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domingo, 21 de junio de 2009
¿वेरानो दे मिएर्दा?
Todos los veranos desde que tuvo libertad de movimiento sentía lo mismo: una imperiosa necesidad de agua, de viajes y de no trabajar. Proseguían unos cuantos sentimientos de culpa aliados a la idea de una falta de vocación, de gusto, por el trabajo diario. Son pocas las personas que trabajan exactamente en lo que les gusta, otras pocas las que les gusta una parte de lo que hacen y la mayoría, tendía a opinar, detestan su trabajo. Solía decírselo así mismo con la intención, unas veces, de justificarse y otras, de hacerse daño. Hay que ver como es la mente, caprichosa en lo sentido, tan paradójica, dispar y contradictoria. Algunos se refieren a ella como nuestro peor enemigo. En parte pensaba que tenían razón, aunque conseguía más veces pensar lo contrario. Dependía del día y de las circunstancias orteguianas y también quizá del nivel de éxito conseguido. Todo era parte de un ritual. Las propias estaciones del año lo son, al menos, aquí en el mediterráneo. La sabia naturaleza y el fieltro de nuestra cabeza hacen el resto.
Es infinito y rápido imaginar, a veces tanto, que se suele generar una contagiosa confusión entre lo imaginado y la realidad. El verano trae mucho de esto y comenzaba a darse cuenta: Al llegar las vacaciones cada uno diseña en su cabeza su viaje perfecto, recogería todo aquello que al imaginar le gustaría, aunque la realidad nunca es exactamente lo mismo, incluso en los parecidos más conseguidos. Ocurre muchas veces, si no todas, que cuando experimentamos lo imaginado no nos deja satisfechos, siempre hay o falta un “algo” se decía. La pregunta entonces sería: ¿La insatisfacción proviene de lo imaginado o de la realidad, al no coincidir con aquello de lo que el ideal se nutre?
Por ejemplo, proseguía su monólogo sin palabras, imaginemos un viaje a un lugar de playas y lugares idílicos: Aguas azul turquesa y transparentes, arena suave, fina y blanca, cómodas hamacas y sombra, personas riendo y pasándoselo en grande, los del chiringuito que se enrollan contigo porque son gente estupenda y generosa, calma, sol tenue, brisa suave y fresca; noches estrelladas por calles empedradas y estrechas, garitos llenos de personal atractivo y simpático, tiendas donde encontrar aquello que más nos va a apetecer, restaurantes exquisitos y a buen precio que solo nosotros creemos conocer. Transporte cómodo y rápido a la ida y a la vuelta. Y todo en una excelente compañía, aunque solamente sea la tuya.
De inmediato se le ocurrió lo contrario: Llegamos a esa playa azul turquesa y en nuestra primera zambullida nos damos de morros con una medusa (en verdad le ocurrió a un amigo mío). Al salir las piedras nos hacen daño en los pies y las algas corretean como pececillos por nuestras piernas, el tío de las hamacas cómodas le llama la atención a tu compañera de viaje por despejarse los pechos en una playa no nudista (en verdad también ocurrió). El matrimonio de enfrente, aparte de no hablarse, tienen un niño a quien no hacen ni puto caso y no deja de joderte con gritos y patadas de arena, al final acaba con una buena hostia y unos cuantos gritos y llantos, los del chiringuito tardan una hora y media en servirte la primera cerveza fría, gritos y más gritos por doquier, garitos de gente estirada incapaz de comunicarse con la más mínima ternura, tiendas caras y horteras, tu restaurante favorito y conocido lleno para los próximos tres días, transporte retrasado y la mayor parte del pasaje vomitando. Y más solo que la una.
Reflexionó un rato, por las líneas de bambú de la cortina entraba la luz del atardecer, sombra y luz, incluso una suave brisa. Así llegaron las respuestas, cargadas de símbolos, de paralelismos, de imaginación y razón, de naturaleza y de cultura. La fusión de la realidad: los pensamientos, las emociones y los componentes externos. Los no yos. Y encontró una frase leída horas antes, entre agua, personas, plantas y sol: “La calidad de nuestro pensamiento condiciona la de nuestra realidad.”
Un atisbo de claridad recorrió sus pulmones hasta llegar a la sangre y se sintió muy bien. Le ocurría siempre que podía ver el rompecabezas terminado. Al contemplar la imagen que llevaba muchos meses, incluso años, intentando componer, recuperaba el sentido, una pequeña verdad entre tanta confusión, un oasis de verdad ante unos ojos cansados de ver desiertos.
Titubeó hasta que salieron las palabras que contenían lo pensado: “Vivir la realidad. Para las personas la realidad es individual y subjetiva, imposible de vivir sin el propio fieltro, sin la interacción con los demás, sin lo natural y sin lo cultural, también con la historia del hombre, sin el carro del pasado presente en cada movimiento. Vivir es sentir todo aquello que sucede, lo satisfactorio y lo contrario, lo bueno y lo malo, todo. El rompecabezas solo se ve cuando aceptamos y comprendemos que todo lo que nos ocurre llena de contenido el propio vacío. Lo que hoy parece no ser… mañana… es.”
lunes, 8 de junio de 2009
Los Broncos siempre vuelven
¿Quiénes son los Broncos?
Ante todo son personas que conforman un grupo musical, pero en la perspectiva desde la que quiero hablarles son fenómenos que llevan construyendo durante muchos años un fenómeno social. Se preguntarán por qué. Nada más fácil que recurrir al diccionario: Fenómeno: “1. m. Toda manifestación que se hace presente a la consciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepción. 2. m. Cosa extraordinaria y sorprendente. 3. m. coloquial. Persona o animal monstruoso. 4. m. coloquial. Persona sobresaliente en su línea. 5. m. Filosófico. En la filosofía de Immanuel Kant, lo que es objeto de la experiencia sensible. 6. adjetivo. coloquial. Muy bueno, magnífico, sensacional. Es un tío fenómeno”.
O lo que es lo mismo son unos tíos fenómenos que en su experiencia sensible tienen como objeto disfrutar y hacer disfrutar con la música, sobresalientes en su línea porque llevan muchos, pero que muchos años creando desde una realidad contraria y profundamente condicionante. Son animales y a la vez personas, unos monstruos consiguiendo buen ambiente. Sorprendentes y extraordinarios porque, pese a no tener voz, cantan hasta mover los adentros. El objeto de su percepción es la música y se nos hace presente cada vez que montan un concierto. No se si ellos son conscientes de lo que aportan y han aportado a lo largo de los años a las personas que los miran escuchan. No se si saben, que el pasado viernes, al menos conmigo, consiguieron hacer renacer el pasado convirtiéndolo en presente, recordando cuando éramos más jóvenes y comprobando que eso que fuimos sigue presente: la capacidad para el disfrute. A veces intacta, otras, machacada por todas esas experiencias que van rompiendo las ganas y alguna cosas más… en el tiempo. Aún así llegaron, siempre llegan, se lo han ganado a pulso.
Los Broncos representen el Buñol que yo siento y entiendo y que aunque parece perdido, de pronto en una noche como ésta o como otras parecidas, vuelve, retorna como el ave Fénix, recordándonos que todo está hecho y todo por hacer. Que puede parecer que no hay nada o poco, pero somos nosotros los que construimos. Construir los momentos. De eso se trata, de aprender, saber y enseñar que los momentos los debemos construir todos, cada uno en su singular disfrute. Lo que nos dan hecho sirve, pero poco, y es una práctica demasiado habitual en los últimos tiempos. Las familias y los políticos tienen mucho que ver en esto, unos con la sana intención de buscar el voto, y los otros evitando el conflicto y el esfuerzo que se necesita para crear algo propio.
Los Broncos representan como nadie este espíritu, acuñado en el tiempo y apagado por la barbarie de una sociedad mediocre y somnolienta, quizá cansada de la nada, del sinsentido, pero todavía sin reacción. Habrá que ir demandando y creando ocio de calidad, tiempos para la calidad, vida con calidad. Pese a que las circunstancias y los métodos van en contra.
La noche del viernes disfruté mucho y también vi disfrutar y sentí como se contagiaba la alegría por dentro. Estuve con personas que hacía mucho tiempo no veía y con otras que no conocía y percibí en cada sonrisa, en todos, la música de los Broncos, la música cuando estás vivo.
Como verán he entrecomillado el título porque en realidad no soy el autor: Fue esa misma noche, bailando al lado de Manolo Cubitas, me acerqué a su oreja y le dije el próximo artículo va a ser sobre esta noche y lo voy a titular Los Broncos nunca mueren, me miró serio y me dijo: No, “Los Broncos siempre vuelven”. Le expresé mi acuerdo y sonreímos desde las neuronas espejo.
Después en casa me puse a pensar en la rapidez de la respuesta y en la rapidez del acuerdo y volví a ir al diccionario, es donde están todas las respuestas, si uno busca y espera encontrar.
Volver: 1.- Poner o constituir nuevamente a alguien o algo en el estado que antes tenía. 2.-Dar la segunda reja a la tierra, especialmente cuando esta se ara después de sembrada, para cubrir el grano.
Bronco: 1.-Dicho de la voz o de un instrumento de música: De sonido desagradable y áspero. 2.-Dicho de una persona: De genio y trato ásperos. 3.-México. Dicho de un caballo: Sin domar.
Pensé en la tierra, y en sembrar y en poner a alguien en el estado que antes tenía. También en por qué ese nombre: Los Broncos. Se repetía la palabra áspero después de la palabra genio y al final tuve que llegar a la acepción mexicana para entender: Sin domar.
Gracias Broncos… por no dejaros domar.
domingo, 24 de mayo de 2009
हिस्तोरिया दे उन Oliva
Conozco a un par de personas que les da grima, quizá asco, las olivas. En todo caso, ni las prueban. Por lo tanto no se atiborran de sal, ni tienen esos sentimientos de culpa que me invaden al degustar con deleite ingentes cantidades de olivas.
Curiosamente el ingrediente estrella de la dieta mediterránea, considerada de las más sanas y completas del mundo, es el aceite de oliva.
Cuando pronuncio la palabra Oliva siempre me viene a la cabeza Olivia, la mujer de Popeye, que curiosamente obtenía sus poderes con espinacas y para más inri, en lata, es decir en conserva. Nada de espinacas recién cogidas de la huerta. Eran otros tiempos.
Hace cuatro o cinco años visité junto a un buen amigo a mi primo Paco. Por esa época y por motivos profesionales vivía en Jaén. Estuvimos alojados en su casa que estaba situada en el barrio antiguo, calles estrechas y cuestas, las primeras impresiones unían aquel lugar con nuestro lugar de nacimiento. Todo se hizo muy familiar-nunca mejor dicho- si además le añadimos la primera salida con el Gato que también es de nuestro pueblo. Visitamos la ciudad, sus alrededores y otros pueblos como buenos turistas y recorrimos algunos pubs y discotecas en busca de ese encuentro que todos imaginamos, mientras reíamos, charlábamos y mirábamos. Sabemos, al menos, que pese a que todos deseamos pasarlo bien, muy pocos dejan que les ocurra. Suele darse esta paradoja muy a menudo. Buscas felicidad y acabas con acidez de estómago y dolor de cabeza. Fue un fin de semana muy divertido, nos reímos mucho y volvimos sanos y salvos.
El último día, como es tradición en cualquier turista accidental, tocó ir de compras. Naturalmente el producto estrella de la zona es la oliva, por lo tanto compramos aceite de todas las formas y maneras. Especialmente me gustó un virgen extra embotellado en miniatura y con tapón de aquellos de las antiguas gaseosas. Todavía conservo medio centímetro y más de una vez me ha salvado de comer un trozo de pan sin mezcla mientras paseaba por alguna montaña. Llevar sal y aceite en la mochila te asegura la supervivencia.
Al salir de Jaén y durante muchos kilómetros, me di cuenta (no me percaté a la llegada puesto que era de noche) que todo lo que no era carretera, camino ó construcción estaba convertido en un campo de olivos. No solamente las parcelas llanas, también pequeñas montañas que se juntaban con el cielo dando una sensación de cuento encantado. Me maravilló el cuidado y el esmero de esos campos. Ni una yerba, los verdes inmensos y los árboles perfectos, en orden, en volumen y en hilera. Cada tronco, cada rama, cada hoja, cada fruto parecía dibujado, sacado de un cuadro de Antonio López. Pero la realidad siempre supera a la ficción(o quizá no… qué se yo). Me quedé absorto mirando esa obra humana.
Pedí permiso a mi compañero de viaje mientras dormía, paré el coche y me acerqué a contemplar los frutos de aquellos árboles fantásticos. Miré durante un buen rato hasta elegir una oliva entre miles, millones quizás. Allí estaba, perfecta, verde como el color verde cuando recibe la luz del atardecer en el campo, carnosa y redondeada y deseada como Mónica Belucci en un primer plano de cualquiera de sus películas, sujeta a la rama como una madre sostiene a su bebé en brazos. Dudé hasta separarla del árbol, tanta belleza remueve lo poco que aparentemente queda de animal en las personas. Al final lo hice, suavemente, con delicadeza, como si de un rito iniciático se tratara, o mejor, al descubrir una emoción en lo más profundo de uno en comunión con la naturaleza. Fue una sensación estupenda y reconfortante, consiguió reconciliarme conmigo mismo y con la vida durante un buen rato.
La coloqué encima de un pañuelo en el salpicadero del coche, no desperté a mi amigo, se hubiese roto el hechizo, y nos acompañamos todo el viaje hasta llegar a las tierras del naranjo y el algarrobo.
Durante días no supe qué hacer con ella, nada me parecía suficiente para su destino. Llegué una noche imprecisa a mi casa, me encontraba cansado y también mezquino por qué no decirlo, coloqué tierra húmeda en una maceta e introduje en la tierra lo que de la tierra era. Así me quedé conforme. Tardó mucho tiempo en responderme. Ahora vive conmigo a diario, me gusta, mejor, me encanta, retozar con el verde cuando los gritos suenan adentro por cualquier desmesura.
Nada hay como sentir lo propio en lo ajeno y dejarse fluir con una oliva desde la locura más importante.
मिल Palabras
Dicen que una imagen vale más que mil palabras. No estoy de acuerdo, como en casi todas estas afirmaciones nos quedamos con una parte sin llegar al todo. Cada palabra contiene, al menos, una imagen. Por lo que mil palabras serían mil imágenes. ¿Cómo mil imágenes pueden valer más que una? Pues sí… también es posible. No digamos si combinamos las palabras en oraciones y las oraciones en textos. Entonces todo se multiplica en progresión geométrica. Un texto puede tener miles de imágenes y si está lleno de poesía e imaginación la conclusión es… un número casi impensable.
Los dos lienzos son del cuerpo de una mujer vistos al revés, el cofre es del pirata de hace dos semanas, el retrato es de un pintor novel que intentó hacer fortuna recorriendo los mares hacia lugares exóticos y lejanos, el globo terráqueo fue un regalo del capitán del velero más antiguo del mundo. Aún vive y de eso hace más de setenta años.
Dicen de l tacto que es uno de los sentidos más sutiles, tocar, acariciar la piel propia o la de otros, buscar los rincones, las curvas, movimientos que te obligan a pasar de nuevo por el mismo punto, más veces y con distinta intensidad, observando como los dedos y la piel se conectan con los deseos. Dedicando calor, textura, dulce y salado, a placeres desconocidos propios del inconsciente. Cada mirada entre sombras se dibuja con los dedos, con los brazos, con las nalgas, con las mejillas, con las piernas cruzadas. Los pezones contraídos y la piel de gallina rememorando la vida en cada suspiro.
En estos dos lienzos estaba toda esa imaginación, entre colores y formas, entre pinceles deslizándose suaves por el lienzo rugoso, construyendo una imagen con miles de momentos. Dos imágenes en este caso.
El cofre contiene arena de aquella playa en la que tumbado después de estar, toda la noche, a punto de perder la vida, y por primera vez allí… se sintió a salvo. El agua en movimiento, refrescando la piel de un sol en miniatura e intenso, huellas en la tierra que te dirigían a un lugar discreto y con sombra. Plantas muy verdes, pájaros cantando antes y después del alba, tortugas caminando despacio hacia el agua, siluetas doradas alejándose hacia la izquierda, pensamientos tranquilos deslizándose hacia la derecha. Pequeños arrecifes y montañas, paisajes idílicos multiplicados en cada mirada, en cada cambio de luz, en cada cambio de ánimo. Solo hay que abrirlo para que todo salga del recuerdo, que no es solo pasado, también presente y futuro.
El atril proviene de una pequeña tienda de las pequeñas y encantadas calles de Cadaqués, soñadas sobre las olas por tantos y tantos marinos que divisaban la tierra desde el palo mayor con un grito: ¡Tieeeeeeerraaaaa a la vistaaaaaaaa!, mientras la luz se recorta entre las rocas y una bruma suave acaricia la tierra y el agua. Los lagartos se mueven lentos arrastrando la barriga por la arena caliente. Y las gaviotas dan vueltas y vueltas emitiendo notas secretas porque les de la gana.
Tres fotografías. Todas las fotografías son pasado. Seguramente porque intentamos inmortalizar algunos momentos, parar el tiempo y escoger un espacio dentro de un rectángulo. La mirada que transforma la realidad imitándola hasta casi copiarla. La familia presente, la familia perdida, los amigos presentes, los amigos perdidos, los amores presentes y los amores perdidos. Todo cabe en una instantánea: lo que nos pareció alegre hoy lo sentimos triste y al revés. Entonces se abre otra ventana y una nueva fotografía recoge todas las anteriores aunque todavía no existe, está por hacer.
Un retrato de un aristócrata sin rostro, un hueco que queda grabado en el lienzo, con sangre alegre, naranja como la mandarina. Un disfraz, una imagen que no se corresponde con la persona. Sus ropas, su peluca, su alza cuellos, sus joyas, sus puntillas, volantes y rizos. Todo parece pero no es. Todo perece pero ha sido.
Al final resultó que la tierra era redonda: el globo terráqueo, el antiguo y en latín. Hay quién sufrió mucho por decir su verdad y resultó ser la verdad. Imagino a esas gentes muertas de miedo pensando caerse por otro continente. La ciencia y el miedo nunca se han llevado bien. La religión y el miedo sí. Imagino la culpa recorriendo los cuerpos sanos hacia la locura, la dicha y el placer convertidos en sufrimiento.
La tierra da muchas vueltas, una completa cada día. Y en cada instante una fotografía nueva, una mirada nueva que también es vieja, antigua.
Hoy ocurrirán millones de cosas y a la vez en todo el mundo y a todo el mundo. Millones de sonrisas, llantos, muertes y nacimientos: uno, dos tres cuatro, cinco, seis siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve.
¡A a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a a h ¡
¿Qué piensa usted… vale más una imagen que mil palabras?
Qué se yo.
domingo, 26 de abril de 2009
एल आर्ट दे Frío
El problema quizá radica en la falta de conocimiento y de experiencia a la hora de tomar todas estas decisiones, con el añadido, reitero, de la presión familiar y social dispuesta a colocarnos obligadamente en una posición políticamente correcta. Ejemplos de los que se han salido de la línea hay muchos y obvios. No me extenderé aquí: personas sin pareja, sin hijos, sin trabajo ó con uno mal visto, sin estudios, etc. Ejemplos hay muchos más en el sentido contrario. El valor social se alcanza supuestamente en el éxito y el éxito es cumplir con unos cuantos baremos. Lo jodido es que todos parecemos necesitar un cierto reconocimiento, teñido de amor. Pero cabría aquí preguntarse por el interés inherente al amor. El amor con condiciones. Siempre las tiene. Lo llamativo es que esta cuestión en sí misma no es relevante, sencillamente es real y aceptable. Lo inaceptable es la hipocresía con la que vivimos a diario, disfrazando la verdad con verdades a medida, en definitiva, mentiras.
La imagen de esta semana es una obra de arte. Me la regaló Juan Aparisi, persona a la que considero buen amigo y un artista en todos los sentidos; todo un ejemplo de vitalidad y singularidad.
Me he tomado la libertad de fotografiar la obra buscando en el reflejo del cristal una doble imagen que se ajustara bien a las palabras que estoy vertiendo sobre el papel en blanco. Si se fijan verán dos ventanas, un sofá, una mesa de comedor y algunos detalles más del salón de una casa cualquiera dentro del cuadro. Dos imágenes, dos caras, dos varas de medir, dos realidades dentro de la irrealidad. La fantasía y la realidad en su combinación necesaria y a la vez compleja.
Cualquier arte decía Fromm “requiere conocimiento y esfuerzo”. También decía que “el proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Y lo más importante: “¿Sucede acaso que sólo se consideran dignas de ser aprendidas las cosas que pueden proporcionarnos dinero o prestigio y que el amor, que “solo” beneficia al alma, pero que no proporciona ventajas en el sentido moderno, sea un lujo por el cual no tenemos derecho a gastar muchas energías?”
Éste último interrogante es aplicable no solo al amor, también es preciso incluirlo en todos los aspectos esenciales del día a día: las relaciones de todo tipo, el autoconocimiento, la construcción del nido emocional, los valores más humanos, los puntos de referencia a los que mirar cuando se busca posiblemente el único fin indiscutible: Sentirse bien.
Muchas veces conseguirlo pasa por entender los fundamentos humanos y especialmente por respetar la singularidad de cada uno, sin juicios encubiertos por normas no escritas, tan destructivas que son capaces de agrietar los pilares fundamentales para el desarrollo y el crecimiento de los individuos, tanto personal como socialmente. Querer ser uno mismo y encontrar obstáculos sin cesar lleva a muchas personas a adaptarse y seguir la corriente hasta llenar sus vidas de puro vacío. La enfermedad más común de S.XXI es la ansiedad y la depresión. No están lejos de estos argumentos sus causas, aunque la complejidad del asunto hace pensar en la multiplicidad de factores que influyen en cada persona.
Habría que plantearse en la educación la importancia de aprender a vivir, conocerse a uno mismo y por extensión a los demás, entender el por qué, y el para qué, el cómo y el cuando, y sobre todo, responder a los problemas y conflictos del día a día en el desarrollo del niño-joven-adulto… que somos o hemos sido todos.
Decía Ortega y Gasset:”… el hombre quiere vivir y, porque quiere vivir, cuando el frío amenaza con destruirle, el hombre siente la necesidad de evitar el frío y proporcionarse calor…”
El autor se refiere al hombre primitivo; existen en nuestra sociedad actual muchas clases de frío y se hace difícil discernirlos o saber como darse o dar el calor necesario. ¿A qué pues habría que dedicar nuestros esfuerzos?
Para mí, sin duda, al ARTE de Vivir. Y necesariamente pasa por evitar el FRÍO y alimentar el calor, buscando la coherencia y el sentido. Y eso pasa por no dejarse llevar por la corriente. Habría que convencer a las personas para oponerse a lo que transmitimos como reglas obligatorias, convertidas en un sutil chantaje, la condición para ser aceptados en la tribu o en el grupo. En realidad, la mayoría de estas reglas son completamente intranscendentes e innecesarias, cuando no… grandes estupideces.
O algo así.
lunes, 13 de abril de 2009
तुवे मिएदो य एल पिरता también
No hay nada peor que el miedo extremo, decía borracho como una cuba. Hoy lo entiendo más que nunca, son días de incertidumbre, sueños rotos, edificios caídos, malas noticias repetidas, personas machacadas por una realidad material predominante, duros egoísmos, desamores y amistades que se convierten en mentiras. Intereses cruzados que chocan y dan como resultado traiciones muy dolorosas. De hecho, todo parecería inmensamente caótico y desagradable si la verdad fuera mentira y la mentira verdad.
Aquella noche pasamos mucho miedo el pirata y yo. Los rayos iluminaban la noche más oscura que nunca, el mar enfurecido acariciaba el velero con rabia elevándolo de proa a popa, de popa a proa y de barlovento a sotavento. La madera crujía ruidosa y cada arteria movía el corazón tan deprisa que ni siquiera pudimos vomitar. Puro miedo, pánico.
Me quedé paralizado mientras Malapata recorría cojeando y gritando por todo el barco: ¡Jua, jajajaja, jua, jajaaaaaaaaaaaaa… no podrás con nosotros, me encantas, no estoy en guerra contigo! Jamás he visto a un hombre en un estado tan dispuesto a afrontar su presente. Al verlo sencillamente lloré.
Al cabo de unos minutos giró su cabeza evitando mirarme con el parche en el ojo, me clavó su único ojo con una intensidad que atravesó el miedo convirtiéndolo en aventura, la oportunidad de luchar por lo más preciado, la vida. Me había dicho muchas veces que los seres humanos solo tenemos en verdad ese bien… y seguía diciendo siempre gritando: ¡Por eso hay que navegar de frente, recoger velas, coger el timón y ayudarse del vientooooooooooooooo… juajuajuajuajuajuajjaaaaaaaaaaaa!!!!!!
Hubo momentos en los que pude pensar, la única frase repetida fue: ¡Este hombre está completamente loco! Pero no lo estaba, de pronto y aquella misma noche, me di cuenta. Aquel hombre mutilado de tanta batalla con el mar, lo sentía, parecía tenerlo muy claro: ¿De qué sirve estar vivo si estás constantemente sintiendo miedo? No hay nada peor que el miedo a la vida, decía sin parar. Después siempre me contaba que una vez en las Galápago un viejo pirata inglés le dijo que alguien le dijo: ¿Qué es un mar sin olas, sin viento, sin tormentas, sin sal, si puestas de sol, sin amaneceres, sin corrientes, sin peces… y sin ron?
Cuando el primer mástil se partió como un palillo, aplastó a cinco hombres y rompió cinco metros de cubierta. La sangre se mezclaba con el agua y el viento salpicaba aquel mejunje hacia nuestras mejillas que ardían de miedo. Se olía a muerte, no recuerdo haberla sentido tan cerca nunca. La vela mayor se rasgó como la seda y voló como un globo de gas hacia el cielo. Se perdió como todos nosotros vamos perdiendo cada día. Malapata cortó de un golpe seco con su hacha la cuerda más gruesa y las velas se replegaron todas a una. Se subió al timón y lo acarició como si fuese un recién nacido. Seguía a las olas inmensas con la delicadeza que sigue el agua su propio cauce. Una gran ola lo zarandeó hasta hacerlo caer por las escaleras. Fue entonces cuando reaccioné, me levanté, despertando de una pesadilla que había durado toda mi vida, lo cogí de los brazos por detrás y lo levanté, sus labios sangraban y había perdido tres dientes en el tercer escalón. Llegamos al timón y allí pasamos la noche, deslizándonos sobre la crestas de las olas (“… vivir sobre las olas y no tener jamás asilo en el tiempo”), atados con cuerdas, sujetándonos uno a otro, como solamente ocurre cuando probablemente puedes perder la vida.
Superamos los dos aquella noche, todos los demás murieron en la bodega, excepto cinco en la cubierta y siete que, uno a uno, se los tragó el mar. No pudimos hacer nada. Cada uno elige donde se coloca en el barco. Malapata lo eligió por mí. Como ya dije me salvó la vida.
Desde entonces nunca más he dejado que otra persona elija mi sitio.
Cuando amaneció la mar rumoreó calma y nos dirigimos a la isla, ya podíamos entrar, a través de los arrecifes. Soltó el ancla y bajamos a tierra. Todas las cabañas estaban destrozadas, el aire olía a coco, cientos de ojos nos miraban atónitos, como si dos fantasmas salieran de la tormenta, de la mar atormentada.
Me dejé caer sobre la fina arena, cerré los ojos y dejé que el sol me acariciara, creí sentir por primera vez la vida entera y ya no tuve dudas, me enamoré de ella. También aprendí que ante las situaciones límite solo nos puede salvar el amor propio.
Malapata se dirigió hacia mí, me ofreció su mano y juntos bebimos y comimos hasta despertar después de quedarnos dormidos.
तुवे मिएदो य एल पिरता también
No hay nada peor que el miedo extremo, decía borracho como una cuba. Hoy lo entiendo más que nunca, son días de incertidumbre, sueños rotos, edificios caídos, malas noticias repetidas, personas machacadas por una realidad material predominante, duros egoísmos, desamores y amistades que se convierten en mentiras. Intereses cruzados que chocan y dan como resultado traiciones muy dolorosas. De hecho, todo parecería inmensamente caótico y desagradable si la verdad fuera mentira y la mentira verdad.
Aquella noche pasamos mucho miedo el pirata y yo. Los rayos iluminaban la noche más oscura que nunca, el mar enfurecido acariciaba el velero con rabia elevándolo de proa a popa, de popa a proa y de barlovento a sotavento. La madera crujía ruidosa y cada arteria movía el corazón tan deprisa que ni siquiera pudimos vomitar. Puro miedo, pánico.
Me quedé paralizado mientras Malapata recorría cojeando y gritando por todo el barco: ¡Jua, jajajaja, jua, jajaaaaaaaaaaaaa… no podrás con nosotros, me encantas, no estoy en guerra contigo! Jamás he visto a un hombre en un estado tan dispuesto a afrontar su presente. Al verlo sencillamente lloré.
Al cabo de unos minutos giró su cabeza evitando mirarme con el parche en el ojo, me clavó su único ojo con una intensidad que atravesó el miedo convirtiéndolo en aventura, la oportunidad de luchar por lo más preciado, la vida. Me había dicho muchas veces que los seres humanos solo tenemos en verdad ese bien… y seguía diciendo siempre gritando: ¡Por eso hay que navegar de frente, recoger velas, coger el timón y ayudarse del vientooooooooooooooo… juajuajuajuajuajuajjaaaaaaaaaaaa!!!!!!
Hubo momentos en los que pude pensar, la única frase repetida fue: ¡Este hombre está completamente loco! Pero no lo estaba, de pronto y aquella misma noche, me di cuenta. Aquel hombre mutilado de tanta batalla con el mar, lo sentía, parecía tenerlo muy claro: ¿De qué sirve estar vivo si estás constantemente sintiendo miedo? No hay nada peor que el miedo a la vida, decía sin parar. Después siempre me contaba que una vez en las Galápago un viejo pirata inglés le dijo que alguien le dijo: ¿Qué es un mar sin olas, sin viento, sin tormentas, sin sal, si puestas de sol, sin amaneceres, sin corrientes, sin peces… y sin ron?
Cuando el primer mástil se partió como un palillo, aplastó a cinco hombres y rompió cinco metros de cubierta. La sangre se mezclaba con el agua y el viento salpicaba aquel mejunje hacia nuestras mejillas que ardían de miedo. Se olía a muerte, no recuerdo haberla sentido tan cerca nunca. La vela mayor se rasgó como la seda y voló como un globo de gas hacia el cielo. Se perdió como todos nosotros vamos perdiendo cada día. Malapata cortó de un golpe seco con su hacha la cuerda más gruesa y las velas se replegaron todas a una. Se subió al timón y lo acarició como si fuese un recién nacido. Seguía a las olas inmensas con la delicadeza que sigue el agua su propio cauce. Una gran ola lo zarandeó hasta hacerlo caer por las escaleras. Fue entonces cuando reaccioné, me levanté, despertando de una pesadilla que había durado toda mi vida, lo cogí de los brazos por detrás y lo levanté, sus labios sangraban y había perdido tres dientes en el tercer escalón. Llegamos al timón y allí pasamos la noche, deslizándonos sobre la crestas de las olas (“… vivir sobre las olas y no tener jamás asilo en el tiempo”), atados con cuerdas, sujetándonos uno a otro, como solamente ocurre cuando probablemente puedes perder la vida.
Superamos los dos aquella noche, todos los demás murieron en la bodega, excepto cinco en la cubierta y siete que, uno a uno, se los tragó el mar. No pudimos hacer nada. Cada uno elige donde se coloca en el barco. Malapata lo eligió por mí. Como ya dije me salvó la vida.
Desde entonces nunca más he dejado que otra persona elija mi sitio.
Cuando amaneció la mar rumoreó calma y nos dirigimos a la isla, ya podíamos entrar, a través de los arrecifes. Soltó el ancla y bajamos a tierra. Todas las cabañas estaban destrozadas, el aire olía a coco, cientos de ojos nos miraban atónitos, como si dos fantasmas salieran de la tormenta, de la mar atormentada.
Me dejé caer sobre la fina arena, cerré los ojos y dejé que el sol me acariciara, creí sentir por primera vez la vida entera y ya no tuve dudas, me enamoré de ella. También aprendí que ante las situaciones límite solo nos puede salvar el amor propio.
Malapata se dirigió hacia mí, me ofreció su mano y juntos bebimos y comimos hasta despertar después de quedarnos dormidos.
domingo, 29 de marzo de 2009
पलारस एन एल aire
Hace ya algunos años que la megafonía se instaló en Buñol. Altavoces como los de la imagen por los que las palabras brotaban. En aquella época recuerdo al entrañable tío Chato y al inconfundible Alvarez dando los bandos: Películas en los dos cines, actos culturales, defunciones y demás información de interés público. Era otra época. Los tiempos han cambiado. Las nuevas tecnologías permiten ahora que mediante un sms desde la página en internet del Consistorio nos lleguen algunas de esas informaciones.
Se cumplen treinta años de los Ayuntamientos democráticos, desde entonces hasta hoy se han producido muchos cambios, unos para mejorar y otros para empeorar, como en casi todo.
No quisiera caer en la tentación de hacer mías las palabras de Jorge Manrique afirmando que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sin duda la época dorada de la participación ciudadana en la política de Buñol fueron las dos primeras legislaturas y parte de la tercera. En aquella época se salvaron las diferencias políticas consiguiendo una participación muy activa de todos los partidos en las distintas áreas y competencias de cada Concejalía, siendo capaces a la vez de incluir en la toma de decisiones a personas independientes y de cualquier ideología o credo. Fue una época en la que se dio una auténtica lección de democracia participativa quizá motivada por la ilusión después de tantos años de oscurantismo patriarcal. Quiero aprovechar estas palabras para dar las gracias a todos y cada uno de los Alcaldes y dirigentes políticos de la época, especialmente a Chimo Guarro que me animó a escribir y a Paco Cheroni por su amplitud de miras, invitándonos a muchas personas a participar. Les doy sinceramente las gracias por ayudarme a pasar de adolescente a joven de una forma tan sana y satisfactoria. Creo que a muchos nos ayudó a entender lo social de otra manera.
Un buen ejemplo fue Voces de Buñol, revista mensual subvencionada en gran parte por el Ayuntamiento en el que se podía opinar libremente sobre cualquier asunto, además de ser un excelente medio de comunicación para informar sobre los proyectos de desarrollo de las distintas Concejalías y de la Alcaldía. De hecho, era un Boletín de Información Municipal, ahora el BIM es una cosa bien distinta. Voces de Buñol cayó cuando los políticos quisieron dominarlo como arma política.
Los últimos años, demasiados, nuestros dirigentes políticos han dedicado más tiempo a hacerse la guerra que a concentrase en aunar ideas y esfuerzos por el bien común. No creo que hayan sido plenamente conscientes de estas actitudes, de hecho pienso que cada uno de nuestros Alcaldes y Concejales han hecho lo que bien han podido ó sabido, y también, menos veces, querido. También soy consiente de las limitaciones presupuestarias de un pequeño ayuntamiento, dadas las desastrosas políticas presupuestarias de todos los gobiernos para las administraciones locales. Pero, precisamente por eso, la imaginación y las ideas unidas son las únicas herramientas posibles. Y ahora, más que nunca, con los tiempos que corren.
Hace mucho tiempo que hecho de menos respuestas a preguntas importantes: ¿Qué queremos ser cómo pueblo y hacia dónde queremos ir y cómo vamos a hacerlo?
He visto como se construyen auditoriums y parques, como ponen servicios como el autobús, como se asfaltan calles, como se hacen bienales y conciertos, una carpa para fiestas, teatro, cine, servicios de limpieza, tomatina y más tomatina, más policía con más coches y motos, protección civil y creo que hasta ya hay una ambulancia de urgencias y muchas cosas más… Y todo eso está muy bien y requiere mucho trabajo, lo desarrollan todos los días nuestro alcalde y los concejales. Pero aún así y dándoles las gracias por su dedicación, sigo echando de menos un Plan General con imaginación, una clara filosofía y una realista estructura participativa con una barrera de actuaciones bien pensadas, analizadas y coordinadas, pero sobre todo, tiene que responder a una pregunta que debe convertirse en un fin: ¿Qué queremos ser cómo pueblo y hacia dónde queremos ir? Requiere un gran trabajo de fondo, un debate abierto y participativo y un gran consenso para conseguirlo, sin dejarse a nadie, personas independientes, profesionales, estudiantes, jóvenes, partidos, sindicatos, asociaciones, comerciantes, empresarios…
Durante estos años se han dicho muchas cosas que han quedado en palabras en el aire, solo tienen que ir a la hemeroteca y revisar los programas electorales de los partidos en los últimos años para confirmarlo.
Sin embargo tengo la sensación, después de leer el último BIM que algo está cambiando tímidamente- espero no ser un iluso- ,se están empezando a poner encima de la mesa planes concretos: el Plan de Competitividad Turística, la solicitud de ayudas para un nuevo Edificio del Mercado y la terminación, dios mediante, del Molino de Galán.
En fin, suenan planes, eso ya me parece importante. Pero no olvidemos que un plan no sirve si no se desarrolla con ilusión y participación, necesita de calles limpias, casas bonitas y cuidadas, buenos bares, copas y restaurantes… rutas urbanas y de montaña, agua, jardines, la siempre mal hecha y olvidada publicidad, ocio de calidad y… muchas cosas más. Todo esto no lo puede hacer un Ayuntamiento, necesita del compromiso y la participación de todos, también de una realidad llamada dinero. Planes dentro de un plan mayor, toda una filosofía: Eso es Política.
Enhorabuena a los que van pensando y haciendo.
domingo, 15 de marzo de 2009
ला तेला दे Araña
Hace algún tiempo un psicólogo con una dilatada experiencia clínica me definió la mente humana como una compleja tela de araña, en la que todos los cabos se interrelacionan con los demás. El ejemplo que me puso era claro, parece demostrado que cuando a un paciente se la aplica la hipnosis, por ejemplo, para eliminar una fobia (miedo a…), se comprueba que en verdad desaparece. Pero también se produce un efecto secundario: aparece otra. Partiendo de estas afirmaciones, hace tiempo que me rondan algunas ideas por la cabeza de carácter inconexo que hoy voy a intentar ordenar. Les agradezco que me den la oportunidad de hacerlo.
Volvamos al principio, son nuestras herramientas, nuestras capacidades un arma de doble filo. Por una parte, no podemos vivir sin ellas (pulsión vida) y, por otra, pueden llegar a convertirse en el peor de nuestros enemigos (pulsión muerte). Ejemplos hay a mansalva.
No se puede vivir sin desear, pero a veces el deseo nos domina y nos lleva derechos al precipicio. Hay personas que no pueden parar de comer, enferman y siguen comiendo. El deseo contrario es la delgadez y el resultado, la bulimia. Las drogas en toda su amplitud son otro buen ejemplo, te producen placer, consigues sentirte bien, para acabar con las neuronas destruidas, el hígado reventado y demás efectos secundarios. Aún así seguimos usándolas.
Es curioso como la razón, junto al conocimiento, nos indican un camino sano. Y más llamativo aún como somos capaces de “elegir” el camino más insano.
Con los sentimientos y las emociones pasa también algo parecido. ¿Quién no se ha enamorado de alguien que le ha hecho sufrir profundamente y ha seguido y seguido hasta casi reventar? La violencia, llamada de género, es un ejemplo radical de esto.
¿Cuántas veces se han oído o han oído decir: Me doy cuenta, se que sufro, me duele o me perjudica pero… NO PUEDO?
¿Qué significa ese NO PUEDO?
A mi entender son los deseos, los sentimientos, las tendencias, los instintos… el conjunto que nos hacen sentir esa compleja sensación llamada emoción. Ella nos motiva para “elegir” y pasar a la acción recorriendo una senda u otra. Son inmensamente fuertes y también, gran parte de ellas, son aprendidas en la infancia y arraigadas como un filtro a nuestras conductas con un carácter marcadamente inconsciente. De ahí que a la que nos damos cuenta… ya estamos perjudicados.
Cada una es un gran hilo en la tela de araña, o un insignificante trocito corto que sostiene a otros más grandes, pero todos son igual de importantes porque todos cumplen su función. Tocas uno y se modifica el dibujo. Toda la red se mueve. Así atrapa la araña a sus insectos, el contacto con cualquiera de los hilos es la señal de aviso y en cuestión de segundos ha atrapado su comida. En algunos casos incluso los hilos contienen pigmentos pegajosos en los que quedan atrapadas sus víctimas. Ya no es necesario correr demasiado.
Algo así nos pasa a nosotros los humanos dentro de la mente, un deseo o un sentimiento mueven los hilos y caemos en la trampa, en nuestra propia trampa. Todo parece moverse a través de una parte y nos perdemos el todo. Un buen ejemplo está en la actual crisis, la euforia económica de los últimos años nos hizo caer a muchos en la trampa del exceso ó del cálculo sin imprevistos. La casa, el coche, los viajes, los sueños… todos ideales y muy por encima de nuestras posibilidades. Sobrepasamos los propios límites en éste y en otros muchos más sentidos. El precio siempre es el dolor y el sufrimiento, cuando no la muerte (también en vida).
Es pues, al menos, a mi me lo parece, imprescindible, conocer la tela de araña. Cada uno la nuestra, porque, en verdad, aunque semejantes, todas son diferentes. Me parece la única manera de aprender a darnos cuenta de nuestra propia realidad y poner los pies en el suelo. Pero lo más importante es que ese conocimiento, o mejor, esa experiencia interna, nos enseñará a armonizar todos esos hilos y convertirlos en algo así como una obra de arte, al servicio de nuestra salud (el cuerpo también está controlado por la mente y viceversa) y del crecimiento, en definitiva, promoviendo nuestra vida.
Es imposible vivir sin equivocarse, pero al menos, cuando los errores o los fracasos lleguen- siempre llegan- seremos capaces de aceptarlos como parte de nuestro crecimiento. Como decía Edison cuando un periodista le preguntó si era verdad que había fracasado dos mil veces hasta llegar a inventar la bombilla, él le contestó: Está usted equivocado, no fracasé ni una sola vez, hice dos mil experimentos hasta llegar a construir la bombilla. Parafraseando a Arnaldo así es como yo lo entiendo y parafraseando a Emi Conócete a ti mismo y no se si conocerás el Universo, de lo que sí estoy seguro es que vivirás (emos) mejor.
sábado, 28 de febrero de 2009
Demasiadas Víctimas
Escribir sobre esta realidad se hace difícil, el cuerpo se entumece, la falta de sentido y rabia recorre todo el cuerpo y al pulsar cada tecla para que salgan las palabras se siente un grado de responsabilidad muy alto. Es un tema complejo, difícil y desgarrador. Un hecho que ha quitado una vida y destrozado a una familia, y al otro lado, como mínimo, otras cuatro vidas más. Sin duda, es casi imposible, comprender nada.
Está bien que los medios de comunicación nos informen para que seamos conscientes de que hechos como éste se dan demasiadas veces en nuestra sociedad. Este caso ha reabierto- si es que alguna vez es posible cerrarlos- el caso de Mari Luz y otros muchos que han aparecido de nuevo en titulares y debates. Casos muy distintos cuyo resultado es el mismo: El asesinato de un ser humano. De una niña, de una joven. De una hija, sobrina, nieta, amiga, hermana… con el dolor y el sufrimiento que esto implica para su entorno más cercano. Hay muchas víctimas en estos casos, demasiadas. De ahí que quiera poner un pequeño grano de arena con estas palabras a la posibilidad de que en un futuro no lejano, estas atrocidades, queden en el pasado más oscuro de nuestra historia.
La imagen de esta semana, como verán, es la de una avispa comiendo en un bocadillo de jamón. La mayoría de personas la hubiesen matado o espantado. Sin embargo, la persona que comía el bocadillo esperó pacientemente, la avispa iba y venía entre bocado y bocado, compartieron el bocadillo y todo acabó con una fotografía en una playa de mi idealizada Ibiza junto a un grupo de amigos, muy apreciados, con los que se aprende a querer. El sentimiento que inspiró todo esto para mí es la compasión y la empatía: Tenía hambre. Compasión: “Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias”.
Para tratar de entender lo ocurrido, simplificando y en este momento, solo se me ocurre esta palabra, en este caso, por su ausencia. La falta de compasión por la víctima del más execrable de los actos humanos, quitar la vida. Arthur Schopenhauer decía que la compasión es el supremo principio moral. Estoy de acuerdo. Después de este circo mediático vergonzoso, en el que el tratamiento morboso de estas desgracias en programas de televisión no sirve más que para aumentar audiencias, uno se pregunta el por qué unos jóvenes de veinte y quince años no sintieron compasión (y parece ser que tampoco culpa), cómo emocionalmente pudieron ser capaces… También por qué los medios de comunicación y las instituciones no profundizan en el problema y analizan los motivos. Única manera, a mi entender, de llegar a la verdad para poder tomar las medidas necesarias para que no se vuelvan a producir. No creo que la pena de muerte, ni la cadena perpetua, ni siquiera el endurecimiento de las penas resuelvan este problema. El castigo duro, directamente merecido, puede aplacar nuestra ira, incluso puede ser justo, pero desde luego, no es la solución.
¿Por qué, repito, un joven de veinte años, con toda la vida por delante asesina a una joven de diecisiete años?, ¿Por qué destroza una vida y destroza la suya y por qué su hermano y dos amigos de 20 y 15 años destrozan las suyas para “ayudar” a encubrir un asesinato?
No he visto, ni oído, ni leído, contestar a estas preguntas en ningún medio de comunicación ni en institución alguna. Ni siquiera plantearse las preguntas básicas para ahondar en qué ocurre en la mente de un joven para que sucedan estos hechos. Hasta que no seamos conscientes de que la salud mental es una de las piedras angulares de la vida, no podremos erradicar estas conductas. Es el buen trabajo psicológico-educativo, y no solo de los jóvenes, también de los padres y profesores, la solución razonable junto a la verdadera Justicia Social. Atajar el problema de la única manera posible: Detectarlo a tiempo, como cualquier cáncer o enfermedad y sanarlo. Esa responsabilidad es de todos nosotros: El compromiso fundamental para conseguir ला सलुद एमोसिओनल साएमोसिओनल, एसो एस la buena educacióन.
En la película Sin Perdón de Clint Eastwood hay una escena en la que el joven que les acompaña junto a Morgan Freeman, mata por primera vez. Vomita y dice sentir lo peor, es consciente de su acto y la compasión le hace sentir culpa. Entonces el protagonista le contesta: “Cuando matas a un hombre le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener”. Esa noche, al llegar a casa, la parafrasee así: Cuando matas a un ser humano, le quitas todo lo que es y todo lo que podría ser.
En este auténtico drama hay una clara víctima, Marta, a la que le han arrebatado su ser y lo que podría haber sido. Pero también hay otras víctimas, demasiadas. También verdugos, visibles y ocultos. Lo complejo, a veces, es distinguir entre unos y otros.
domingo, 15 de febrero de 2009
Solvencia
La imagen de esta semana lo expresa de una forma inequívoca, la verdad es que están viendo la fotografía de un peral, pero visto a través de los ojos humanos y su tecnología (con exposición forzada de la cámara), su realidad cambia, tiñendo de una cortina de niebla (de humo en la realidad) que multiplica la ramas, desfigurando los colores y creando un fondo de fantasía que convierte un pinar en un cielo de nubes grises-azules y rincones oscuros. Algo así ocurre hoy con la economía.
Hace una par de semanas, el Ministro de Industria fue entrevistado e intervino en el debate del programa de RTVE 59 segundos. Me pareció un hombre serio y con un discurso honesto. Pidió a los Bancos que la liquidez que habían recibido gracias al Estado se viera reflejada en la apertura de créditos a las familias, autónomos y pequeñas empresas.
A la mañana siguiente Emilio Botín, presidente del Banco Santander, dijo que flaco favor se le haría a la economía si el sistema financiero español-los Bancos y Cajas- dieran préstamos sin asegurar la solvencia.
Los dos parecían tener razón. Entonces pensé que si los clientes de los Bancos sacaran todo su dinero de sus cuentas (el gobierno tuvo que garantizar los famosos 100.000 euros), ningún Banco sería “capaz de satisfacer sus deudas” y si el gobierno no hubiese inyectado liquidez a los mismos se hubiese colapsado el sistema financiero, los Bancos. Por lo tanto, la única conclusión posible es que los Bancos no son solventes, entendiéndolo así y aplicando la definición de la R.A.E. con la que comenzamos: No resuelven, tienes muchas deudas que no serían capaces de satisfacer, no son capaces de cumplir una obligación, luego, repito, claramente NO SON SOLVENTES. ¿Entonces por qué se les exige a los demás lo que ellos mismos no pueden cumplir sin el apoyo del gobierno? ¿Y si me equivoco o no digo la verdad sería peor, porque querría decir que no les hacía ninguna falta y han aprovechado ese dinero para sanear sus cuentas y ganar más dinero?
El Ministro de Industria, a mi entender, como mínimo, pecó de ingenuo. Los Bancos no van a dar dinero a personas o empresas no solventes. La fórmula con la que analizan los Bancos la solvencia se basa fundamentalmente (también en el politiqueo y el amiguismo, sobre todo en las Cajas) en dos ratios: Capacidad de Pago (Cuánto ganas) y en las garantías reales que ofreces (Qué propiedades o valores tienes), con el inconveniente añadido de que casi todas las empresas-al menos la mayoría- dan pérdidas o han bajado muy sensiblemente sus beneficios, y las propiedades son un hoy un valor devaluado al no poder convertirlas en liquidez. Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto y además de los fuertes problemas que arrastran las grandes multinacionales automovilísticas, las grandes constructoras y promotoras, las financieras, etcétera…, la pregunta del millón es: ¿Quién es solvente en este momento en este país, y ahondando en el asunto, quién marca los criterios de solvencia y cómo?
Éste ha sido el error del Gobierno, seguramente han hecho bien en ayudar a desbloquear el Sistema Financiero, como han hecho todos los gobiernos de la Unión Europea, pero se han equivocado profundamente en hacerlo exclusivamente con condiciones económicas, o lo que es lo mismo, sin condiciones sociales. De hecho los Bancos en estos momentos con las refinanciaciones lo único que están haciendo es el negocio del siglo con nuestro dinero, tenía diferenciales en los préstamos hipotecarios del 0.25 a 1 punto con respecto al Euribor y ahora están exigiendo a quién va apretado el doble (Euribor +2). Si entramos en pólizas de crédito (que encima no conceden) o préstamos personales (que tampoco) nos vamos a un diferencial en el mejor de los casos de 3,5 a 4 puntos (Euribor+4).El resultado es que en vez de aliviar a las familias y pequeñas empresas las están ahogando aún más.
Interpretando la imagen como metáfora y leyendo estas palabras espero que convendrán conmigo que casi nadie es solvente, por lo tanto, bajo mi punto de vista, el gobierno debería haber avalado e inyectado- al menos una buena partida de ese dinero- a las familias y pequeñas empresas DIRECTAMENTE, los Bancos no son buenos intermediarios para una salida solidaria, lo único que buscan, como cualquier empresa privada son beneficios, por eso las líneas I।C।O(Instituto de Crédito oficial) para la liquidez… que tanto publicita el gobierno, son un fracaso y un fiasco porque no les interesa a los Bancos(ganan más dinero de otra forma). Según todos los especialistas son los autónomos y las Pymes el mayor motor real de la economía española. Si verdaderamente les aportaran un aval o cualquier otra ayuda real, estoy convencido se hubiesen asegurado no destruir tantas pequeñas empresas y tantos y tantos puestos de trabajo.Obviamente, ustedes sacarán sus conclusiones.
sábado, 7 de febrero de 2009
Las tortugas vuelan
No crean que son imaginaciones suyas… la tortuga que ven está volando. Lenta, pero vuela. Probablemente no me crean… y estarán en lo cierto. La verdad es que no vuela sola, necesita a Libra, un hada con los pelillos al viento y dos balanzas como la justicia, las pueden ver a ambos lados de su figura etérea. Supongo que es una mentirijilla sin más importancia. O quizá una verdad virtual, como tantas y tantas en estos tiempos.
Son tiempos de mentirijillas y verdades virtuales, muchas de ellas económicas, o al menos son las que están en el ojo del huracán, en la información. La información se ha convertido en un huracán que arrasa, en un poder que hace volar por los aires muchos intereses e ilusiones. Y todo deprisa…muy, pero muy deprisa. Y todo repetido…muy, pero muy repetido.
He preguntado al hada y a la tortuga el por qué de todo esto. Y me han contestado, créanme. La respuesta va a salir, muy pronto, en todos los medios de comunicación. Cuando ocurra me creerán del todo, estoy seguro. A fin de cuentas, a estas alturas, todavía no he dicho mucho. ¡Qué les cuesta creer tan poco!
Nos hemos y nos han convertido en mendigos, quieren que pidamos lo que ya era nuestro. Y parece que nos dan pero no es del todo cierto. Más mentirijillas. La línea ICO para Pymes es la última (intenten pedir una y verán por qué). Y eso que siempre dicen que son los autónomos y las pequeñas empresas las que más empleo producen, por lo tanto las que más dan. El premio por su esfuerzo y darles la administración de su dinero es éste. Nunca he tenido claro si son tontos, nos creen tontos, o no se dan cuenta de lo importante porque viven en otro lado de la realidad. En fin, no hablaremos mal de los políticos porque quizá cuando uno no es consciente se entiende que no es responsable. Esto me lo ha dicho el hada.
No pienso decir la famosísima palabreja y repetida más allá de la saciedad que comienza por C. Se ha repetido tanto que incluso muchos sabemos que los chinos le dan dos significados, uno de ellos es: Oportunidad. Estoy de acuerdo. También lo están la tortuga y Libra, de hecho, ninguna de estas palabras son mías sino suyas. Quiero que quede claro, no me hago responsable de sus opiniones, incluidas, con las que estoy de acuerdo.
Mientras veía a la tortuga volar he pensado durante un buen rato en la locura, sobre todo, en su dimensión social. Han pasado por mi cabeza informaciones muy diversas: Las guerras del odio y los intereses, personas muriendo de hambre, grandes fortunas dilapidadas y grandes bolsillos llenos de dinero y glamour. También muchas personas llenas de deudas y de angustia… y muchas circunstancias durísimas más. Pasaba cada imagen por mi mente como en un documental y sin darme cuenta he llegado a la última imagen: Personas muy poderosas jugando al Monopoly con las vidas de los demás. He llegado a la conclusión de que estamos todos completamente ciegos o locos. Esto me lo ha dicho la tortuga, al oído, en un susurro, mientras yo ya había desaparecido con rumbo a otro planeta sin oxígeno. Al oír sus palabras he despertado. No despabilado, despertado. He vuelto a ésta nuestra realidad. No es malo hacer un viaje de vez en cuando desde la imaginación. Tampoco bajar de las nubes a la realidad. Esto me lo ha dicho el hada.
La tortuga siempre me dio buenos consejos: Ve despacio, dentro de los límites, sin excesos. Mientras el hada me ayudaba a volar. Curiosos cambios de perspectiva. Creo que no hice mucho caso, vivir en el aire y al límite (incluso un poco más allá) es demasiado atractivo. Últimamente creo haberlo entendido.
Es llamativo como las personas vamos aprendiendo a base de pérdidas, dolor, sufrimiento y muerte. Y a veces, ni así. Supongo que esto es lo que se lleva diciendo toda la vida que es la experiencia. Su resultado es el crecimiento, y en la otra cara, la autodestrucción. El odio, el rencor y la amargura frente al amor, el aprendizaje, el bienestar, la comprensión y el respeto.
Las tortugas vuelan(los burros también) y nosotros también, pero no podemos solos, necesitamos de Libra, el hada, volamos gracias a ella, el problema quizá es que no sabemos aterrizar sin rompernos la crisma o sin rompérsela a los demás.
Cuando vean las noticias hoy o mañana no olviden la C, les ayudará mucho a sentirse bien. Sobre todo cuando les repitan todas las mentirijillas de nuevo. Les invito a que apeguen el volumen o el televisor al completo, cierren los ojos, pongan una buena música y perciban exclusivamente la sensación de estar vivos, completamente vivos. Después… a trabajar en positivo. Esto me lo ha dicho la tortuga y a ella el hada. A mi me ha servido, espero que a ustedes también.
La Casa Blanca
Recorrió cada rincón y como buen buscador y caminante encontró el aire que llena los pulmones para asentir: ésta es la casa. Son muchas las veces que un grupo de sentimientos se convierten en emociones pasando por la razón(o no) para llegar a la decisión. Al abrir un armario de la planta de abajo encontró un montón de libros de papel amarillento transformados por el tiempo. No acabó de entender como se pueden desprender algunas personas con tanta facilidad de algo tan valioso. Cogió una silla y con una sábana vieja limpió el polvo que los cubría. Se sentó y pasó unas cuantas horas ojeando cada uno de esos libros: mecánica, geografía, novela, filosofía, religión, relatos… Seleccionó tres de ellos y, se le ocurrió en una décima de segundo una idea que le atrajo intensamente: Tratar de reconstruir a través de los libros y de los rincones de aquella casa la personalidad de los que en otros tiempos la habitaron. Sabía que era imposible acertar, pero no pudo evitar intentarlo desde el mundo más imaginario. Sintió la necesidad de volver a dar vida a la casa a través de la rehabilitación de sus muros y el recuerdo de sus antiguos propietarios.
Lo primero fue comprarla y lo segundo ojear todos los libros y leer esos tres elegidos para llenar de contenido la memoria y la fantasía. ¿Qué puede ser más hermoso que construir?: Quizá reconstruir, se dijo así mismo.
Los libros los eligió desde la diferencia: El primero un tratado filosófico y moral del Teólogo Jaime Balmes titulado el Criterio, el segundo La vuelta al mundo de un novelista de Vicente Blasco Ibañez y el tercero una selección de relatos de la famosa revista de la época Reader’s Digest.
Un lunes lluvioso de primavera pagó y firmó la Escritura de propiedad en la Notaría, estaba ansioso por terminar para volver a la casa y recoger aquellos libros para comenzar a leerlos. Así lo hizo.
Nada es más difícil y probablemente más inútil que intentar pensar y sentir como si fuésemos otros. Sin embargo la proyección entre personas es casi inevitable. Se podría decir que pensamos y sentimos desde un epicentro absolutamente egocéntrico. Murmuró en silencio estas palabras mientras un montón de imágenes que se construyeron leyendo y mirando cada rincón de la casa se agolpaban hasta la mayor sensación de impotencia. Después de unas cuantas horas y coincidiendo con la caída del sol tomó una decisión: la mejor forma de dar sentido a la existencia de aquellos que ya no están es dar vida a aquello que nos dejaron.
Miró cada pared, cada estancia, cada viga, cada objeto y construyó en su imaginación lo que iba a ser una estupenda casa, cómoda, hermosa y confortable. Lo que ahora eran paredes sucias y desvencijadas las convirtió en paredes lisas, limpias y bien pintadas, la madera enferma gimiendo de soledad las saneó hasta el placer y la hermosura. Donde había oscuridad abrió grandes ventanales y donde había tierra árida y seca plantó césped, plantas y árboles.
Costó casi nueve meses, como un parto. El día que terminó de rehabilitar aquella casa sintió aquello de lo que se habla tanto y que pocas veces sentimos: Sentido. Todo aquello tenía sentido. Recuperar el pasado, no olvidar a nadie, ni siquiera a esos perfectos desconocidos a los que sintió responder con un respeto casi idílico, seguramente casi como un adolescente por primera vez enamorado. Se enamoró de la vida y posiblemente también de la muerte. Boudelaire decía: “Hay que ser sublimes sin interrupción”. Posiblemente éste fue uno de sus actos sublimes. Al menos así lo percibía él. Porque: ¿Qué es una casa olvidada y vacía o una imagen sin miradas y palabras silenciosas?
domingo, 24 de agosto de 2008
Los Perros de Paulov
Adán no sabía nada de esto. Ni siquiera se daba cuenta de andar repitiendo muchos de los cánones antiquísimos en la historia de la humanidad. Todavía menos que parte de lo que sentía provenía de tiempos muy lejanos. Quizá lo hermoso y lo complejo de ser humano: Conectados por raíces tan profundas como las de los propios árboles.
Alguien pensó, una noche de verano, en el diálogo entre los tiempos: pasado, presente y futuro. Lo que ya ha ocurrido, lo que ocurre y lo que se supone que ocurrirá. Cada tiempo se resbala entre las manos y desaparece como una pompa de jabón. Existen, se llenan de aire real e inmediatamente desaparecen ante nuestros ojos. Queda la raíz, queda la memoria, el recuerdo grabado en tierra fértil, en tierra viva. Dar vida, nacer, tiene que conectarse con seguridad con ésta idea de género.
Adán lo intuía. Lo respiraba en la mente, ideas convertidas en oxígeno. Cada movimiento, cada oración, cada caricia… se entrelazaba en los tiempos y a la vez, generando una nebulosa descendente ayudada por fuerzas invisibles como la gravedad. Cuesta pensar con claridad entre pensamientos atemporales. Imaginen los recuerdos de los tres años, mezclados con los ocho, dieciséis, veinticuatro, treinta y cinco, cuarenta y dos, cincuenta y tres… ochenta, noventa y. Todo lo percibido dentro de una esfera de carne debajo del cabello ó del sombrero. No cabe todo en la consciencia. Ni siquiera es inteligible a la vez. Cosas de la naturaleza y sus límites.
Le confesé a Adán que desde hace sesenta y nueve semanas trato, desde estas páginas, de contarles historias distintas pero sin querer o queriendo, siempre tengo la sensación de hablarles de lo mismo. Con distintas historias, personajes, oraciones, circunstancias y, como no, limitaciones. Todo se mueve, deprisa, lento, pero se mueve. El tema no. Siempre es el mismo aunque parezca distinto. Ronronea en el ánimo hasta atraerte mediante una fuerza oculta. Quieres decir algo nuevo y siempre dices lo mismo. (O nunca, según se mire).
Adán pensó en lo que nos mueve. En los porqués. Sabía que merece la pena hacerse preguntas hasta encontrar alguna respuesta. Intentó acordarse, y a la vez, de todas las personas que conocía y sus diferentes motivos. No sirvió de nada, a lo sumo consiguió centrarse en ocho ó diez. Ni con esos pocos parecía acercarse a alguna certeza. No se alcanza a conocer del todo los motivos propios, poco hay que decir sobre los ajenos. Nada sabemos en términos absolutos. (Ni ganas. Menuda responsabilidad).
Pensar en un ser omnisciente y omnipotente asusta, agobia hasta los límites de la cordura. Sería fácil cumplir así, sabiéndolo todo, pudiéndolo todo. Maravilloso concepto negado esencialmente a las personas. No lo sabemos todo, no lo podemos todo. Aún así sentimos, parcialmente, potenciales infinitos: ¿Cómo individuos ó como género?. ¿Cuáles son lo límites de la imaginación o dónde termina la capacidad de sentir… por ejemplo?
Pasado, presente y futuro. Cada año en Agosto, en las Fiestas de su pueblo, se reencontraba con toda su historia y con muchos de las personas y lugares que protagonizaron todo lo ocurrido hasta hoy. No está, pero está. Parece invisible, pero no lo es.
Cada nueva sensación compartida con las viejas, cada palabra nueva acompañada de un eco de palabras ya dichas. Cada nuevo paseo, conviviendo con cientos de paseos recorridos en el pasado por los mismos lugares. Cada persona conocida mirándole con la visión cegadora de hechos ocurridos atrás, sin llegar a verle del todo. Cada sueño no cumplido… la mejor arma para la flagelación.
Adán imaginó su vida y cumplió. Creía que lo más difícil ya estaba hecho. Pero no, quizá porque lo más complejo no es soñar una vida sino construir una vida real, día a día, y además suficientemente satisfactoria. Como los perros de Paulov, al tocar la campanilla, y sin comer, comenzó la digestión.
Intuía que siempre se está uno comparando con los modelos, respirando un aire lleno de tiempos, bebiendo las lágrimas de cielos grises, calentándose con rayos de sol en cielos azules como el mar… En cielos, en mares, en tierras con aires distintos que también son los mismos.
Siempre se está comenzando… aunque parezca que no. Aunque uno sienta que todo está terminado. Porque lo que suena en las personas no es una campanilla, es el pasado llenando todo lo que fuimos hasta lo que somos hoy. Lo extraordinario es que con tantos personajes no se desvanezca la identidad.
Adán lo sabía, por eso pensaba que alguien… inventó el pecado.
domingo, 17 de agosto de 2008
"Nada hay en el entendimiento que antes no haya sido en los sentidos"
La mayoría de personas del grupo que nos acompañaban, al oír aquella historia y otras parecidas que nos contaron, señalaban a aquel tipo, sin temor aparente a equivocarse, como un completo loco. La verdad es que no he tenido nunca muy claros los límites entre la cordura y la locura en este sentido.
Me llamó especialmente la atención lo de “construyo los momentos”. Me pareció una actitud muy cuerda. Querer construir, crear los momentos que vas a vivir, inferir en la realidad hasta conseguir en la interacción algo nuevo, ocurrente, supongo que nuevas experiencias con las que llenarse. Utilizar la imaginación y todas las herramientas a nuestro alcance para construir la vida que deseamos. Pensé: Sobre todo en lo que necesitamos. Son muchas las veces que deseamos lo que no necesitamos y también demasiadas las que parece que necesitemos lo que deseamos como única condición para estar bien. Los deseos pueden ser muy peligrosos y pueden causarnos muchas desdichas. Supongo que sucede cuando hay excesos de carga… especialmente en la fantasía. Digamos… como una ensalada con demasiado vinagre.
Oyendo los comentarios de aquellas personas me vinieron un par de frases a la cabeza recordadas con cierta imprecisión: “Cuidado con lo que deseas, puede convertirse en realidad” y “… si te dejas llevar tan solo por lo que sientes o deseas acabarás al borde de un precipicio”.
En la conversación hablaban y hablaban de aquel tipo sin medida alguna-recordé las palabras de Lázaro y su hermano negrito de la semana pasada-, olvidaban mirarse al espejo (así mismos). Estoy seguro que hubiesen visto la otra cara del exceso: el defecto.
Recordé en las clases de religión aquello de pecar solo con el pensamiento. Y esta idea me trajo otra: La responsabilidad por la acción parece estar muy clara, no tanto ó nada, por omisión. Hay personas que se atreven a equivocarse y otras no. Nada malo hay ni en unas ni en otras. Lo curioso es que se juzga severamente y más a las personas por acción y no por dejación. Tan responsable es el padre que agrede violentamente a sus hijos como la madre que no hace nada por remediarlo ó al revés.
Si uno quiere ser el protagonista de su vida- y me temo que estamos obligados todos- tiene que asumir un mínimo de acciones. Y esas acciones vendrán motivadas por deseos, sentimientos, emociones, razones… que tendremos que saber analizar hasta conocer su naturaleza si queremos en verdad entenderlas, ordenarlas y comprender su influencia en nuestras vidas. No quiero olvidar la gran influencia de todo el ámbito social.
Lo importante no es equivocarse o acertar. Lo importante es no vaciarse y llenarse de amor propio en cada vaivén. Para ello creo, cada uno debe encontrar sentido a su camino, darse cuenta, tenerlo presente para aprender. Probablemente lo aprendido se convierta así en un fin en si mismo, y el fracaso o el éxito en simples partes de la realidad con las que inexorablemente tenemos que lidiar.
En la realidad existen imponderables, también imprevistos, casualidades, accidentes. Sorpresas que nos dejan un sinfín de sabores de boca con los que hay que respirar. Nadie tiene la vida ideal y nadie consigue que todo le salga exactamente como preveía. Quizá por eso, en una sociedad cada vez más bobalicona, cursi, hortera, homogénea, y hasta límites preocupantes, es cada vez más necesaria una educación basada en las emociones y en los equipos multidisciplinares. No solo hay que enseñar asignaturas, hay que enseñar qué somos y cómo funcionamos. No solo hay que enseñar a los alumnos, también los padres y los profesores necesitan aprender todo lo que esencialmente desconocen para poder educar.
Es increíble como en el S.XXI se hable de inglés y competitividad, de informática, de religión, y de la nueva asignatura para crear ciudadanos y no se diga ni una palabra de cómo enfrentarse a los cambios, a las pérdidas, a la violencia, a los dolores y sufrimientos, a padres que se odian, a profesores que no tienen vocación o se le frustra día a día, al desamor, a la soledad, a la ansiedad, a la depresión o al desánimo…. y….
Lo curioso es que machacamos al que se sale un poco de lo “normal”. Supongo que nos asusta que pongan en entredicho nuestra fantasiosa seguridad. Es muy difícil desaprender lo mal aprendido. Pero se puede. Lo realmente alarmante es que nos creemos grandes falsedades como si de una verdad inmutable se tratase.
Bienvenido todo lo creativo. Bienvenida la imaginación. Bienvenida la olvidada salud mental. ¡Qué viva el Prozac y el Trankimazín!
Me vienen a la cabeza dos frases de nuevo y con reconocida imprecisión: Una de Kierkegaard: En ninguna época se ha sabido tantas cosas sobre el ser humano y tan poco qué es el hombre y la otra de Borges: Llevo más de cuarenta años siendo profesor y he llegado a la conclusión de que es imposible enseñar. Solo se puede transmitir el amor que uno siente por ese algo.
Ahora, en vacaciones, unas excelentes frases para la reflexión. Espero.
Lázaro... se levantó y andó
Quedan dos días para que comiencen… pasan lentos y se tiene prisa. ¡Todo el año esperando… y qué año!
Sube al barco. Lo imaginado ha cambiado y el barco también. Todavía no lo sabe pero por ajustes económicos se ha sustituido una ruta por otra. Ahora cuesta una hora más. El precio también es más largo. Todavía no sabe que van a ser dos horas y además con todo el pasaje de vomitera. La clase Club-nunca he entendido esa palabreja- ni comparación con la de los no se cuántos años antes contando el pasado. La cosa no empieza bien. De momento nada se ajusta a lo esperado y por qué no decirlo tampoco a lo contratado.
Nos sentimos seguros repitiendo, si nada cambia, pero a cada momento las cosas están moviéndose. Quizá a un ritmo que no apreciamos en el presente. Con seguridad lo percibiremos en el futuro y con más seguridad al cruzar los datos en la memoria.
Puede que tenga que ver con algo que leí ayer en Cala Carbó al atardecer, tumbado en una hamaca con colchoneta al borde del mar. Las sensaciones se parecían mucho a la felicidad. No se porqué a última hora, decidí traer- para volver a leer- a Lázaro de Tormes. Fue seguramente una intuición. La inteligencia del inconsciente. De pronto, en ese entorno, les recuerdo, encontró o encuentro estas geniales palabras:
“… mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar. Y acuérdome que estando el negro de mi padrastro trebajando con el mozuelo, como el niño vía a mi madre y a mi blancos y a él no, huía de él, con miedo, para mi madre, y señalando con el dedo decía: “¡Madre, coco!”. Respondió el riendo: “¡Hideputa!”.
Yo, aunque bien mochacho, noté aquella palabra de mi hermanito y dije entre mí:
“¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mesmos!”.
“Quedame” estupefacto conforme iba leyendo. Sobre todo, pensando que el libro se publicó a finales del S. XVI.
No quieran que a estas horas les explique el paralelismo entre las vacaciones y ésta historia. De eso, estoy seguro, ya se encargará su mente peliaguda. Reconózcame, al menos, que tiene su cosa.
Entonces recordé que solo se vive una vez. Y algunos dicen que se hace corta…
Al llegar, le esperaba en el hotel un buen amigo y muchos recuerdos de tantos años de rituales contrastados: nuevo barco, nuevo hotel, nuevo amigo, vieja maleta llena de viejos recuerdos y nuevas circunstancias. Todo va cambiando mientras respiramos… sin darnos cuenta.
Estupenda cena en la Brasa y muy grata sesión de música en directo en el Teatro Pereyra. No hay cambios en el disfrute aunque el único músico que repite es la batería. Dos saxos- tenor y alto (también voz)-, voz y guitarra acústica, guitarra eléctrica, teclados y piano. Consiguen que se mueva el cuerpo a sus ritmos.
Me cuenta Núnú que está enamorada. No me sorprendo, sus ojos, sus sonrisas y sus movimientos la delatan. Es muy hermoso conocer lo desconocido, sobre todo cuando no conoces casi nada de alguien que conoces hace algunos años. Gusta ser reconocido, cuando uno vuelve cada año, aunque como Ulises nunca llegues del todo. Se agradece lo humano entre tanta decadencia. Gracias Núnú.
Seguramente todos esperamos unas vacaciones permanentes que nunca llegan. Quizá creemos que podrían existir. Pero como dijo alguien muy listo: “Nada puede existir sin su contrario”. No se pueden disfrutar de las vacaciones si no se trabaja en todo el año.
Vuelvo a preguntarme por qué desde hace muchos años repito este viaje, con algunos intervalos, necesarios supongo.
Cada año vuelven los mismos sentimientos pero siempre hay algo distinto que genera nuevas emociones. Creo que por eso vuelvo. Es quizá la magia de esta isla. O la mía…
¡Lázaro: Levántate y anda!
Y anduvo sobre las olas, sobre la arena, sobre las piedras, sobre las notas, los cubatas, sobre los barcos, sobre los vómitos, sobre las risas, el sol y la luna.
Sobre todo aquello que se necesita o se cree necesitar.
El mundo lo mueven las emociones y las emociones siempre encuentran un motivo: ¡Anda y busca el tuyo!
Salud
domingo, 3 de agosto de 2008
Más loco que una cabra
Cada año, dos o tres veces, volvíamos a retomar el tema. Se trataba de ahondar hasta encontrar las palabras precisas.
Hablamos muchas veces del valor del conocimiento, de la influencia que tenía en cada uno de nosotros la aprobación de los demás, de la intensidad de los condicionamientos provenientes de la familia y los entornos más cercanos. Y los menos.
Todo nos llevaba a la autoestima, a la perspectiva de la propia mirada ante: las ilusiones, la debilidad, la frustración, el dinero, el éxito, el fracaso, la decrepitud o la muerte…
Hablábamos del mestizaje, eliminado las conclusiones puras. Decíamos todo es compuesto y quizá por ello complejo. Nos daba miedo tanta complejidad y nos emborrachábamos hasta que todo quedaba vacío de nuevo. La desinhibición y el dolor de la resaca se encargaban de conseguirlo. En los momentos previos la sensación era la de no saber nada, absolutamente nada, y la emoción, estar perdidos, completamente perdidos ante todo lo que sucedía por dentro y por fuera.
Todo el cuerpo se tensaba, se respiraba con una leve dificultad y no existía un horizonte claro, la niebla lo inundaba todo más allá de una expiración. El miedo, digo mejor, el pánico, recorría los órganos más sensibles y todas las emociones que se conectaban con la pulsión vida quedan aletargadas o desaparecían. Así me lo explicó durante años. Yo me quedaba ensimismado, enganchado en una profunda reflexión. La sentía infinita como ella. De alguna manera teníamos que cortarla. Una vez, recuerdo, corrimos y corrimos hasta quedarnos sin respiración. En aquel tiempo podíamos hacer cualquier cosa siempre que consiguiéramos cambiar ese sabor a nada que invadía dos mentes llenas de todo. Hasta cosas que no les puedo ó no le quiero contar.
En unos de esos momentos ebrios me confesó un secreto. Algo que nunca había contado a nadie. Entonces no le di importancia. Son demasiadas las veces que no sabemos escuchar o ver o entender, comprender o aprehender. Captar la sensibilidad ajena es como querer cazar mariposas con las manos. Quedarse quieto y contemplar- escuchar es la mejor o quizá la única técnica eficiente.
Hace poco menos de un año todo explotó. Reventó el muro de contención de la presa y un gran desbordamiento de vísceras y fluidos recorrió ese mundo construido por los dos a lo largo de los años. De pronto y de una forma brutal fue cómo si uno y quizá el otro, por primera vez, pudiéramos ver la realidad sin un ápice de fantasía. Como si las palabras que no alcanzaban nunca a describir lo sentido súbitamente aparecieran con precisión matemática. Con tal impresión sobre el alma- si la tuvimos- que dejaría corta la incisión de un carnicero en la yugular del animal hasta completar todo el proceso hasta ser descuartizado.
Una locura, la vida a veces es una gran locura, incomprensible e imprevisible. O imprevisible y por lo tanto incomprensible.
Fue la última vez que nos comunicamos con palabras. La última vez que conseguimos de nuevo no poder escuchar y no poder comprender. La última borrachera.
A la mañana siguiente, y a la otra y a la otra y a la otra… y… El intenso dolor de la resaca nos devolvió otra vez al sosiego de la nada. No vaciamos como siempre. Pero esta vez para llenarnos algo de nuevo y no de lo mismo. Algo en lo más profundo de la niebla cambió, quizá un pasillo de luz hacia una nuevo camino.
No vayan a pensar que hablo desde la fantasía, sino desde la realidad del aprendizaje, desde la verdadera experiencia: Crecer: la capacidad de cambiar lo que parecía imposible. Tantas cosas posibles que aprendemos a vivirlas como imposibles.
Durante todos esos años nos sentimos gente rara y nos atraían- a mí también- las personas que por una cosa u otra pertenecían a la misma especie. Entonces no sabíamos que no hay especies (puede que hoy tampoco).
Buscábamos la diferencia para alimentar el amor propio, o mejor, el odio propio. Probablemente porque nunca fuimos los que quisimos ser, tampoco fuimos los que querían(o imaginábamos que querían) que fuéramos, ni lo seremos nunca. Quizá por la imposibilidad humana de alcanzar el ideal y no querer darnos cuenta de tan sencilla verdad.
Locos como una cabra. Todavía hoy tiene una gran importancia…
Respirar el aire de los sueños.
domingo, 27 de julio de 2008
De hoy para ayer
En la imagen se veían tres personas en la puerta, los dos abuelos y una niña pequeña. La calle sin asfaltar, las sillas de boga, alpargatas, delantal y una parte oscura. Para él representaba el olvido.
Se guardó la foto y la carta en el bolsillo. Cuando llegó a casa sentía un intenso deseo de hacer algo para rescatarlas del olvido. Así lo hizo, tenía el fondo de un cuadro ya preparado. De inmediato le vino la idea. Pegó la foto en la esquina izquierda del cuadro y debajo de ella colocó estas palabras: “Persigue a las mariposas y nunca las atraparás. Contempla a las mariposas y vendrán hasta ti.” Después cogió un sobre, en el remite puso hoy. Desde hoy para ayer, escribió unas palabras dedicadas a ellos y quizá a todos. Las palabras eran éstas: “Hace unos días encontré una fotografía en el suelo. Antigua en la memoria, casi olvidada. Desconocida en el recuerdo. Tres personas extrañas que hoy siento muy cercanas. Un hombre, una mujer y una niña. Y una silla. Y una parte oscura: la más conocida. Ahora se que estuvieron juntos, se que estuvieron vivos. Fuera del papel, del blanco y negro. Y sobre todo de la parte más oscura.”
Todo esto fue el veintiuno de junio del año 2003. Desde entonces vivió en tres pisos diferentes y siempre el cuadro estuvo colgado de alguna pared. Fue para él como un símbolo para no olvidar nunca nada, absolutamente nada, verdaderamente importante.
Pensó lo ingratos que somos muchas veces, demasiadas, con los ancianos, con los recuerdos, con los orígenes. Lo difícil que es también muchas veces comunicarse de generación en generación. Sintió angustia pensando cuánto sufrimiento sin sentido, cuánto dolor puede causar lo mamado mal entendido, cuánto daño puede uno hacer y hacerse sin darse cuenta.
Pero no pudo quedarse con lo negativo, nunca podía. Desde algún lugar en lo más profundo de sí mismo afloraba siempre un sentimiento, quizá una intuición, que le conducía siempre a una sonrisa interna. ¿Qué sentido tendría la vida si no?
Aquel día, después de colgar el cuadro, sonrío y se sintió especialmente bien.
Le quedaba la carta. Estaba encima de su escritorio. La miraba dudando si tenía derecho a leerla. Así estuvo durante un buen rato, de hecho no la leyó hasta el día siguiente. Llegó a la conclusión de que si había ido a parar a sus manos algún significado tendría. Se dijo: “No la busqué, el azar me la entregó”. La verdad es que no estaba muy seguro de esto último.
Sacó varias cuartillas manuscritas del sobre y se puso a leer despacio. Era una hermosa y sencilla carta de amor fechada en la primavera del año mi novecientos trece. El papel amarillento sobre tinta negra y letra gótica imprimían a aquel acto carácter de rito. En algunos momentos se sintió como un intruso leyendo las intimidades de dos personas desconocidas, aunque las semejanzas con algunos momentos de su vida le invitaban a seguir leyendo como si fuese parte de aquella carta llena de emociones, de borbotones de sangre que conformaban palabras.
Lloró varias veces imaginando. Recorrió el pasado a la velocidad de la luz y con toda su intensidad. Revolvió cada baúl, cada cajón, cada caja, cada armario… y encontró todo aquello que estaba leyendo en las palabras de otros. Tuvo miedo de tanta similitud.
Al terminar de leer la carta se quedó un buen rato pensando, durante todo ese tiempo también estuvo contemplando el cuadro aún estando de espaldas a él. Lo tenía grabado en su memoria como en una imagen fotográfica. El silencio de la noche en invierno lo acompañaba como un aliado perfecto. Suspiró varias veces y hondamente, como renovando no solo el aire de sus pulmones, necesitaba más, quizá limpiar todo lo que tenía dentro. No lo consiguió. Nunca se consigue del todo.
Dobló y guardó cuidadosamente la carta, con el tacto y el respeto que se debe a lo ajeno y a la vez, con la sensación de haberlo hecho propio. Tan propio que se imaginó sentado en aquella silla, al lado de aquella mujer y aquella niña; anciano y tranquilo, muy tranquilo, como un niño con los deberes hechos, bien hechos.
A la mañana siguiente había desaparecido. Lo buscaron durante meses. Nunca lo encontraron. Aquel cuadro sigue colgado en la pared y en la fotografía no hay ninguna mancha oscura, solamente cuatro personas sentadas sosegadamente en la puerta de su casa.
domingo, 20 de julio de 2008
Navegando al amanecer
Aquel día se levantó enfadado, no había podido convencer a nadie para que le acompañase y no le gustaba salir solo al mar. La soledad en algunas circunstancias puede ser muy peligrosa.
Quitó la lona y abrió la puerta del camarote, seis escalones y llegaría a la nevera para dejar las provisiones que llevaba para pasar el día. Al llegar al penúltimo escalón resbaló y cayó al suelo de bruces, golpeándose en una ceja y en la nariz con el extremo de la mesa. Sintió un dolor agudo, mientras las bolsas de la compra se desparramaban por el pequeño salón del barco, unas cuentas gotas de sangre y casi un litro de buen vino recorriendo en pequeños movimientos el suelo en el vaivén típico de la mar.
Se enfureció tanto que acabó riéndose como un loco para poder contrarrestar tanta ira acumulada desde que se había despertado aquella mañana. Pensó al levantarse del suelo: “¡Vaya mañanita! Y dijo para sí mismo: “¡Buenos días Samuel!
Recogió las bolsas manchadas de vino y sangre, sacó su contenido y lo metió en la nevera. Limpió de líquidos con una bayeta el suelo de madera y barrió los cristales. Después se fue al minúsculo aseo y miró detenidamente en el espejo la herida de la ceja que no paraba de sangrar, su nariz parecía aumentar de tamaño por momentos. Limpió la herida con alcohol, luego se puso un poco de Betadine y selló con un espray ultramoderno la herida. Dejó de sangrar, todavía no dolía demasiado, pero se sentía levemente aturdido. Decidió dejarse caer sobre la litera y descansar un poco hasta recuperarse. Se quedó dormido.
La noche anterior había cenado con unos amigos. Dos de ellos se habían enzarzado en un discusión extrema que produjo un silencio conveniente pero sorprendente, el ambiente se podía cortar, toda la mesa se sorprendió, sobre todo, del exceso y la severidad con las que ambos se trataron. A todos les pareció muy extraño, a Samuel no. Estaba acostumbrado a vivir situaciones límite. Las situaciones límite enseñan mucho, únicamente dejan de ser aconsejables por su extremo dolor. Cuando se viven muchas y a menudo, algunas personas adquieren una perspectiva diferente, capaz de perdonar incluso lo aparentemente imperdonable.
Fue después de la disputa cuando Samuel, con la intención de romper el hielo, propuso a todos sus amigos salir al día siguiente a navegar. Nadie se apuntó. La sensación era más bien la de salir corriendo ante una situación tan desagradable. Cada uno buscó su excusa. Impera en estos casos una ley no escrita, ni siquiera reconocida: Castigar a cualquiera sin motivo alguno (todas las emociones en ese momento están bloqueadas menos una) y huir de situaciones desagradables.
Samuel intentó rescatar al grupo de todas esas emociones, pero acabó siendo castigado. Hay que aprender cuando hablar y cuando callar. Arte nada fácil para esas personas excesivamente sensibles que se inundan fácilmente con los sentimientos de los demás.
Al cabo de casi dos horas se despertó, el dolor ahora era muy intenso. Volvió a mirarse al espejo y observó una gran hinchazón en la nariz, labio superior, pómulo izquierdo, ceja y párpado, también izquierdos. Incluso se asustó un poco con toda aquella deformidad.
Pensó que le sentaría bien comer algo. Había comprado unos tomates maduros valencianos, pan recién hecho muy crujiente y lomo de cerdo. Le encantaba un buen bocadillo de lomo a la plancha con un tomate abierto y sal de buena mañana. Encendió el fuego y lo preparó. Disfrutó mucho con el almuerzo y cumplió con sus objetivos, se sentía mucho mejor. Creo que también ayudó un gramo de Paracetamol que bebió disuelto en un gran vaso de agua entre bocado y bocado.
Encendió un cigarrillo. ¡Qué bueno para un adicto tragar humo después de almorzar!
Durante un rato estuvo pensando y analizando todo lo sucedido la noche anterior y a la vez, si debía o no debía salir a navegar solo tal y cómo se encontraba.
Terminó el cigarrillo y todavía no había llegado ninguna conclusión ni decisión.
Salió a cubierta y miró el mar: Estaba tranquilo, la luz de la mañana lo teñía de un verde que le recordó a su padre, una suave brisa rozaba sus heridas, recordándole los hechos pasados. Durante varios minutos quedó ensimismado.
Al volver ya tenía una pregunta y una decisión tomada.
La pregunta era: ¿Con quién vas a discutir si no es con alguien que te importa o por algo que te importa?
La decisión le llevó a soltar amarras, arrancar el motor y a ralentí salir muy despacio del puerto hasta encontrar buenos vientos con los que recuperar lo perdido.
En pocos minutos comenzó a sentirse bien, ni siquiera el dolor de las heridas fue capaz de cambiar su estado de ánimo.
domingo, 13 de julio de 2008
Enamorarse de la vida
Pensé en lo que se siente al enamorarse de una persona y traté de ampliarlo a enamorarse de todo lo vivo, generó en mi imaginación un retrato muy hermoso. Pensé en Frosth y en el mundo: ¿A qué mundo se refería? También pensé en la muerte como única certeza: la nada o qué se yo… recordé la frase de un filósofo griego cuyo nombre no recuerdo ahora: La muerte es la nada para qué preocuparse… También pensé en el cabreo, odio, ira que se produce en nuestras emociones cuando en la vida no ocurre lo que uno(a) espera, quizá sí mencionar la brutal sensación… cuando los hechos no se corresponden en nada con nuestros deseos más fervientes. Fracaso y decepción, los más grandes y potentes motores emocionales. Su influencia en el comportamiento de las personas es más o tan importante que el producido por el amor, el dinero ó el poder.
Miré al pasado, como siempre con ojos extrañados, y encontré esas razones que validan con hechos lo sentido. Pensé que podría ser todo una gran locura. La cordura y la locura están tan cerca como el amor y el odio. Pensé en los días vividos como dagas que rasgan la piel hasta encontrar lo que más duele. Espinas construidas sobre las que caminamos a la vez que contemplamos un atardecer blanco ó un amanecer rojo.
Desde Carcalín se ven las luces de la ciudad recorriendo un horizonte oscuro. Una línea de luces en orden que confrontan los silencios y el sonido de los grillos con el ruido y los bocinazos de personas rozando la histeria. También el aire fresco y limpio de la montaña con el denso y caliente aire de la ciudad en verano. La sensación y la conclusión es que te quieres quedar para siempre, pero no lo haces… por qué. Disfrutar del estado de gracia que es sentarse en el porche de la casa y a distancia de todo lo que crees que te angustia, te cansa o te hace daño. Una gran e ingeniosa mentira en la que irremediablemente caemos casi todos para no hacernos responsables de nuestra vida.
Un zorro joven nos visitó esta tarde, con sus orejas de punta y su hermosa cola, nos hizo recordar quiénes fuimos y desde este punto de vista, lejano de la realidad diaria, quién eres. Y uno vuelve a sentir lo fácil que es enamorarse de la vida. También lo fácil que es decepcionarse con ella hasta odiar su día a día. Así se consigue estar reñido con el mundo, reñir y reñir cada mañana con la vida. Todo enamoramiento parece tener esas dos caras. Se diría que son caras de una misma moneda, fuerzas antagónicas pero necesarias: “Los contrarios se necesitan”… Se supone que no existiría la paz sin la guerra, el amor sin el odio, lo bello sin lo feo, el placer sin el dolor, la vida sin la muerte… y si existieran, ¿cómo los distinguiríamos?
He abrazado cientos de miles de veces a la vida y he visto hacerlo millones de veces a otras personas. Nos acercábamos a ella con los brazos muy abiertos y los ojos muy cerrados sin saber que nada hay sobre la tierra que no obedezca a su propia naturaleza. Creyendo que amando unilateralmente llegaríamos al corazón de la vida, pero la vida desconoce el lenguaje de las emociones o quizá lo conoce tanto que no lo quiere, lo repudia como a un traidor que nos empuja hacia la trampa.
¿Quién no ha escuchado alguna vez decir lo injusta que es la vida?
Acaso no es injusto que un león se coma a un cervatillo ó que un volcán destruya todo lo vivo en diez kilómetros a la redonda o que la enfermedad lleve a cualquier persona a la muerte o que millones de niños mueran de hambre o…
La vida es muy injusta porque nosotros lo humanizamos todo. Aportamos valores morales que no existen en la naturaleza. La perfección y el ideal son los más relevantes.
¿Cómo pues podemos enamorarnos de un ser tan injusto?
Nos enamoramos de todas sus maravillas para después odiar todo aquello que no coincide con nuestros propios deseos. La lucha es incesante e inagotable- también con las personas-, no acaba nunca porque nadie ni nada va a poder cambiar su naturaleza.
Nos pasamos la vida, como Don Quijote, luchando contra gigantes que no existen y si existen solo son en nuestra mente. Habría que ir pensando hacia dónde orientar toda esa energía que se convierte en decepción, desilusión y decrepitud, para convertirla en una fuerza positiva que nos lleve a conocer nuestra propia naturaleza.
Sería un buen comienzo.