el amor y te calcine, /que primero y siempre está tu soledad/ y luego nada/y después, si ha de llegar, está el amor”.
Abrió la boca y tragó el corazón sin masticar, de un solo bocado. Pensó en la píldora que todo lo cura. Tenía la certeza de que con dos corazones iba a conseguir parar la dolorosa intranquilidad que produce la soledad constante. No se le ocurrió nada mejor que tener uno de repuesto. Lo había visto muchas veces en el cine, corazones juntos de noventa a ciento veinte minutos rodeados de belleza y pulcritud. Estaba claro, si falla el mío-se decía- no desapareceré oculto tras la niebla de quien no importa a nadie. El otro se pondrá en marcha bombeando la sangre que riega mi cuerpo hasta que el propio vuelva a funcionar. Lo había visto tantas veces, lo había escuchado tantas veces, había oído confesiones afirmándolo y buscándolo tantas veces. Finalmente llegó a creer firmemente poder vivir con el corazón de otro, incluso con dos corazones a la vez- ésta era su versión preferida- y no creía poder vivir bien solo con su propio corazón, bombeando único, tan frágil y liviano, le asustaba hasta el pánico saber que todo dependía de él.
Por eso había salido miles de noches y algún día buscando aquel corazón de repuesto sin conseguirlo. Muchas veces se acercó a escuchar otros, sus pálpitos, los abrazaba, los tocaba, lamía los pechos hasta caer rendido, dejaba apoyada la cabeza entre los dos pezones y seguía escuchando su ritmo hasta quedar dormido. El calor de una piel junto a otra creaba un ambiente necesario. Al pasar las horas despertaba, después de un orgasmo imitado, casi mecánico, y se marchaba al alba caminado sobre calles vacías de luz. Quizá escuchaba el sonido de un automóvil circulando, el camión de la basura recogiendo contenedores llenos de corazones rotos y desperdicios, los gritos de una mujer borracha agudos como los de una hiena, el abrir de las braguetas calientes llenas de penes y huevos a punto de reventar. Pero sobre todo escuchaba una voz propia que no paraba, el grito de un cuervo construido en el oído para estos momentos. Y un mensaje: Necesitas otro corazón no es suficiente con el tuyo, es peligroso, muy peligroso en el futuro, hay que sobrevivir, construir los deseos que ocupan a todos, sobre todo uno, seguridad.
Una suave lluvia comenzó a humedecer sus mejillas calientes, durante unos minutos escuchó únicamente sus pasos. Despertó de inmediato al olor del pan recién hecho. En la puerta del horno de los borrachos un grupo de adolescentes reían, corrían y se empujaban, a la vez que comían trozos de comida indigerible.
Compró un completo y una botella de agua, salió a la calle, se sentó en un banco y se lo comió ávidamente, mientras observaba a una pareja follando dentro del coche, un borracho durmiendo encima de sus vómitos mientras sus amigos reían como si tuviese gracia, y una bella prostituta que se subía a un coche que solo pueden pagar algunos.
Terminó el último bocado y siguió caminado con todas las imágenes en la cabeza, volteándose como una campana cuando avisa de un peligro o quizá de una alegría, todas ellas y a la vez pasando deprisa ante los ojos invisibles de la memoria. Pensó que todas las percepciones de una vida caben en ella. Se aturulló y con amabilidad le pidió árnica a su cabeza. Durante unos instantes la petición había surtido efecto, caminó tranquilo hacia su casa, respirando el aire húmedo y fresco de una extraña mañana de lluvia. Recordó cuando a la luz de una vela alguien le dijo: “Me gusta la lluvia, tantas lágrimas a la vez esconden las mías, cuando llueve lloro en público hasta cansarme sin que nadie me mire extrañado”.
Llegó al portal, durante todo el tiempo había escuchado latir los dos corazones en sus adentros sin conseguir la calma que buscaba. Seguía sintiéndose solo, arrinconado, discriminado, incomprendido, su única salida era seguir dando vueltas a la noria buscando la zanahoria (de Ana L). Nunca conseguiría hacerse con ella y lo sabía. Subió a su casa y encendió la chimenea. Mirando las llamas recordó cada círculo recorrido y repetido. Un pinchazo intenso y doloroso recorrió su vientre de punta a punta llevándose consigo todo lo pensado y sentido. Nada ahora tenía sentido, quizá tampoco antes.
Entre el segundo y tercer pinchazo se dio cuenta: El corazón que se tragó no se quedó en el pecho como él esperaba, se quedó dando vueltas y vueltas en el estómago. Ninguna seguridad consiguió en corazón ajeno, acaso una emoción potente y roja que recorrió todo el cuerpo como la sangre. Y un atisbo de esperanza despistada. Y ratos de compañía solo. Y ganas de ser en otro, proyectando todos los deseos propios.
Sus ojos se abrieron como puños convertidos en manos y recordó las palabras de Darío Jaramillo: “… aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina/ dentro de ti/ y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso; /pero no olvides, especialmente entonces, /cuando llegue el amor y te calcine, /que primero y siempre está tu soledad/ y luego nada/y después, si ha de llegar, está el amor”.
lunes, 12 de octubre de 2009
Imbéciles
Hace un par de semanas estuve cenando en una casa de monte con mis amigos de la pandilla de la infancia-adolescencia: Los Rogers. Después de tantos años un hilo invisible pero sensible nos une, aún en la distancia, en muchos casos, y en la diferencia en otros muchos. Todos los años, gracias a esas pocas personas que se ocupan nos juntamos, al menos, un par de veces. La noche fue agradable, incluso más de lo que las actitudes a veces permiten. Una de las curiosidades que percibí y recibí de la noche fue el uso de la palabra Imbécil (con especial acento y la c con sonido z), tardé un rato en comprender su tono y sentido nuevos. Algunos habían elegido el vocablo para calificar a otro amigo con ironía, cercanía, complicidad y qué más…
La mayoría de la gente se tomaría este adjetivo como un insulto, pero aquella noche y como otras muchas veces en la idiosincrasia de algunos pueblos de la Hoya los tacos se utilizaron como una forma de acercamiento emocional, traspasando los límites en pro de la amistad y quizá también, por qué no decirlo, de la dificultad que tenemos todos, más o menos, de expresar los sentimientos en directo sin sentirnos vulnerables.
En este sentido y algún otro, desde muy niño me han gustado y he usado tacos para expresarme. Algunas personas mayores todavía me lo recuerdan. Al trabajar en Valencia, incluso me permito utilizarlos para calificar y clarificar asuntos profesionales. La palabra “trompellote” es probablemente la que más uso, después de “billoto”, “carota”, “cabrón” y “malnasío”. De todos me encuentro a diario y a mansalva. Supongo que algunos pensarán que a mi también me encuentran. ¡Qué lástima!
Después de éste paréntesis nocturno, muy agradecido por mi, dadas las tensiones diarias debidas-nunca mejor dicho- a la coyuntura económica y alguna que otra torpeza propia, puesto que no hay que olvidarlas si uno quiere ser responsable y realista, uno vuelve al quehacer diario y a interaccionar con los medios de comunicación y las noticias convertidas en titulares.
Comencé el lunes escuchando de nuevo a los políticos con el inverosímil mensaje de que serán los bancos abriendo el crédito los que ayudarán solidariamente a salir a las familias, autónomos y pequeñas empresas de su estancamiento financiero junto al los famosos ICOS. Cuando en la realidad a las familias les subastan sus pisos o refinancian sus deudas con condiciones leoninas, los autónomos no encuentran a nadie que les ayude y las pequeñas empresas firman créditos que de antemano saben que no van a poder pagar, con la esperanza de algún milagro. ¿Ninguno de nuestros políticos se ha dado cuenta de que en tres años o con condiciones incumplibles muy pocos tienen acceso a las ayudas que necesitan? Tan fácil como dar un relativo aval del Estado a medio largo plazo para que muchísimas familias, autónomos y empresas no hubiesen caído. Y ni siquiera hace falta dinero líquido a priori. Eso si que sería verdadera política social. El problema no es que te den un poco de dinero para pasar el mes, el verdadero problema es de naturaleza humana y se llama dignidad: Con tu creatividad y esfuerzo e igualdad de oportunidades (si esto fuera verdad) poder vivir de tu trabajo, visto no solo como mecanismo para un fin material sino como crecimiento personal.
Dos días después se levanta el secreto de sumario del caso Gürtel y uno comienza a escuchar exclusivamente lo que conviene a cada parte. Se manejan cifras millonarias robadas para el enriquecimiento personal o la financiación irregular eso lo dirán los tribunales de justicia, espero. Se atreven con las palabras “algunos chorizos” que son miembros… y dicen de sí mismos que tienen vocación pública al servicio del ciudadano. Aquellos son los malos y nosotros somos los buenos. Cuando la historia reciente de la democracia demuestra que casos de corrupción y abuso de poder han sido protagonizados en casi todos los bandos.
No existe ni un solo político que no esté en su cargo por interés personal, ya sea por prestigio, por la erótica del poder, por dinero ó por disfrute personal. En el mejor de los casos hay políticos capaces de reconocer el interés propio y no perder de vista los intereses comunes, para mí los únicos fiables.
Mientras sufrimos cada día las consecuencias de ésta crisis global los políticos siguen mirando desde el pedestal en el que viven hacia abajo sin verdaderamente saber hacia donde van, ni siquiera aquellos que creen saberlo, porque para saber como solucionar un problema se necesita conocerlo en la propia experiencia y sinceramente en la inmensa mayoría de ellos no creo que sepan lo que es sentirse deudor, no llegar a final de mes, no poder pagar la hipoteca y que te quiten el piso, ni la sensación que produce todo ese conjunto cuando miras a los ojos a tus hijos. Tampoco saben escuchar.
Si hubiesen vivido estás experiencias se dejarían de usar el tiempo en pura demagogia, la cuidada verborrea que no busca más que mantenerse o llegar al poder y tratarían de buscar soluciones a los verdaderos dramas que se están produciendo a diario.
He llegado a la conclusión de que hay una cantidad de imbéciles impresionante, y lo malo, es que no aplico el calificativo en sentido Rogers-iano.
Por mis propias razones me incluyo, también a los dos patitos.
Tienen suerte los políticos, mucha suerte, que el pueblo sea el único de verdad que tiene sentido de Estado.
La mayoría de la gente se tomaría este adjetivo como un insulto, pero aquella noche y como otras muchas veces en la idiosincrasia de algunos pueblos de la Hoya los tacos se utilizaron como una forma de acercamiento emocional, traspasando los límites en pro de la amistad y quizá también, por qué no decirlo, de la dificultad que tenemos todos, más o menos, de expresar los sentimientos en directo sin sentirnos vulnerables.
En este sentido y algún otro, desde muy niño me han gustado y he usado tacos para expresarme. Algunas personas mayores todavía me lo recuerdan. Al trabajar en Valencia, incluso me permito utilizarlos para calificar y clarificar asuntos profesionales. La palabra “trompellote” es probablemente la que más uso, después de “billoto”, “carota”, “cabrón” y “malnasío”. De todos me encuentro a diario y a mansalva. Supongo que algunos pensarán que a mi también me encuentran. ¡Qué lástima!
Después de éste paréntesis nocturno, muy agradecido por mi, dadas las tensiones diarias debidas-nunca mejor dicho- a la coyuntura económica y alguna que otra torpeza propia, puesto que no hay que olvidarlas si uno quiere ser responsable y realista, uno vuelve al quehacer diario y a interaccionar con los medios de comunicación y las noticias convertidas en titulares.
Comencé el lunes escuchando de nuevo a los políticos con el inverosímil mensaje de que serán los bancos abriendo el crédito los que ayudarán solidariamente a salir a las familias, autónomos y pequeñas empresas de su estancamiento financiero junto al los famosos ICOS. Cuando en la realidad a las familias les subastan sus pisos o refinancian sus deudas con condiciones leoninas, los autónomos no encuentran a nadie que les ayude y las pequeñas empresas firman créditos que de antemano saben que no van a poder pagar, con la esperanza de algún milagro. ¿Ninguno de nuestros políticos se ha dado cuenta de que en tres años o con condiciones incumplibles muy pocos tienen acceso a las ayudas que necesitan? Tan fácil como dar un relativo aval del Estado a medio largo plazo para que muchísimas familias, autónomos y empresas no hubiesen caído. Y ni siquiera hace falta dinero líquido a priori. Eso si que sería verdadera política social. El problema no es que te den un poco de dinero para pasar el mes, el verdadero problema es de naturaleza humana y se llama dignidad: Con tu creatividad y esfuerzo e igualdad de oportunidades (si esto fuera verdad) poder vivir de tu trabajo, visto no solo como mecanismo para un fin material sino como crecimiento personal.
Dos días después se levanta el secreto de sumario del caso Gürtel y uno comienza a escuchar exclusivamente lo que conviene a cada parte. Se manejan cifras millonarias robadas para el enriquecimiento personal o la financiación irregular eso lo dirán los tribunales de justicia, espero. Se atreven con las palabras “algunos chorizos” que son miembros… y dicen de sí mismos que tienen vocación pública al servicio del ciudadano. Aquellos son los malos y nosotros somos los buenos. Cuando la historia reciente de la democracia demuestra que casos de corrupción y abuso de poder han sido protagonizados en casi todos los bandos.
No existe ni un solo político que no esté en su cargo por interés personal, ya sea por prestigio, por la erótica del poder, por dinero ó por disfrute personal. En el mejor de los casos hay políticos capaces de reconocer el interés propio y no perder de vista los intereses comunes, para mí los únicos fiables.
Mientras sufrimos cada día las consecuencias de ésta crisis global los políticos siguen mirando desde el pedestal en el que viven hacia abajo sin verdaderamente saber hacia donde van, ni siquiera aquellos que creen saberlo, porque para saber como solucionar un problema se necesita conocerlo en la propia experiencia y sinceramente en la inmensa mayoría de ellos no creo que sepan lo que es sentirse deudor, no llegar a final de mes, no poder pagar la hipoteca y que te quiten el piso, ni la sensación que produce todo ese conjunto cuando miras a los ojos a tus hijos. Tampoco saben escuchar.
Si hubiesen vivido estás experiencias se dejarían de usar el tiempo en pura demagogia, la cuidada verborrea que no busca más que mantenerse o llegar al poder y tratarían de buscar soluciones a los verdaderos dramas que se están produciendo a diario.
He llegado a la conclusión de que hay una cantidad de imbéciles impresionante, y lo malo, es que no aplico el calificativo en sentido Rogers-iano.
Por mis propias razones me incluyo, también a los dos patitos.
Tienen suerte los políticos, mucha suerte, que el pueblo sea el único de verdad que tiene sentido de Estado.
domingo, 27 de septiembre de 2009
ला गैगंता देल सलतो देल Tigre
Tengo unos buenos amigos que están recorriendo en estos momentos algunos lugares de China: Yunan, Lijiang, Kunming… y ayer estaban en la Garganta del Salto del Tigre. Según escriben ellos: “La leyenda cuenta que un tigre consiguió escaparse del cazador saltando la garganta en su punto más estrecho”. El lugar como verán es precioso, así lo retratan desde su blog: “En la garganta hemos andando durante 3 horas pasando por puentes y escaleras de madera hechas a mano. No aptas para los que tienen vértigo”. La imagen que envían retrata mejor a que geografía se refieren.
Hoy les he escrito expresándoles mi envidia: Me hubiese gustado poder ver con ellos esos paisajes, esa cultura, sus gentes, subir escaleras de madera, escuchar antiguas leyendas, caminar hasta agotarme y dormir hasta abrir los ojos muy descansado, probar sabores inimaginables, oler el viento cargado de especias y aromas fuertes o delicados. Espiar sus rostros mientras sonríen, sus ojos cuando la luz, la roca, el verde, la tierra y la madera los llenan hasta el pleno sosiego, sus miradas cómplices conectadas por hilos invisibles que construyen el compañerismo y una sutil rivalidad que también contiene la amistad. Charlar y escribir cada noche para no olvidar los momentos más intensos y quizá la impecable forma de sentir al haber vivido y compartido caminos, sendas, grutas, lagos, ríos, mares, montañas, nieve… comida y bebida y alguna que otra intimidad o secreto.
Los viajes son momentos de vida previamente imaginados que se resuelven, como todo, una vez vividos. Así nacen, como expectativas, luego disfrutamos fantaseando, cargados de suficiente motivación para hacer realidad lo imaginado, partimos de un halo de aventura, del placer intenso de lo nuevo e imprevisible. También la compañía elegida provoca unas u otras posibilidades.
El resultado de cada viaje depende de muchos factores. A veces ponemos las expectativas demasiados altas, otras la compañía nos sorprende con los inconvenientes propios de cada individuo, otras nos encontramos con unas circunstancias negativas, tales como un robo, una avería, un error, o la dificultad con el lenguaje en todos los sentidos. Pero pese a los inconvenientes, que en la mayoría de casos escapan a nuestro control, hay viajes absolutamente memorables, aquellos que se quedan grabados como una experiencia plena, satisfactoria en todos sus sentidos. Si se analizan, uno observa como en realidad cada viaje depende muchísimo de la actitud propia y la de nuestros compañeros. Me vienen ahora a la cabeza los versos de Pessoa: “Quien nada espera todo lo que viene es grato”. Lo parafraseé hace algunos años al revés: Quién todo lo espera todo lo que viene es grato. Supongo que me entristeció profundamente el no esperar nada, me sonaba a muerte: La falta total de deseos.
Los momentos personales influyen decisivamente en la elección y desarrollo de un viaje, aunque sea al lugar más cercano imaginable. Cada uno busca en su viaje atender a sus deseos. Y los deseos, como todos sabemos, provienen de fórmulas tan complejas que incluso algunas son indescifrables. Por ello, cuando viajamos, tenemos que atender a los verdaderos motivos, creemos que vamos a descargarnos, pero olvidamos que las cargas personales se quedan en casa pocas veces. Cuando viajamos acompañados las cosas se complican, tendríamos que atender, no solo a nuestra actitud o estado de ánimo, sino a las circunstancias y actitudes de todos los que conforman el grupo. Al no mirar ni ver, muchas veces se generan conflictos graves con los demás, o en soledad de uno mismo, amargándote o amargándoles el viaje, o en el peor de los casos, las dos cosas a la vez.
Un tigre quizá-cuenta la leyenda- saltó la Garganta motivado por el miedo a ser presa del cazador, las personas saltamos por verdaderos precipicios mentales y emocionales motivados por miedos complejos, recriminaciones y auto-recriminaciones. Pasamos vértigos de más de cuatro mil metros sin levantarnos del sofá o de la cama. Nos pasamos la vida tratando de entenderla a la vez que la construimos. Todos los días nos preguntamos si estamos viviendo como queremos, o mejor, que nos falta para conseguir alcanzar cada uno su ideal. Lo penoso es que cada vez más el ideal se aleja de la realidad necesaria para convertirse en un tener superficial que no llena los vacíos. En la mayoría de casos incluso los incrementa. Es la fatal recompensa de un presente en el que vivimos tan deprisa y tan absortos en millones de mensajes que el exceso de información y su manipulación se oponen al desarrollo sano de la vida, su único resultado es que hipotequemos nuestras vidas con los deseos de otros.
La vida es un viaje. Un atractivo, emocionante y exclusivo viaje al que hay que dedicarle más atención, imaginación e inteligencia, no solo se disfruta el fin de semana o en vacaciones, el mayor compromiso debería estar en el día a día.
Hoy les he escrito expresándoles mi envidia: Me hubiese gustado poder ver con ellos esos paisajes, esa cultura, sus gentes, subir escaleras de madera, escuchar antiguas leyendas, caminar hasta agotarme y dormir hasta abrir los ojos muy descansado, probar sabores inimaginables, oler el viento cargado de especias y aromas fuertes o delicados. Espiar sus rostros mientras sonríen, sus ojos cuando la luz, la roca, el verde, la tierra y la madera los llenan hasta el pleno sosiego, sus miradas cómplices conectadas por hilos invisibles que construyen el compañerismo y una sutil rivalidad que también contiene la amistad. Charlar y escribir cada noche para no olvidar los momentos más intensos y quizá la impecable forma de sentir al haber vivido y compartido caminos, sendas, grutas, lagos, ríos, mares, montañas, nieve… comida y bebida y alguna que otra intimidad o secreto.
Los viajes son momentos de vida previamente imaginados que se resuelven, como todo, una vez vividos. Así nacen, como expectativas, luego disfrutamos fantaseando, cargados de suficiente motivación para hacer realidad lo imaginado, partimos de un halo de aventura, del placer intenso de lo nuevo e imprevisible. También la compañía elegida provoca unas u otras posibilidades.
El resultado de cada viaje depende de muchos factores. A veces ponemos las expectativas demasiados altas, otras la compañía nos sorprende con los inconvenientes propios de cada individuo, otras nos encontramos con unas circunstancias negativas, tales como un robo, una avería, un error, o la dificultad con el lenguaje en todos los sentidos. Pero pese a los inconvenientes, que en la mayoría de casos escapan a nuestro control, hay viajes absolutamente memorables, aquellos que se quedan grabados como una experiencia plena, satisfactoria en todos sus sentidos. Si se analizan, uno observa como en realidad cada viaje depende muchísimo de la actitud propia y la de nuestros compañeros. Me vienen ahora a la cabeza los versos de Pessoa: “Quien nada espera todo lo que viene es grato”. Lo parafraseé hace algunos años al revés: Quién todo lo espera todo lo que viene es grato. Supongo que me entristeció profundamente el no esperar nada, me sonaba a muerte: La falta total de deseos.
Los momentos personales influyen decisivamente en la elección y desarrollo de un viaje, aunque sea al lugar más cercano imaginable. Cada uno busca en su viaje atender a sus deseos. Y los deseos, como todos sabemos, provienen de fórmulas tan complejas que incluso algunas son indescifrables. Por ello, cuando viajamos, tenemos que atender a los verdaderos motivos, creemos que vamos a descargarnos, pero olvidamos que las cargas personales se quedan en casa pocas veces. Cuando viajamos acompañados las cosas se complican, tendríamos que atender, no solo a nuestra actitud o estado de ánimo, sino a las circunstancias y actitudes de todos los que conforman el grupo. Al no mirar ni ver, muchas veces se generan conflictos graves con los demás, o en soledad de uno mismo, amargándote o amargándoles el viaje, o en el peor de los casos, las dos cosas a la vez.
Un tigre quizá-cuenta la leyenda- saltó la Garganta motivado por el miedo a ser presa del cazador, las personas saltamos por verdaderos precipicios mentales y emocionales motivados por miedos complejos, recriminaciones y auto-recriminaciones. Pasamos vértigos de más de cuatro mil metros sin levantarnos del sofá o de la cama. Nos pasamos la vida tratando de entenderla a la vez que la construimos. Todos los días nos preguntamos si estamos viviendo como queremos, o mejor, que nos falta para conseguir alcanzar cada uno su ideal. Lo penoso es que cada vez más el ideal se aleja de la realidad necesaria para convertirse en un tener superficial que no llena los vacíos. En la mayoría de casos incluso los incrementa. Es la fatal recompensa de un presente en el que vivimos tan deprisa y tan absortos en millones de mensajes que el exceso de información y su manipulación se oponen al desarrollo sano de la vida, su único resultado es que hipotequemos nuestras vidas con los deseos de otros.
La vida es un viaje. Un atractivo, emocionante y exclusivo viaje al que hay que dedicarle más atención, imaginación e inteligencia, no solo se disfruta el fin de semana o en vacaciones, el mayor compromiso debería estar en el día a día.
domingo, 13 de septiembre de 2009
पसंदों (डी)एल tiempo
Una vez escribí que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. Entonces ya sabía que no somos eternos, la muerte había rozado mi puerta, pese a ser muy joven. También había abierto de par en par puertas de personas muy queridas e importantes para mí. Supongo que a todos nos pasa… no transcurre un solo año en el que alguien a quien amas, admiras o estimas no haya perdido la vida.
Pero la vida no se pierde solo con la muerte, son otros muchos factores a lo largo del tiempo los que van esculpiendo lo que somos. Pequeñas muertes que recogen el fruto de la vida o en su especial acepción, pequeñas muertes que dejan profundas huellas en nuestros adentros. Son el miedo, los fracasos, las decepciones, los desamores, los sinsentidos, la culpa, la nostalgia, los sueños rotos, los deseos frustrados, la enfermedad…
Todos ellas, pensamientos, valores y emociones al fin y a la postre, que van construyendo nuestras creencias arraigándolas en nuestra mente, esculpiendo la carne y desgarrando el alma si es que en la mente la hubiese.
Cada persona tiene, aún con muchas semejanzas, su proceso singular e intransferible. Rectifico, singular y muy transferible, aunque solo sea en parte. Cabría pensar ahora en la esencial influencia que tenemos los unos en los otros. Y es precisamente, todo lo que vivimos lo que conforma nuestra actitud ante la vida en todos sus aspectos. Me atrevería a decir que también ante la muerte.
Llegados aquí, convendrán conmigo, que es fundamental ser muy consciente de todos estos movimientos internos y sobre todo de sus consecuencias en la formación de lo que somos y de lo que hacemos. Su importancia es tan grande que de ello depende nuestro bienestar y seguramente, en buena parte, también el de las personas que forman nuestras familias y/o nidos emocionales.
Ejemplos hay muchos. Quién no ha pasado, al menos por un tiempo, por momentos muy bajos, a quién no se le ha muerto una persona muy querida o simplemente la ha perdido en vida por emociones que la razón o el sentido no alcanza a comprender. Quién no ha visto consumirse a un amigo, a una pareja, a un vecino o conocido, o a una familia completa sin razón aparente. Adicciones a la drogas, desde el alcohol a la cocaína, pasando por la soledad, la exclusión social, el trabajo, el dinero o el miedo a perderlos, el conflicto constante, el odio, el hastío, la rutina, el aburrimiento… Todas ellas autodestructivas. Todas ellas supongo, contrarias al ideal. La más severa y brutal vara de medir.
En nuestra educación todos estos procesos son invisibles, hasta que en la realidad de la vida diaria nos confrontamos de bruces con ellos. Ni la mayoría de padres, ni el sistema, ni sus políticos, ni los educadores, toman en cuenta estas realidades tan esenciales para el sano desarrollo de la vida humana, la mayoría por desconocimiento, otros por intereses, otros por esta misma miseria que lo inunda todo. Pero el motivo mayor, a mi entender, es la dificultad, el miedo y el descomunal trabajo y necesario esfuerzo que hay que hacer individualmente para enfrentarte a ti mismo, deseducarte para educarte de nuevo. Poca gente está dispuesta a pagar el precio a aprender de verdad. No se puede mostrar el camino si uno mismo no lo ve, y además de verlo, lo sabe, lo ama y lo cree. Al final, llegamos como siempre, al amor a la vida y en particular a tu vida, a tu ser y no al engañador deber ser. Las verdades no están en lo que nos gustaría o en lo que según nuestra moral debemos ser sino en lo que somos, sin más. Quizá el único amor que tendría que ser verdaderamente incondicional.
De vez en cuando, nos quedamos quietos y nos damos cuenta de cómo ha pasado el tiempo. Sin embargo, a diario no nos damos cuenta, es como al respirar, pocos piensan en ello pero todos lo hacemos. En el caso del tiempo, nunca para, solamente una vez. También esa vez es la única que dejamos de respirar.
Dejemos pues para ese momento la nada. Para la vida, que lo es todo, no podemos seguir evitando lo negativo, para convertirla en nada. El tiempo pasa y podemos convertirnos en muertos en vida o en vivir con la mayor salud en todos los sentidos, sin más. Cada cual como crea conveniente. Lo triste es ver como nos vamos consumiendo, día a día, sin recoger el fruto del paso del tiempo: la experiencia. Dicen que treinta años de experiencia no es un año repetido treinta veces. De esto les hablo. No hay nadie que sepa o tenga el valor de otra vida en su saber. Nuestra única obligación con nosotros mismos es buscar lo mejor que podamos, sepamos o queramos darnos. Crecer como personas. Y para con los demás lo mismo, pese a saber que hay muchas cosas fuera de nuestros límites. Cuestiones a las que no podremos llegar por ser del dominio exclusivo del individuo.
Cada vez me duele más mirar y ver como sin darnos cuenta nos destrozamos la vida.
Pasando del tiempo, pasando el tiempo, viviendo el tiempo. Cada uno elige.
Pero la vida no se pierde solo con la muerte, son otros muchos factores a lo largo del tiempo los que van esculpiendo lo que somos. Pequeñas muertes que recogen el fruto de la vida o en su especial acepción, pequeñas muertes que dejan profundas huellas en nuestros adentros. Son el miedo, los fracasos, las decepciones, los desamores, los sinsentidos, la culpa, la nostalgia, los sueños rotos, los deseos frustrados, la enfermedad…
Todos ellas, pensamientos, valores y emociones al fin y a la postre, que van construyendo nuestras creencias arraigándolas en nuestra mente, esculpiendo la carne y desgarrando el alma si es que en la mente la hubiese.
Cada persona tiene, aún con muchas semejanzas, su proceso singular e intransferible. Rectifico, singular y muy transferible, aunque solo sea en parte. Cabría pensar ahora en la esencial influencia que tenemos los unos en los otros. Y es precisamente, todo lo que vivimos lo que conforma nuestra actitud ante la vida en todos sus aspectos. Me atrevería a decir que también ante la muerte.
Llegados aquí, convendrán conmigo, que es fundamental ser muy consciente de todos estos movimientos internos y sobre todo de sus consecuencias en la formación de lo que somos y de lo que hacemos. Su importancia es tan grande que de ello depende nuestro bienestar y seguramente, en buena parte, también el de las personas que forman nuestras familias y/o nidos emocionales.
Ejemplos hay muchos. Quién no ha pasado, al menos por un tiempo, por momentos muy bajos, a quién no se le ha muerto una persona muy querida o simplemente la ha perdido en vida por emociones que la razón o el sentido no alcanza a comprender. Quién no ha visto consumirse a un amigo, a una pareja, a un vecino o conocido, o a una familia completa sin razón aparente. Adicciones a la drogas, desde el alcohol a la cocaína, pasando por la soledad, la exclusión social, el trabajo, el dinero o el miedo a perderlos, el conflicto constante, el odio, el hastío, la rutina, el aburrimiento… Todas ellas autodestructivas. Todas ellas supongo, contrarias al ideal. La más severa y brutal vara de medir.
En nuestra educación todos estos procesos son invisibles, hasta que en la realidad de la vida diaria nos confrontamos de bruces con ellos. Ni la mayoría de padres, ni el sistema, ni sus políticos, ni los educadores, toman en cuenta estas realidades tan esenciales para el sano desarrollo de la vida humana, la mayoría por desconocimiento, otros por intereses, otros por esta misma miseria que lo inunda todo. Pero el motivo mayor, a mi entender, es la dificultad, el miedo y el descomunal trabajo y necesario esfuerzo que hay que hacer individualmente para enfrentarte a ti mismo, deseducarte para educarte de nuevo. Poca gente está dispuesta a pagar el precio a aprender de verdad. No se puede mostrar el camino si uno mismo no lo ve, y además de verlo, lo sabe, lo ama y lo cree. Al final, llegamos como siempre, al amor a la vida y en particular a tu vida, a tu ser y no al engañador deber ser. Las verdades no están en lo que nos gustaría o en lo que según nuestra moral debemos ser sino en lo que somos, sin más. Quizá el único amor que tendría que ser verdaderamente incondicional.
De vez en cuando, nos quedamos quietos y nos damos cuenta de cómo ha pasado el tiempo. Sin embargo, a diario no nos damos cuenta, es como al respirar, pocos piensan en ello pero todos lo hacemos. En el caso del tiempo, nunca para, solamente una vez. También esa vez es la única que dejamos de respirar.
Dejemos pues para ese momento la nada. Para la vida, que lo es todo, no podemos seguir evitando lo negativo, para convertirla en nada. El tiempo pasa y podemos convertirnos en muertos en vida o en vivir con la mayor salud en todos los sentidos, sin más. Cada cual como crea conveniente. Lo triste es ver como nos vamos consumiendo, día a día, sin recoger el fruto del paso del tiempo: la experiencia. Dicen que treinta años de experiencia no es un año repetido treinta veces. De esto les hablo. No hay nadie que sepa o tenga el valor de otra vida en su saber. Nuestra única obligación con nosotros mismos es buscar lo mejor que podamos, sepamos o queramos darnos. Crecer como personas. Y para con los demás lo mismo, pese a saber que hay muchas cosas fuera de nuestros límites. Cuestiones a las que no podremos llegar por ser del dominio exclusivo del individuo.
Cada vez me duele más mirar y ver como sin darnos cuenta nos destrozamos la vida.
Pasando del tiempo, pasando el tiempo, viviendo el tiempo. Cada uno elige.
lunes, 31 de agosto de 2009
¡Qué से जोड़ा एल tíओ रातको!
Cuando acaban las vacaciones parece ser que en algunas personas se da un síndrome post-vacacional. La vuelta al trabajo resulta ser un gran problema. La verdad es que Miguel creía que eran casi todas, pero resultó que son tres de cada diez o algo así. Lo de las estadísticas nunca fue su fuerte.
También para él se habían acabado las vacaciones. Las doce de la noche. Llevaba como tres horas más o menos pensando en el arranque del día siguiente, su primer día de trabajo. Y otros dos días reflexionando acerca de qué significan las vacaciones y dentro de las vacaciones, siempre asociada, la fiesta. Se supone que la fiesta es “diversión o regocijo” y también se supone que las vacaciones deben sentar bien. Ninguna de las dos afirmaciones le dejó convencido. Muchas veces la fiesta acaba sin regocijo ni diversión y las vacaciones tampoco resultan lo que uno espera. De hecho, según dicen, es en la época que se producen más divorcios, por poner un ejemplo.
Algunas personas todavía creen que trabajar es mover las piernas y los brazos. Y lo peor, se sienten mejor que los demás porque suponen que el sacrificio, el esfuerzo sin medida, el dolor disfrazado de masoquismo, los hace mejores, al menos se sienten mejor consigo mismos al no sentir el archiconocido sentimiento de culpa proveniente de la tradición judeocristiana. Lo más fastidioso de esto, no es que lo practiquen, sino que juzgan y sentencian a quién no le da la gana pasar por esa vara de medir. La conclusión a la que llegaba siempre era que no es mejor nadie en primer lugar, pero si se tenía que decantar por alguna opción prefería a un trabajador eficaz que a un muy trabajador. Se decía que siempre es mejor calidad que cantidad.
Las vacaciones obviamente son ocio, lo contrario sería el nec-ocio, de donde proviene hoy la palabra negocio. Desgraciadamente es a lo que nos dedicamos todos, aún sin darnos cuenta (unos más que otros), todos los días. Precisamente por ello sentimos esa fractura tan poco recomendable y que a muchos les persigue que es no saber convertir el trabajo en regocijo. O en el más valiente de los casos, eliminar el pánico y dedicarse a otra cosa, dejando de hacer del día a día una pesadísima carga que a lo largo de los años nos pasa factura a nosotros y a nuestras familias y amigos. Es la rutina y el tedio: “Aburrimiento extremo o estado de ánimo del que soporta algo ó a alguien que no le interesa”. Pero, qué es el interés: “Provecho, utilidad, ganancia”. Miguel no se explicaba como esta palabra con significados tan positivos se había convertido en un arma para descalificar a alguien.
Se había pasado la vida intentando conseguir esta meta: Disfrutar del día a día. Pese a todo. Al menos, se decía, que aunque nunca lo había conseguido del todo, lo había intentado, y así encontraba sentido entre tanta mentira.
Se le había roto, el orgullo, el corazón, la dignidad, la ternura, la amistad y el amor… muchas veces. Fracasos y decepciones a raudales, aún así estaba convencido de su camino, incluso con sus curvas cerradas, socavones y fríos. Sabía que en cada uno de esos movimientos había pasión por la vida y algo a lo que no podía renunciar: Crear algo de la nada.
Vivir es “tener vida”, poseerla. Definen la vida como “una fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee”.
Había que pararse un rato aquí y pensar. Reflexionar escuchando los latidos del corazón y concentrándose en la respiración. Llenarse de ilusión, la definen como “la esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”. Después cargarse de amistad, la definen como” el afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Aquí ni Miguel ni yo estamos de acuerdo, no hay mayor mentira que creer que existe la amistad o el amor desinteresado. No hay mayor contradicción si uno vuelve a la definición de interés. Menuda mierda de amor o amistad si no hubiese interés… y además mucho. De hecho creemos que cuanto más uno es consciente del interés mayor es el amor o la amistad. ¿Curioso verdad?
Ya eran la una de la mañana y Miguel seguía cautivo de esa inigualable sensación que da no tener para mañana ninguna obligación. Soltarla se le hacía difícil, aún sabiendo que una montaña de obligaciones le esperaban al día siguiente, respiraba tranquilo en el calor de la noche en verano, la calle ruidosa, alegre y llena, ahora se tornaba silenciosa y vacía. Encendió su penúltimo cigarrillo y abrió la ventana, una leve brisa al contacto con el sudor parecía fresca y cada calada un placer intenso.
Fue entonces cuando se dio cuenta, apagó el cigarrillo y tiró la cajetilla entera a la basura, qué placer hay en ser esclavo de la nicotina y el humo, y qué placer hay en vivir cada día adicto al miedo. Entonces cerró la ventana, encendió el aire acondicionado a todo meter y sonrió mientras pensaba: ¡Qué se joda el tío Retaco!
También para él se habían acabado las vacaciones. Las doce de la noche. Llevaba como tres horas más o menos pensando en el arranque del día siguiente, su primer día de trabajo. Y otros dos días reflexionando acerca de qué significan las vacaciones y dentro de las vacaciones, siempre asociada, la fiesta. Se supone que la fiesta es “diversión o regocijo” y también se supone que las vacaciones deben sentar bien. Ninguna de las dos afirmaciones le dejó convencido. Muchas veces la fiesta acaba sin regocijo ni diversión y las vacaciones tampoco resultan lo que uno espera. De hecho, según dicen, es en la época que se producen más divorcios, por poner un ejemplo.
Algunas personas todavía creen que trabajar es mover las piernas y los brazos. Y lo peor, se sienten mejor que los demás porque suponen que el sacrificio, el esfuerzo sin medida, el dolor disfrazado de masoquismo, los hace mejores, al menos se sienten mejor consigo mismos al no sentir el archiconocido sentimiento de culpa proveniente de la tradición judeocristiana. Lo más fastidioso de esto, no es que lo practiquen, sino que juzgan y sentencian a quién no le da la gana pasar por esa vara de medir. La conclusión a la que llegaba siempre era que no es mejor nadie en primer lugar, pero si se tenía que decantar por alguna opción prefería a un trabajador eficaz que a un muy trabajador. Se decía que siempre es mejor calidad que cantidad.
Las vacaciones obviamente son ocio, lo contrario sería el nec-ocio, de donde proviene hoy la palabra negocio. Desgraciadamente es a lo que nos dedicamos todos, aún sin darnos cuenta (unos más que otros), todos los días. Precisamente por ello sentimos esa fractura tan poco recomendable y que a muchos les persigue que es no saber convertir el trabajo en regocijo. O en el más valiente de los casos, eliminar el pánico y dedicarse a otra cosa, dejando de hacer del día a día una pesadísima carga que a lo largo de los años nos pasa factura a nosotros y a nuestras familias y amigos. Es la rutina y el tedio: “Aburrimiento extremo o estado de ánimo del que soporta algo ó a alguien que no le interesa”. Pero, qué es el interés: “Provecho, utilidad, ganancia”. Miguel no se explicaba como esta palabra con significados tan positivos se había convertido en un arma para descalificar a alguien.
Se había pasado la vida intentando conseguir esta meta: Disfrutar del día a día. Pese a todo. Al menos, se decía, que aunque nunca lo había conseguido del todo, lo había intentado, y así encontraba sentido entre tanta mentira.
Se le había roto, el orgullo, el corazón, la dignidad, la ternura, la amistad y el amor… muchas veces. Fracasos y decepciones a raudales, aún así estaba convencido de su camino, incluso con sus curvas cerradas, socavones y fríos. Sabía que en cada uno de esos movimientos había pasión por la vida y algo a lo que no podía renunciar: Crear algo de la nada.
Vivir es “tener vida”, poseerla. Definen la vida como “una fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee”.
Había que pararse un rato aquí y pensar. Reflexionar escuchando los latidos del corazón y concentrándose en la respiración. Llenarse de ilusión, la definen como “la esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”. Después cargarse de amistad, la definen como” el afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Aquí ni Miguel ni yo estamos de acuerdo, no hay mayor mentira que creer que existe la amistad o el amor desinteresado. No hay mayor contradicción si uno vuelve a la definición de interés. Menuda mierda de amor o amistad si no hubiese interés… y además mucho. De hecho creemos que cuanto más uno es consciente del interés mayor es el amor o la amistad. ¿Curioso verdad?
Ya eran la una de la mañana y Miguel seguía cautivo de esa inigualable sensación que da no tener para mañana ninguna obligación. Soltarla se le hacía difícil, aún sabiendo que una montaña de obligaciones le esperaban al día siguiente, respiraba tranquilo en el calor de la noche en verano, la calle ruidosa, alegre y llena, ahora se tornaba silenciosa y vacía. Encendió su penúltimo cigarrillo y abrió la ventana, una leve brisa al contacto con el sudor parecía fresca y cada calada un placer intenso.
Fue entonces cuando se dio cuenta, apagó el cigarrillo y tiró la cajetilla entera a la basura, qué placer hay en ser esclavo de la nicotina y el humo, y qué placer hay en vivir cada día adicto al miedo. Entonces cerró la ventana, encendió el aire acondicionado a todo meter y sonrió mientras pensaba: ¡Qué se joda el tío Retaco!
martes, 18 de agosto de 2009
विस्टा aéरा सरेब्रो humano
Busco un tema sobre el que escribir esta semana, acabo de llegar de viaje y mi cabeza todavía no ha hecho la digestión de todo lo percibido, no sale nada que me interese, o crea que pueda interesar a otros o no me aburra nada más pensarlo. Es lo malo de reconocerse, ver más de lo mismo después de haber vivido obviamente (o no), contigo siempre.
Abro el cajón que arreglé la semana pasada y encuentro una libreta de notas de cuando estudiaba en el I.B. de Buñol. Lo primero que aprecio es como me ha cambiado la letra aún reconociendo que es mía. En menos de un segundo se produce un paralelismo en mi mente: Esto es lo que ocurre también en el proceso de desarrollo de las personas, somos nosotros hoy y hace veinticinco años, nos reconocemos, aunque en el transcurso de los años, sin duda, hemos cambiado. Ordenamos las líneas, las curvas, los tamaños, los contenidos… Supongo que unos mas que otros.
Leo fechas, asignaturas y notas que ya no entiendo del todo. Ni siquiera mis sistemas sintéticos son los mismos. Me digo que esto le pasará a cualquiera, incluso siento un cierto regocijo pensando en la posibilidad de haber mejorado.
Llego al veintiuno de noviembre de mil novecientos ochenta y tres y me encuentro entrecomilladas estas palabras: Literatura. Teoría del Esperpento… el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
Durante un minuto y trece segundos me quedo en la parra, cuando despierto sin estar dormido, he pensado en las fiestas que vienen, en los cambios, en el mar, en mis compañeros de viaje, en la costa vista desde un fuera borda, en los colores del mar, en gambas y espardenyes, en mi salud, en cuerpos desnudos y bronceados. Aquí es cuando me doy cuenta de que ando perdido ó despierto, no estoy seguro. He vuelto hoy y recuerdo mi epitafio: “lo mejor de un viaje es volver” estas palabras las imaginé grabadas en una lápida original y bella, creyendo que el último viaje será la muerte (no se me ocurrió mejor cosa que volver) y en un montón de cosas más que no voy a transmitir… Me viene a la cabeza y me alegro mucho de que la Armonía, madre de un gran amigo mío, haya superado su enfermedad. También pienso en los años que hemos compartido, siendo lo que fuimos y siendo lo que somos. Bajo de la parra.
Por unos instantes creo estar divagando pero en verdad trato, entre otras cosas, de comunicarme con usted, no le conozco o sí, supongo que es importante o quizá no. Bueno… seguro que no. ¡Qué más da si le conozco o no! ¿Quién conoce a quién?
Vuelvo a la frase de la libreta e intento imaginar de quién, de dónde y de cuando. La verdad, no tengo más que una pequeña sensación en la punta de la lengua, tan pequeña que no la puedo leer. Se que entonces me lo sabía todo sobre ella, incluso se que me importó cuando me tomé la molestia de escribirla textualmente. Pero en el tiempo, el conocimiento y los sentimientos y los deseos y los intereses y los sueños y los amigos y los amores y las miradas y lo que hay detrás de las miradas cambian, aún no perdiendo ni por un momento la sensación absolutamente intransferible de la propia identidad, ni siquiera de todo lo vivido. Al menos en lo más hondo.
No hay nada más espantoso que negarse a crecer desde el cambio. Desde lo nuevo, la diferencia y lo distinto. Permitir que el miedo a perder la identidad y otros muchos… nos obligue a una línea continua, a repetir lo mismo cada día, cada semana, cada mes, cada año, un encefalograma plano no es más que la muerte clínica, vivir sin experiencias nuevas es una muerte técnica, casi rozando la nada que es un poco de algo que no existe salvo en nuestra mente como tantos y tantos filtros. Aprender quizá es reconocer esos filtros para que no nos lleven siempre por el mismo camino, al mismo círculo. Vueltas y vueltas sin darnos cuenta de que pasamos y pasamos por el mismo sitio con nuevos disfraces, pero a fin de cuentas, casi todo repetido. Sintiendo lo mismo, sufriendo lo mismo. Porque la verdad es que en la vida se sufre demasiado, por eso solemos vivir en una realidad “sistemáticamente deformada”. Quizá es éste… “el sentimiento trágico de la vida… “
¿Quién no cae en sus propias trampas?
La objetividad con nosotros mismos y hasta con los demás parece que nos ha sido negada desde nuestra propia naturaleza. Intentar darnos cuenta o desarrollar la consciencia parece la única herramienta posible para canalizar todas aquellas emociones que nos niegan el disfrute de estar vivos, sin más.
Muchas enfermedades, ya demostrado por la ciencia, provienen de somatizaciones provenientes de la mente, especial y fundamentalmente del inconsciente. Pero lo más curioso es que, aún siendo algo sabido, el sistema de salud sigue de espaldas a la psicología, apostando por una psiquiatría que todo lo cura con medicación, cuando sabemos que aún siendo un buen compañero de viaje para muchísimas situaciones y trastornos, no resuelven de fondo el problema.
En las relaciones con los demás, incluso con nosotros mismos, pasa algo parecido, miramos la punta del iceberg cuando las otras siete partes están hundidas en las profundidades del gran océano que es la mente, queremos tener razón, cuando en general ni siquiera conocemos nuestros problemas de fondo. La complejidad de la tela de araña cerebral es inmensa pero accesible a una actitud basada en el amor propio y en el conocimiento de la perspectiva humana, quizá la única manera de canalizar y gobernar de una forma sana la marioneta que somos, movidos por los hilos fundamentalmente del conocimiento, del pensamiento y especialmente de las emociones.
Podemos convertir nuestra vida y la de nuestras relaciones en un gran castillo de fuegos artificiales como en la imagen o un auténtico calvario. ¿Cada uno elige?
Abro el cajón que arreglé la semana pasada y encuentro una libreta de notas de cuando estudiaba en el I.B. de Buñol. Lo primero que aprecio es como me ha cambiado la letra aún reconociendo que es mía. En menos de un segundo se produce un paralelismo en mi mente: Esto es lo que ocurre también en el proceso de desarrollo de las personas, somos nosotros hoy y hace veinticinco años, nos reconocemos, aunque en el transcurso de los años, sin duda, hemos cambiado. Ordenamos las líneas, las curvas, los tamaños, los contenidos… Supongo que unos mas que otros.
Leo fechas, asignaturas y notas que ya no entiendo del todo. Ni siquiera mis sistemas sintéticos son los mismos. Me digo que esto le pasará a cualquiera, incluso siento un cierto regocijo pensando en la posibilidad de haber mejorado.
Llego al veintiuno de noviembre de mil novecientos ochenta y tres y me encuentro entrecomilladas estas palabras: Literatura. Teoría del Esperpento… el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
Durante un minuto y trece segundos me quedo en la parra, cuando despierto sin estar dormido, he pensado en las fiestas que vienen, en los cambios, en el mar, en mis compañeros de viaje, en la costa vista desde un fuera borda, en los colores del mar, en gambas y espardenyes, en mi salud, en cuerpos desnudos y bronceados. Aquí es cuando me doy cuenta de que ando perdido ó despierto, no estoy seguro. He vuelto hoy y recuerdo mi epitafio: “lo mejor de un viaje es volver” estas palabras las imaginé grabadas en una lápida original y bella, creyendo que el último viaje será la muerte (no se me ocurrió mejor cosa que volver) y en un montón de cosas más que no voy a transmitir… Me viene a la cabeza y me alegro mucho de que la Armonía, madre de un gran amigo mío, haya superado su enfermedad. También pienso en los años que hemos compartido, siendo lo que fuimos y siendo lo que somos. Bajo de la parra.
Por unos instantes creo estar divagando pero en verdad trato, entre otras cosas, de comunicarme con usted, no le conozco o sí, supongo que es importante o quizá no. Bueno… seguro que no. ¡Qué más da si le conozco o no! ¿Quién conoce a quién?
Vuelvo a la frase de la libreta e intento imaginar de quién, de dónde y de cuando. La verdad, no tengo más que una pequeña sensación en la punta de la lengua, tan pequeña que no la puedo leer. Se que entonces me lo sabía todo sobre ella, incluso se que me importó cuando me tomé la molestia de escribirla textualmente. Pero en el tiempo, el conocimiento y los sentimientos y los deseos y los intereses y los sueños y los amigos y los amores y las miradas y lo que hay detrás de las miradas cambian, aún no perdiendo ni por un momento la sensación absolutamente intransferible de la propia identidad, ni siquiera de todo lo vivido. Al menos en lo más hondo.
No hay nada más espantoso que negarse a crecer desde el cambio. Desde lo nuevo, la diferencia y lo distinto. Permitir que el miedo a perder la identidad y otros muchos… nos obligue a una línea continua, a repetir lo mismo cada día, cada semana, cada mes, cada año, un encefalograma plano no es más que la muerte clínica, vivir sin experiencias nuevas es una muerte técnica, casi rozando la nada que es un poco de algo que no existe salvo en nuestra mente como tantos y tantos filtros. Aprender quizá es reconocer esos filtros para que no nos lleven siempre por el mismo camino, al mismo círculo. Vueltas y vueltas sin darnos cuenta de que pasamos y pasamos por el mismo sitio con nuevos disfraces, pero a fin de cuentas, casi todo repetido. Sintiendo lo mismo, sufriendo lo mismo. Porque la verdad es que en la vida se sufre demasiado, por eso solemos vivir en una realidad “sistemáticamente deformada”. Quizá es éste… “el sentimiento trágico de la vida… “
¿Quién no cae en sus propias trampas?
La objetividad con nosotros mismos y hasta con los demás parece que nos ha sido negada desde nuestra propia naturaleza. Intentar darnos cuenta o desarrollar la consciencia parece la única herramienta posible para canalizar todas aquellas emociones que nos niegan el disfrute de estar vivos, sin más.
Muchas enfermedades, ya demostrado por la ciencia, provienen de somatizaciones provenientes de la mente, especial y fundamentalmente del inconsciente. Pero lo más curioso es que, aún siendo algo sabido, el sistema de salud sigue de espaldas a la psicología, apostando por una psiquiatría que todo lo cura con medicación, cuando sabemos que aún siendo un buen compañero de viaje para muchísimas situaciones y trastornos, no resuelven de fondo el problema.
En las relaciones con los demás, incluso con nosotros mismos, pasa algo parecido, miramos la punta del iceberg cuando las otras siete partes están hundidas en las profundidades del gran océano que es la mente, queremos tener razón, cuando en general ni siquiera conocemos nuestros problemas de fondo. La complejidad de la tela de araña cerebral es inmensa pero accesible a una actitud basada en el amor propio y en el conocimiento de la perspectiva humana, quizá la única manera de canalizar y gobernar de una forma sana la marioneta que somos, movidos por los hilos fundamentalmente del conocimiento, del pensamiento y especialmente de las emociones.
Podemos convertir nuestra vida y la de nuestras relaciones en un gran castillo de fuegos artificiales como en la imagen o un auténtico calvario. ¿Cada uno elige?
lunes, 3 de agosto de 2009
मिसेरिया Política
Me sabe mal, muy mal, escribir sobre Buñol en un sentido quejoso. Pero es que nos estamos luciendo en lo político. Otra vez se ha roto el pacto de gobierno y otra vez competencias a hacer puñetas. Resultado: Menos personas trabajando, menos ideas, menos soluciones y más problemas.
Ahora llega la rumorología, la más divertida y estúpida forma de comunicación: Que si el alcalde va a dimitir a favor del concejal de urbanismo, que han esperado a conseguir la aprobación de no se qué para romper el pacto, no… que ha sido por la Tomatina para niños, unos que la culpa la tiene el PSOE, otros, que la tiene IU, que no van a permitir unos a otros sacar réditos políticos, es decir, votos. Que los partidos minoritarios junto con IU van a hacer una moción de censura… en fin un montón de sandeces o verdades a medias o mentiras. No importa ahora demasiado quién tiene la culpa. La respuesta solo serviría para distanciarse más.
Creo que todos tienen el deber y sería conveniente informar claramente sobre lo qué está ocurriendo de verdad.
La pregunta: ¿Por qué ocurre todo esto y para qué?
Seguramente porque siempre hay algunos personajes que creen que van a conseguir algo con la competencia feroz, porque la oposición al otro, de cualquier manera, se ha instalado hace demasiado tiempo en la política, defraudando a cualquiera que tiene ilusión por trabajar aportando ideas sanas y beneficiosas para la comunidad. Los valores políticos se han volatilizado. La única moral, y aquí contestamos a la segunda parte de la pregunta, es conseguir el poder sin importar el medio. No hay mayor error, una vez han hablado las urnas, que dedicar el tiempo a destruir al adversario. Las oposiciones deberían tener un carácter crítico y constructivo, dedicándose a aportar ideas y transmitirlas al gobierno de turno y, especialmente, a los ciudadanos, para que conozcan lo bien, mal o regular que se están haciendo las cosas. Información veraz, verdadera información. Lo desagradable es que no pasa así, las rencillas personales y el rencor son los que mueven los hilos de la acción política, convirtiendo una de las actividades más enriquecedoras y nobles a la que una persona se puede dedicar en un mercado barato de miserias humanas.
En Buñol, y en otras muchas partes, hace mucho tiempo que está ocurriendo y es hora de decirlo, sin personalizar, sin cabezas de turco, sin mentiras ni montajes, sin rencores ni descalificaciones personales, es hora de exigirles a nuestros políticos que hagan su trabajo y nada más y además, que lo hagan lo mejor que puedan. También es hora de que sepan que éste pueblo- y otros muchos- se adormece en la rutina y en el hastío. Y que estamos hartos, al menos yo, de que nos traten como si fuésemos imbéciles. Hartos de que dediquen su tiempo, como en la gran farsa del cotilleo, a algo que no sirve para nada, excepto para entretener vidas vacías, para generar división y grupos de compadreo con la intención de menospreciar y reírse de los otros y conspirar como niños, incluso con su mismo sadismo. Habría que añadir aquí una gran hipocresía y muchas ganas de medir y ver quien puede más. O quizá en el mejor de los casos, generar cortinas de humo inconscientes (o no) para esconder, cada uno en sus responsabilidades, la propia incompetencia.
Hay que exigirles a nuestros políticos, a todos, que abandonen este camino. No va a ningún sitio, no se consigue nada, absolutamente nada. Hoy más que nunca, dadas las circunstancias, necesitamos que todos trabajen juntos, que todos los concejales y el alcalde a la cabeza se pongan de acuerdo, sepan que quieren hacer, cómo y hacia dónde quieren ir. Y que no lo digan, alto y claro. Que se repartan las competencias, que se asignen presupuestos, que se active y se consiga la participación ciudadana en todas las concejalías. Que se motive para que aporten su trabajo nuevas personas, generadoras de ilusión y trabajo, también credibilidad y acción, hechos que hagan de la política una actividad saludable, beneficiosa para todos. Que los políticos interaccionen en sus relaciones públicas con todo tipo de personas, saliendo de los círculos viciosos de la seguridad del militante, conocido o amigo, recogiendo el pulso de la calle, la necesidades reales, las carencias del día a día, así conseguirían conocer los verdaderos problemas para dar soluciones reales. Hay que creérselo y tener ganas y no ver a nadie como un enemigo. ¿De qué sirve?
Hagan cooperación en vez de oposición destructiva, sean gobierno u oposición, sea cual sea su número de concejales, consigan saber lo que quieren y lo que hay que hacer, y si no saben, busquen a cómplices de la calle, los hay y muchos, que si se sienten respetados y si consiguen que les crean les ayudaran para mejorar. Déjense de perder el tiempo en confrontaciones y mejoren la calidad de vida de los buñoleros con medidas que den trabajo, ocio de calidad, creatividad, cultura abierta y disfrutable, arriésguense, busquen la empatía con los jóvenes, maduros y ancianos, cada uno en su papel. Déjense de pamplinas, escusas culpando al otro y dedíquense a lo que se comprometieron con sus votantes que a la postre, son personas como ustedes, con sus defectos y virtudes.
Si lo hacen así, cuenten(al menos) conmigo. De lo contrario, vayan a la mierda. Ya está bien.
Dejen de hacer el Soca, en su peor sentido y nunca mejor dicho.
Ahora llega la rumorología, la más divertida y estúpida forma de comunicación: Que si el alcalde va a dimitir a favor del concejal de urbanismo, que han esperado a conseguir la aprobación de no se qué para romper el pacto, no… que ha sido por la Tomatina para niños, unos que la culpa la tiene el PSOE, otros, que la tiene IU, que no van a permitir unos a otros sacar réditos políticos, es decir, votos. Que los partidos minoritarios junto con IU van a hacer una moción de censura… en fin un montón de sandeces o verdades a medias o mentiras. No importa ahora demasiado quién tiene la culpa. La respuesta solo serviría para distanciarse más.
Creo que todos tienen el deber y sería conveniente informar claramente sobre lo qué está ocurriendo de verdad.
La pregunta: ¿Por qué ocurre todo esto y para qué?
Seguramente porque siempre hay algunos personajes que creen que van a conseguir algo con la competencia feroz, porque la oposición al otro, de cualquier manera, se ha instalado hace demasiado tiempo en la política, defraudando a cualquiera que tiene ilusión por trabajar aportando ideas sanas y beneficiosas para la comunidad. Los valores políticos se han volatilizado. La única moral, y aquí contestamos a la segunda parte de la pregunta, es conseguir el poder sin importar el medio. No hay mayor error, una vez han hablado las urnas, que dedicar el tiempo a destruir al adversario. Las oposiciones deberían tener un carácter crítico y constructivo, dedicándose a aportar ideas y transmitirlas al gobierno de turno y, especialmente, a los ciudadanos, para que conozcan lo bien, mal o regular que se están haciendo las cosas. Información veraz, verdadera información. Lo desagradable es que no pasa así, las rencillas personales y el rencor son los que mueven los hilos de la acción política, convirtiendo una de las actividades más enriquecedoras y nobles a la que una persona se puede dedicar en un mercado barato de miserias humanas.
En Buñol, y en otras muchas partes, hace mucho tiempo que está ocurriendo y es hora de decirlo, sin personalizar, sin cabezas de turco, sin mentiras ni montajes, sin rencores ni descalificaciones personales, es hora de exigirles a nuestros políticos que hagan su trabajo y nada más y además, que lo hagan lo mejor que puedan. También es hora de que sepan que éste pueblo- y otros muchos- se adormece en la rutina y en el hastío. Y que estamos hartos, al menos yo, de que nos traten como si fuésemos imbéciles. Hartos de que dediquen su tiempo, como en la gran farsa del cotilleo, a algo que no sirve para nada, excepto para entretener vidas vacías, para generar división y grupos de compadreo con la intención de menospreciar y reírse de los otros y conspirar como niños, incluso con su mismo sadismo. Habría que añadir aquí una gran hipocresía y muchas ganas de medir y ver quien puede más. O quizá en el mejor de los casos, generar cortinas de humo inconscientes (o no) para esconder, cada uno en sus responsabilidades, la propia incompetencia.
Hay que exigirles a nuestros políticos, a todos, que abandonen este camino. No va a ningún sitio, no se consigue nada, absolutamente nada. Hoy más que nunca, dadas las circunstancias, necesitamos que todos trabajen juntos, que todos los concejales y el alcalde a la cabeza se pongan de acuerdo, sepan que quieren hacer, cómo y hacia dónde quieren ir. Y que no lo digan, alto y claro. Que se repartan las competencias, que se asignen presupuestos, que se active y se consiga la participación ciudadana en todas las concejalías. Que se motive para que aporten su trabajo nuevas personas, generadoras de ilusión y trabajo, también credibilidad y acción, hechos que hagan de la política una actividad saludable, beneficiosa para todos. Que los políticos interaccionen en sus relaciones públicas con todo tipo de personas, saliendo de los círculos viciosos de la seguridad del militante, conocido o amigo, recogiendo el pulso de la calle, la necesidades reales, las carencias del día a día, así conseguirían conocer los verdaderos problemas para dar soluciones reales. Hay que creérselo y tener ganas y no ver a nadie como un enemigo. ¿De qué sirve?
Hagan cooperación en vez de oposición destructiva, sean gobierno u oposición, sea cual sea su número de concejales, consigan saber lo que quieren y lo que hay que hacer, y si no saben, busquen a cómplices de la calle, los hay y muchos, que si se sienten respetados y si consiguen que les crean les ayudaran para mejorar. Déjense de perder el tiempo en confrontaciones y mejoren la calidad de vida de los buñoleros con medidas que den trabajo, ocio de calidad, creatividad, cultura abierta y disfrutable, arriésguense, busquen la empatía con los jóvenes, maduros y ancianos, cada uno en su papel. Déjense de pamplinas, escusas culpando al otro y dedíquense a lo que se comprometieron con sus votantes que a la postre, son personas como ustedes, con sus defectos y virtudes.
Si lo hacen así, cuenten(al menos) conmigo. De lo contrario, vayan a la mierda. Ya está bien.
Dejen de hacer el Soca, en su peor sentido y nunca mejor dicho.
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